Enormes olas ocultas bajo Groenlandia devoran glaciares a ritmo récord

El glaciar se desprende… y entonces empieza lo peor

Nuevas mediciones revelan que enormes olas invisibles en los fiordos de Groenlandia están erosionando la base de los glaciares a una velocidad muy superior a lo que se creía hasta ahora. No solo influyen el aire y el océano más cálidos: los propios glaciares alimentan una especie de máquina destructora de fabricación propia.

Cada vez que un gran fragmento de hielo se desprende y cae al mar, el espectáculo parece, a primera vista, simplemente impresionante: un estruendo ensordecedor, agua que salpica, bloques a la deriva. Pero bajo la superficie ocurre algo mucho más grave.

La caída de esa masa de hielo libera una cantidad enorme de energía, que se propaga en forma de una serie de olas internas dentro de la columna de agua. No son olas ordinarias en la superficie, sino gigantescas masas de agua que oscilan a gran profundidad, a veces tan altas como un rascacielos.

Según una investigación de la Universidad de Zúrich, estas olas atraviesan el fiordo entero y alcanzan cientos de metros de profundidad. Allí mezclan agua más cálida de las capas profundas con agua más fría cercana al frente del hielo. Esa agua caliente roza constantemente la base del glaciar, erosionando la pared de hielo que desemboca en el mar.

Cada derrumbe de un bloque de hielo actúa como el gatillo del siguiente: el glaciar acelera su propia destrucción.

Esta mezcla intensa desestabiliza la base del glaciar. Mientras el sol y el aire atacan principalmente la parte superior y frontal, esta máquina acuática oculta lanza un ataque continuo sobre los cimientos del hielo. El resultado es una reacción en cadena: un desprendimiento hace más probable el siguiente.

Olas invisibles que pasaron desapercibidas durante años

Los satélites llevan décadas registrando la pérdida de masa de hielo en Groenlandia. Miden con qué rapidez se adelgazan los glaciares, cuánto retrocede el frente del hielo y cuánto acaba en el océano. Sin embargo, una parte crucial del proceso pasó inadvertida, sencillamente porque ocurre bajo la superficie del agua.

Los métodos de observación actuales se centran principalmente en la superficie: fotografías aéreas, mediciones de radar, sensores de temperatura en boyas. La interacción entre el agua del océano y el hielo a decenas o cientos de metros de profundidad seguía siendo, en gran medida, una caja negra. Por eso los modelos de fusión submarina del hielo estaban a menudo muy equivocados.

Aquí es exactamente donde entran en juego las olas internas. No son visibles para las cámaras y apenas se pueden medir con instrumentos tradicionales. Sin embargo, condicionan enormemente la distribución del calor dentro de un fiordo, y con ello el ritmo al que el glaciar desaparece desde abajo.

Un espía de fibra óptica en el fondo marino

Para sacar a la luz esa dinámica oculta, un equipo internacional instaló un cable de fibra óptica de diez kilómetros en el fondo de un fiordo en el sur de Groenlandia. Ese cable se conectó a una técnica ya conocida en el sector petrolífero y sísmico: el Distributed Acoustic Sensing (DAS).

Con esta tecnología, cada tramo del cable se convierte en un sensor diminuto. El cable registra vibraciones, variaciones de presión y cambios de temperatura a lo largo de todo su recorrido, con una precisión de hasta un metro. Se trata de algo así como un micrófono submarino que escucha continuamente todo lo que ocurre en el fiordo.

Las mediciones revelan que tras cada derrumbe de un bloque de hielo se repite un patrón reconocible:

  • Primero aparecen olas visibles en la superficie, que desaparecen en minutos u horas.
  • Después llegan las olas internas, profundas en la columna de agua, que permanecen activas durante horas.
  • Esas olas internas arrastran capas de agua más cálida hacia arriba, en dirección al frente del glaciar.
  • Con cada paquete de olas, el glaciar pierde hielo adicional en su cara inferior.

Los investigadores calcularon que un solo ciclo de estos puede fundir alrededor de un centímetro de hielo. Si se suman todos los eventos, en la práctica esto equivale a hasta un metro de fusión submarina al día, una cifra comparable a la velocidad a la que algunos glaciares avanzan hacia el mar.

Un metro de pérdida de hielo al día bajo el agua explica por qué algunos glaciares colapsan de forma tan inesperadamente rápida.

