Por qué es mejor no quitarse los zapatos en el avión, según la tripulación de cabina

Lo que la tripulación de cabina sabe y los pasajeros ignoran

Parece un gesto inofensivo y casi instintivo: quitarse los zapatos nada más sentarse en el avión. En vuelos nocturnos o de larga distancia, esa sensación de alivio resulta muy tentadora. Sin embargo, el personal de cabina con experiencia advierte de que esta costumbre conlleva riesgos reales para tu salud, tu seguridad y la comodidad de quienes te rodean.

Un suelo que parece limpio pero no lo está

A simple vista, la cabina luce ordenada entre vuelo y vuelo: sin migas visibles, papeleras vaciadas y mesitas recogidas. Pero según la exazafata y asesora de viajes Natalia Yepes, esa limpieza suele ser superficial. El tiempo entre rotaciones sencillamente no da para más.

Los suelos de la cabina reciben un repaso rápido, no una desinfección profunda. Es como caminar descalzo por un vagón de metro.

Los equipos de limpieza disponen a veces de apenas diez minutos. Su prioridad es lo que salta a la vista: papeles en el suelo, manchas evidentes, objetos olvidados bajo los asientos. Las bacterias, los virus y otros microorganismos no se detectan a simple vista, por lo que permanecen en las superficies sin que nadie los elimine.

Durante los períodos vacacionales de mayor afluencia, los aviones encadenan rotaciones muy cortas. La limpieza profunda del suelo —aspirado bajo los asientos o fregado— queda reservada para la noche o cuando la aeronave permanece más tiempo en tierra.

El baño del avión: jamás entres sin calzado

El punto más delicado a bordo es, sin duda, el lavabo. El exemployado de aerolínea y experto en viajes Kerwin McKenzie lleva años alertando sobre los peligros de entrar en ese reducido espacio con calcetines o descalzo.

  • Salpicaduras al tirar de la cadena o provocadas por la turbulencia
  • Bebidas derramadas que acaban en el suelo
  • Restos de productos de limpieza y otros líquidos de origen desconocido

Todo ese cóctel puede impregnar los calcetines y entrar en contacto directo con tu piel. El riesgo de irritaciones cutáneas e infecciones aumenta considerablemente, sobre todo si tienes pequeñas heridas o grietas en los pies. Y cuando regresas a tu asiento, distribuyes esa suciedad por tu ropa y tu equipaje de mano.

Al bajar del avión, te llevas todo eso a casa. Según McKenzie, la mayoría de los viajeros subestima cuánto tiempo pueden sobrevivir bacterias y hongos en tejidos y superficies textiles.

Pies descalzos y emergencias: una combinación peligrosa

La higiene es solo una parte del problema. La tripulación de cabina pone especial énfasis en la dimensión de seguridad. Nadie espera un aterrizaje de emergencia ni humo en la cabina, pero en el aire esa posibilidad nunca puede descartarse del todo.

En una evacuación repentina, cada segundo cuenta. No hay tiempo para agacharse a buscar los zapatos debajo del asiento.

Durante una parada de emergencia o un incendio, los pasillos y los toboganes de evacuación pueden estar llenos de cristales rotos, metal retorcido, componentes calientes o fragmentos de plástico afilados. Caminar descalzo o solo con calcetines en esas circunstancias multiplica el riesgo de heridas graves, y hasta un corte pequeño puede ralentizarte y bloquear el flujo de evacuación.

Exazafatas explican que en los entrenamientos se les enseña de forma explícita que los pasajeros deben estar listos para moverse de inmediato. Eso implica llevar calzado puesto, pero también no tener objetos sueltos que puedan obstaculizar la salida. Quien intenta encontrar sus zapatos en medio del pánico genera retrasos que pueden costar vidas.

Olores, incomodidad y etiqueta a bordo

Más allá de la higiene y la seguridad, hay otro factor en juego: el comportamiento en un espacio extremadamente reducido. La cabina de un avión es un ambiente cerrado donde el aire se recircula y los olores no se disipan con facilidad. Los pies con mal olor o sudorosos afectan inevitablemente a todos los pasajeros cercanos.

