Un inhibidor proteico natural dispara la carrera por el nuevo sucesor del Ozempic

Un pequeño péptido del propio cuerpo podría revolucionar el tratamiento de la obesidad

Científicos han anunciado un hallazgo sorprendente: una diminuta proteína que el organismo fabrica de forma natural es capaz de frenar drásticamente el apetito en pruebas con animales.

La sustancia, denominada BRP, provoca una pérdida de peso considerable en ratones y cerdos sin mostrar efectos secundarios evidentes. Los equipos de investigación confían en que este péptido natural pueda convertirse en una alternativa real a los populares fármacos adelgazantes como el Ozempic, que con frecuencia causan náuseas, molestias digestivas y pérdida de masa muscular.

Del algoritmo al péptido: así se descubrió el BRP

El descubrimiento llegó de la mano de un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford, que utilizó inteligencia artificial para identificar nuevas moléculas de señalización en el organismo. Su algoritmo, bautizado como "Peptide Predictor", tenía la misión de rastrear digitalmente enormes cantidades de proteínas humanas en busca de pequeños fragmentos con posible influencia sobre el apetito y el metabolismo.

De entre miles de candidatos, el sistema fue filtrando hasta quedarse con varios centenares de péptidos prometedores. Estos mini-péptidos son cadenas cortas de aminoácidos que las células utilizan para enviarse instrucciones entre sí. En el laboratorio, los investigadores los pusieron a prueba sobre células nerviosas relacionadas con el apetito y la producción de insulina.

Una de esas sustancias destacó de inmediato: el BRP, un fragmento de apenas 12 aminoácidos. En el tubo de ensayo, la actividad de las células nerviosas se disparó en cuanto se añadió BRP. La respuesta fue incluso más intensa que la provocada por el GLP-1, la hormona en la que se basan medicamentos como el Ozempic y el Wegovy.

El BRP parece estimular las mismas vías nerviosas supresoras del hambre que los fármacos GLP-1, pero actúa a través de circuitos cerebrales distintos.

Pruebas en ratones y cerdos: menos ingesta, menos grasa

Tras los primeros ensayos en laboratorio, rápidamente llegaron las pruebas con animales. Los investigadores inyectaron BRP a ratones delgados justo antes de una comida. En menos de una hora, los animales comieron aproximadamente la mitad de lo habitual. El efecto se replicó después en cerdos jóvenes, cuyo metabolismo se asemeja más al humano que el de los ratones.

A continuación, el foco se centró en animales con obesidad severa. Los ratones con sobrepeso extremo recibieron tratamientos con BRP durante dos semanas. Los resultados fueron llamativos:

  • Los animales perdieron una media de aproximadamente 4 gramos de peso corporal.
  • La mayor parte de esa pérdida procedía de la masa grasa.
  • La masa muscular permaneció prácticamente intacta.

Para los investigadores, este último punto es especialmente relevante. Los fármacos actuales basados en GLP-1 producen en personas una pérdida de kilos considerable, pero hasta uno de cada cinco kilos perdidos puede provenir de músculo y hueso. Esto incrementa el riesgo de fatiga, debilidad y mayor probabilidad de caídas en etapas posteriores de la vida.

Por qué el BRP podría causar menos efectos secundarios que el Ozempic

Para entender qué hace diferente al BRP respecto a los medicamentos existentes, conviene recordar brevemente cómo funciona la semaglutida, el principio activo del Ozempic y el Wegovy. La semaglutida imita la hormona GLP-1, que normalmente se libera en el intestino tras una comida para indicarle al cuerpo que ya ha comido suficiente.

Los efectos secundarios de este tipo de fármacos se producen en gran medida porque los receptores diana no solo se encuentran en el cerebro, sino también en el intestino, el páncreas y otros órganos. Esto provoca un vaciado gástrico más lento, náuseas, diarrea o estreñimiento. Al mismo tiempo, desciende el azúcar en sangre, lo que es beneficioso en la diabetes pero también puede generar fluctuaciones.

En los estudios con animales usando BRP, los investigadores observaron muy pocas de esas señales de alarma. Los animales comían menos, pero no mostraban aversión evidente a la comida, ni náuseas pronunciadas ni problemas intestinales reconocibles. Tampoco se detectó una reducción apreciable de la masa muscular.

Los datos apuntan a un efecto que actúa principalmente a través del hipotálamo, la región cerebral que coordina el hambre, la saciedad y el gasto energético.

Si este panorama se confirma en investigaciones con humanos, el BRP podría convertirse en un fármaco que supprime el apetito con menor carga para el resto del organismo. De ser así, llenaría el hueco existente entre los programas de estilo de vida intensivos y los medicamentos más agresivos o la cirugía bariátrica.

La carrera por nuevos tratamientos: por qué la competencia es tan intensa

El sobrepeso y la obesidad se consideran hoy uno de los mayores problemas de salud a escala mundial. En muchos países, más de la mitad de los adultos tiene exceso de peso, con el consiguiente mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hígado graso y ciertos tipos de cáncer.

