Un hallazgo que nadie debería ignorar
Nuevos resultados científicos revelan una conexión llamativa: cuanto mayor es la proporción de alimentos ultraprocesados en la dieta, menor es la fertilidad y peor es la calidad de los embriones, incluso en los primeros días tras la fecundación.
Miles de mujeres con deseo de ser madres, bajo seguimiento científico
El estudio en cuestión fue publicado en la prestigiosa revista Human Reproduction. Un equipo internacional, que incluía investigadores del Erasmus MC de Róterdam, analizó datos de miles de mujeres en edad fértil a lo largo de varios años.
Su alimentación fue clasificada según el conocido sistema NOVA, que distingue distintas categorías de procesamiento. La más preocupante agrupa los llamados ultraprocesados: productos industriales con largas listas de ingredientes, azúcares refinados, harinas procesadas y aditivos como potenciadores del sabor, edulcorantes artificiales, colorantes y emulsionantes.
Algunos ejemplos habituales son:
- Pizzas congeladas y otros platos precocinados
- Refrescos y bebidas energéticas
- Galletas envasadas, patatas fritas, chucherías y barritas
- Fiambres procesados y sustitutos cárnicos con ingredientes interminables
- Cereales de desayuno y barritas con alto contenido en azúcar y aditivos
Las mujeres que consumían una mayor proporción de ultraprocesados tenían considerablemente menos probabilidades de quedarse embarazadas que quienes los limitaban en su alimentación.
Esta relación se mantuvo incluso después de que los investigadores descartaran otros factores como la edad, el IMC, el tabaquismo, el nivel educativo o el estilo de vida. La alimentación emergió así como un factor independiente en las probabilidades de lograr un embarazo.
A mayor consumo de ultraprocesados, menor probabilidad de embarazo
Lo más revelador es que los investigadores no encontraron un umbral fijo, sino una escala progresiva. No se trata de un único refresco o una pizza puntual, sino del peso total que estos productos representan en el día a día.
Por cada incremento en el porcentaje de ultraprocesados dentro del patrón alimentario, la probabilidad de concebir descendía de forma medible. Un efecto acumulativo, no de todo o nada.
Los investigadores hablan deliberadamente de una "asociación sólida". Esto significa que el vínculo es claro, pero no se ha demostrado de forma definitiva que este tipo de alimentación cause infertilidad por sí sola. Sí puede incrementar ese riesgo, sumándose a otros factores ya conocidos como el tabaco, el estrés crónico, el sedentarismo o la edad avanzada en el momento de intentar concebir.
La alimentación es uno de los pocos factores de riesgo que podemos modificar casi a diario, sin necesidad de ninguna intervención médica.
Los embriones, examinados de cerca en tratamientos de fecundación in vitro
Una parte de las mujeres del estudio estaba sometida a tratamientos de fecundación in vitro (FIV). Esto brindó a los investigadores una oportunidad única para observar directamente los primeros días del desarrollo embrionario.
En el laboratorio, los embriólogos evalúan la calidad de los embriones según criterios como:
- La velocidad y regularidad con la que se dividen las células
- La estructuración interna de esas células
- Las probabilidades de que el embrión sea viable
Las mujeres cuya dieta contenía una mayor proporción de ultraprocesados presentaban, en promedio, embriones de menor calidad que aquellas que seguían una alimentación basada en productos frescos o mínimamente procesados.
Esto apunta a que la influencia de lo que comemos comienza mucho antes de ver una prueba de embarazo positiva. La maduración de los óvulos y las primeras divisiones celulares parecen ser especialmente sensibles a lo que la mujer consume durante los meses previos.
¿Por qué tienen tanto impacto estos productos?
Los investigadores plantean varios mecanismos biológicos posibles:
- Déficit de nutrientes protectores: Los ultraprocesados suelen ser pobres en fibra, vitaminas, minerales y grasas saludables, precisamente los que el cuerpo necesita para el equilibrio hormonal y la correcta división celular.
- Exceso de azúcares rápidos y grasas poco saludables: Pueden provocar fluctuaciones en el azúcar en sangre, aumento de peso y un perfil lipídico desfavorable, lo que deteriora el entorno ovárico.
- Inflamación crónica de bajo grado: Una dieta repleta de snacks, refrescos y precocinados se asocia a procesos inflamatorios silenciosos que pueden dañar la calidad de los óvulos.
- Estrés oxidativo: El exceso de radicales libres y la falta de antioxidantes pueden lesionar las células, incluidos los óvulos y los primeros embriones.
