China lidera con el primer chip comercial implantado en el cerebro humano

Una tecnología que hasta ayer parecía ciencia ficción ya es una realidad clínica

Durante años, los implantes cerebrales vivieron confinados en laboratorios y promesas futuristas. Ahora China da un paso concreto y sin precedentes: un sistema oficialmente aprobado que puede venderse a hospitales y clínicas. Se trata de un implante que convierte señales cerebrales en movimientos de una mano robótica, diseñado específicamente para personas con lesión medular cervical alta.

Los pensamientos controlan un guante robótico

El sistema se llama NEO y lo ha desarrollado Neuracle Medical Technology, con sede en Shanghái. Su elemento central es un implante circular, aproximadamente del tamaño de una moneda, que se coloca sobre la superficie exterior del cerebro. Los cirujanos no necesitan perforar el tejido cerebral en sí.

El dispositivo capta las señales eléctricas que se generan cuando una persona intenta mover su mano. Esos patrones se transmiten directamente a un software que traduce la actividad cerebral en bruto en comandos concretos: abrir la mano, cerrarla, sujetar un objeto.

Esas instrucciones activan un guante robótico que lleva puesto el paciente. El guante utiliza cámaras de aire que se inflan y desinflan a gran velocidad con aire comprimido, provocando que los dedos se abran y se cierren. Así, la persona puede agarrar una botella, un vaso o un teléfono móvil.

El paciente no necesita usar ningún músculo de la mano: la intención en el cerebro es suficiente para poner en marcha todo el sistema mecánico.

Según los desarrolladores, la clave está precisamente en combinar una colocación relativamente superficial sobre el cerebro con un guante de control inteligente. Las señales son menos precisas que las obtenidas con electrodos profundos, pero algoritmos sofisticados logran extraer movimientos perfectamente utilizables.

Sin penetrar el tejido cerebral, aunque sigue siendo una intervención en el cráneo

El NEO se describe a menudo como menos invasivo, pero sigue siendo una operación de envergadura. El cirujano abre una pequeña sección del cráneo, coloca el implante circular sobre la corteza cerebral y lo sella de nuevo. A diferencia de algunos experimentos realizados en Estados Unidos, no se introducen filamentos finos dentro del tejido cerebral.

Esta decisión tiene consecuencias importantes:

  • menor riesgo de daño directo a las células nerviosas
  • probablemente menos formación de tejido cicatricial en el interior del cerebro
  • señales algo menos nítidas, pero más estables a largo plazo

El organismo regulador chino de dispositivos médicos ha clasificado el sistema en la categoría de mayor riesgo, equivalente a lo que en Europa se denomina clase III. Esto implica los requisitos más estrictos en materia de seguridad, eficacia y control posterior. La aprobación formal se produjo el 13 de marzo de 2026, convirtiendo a China en el primer país del mundo donde un implante cerebral de este tipo puede comercializarse legalmente.

China adelanta a sus competidores en neurotecnología

La carrera por las interfaces cerebro-computadora ha estado asociada en los últimos años a nombres estadounidenses como Neuralink, la empresa de Elon Musk. A principios de 2026, Neuralink reportó veintiún participantes en ensayos clínicos en curso bajo supervisión de las autoridades americanas.

Sin embargo, en Estados Unidos ningún producto comparable ha recibido aún autorización oficial para su venta. Todos los sistemas permanecen limitados al ámbito de los ensayos de investigación. China rompe esa barrera como primera nación y aspira así a tomar ventaja en un mercado futuro valorado en miles de millones.

Neuracle no es la única empresa china en esta arena. En Shanghái, NeuroXess desarrolla sus propios implantes. En 2025 acaparó titulares cuando un hombre de 28 años, paralizado desde hacía ocho, fue capaz de controlar dispositivos con su mente tan solo cinco días después de recibir un implante. Un plazo de entrenamiento tan breve da una idea de la velocidad a la que avanza esta tecnología.

Donde la primera generación de interfaces cerebrales eran prototipos con gruesos cables y enormes ordenadores, las empresas chinas avanzan ahora hacia sistemas compactos y portátiles para uso cotidiano.

El papel impulsor del gobierno chino

Pekín considera la tecnología cerebro-computadora un sector estratégico. El tema figura ya en las listas de prioridades nacionales, junto a la inteligencia artificial y la computación cuántica. Esto se traduce en subsidios, programas de investigación y procedimientos de evaluación acelerados por parte de los reguladores.