El personal de cabina reconoce que recibe quejas sobre esto con frecuencia. Los viajeros que apoyan los pies en el tabique, en el reposabrazos o incluso en el asiento del vecino son percibidos como una falta de respeto. En vuelos llenos, esa actitud puede generar tensiones innecesarias.

En los códigos de conducta no escritos del transporte aéreo se suele coincidir: pies en el suelo, calzado puesto y extremidades dentro del espacio personal de cada uno.

Cómo volar cómodo sin quitarte los zapatos

Muchos pasajeros se descalzan porque temen que los pies se hinchen o duelan durante un vuelo largo. Es una preocupación legítima, pero existen soluciones mucho más inteligentes que deambular por el pasillo en calcetines.

Comodidad y seguridad no están reñidas; todo depende de cómo te prepares antes de volar.

Elecciones inteligentes a la hora de hacer la maleta

  • Opta por zapatillas deportivas o calzado flexible que ofrezcan margen suficiente cuando los pies se hinchen levemente.
  • Usa calcetines cómodos, preferiblemente de algodón o lana merina, que transpiren y absorban la humedad.
  • Deja los zapatos nuevos o muy ajustados en casa los días de viaje; aprietan mucho más en altitud.
  • Lleva unas sandalias ligeras si quieres, pero reservadas para el hotel, no para pasear por el pasillo del avión.

Las medias de compresión son una excelente aliada contra los tobillos hinchados y la pesadez de piernas, especialmente en vuelos de larga distancia o si tienes mayor riesgo de trombosis. Se llevan perfectamente dentro del calzado habitual.

Moverse sin necesidad de descalzarse

Levantarse y andar un poco sigue siendo muy recomendable. Cada pocas horas, ponte de pie, camina hasta la parte trasera del avión, haz flexiones suaves de rodillas y rota los tobillos. Todo eso puede hacerse perfectamente con los zapatos puestos.

Recomendable durante el vuelo Mejor evitar
Paseos cortos por el pasillo con calzado Ir al baño en calcetines
Rotar los tobillos sentado en el asiento Apoyar los pies en el asiento o el tabique
Aflojar levemente los cordones o el velcro Botas ajustadas que apenas puedas ponerte o quitarte

La suciedad oculta también llega a tu equipaje de mano

El suelo no es la única fuente de contaminación. El personal de cabina señala también los compartimentos superiores de equipaje. Las ruedas de las maletas ruedan por aceras, aparcamientos, trenes y baños públicos, y toda esa suciedad acumulada acaba depositándose en el interior del maletero superior.

El personal de a bordo recomienda no colocar chaquetas, jerseis o almohadas directamente sobre el fondo del compartimento. Mete la ropa dentro de una bolsa o maleta, o mantén tu fular en el regazo. Así reduces las probabilidades de llevar bacterias al sofá o la cama de tu casa.

Pequeños cambios de hábito con un gran impacto en tu salud

Los aviones están diseñados para volar con seguridad, no para ser espacios completamente estériles. Cientos de manos tocan los reposabrazos, las mesitas, los cinturones y las pantallas a lo largo del día. A eso se suman migas, derrames y visitas al baño. Los equipos de limpieza hacen mucho en muy poco tiempo, pero no pueden alcanzar estándares hospitalarios.

Por eso, médicos y especialistas en higiene suelen aconsejar una combinación de hábitos sencillos: lavarse las manos antes de comer, evitar tocarse los ojos o la boca, llevar un pequeño frasco de gel desinfectante en el bolso y, por supuesto, mantener el calzado puesto cuando te muevas por el avión.

Las personas propensas a infecciones por hongos, eccema o con heridas abiertas en los pies corren un riesgo adicional al contactar con suelos sucios. Para este grupo resulta especialmente importante usar calzado protector, a ser posible con calcetines que puedan lavarse a alta temperatura después del viaje.

Para quienes viajan con niños, este tema puede dar lugar a una conversación útil antes de salir de casa. Explicar con calma por qué no se camina descalzo por el avión, por qué las sandalias se quedan junto al asiento y por qué no se deja nada tirado en el pasillo ayuda a que los buenos hábitos se asienten desde pequeños, haciendo que el vuelo sea más seguro y agradable para todos los que van a bordo.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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