- Exposición a sustancias disruptoras hormonales: Ciertos aditivos o compuestos procedentes de los envases actúan en el organismo imitando o bloqueando señales hormonales, justo en un sistema reproductivo que depende de un equilibrio hormonal muy preciso.
Para todos estos mecanismos, las evidencias siguen acumulándose, aunque muchos detalles aún deben confirmarse con estudios que incluyan mediciones biológicas directas, como niveles hormonales y marcadores de inflamación en sangre.
De un riesgo individual a un problema de salud pública
En países como Estados Unidos, más de la mitad de todas las calorías que se consumen provienen ya de ultraprocesados. En gran parte de Europa occidental, incluida España, la proporción también es muy elevada, especialmente entre los adultos jóvenes.
Al mismo tiempo, el número de personas con problemas de fertilidad no deja de crecer. Se estima que aproximadamente una de cada seis parejas no logra quedarse embarazada en el plazo de un año. En las consultas médicas, los especialistas ven cada vez con más frecuencia a mujeres jóvenes con desequilibrios hormonales, sobrepeso o infertilidad sin causa aparente.
Cuando una gran parte de la población consume a diario el mismo tipo de productos, los pequeños efectos individuales pueden acabar convirtiéndose en un problema social perfectamente visible.
Por ello, los investigadores reclaman que la alimentación ocupe un lugar mucho más central en la información sobre fertilidad, no solo en las clínicas de reproducción asistida, sino también en las consultas de atención primaria, con las matronas y en las campañas de salud pública.
¿Qué cambios en tu alimentación puedes hacer tú mismo?
El estudio no revela ninguna "dieta mágica" que garantice el embarazo. Pero sí aparece de forma consistente una conclusión: cuanto más cercana a lo natural y variado sea tu alimentación, más favorable parece ser para la fertilidad.
En la práctica, esto se traduce en pasos concretos para muchas personas:
- Cocinar con verduras frescas o congeladas en lugar de recurrir a platos precocinados
- Beber agua, infusiones o café sin azúcar en lugar de refrescos o bebidas energéticas
- Tomar frutos secos sin procesar, yogur natural o fruta como snack, en lugar de galletas o barritas
- Elegir pan integral, avena o legumbres frente a pan blanco y cereales azucarados
- Incorporar regularmente pescado azul, aceite de oliva y semillas como fuente de grasas saludables
Un truco práctico que los nutricionistas repiten con frecuencia: cuanto más corta es la lista de ingredientes del envase y cuanto más reconocibles son todos ellos, menos procesado suele ser el producto.
La fertilidad, una carrera de fondo, no de velocidad
Uno de los mensajes más llamativos de este tipo de investigaciones es que la fertilidad no depende únicamente de los meses en que se intenta activamente concebir. La calidad de los óvulos y los espermatozoides se forja mucho antes, en un cuerpo que lleva años expuesto a la influencia de la alimentación, el sueño, el estrés y el ejercicio.
Esto significa que mujeres y hombres jóvenes que todavía no piensan en tener hijos están, sin saberlo, invirtiendo ya en su futura fertilidad con lo que comen cada día. Una dieta cargada de refrescos, snacks y comida rápida deja huella en el organismo, y esa huella no desaparece de la noche a la mañana.
Al mismo tiempo, esta perspectiva abre la puerta a la acción. Quien reorienta su alimentación paulatinamente hacia productos más naturales está creando un entorno más favorable para sus hormonas, sus óvulos y sus embriones. Combinado con dejar de fumar, reducir el alcohol, moverse más y gestionar mejor el estrés, el impacto en las probabilidades de embarazo puede ser significativo.
Para las parejas inmersas en tratamientos de reproducción asistida, esta investigación ofrece un punto de apoyo adicional. Junto a los pasos médicos como la estimulación hormonal y la FIV, los cambios en el estilo de vida —y en especial reducir el consumo de ultraprocesados— pueden ser ese pequeño empujón extra que marque la diferencia hacia un embarazo saludable. En la práctica clínica, los médicos comprueban con regularidad que perder unos kilos, reducir el azúcar e incorporar más verduras estabiliza los ciclos y mejora la respuesta a los tratamientos.
En los próximos años, los científicos esperan disponer de datos más detallados sobre cómo se relacionan exactamente los nutrientes, las hormonas, los marcadores inflamatorios y la calidad embrionaria. Mientras tanto, el peso de la evidencia señala con claridad en una sola dirección: quien desea ser madre o padre tiene buenos motivos para reducir al máximo los ultraprocesados en su dieta cotidiana, mucho antes de que llegue el momento de hacer la prueba de embarazo.