China construye sobre el trabajo previo realizado en Estados Unidos. Programas como BrainGate establecieron desde principios de los años 2000 las bases científicas: cómo funcionan las señales cerebrales, cómo leerlas y cómo utilizarlas para controlar un cursor, una silla de ruedas o un brazo robótico. Las empresas chinas recogen ahora ese conocimiento e intentan convertirlo en productos escalables.

Qué pacientes pueden optar al sistema NEO

Esta tecnología no está pensada para todas las formas de parálisis. Neuracle se dirige a un grupo relativamente específico de personas con estos criterios:

  • Edad: entre 18 y 60 años
  • Tipo de lesión: lesión medular a nivel cervical
  • Duración de la parálisis: al menos un año
  • Estabilidad: sin deterioro apreciable en los últimos seis meses
  • Función residual: cierta movilidad en el brazo, pero sin fuerza funcional de agarre en la mano

En estudios clínicos anteriores, la fuerza de agarre y la capacidad para sostener objetos mejoraron de forma notable. Los pacientes pudieron realizar acciones que llevaban años sin poder ejecutar, como llevar un vaso de agua a la boca o sujetar un cubierto.

Los riesgos médicos siguen presentes

Una operación cerebral sigue siendo una intervención de gran calado, incluso cuando el implante no penetra en el tejido cerebral. Los médicos deben estar atentos permanentemente a complicaciones como:

  • infecciones alrededor del implante o de la apertura craneal
  • hemorragias durante o después de la intervención
  • desplazamiento o inclinación del implante con el paso del tiempo
  • formación de tejido cicatricial que deteriore la calidad de la señal

Muchos de estos riesgos son también comunes a otras interfaces cerebrales y a procedimientos como la estimulación cerebral profunda en pacientes con Parkinson. Al introducir el NEO en la atención sanitaria convencional, se generarán muchos más datos que en pequeños estudios de investigación, lo que ayudará a ingenieros y médicos a perfeccionar la tecnología de forma progresiva.

Qué puede significar esto para el futuro del tratamiento de la parálisis

Para las personas con lesión medular cervical alta, los recursos disponibles hasta ahora son principalmente mecánicos: sillas de ruedas, férulas, dispositivos de agarre y domótica. Un implante que traduce directamente las señales cerebrales en movimiento añade una capa completamente nueva. No se trata solo de acciones prácticas, sino también de recuperar en parte una sensación de control y autonomía.

De cara al futuro, los neurólogos anticipan diversas posibles ampliaciones:

  • control de dispositivos de hogar inteligente, como luces y puertas
  • manejo de ordenadores, tabletas y sintetizadores de voz para la comunicación
  • combinación con exoesqueletos para mover brazos completos o incluso piernas
  • integración con software de inteligencia artificial que haga los movimientos más fluidos y predecibles

Al mismo tiempo crece el debate sobre los límites éticos. ¿Quién gestiona los datos procedentes del cerebro? ¿Cómo se evita el uso indebido o el hackeo de un implante que controla movimientos? En China ese debate surge ahora antes que en ningún otro lugar, precisamente porque el primer sistema comercial ya funciona en hospitales reales.

¿Qué es exactamente una interfaz cerebro-computadora?

Una interfaz cerebro-computadora (BCI, del inglés brain-computer interface) es una tecnología que convierte la actividad cerebral directamente en instrucciones para un ordenador o una máquina. Puede funcionar de distintas formas:

  • No invasiva: por ejemplo, mediante un casco de EEG con electrodos sobre el cuero cabelludo. Es segura, pero la señal es relativamente débil.
  • Mínimamente invasiva: como el NEO, colocado sobre o justo por debajo del cráneo, en la superficie exterior del cerebro.
  • Profundamente invasiva: electrodos finos introducidos dentro del tejido cerebral, con señales muy nítidas pero también con mayores riesgos médicos.

El software que sustenta una BCI aprende a reconocer patrones. Los participantes repiten una y otra vez la misma acción mental —por ejemplo, "cerrar la mano"— mientras el sistema registra qué ondas cerebrales se asocian a ella. Mediante aprendizaje automático, ese patrón se distingue cada vez mejor del resto de pensamientos. Tras un período de entrenamiento, el control se vuelve progresivamente más natural para la mayoría de los usuarios.

El paso dado por China representa una señal clara para hospitales e instituciones científicas de todo el mundo: esta tecnología está dejando de ser un prototipo experimental para convertirse en un dispositivo de uso clínico habitual. Eso abre la puerta a la colaboración internacional, pero también obliga a tomar decisiones propias sobre seguridad, privacidad y cobertura dentro de los sistemas de salud.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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