Durante años, apenas existían medicamentos que produjeran una pérdida de peso verdaderamente significativa. Muchos fármacos funcionaban de forma moderada o generaban efectos secundarios graves. Solo con la llegada de los medicamentos GLP-1 cambió la situación, haciendo que las inyecciones adelgazantes se popularizaran a una velocidad vertiginosa.

Sin embargo, los médicos siguen topando con las mismas limitaciones una y otra vez:

Desafío Consecuencia para los pacientes
Numerosos efectos secundarios Náuseas, vómitos, problemas intestinales, abandono del tratamiento
Pérdida de músculo y masa ósea Menor resistencia física, mayor riesgo de caídas a largo plazo
Elevado coste y disponibilidad limitada Listas de espera, cobertura no accesible para todos

Por eso, tanto empresas farmacéuticas como grupos académicos buscan con urgencia nuevas estrategias: fármacos que produzcan igual o mayor pérdida de peso con menos riesgos asociados. Un péptido de origen natural como el BRP encaja a la perfección en esa búsqueda.

Del animal al ser humano: lo que queda por hacer

Quien quiera salir corriendo a la farmacia en busca de BRP se va a llevar una decepción. Por ahora sigue siendo un producto de laboratorio y así continuará durante años. Los primeros resultados se han publicado en la prestigiosa revista Nature, pero la investigación se encuentra apenas en sus primeras etapas.

Los próximos pasos previsibles son los siguientes:

  • Pruebas de seguridad exhaustivas en varias especies animales y con dosis más elevadas.
  • Pequeños estudios de fase 1 en voluntarios sanos para evaluar seguridad y tolerabilidad.
  • Investigación de fase 2 en personas con sobrepeso u obesidad para medir el efecto sobre el apetito, el peso y el metabolismo.
  • Grandes estudios de fase 3 a largo plazo en los que el BRP se compare con los tratamientos actuales.

El equipo investigador responsable del BRP ya ha fundado una empresa para financiar y acompañar estos pasos. Entre el primer ensayo animal y una eventual prescripción médica suelen transcurrir al menos entre cinco y diez años, siempre que todo salga bien y los organismos reguladores den su visto bueno.

Qué pueden hacer ahora pacientes y médicos con este avance

Aunque el BRP está aún muy lejos de la consulta médica, esta molécula de señalización ofrece una vista previa de cómo podría ser el tratamiento de la obesidad en pocos años. El enfoque avanza gradualmente desde intervenciones amplias hacia un control más preciso de circuitos cerebrales específicos.

Para quienes ya usan un fármaco GLP-1 en la actualidad, nada cambia a corto plazo. Eso sí, crece la posibilidad de que en el futuro haya más opciones disponibles, con medicamentos que actúen de forma diferente o que se adapten mejor a determinados grupos de pacientes. Especialmente aquellos que sufren más efectos secundarios, o personas con poca masa muscular que no pueden permitirse perderla.

Mientras tanto, los médicos siguen muy de cerca estos avances. Los nuevos fármacos podrían combinarse con programas de estilo de vida y entrenamiento de fuerza, de modo que la pérdida de peso vaya acompañada del mantenimiento del músculo y la condición física. En lugar de una única "inyección milagrosa", el tratamiento de la obesidad parece evolucionar hacia un conjunto de medicamentos, acompañamiento y cambios de conducta.

Contexto adicional: ¿qué son los agonistas GLP-1 y los péptidos?

Los agonistas del GLP-1 son un grupo de medicamentos que actúan sobre la hormona GLP-1. Esta hormona se libera desde la pared intestinal tras una comida y transmite varias señales: deja de comer, produce insulina y reduce el azúcar en sangre. Al hacer que esta hormona actúe de forma más prolongada e intensa de manera artificial, el apetito disminuye y la persona adelgaza.

Los péptidos, como el BRP, son pequeños fragmentos de proteína que el organismo utiliza en todas partes para transmitir mensajes. Activan o desactivan receptores, como una llave en su cerradura. Un cambio mínimo en el orden de los aminoácidos puede determinar si un péptido desencadena el hambre o la suprime por completo.

Para la industria farmacéutica, estos péptidos representan una categoría muy atractiva: se parecen mucho a las sustancias propias del organismo, por lo que el sistema inmunitario los acepta mejor que los medicamentos químicos clásicos. El inconveniente es que a veces se degradan rápidamente en la sangre y necesitan formas de administración inteligentes o modificaciones estructurales para actuar el tiempo suficiente.

La carrera en torno al BRP ilustra la velocidad a la que se mueve este campo. Mientras los médicos siguen hoy ocupados prescribiendo fármacos similares al Ozempic, es posible que ya esté preparándose una nueva generación de tratamientos que actúe de forma aún más precisa sobre el cerebro y el metabolismo. Para quienes padecen obesidad, esto significa que probablemente dispondrán de más opciones en el futuro, con terapias mejor adaptadas a sus riesgos y objetivos personales.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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