Un glaciar que se destruye a sí mismo

Estos nuevos hallazgos muestran que los llamados glaciares marinos o de marea —los que desembocan directamente en el mar— experimentan un ciclo de retroalimentación que se refuerza a sí mismo. No solo responden al clima externo, sino que generan sus propios agentes destructores.

El proceso funciona de la siguiente manera:

  • El glaciar avanza hacia el mar y se vuelve inestable en su borde.
  • Un gran bloque de hielo se desprende y cae al fiordo.
  • La caída genera olas internas que llevan agua caliente hacia el frente del glaciar.
  • Esa agua caliente excava aún más la base del glaciar.
  • Esa erosión provoca un nuevo desprendimiento, y el ciclo vuelve a comenzar.

Así se generan bucles de retroalimentación que los modelos climáticos anteriores apenas consideraban. Muchos cálculos se fijaban principalmente en la temperatura del aire y la temperatura media del océano, sin tener en cuenta los procesos de mezcla extremadamente locales que se producen con cada desprendimiento.

Groenlandia, clave para el nivel del mar

En la zona estudiada, cerca del glaciar Eqalorutsit Kangilliit Sermiat, se estima que cada año unos 3,6 kilómetros cúbicos de hielo acaban en el océano. Eso es casi el triple del volumen del conocido glaciar del Ródano, en los Alpes. Y ese hielo no desaparece en silencio: crea paisajes submarinos llenos de canales, colinas y depresiones profundas que canalizan las corrientes de agua.

El calor adicional que llega a la base del glaciar a través de las olas internas acelera su retirada hacia el interior. Si estos procesos se dan también en otros glaciares de Groenlandia —y hay fuertes indicios de que así es—, la contribución de Groenlandia al aumento del nivel del mar podría ser mucho mayor de lo que estimaban los cálculos anteriores.

Si el casquete de hielo de Groenlandia desapareciera por completo, el nivel del mar subiría unos siete metros en todo el mundo. Ese escenario no está sobre la mesa a corto plazo, pero incluso una pérdida limitada de hielo ya tiene consecuencias perceptibles: erosión costera, mayores daños por tormentas, deltas con mayor salinidad y presión creciente sobre las reservas de agua dulce en zonas bajas.

Efectos que se extienden mucho más allá de Groenlandia

El agua de deshielo procedente de Groenlandia llega al Atlántico Norte e influye en las grandes corrientes oceánicas, incluida la Corriente del Golfo. Estas corrientes transportan calor desde los trópicos hacia el norte y determinan en gran medida el clima suave del oeste de Europa.

Una mayor cantidad de agua dulce en la superficie puede frenar o desplazar esas corrientes, con efectos sobre los patrones meteorológicos: inviernos más crudos en algunas regiones, veranos más lluviosos en otras. Las olas internas parecen, a primera vista, un fenómeno local, pero su papel en la velocidad total de fusión las hace relevantes para el sistema climático en su conjunto.

¿Qué son exactamente las olas internas?

Las olas internas se forman cuando capas de agua con distintas densidades —debidas a diferencias de temperatura o salinidad— se deslizan unas sobre otras. Mientras que en las olas normales sube y baja la superficie del agua, las olas internas se mueven dentro de la columna de agua.

Pueden alcanzar alturas mucho mayores que las olas superficiales, porque la capa de separación entre el agua ligera y la densa se encuentra a gran profundidad y se extiende a lo largo de grandes distancias. En los fiordos con glaciares, cada bloque de hielo que cae empuja con fuerza contra esas capas, poniendo todo el sistema en vibración.

¿Qué implicaciones tiene esto para la investigación futura?

El uso de fibra óptica como instrumento de medición abre un nuevo abanico de herramientas para los científicos del clima. Los cables de telecomunicaciones ya existentes en el fondo del mar —por ejemplo, entre continentes o archipiélagos— pueden en algunos casos ser aprovechados con la misma tecnología.

Esto ofrece la posibilidad de monitorizar en detalle los procesos de mezcla submarina, los terremotos y las olas de tormenta en muchos más lugares, sin necesidad de instalar equipos nuevos y costosos en cada punto. Para zonas heladas como Groenlandia y la Antártida, esto marca una gran diferencia: una red de cables "escuchando" puede mostrar dónde los glaciares pierden hielo ante el océano con mayor rapidez.

Para los responsables políticos y los planificadores costeros, este tipo de conocimiento es crucial a la hora de evaluar los riesgos futuros. Si los modelos incorporan mejor los procesos ocultos como las olas internas, las previsiones sobre la subida del nivel del mar serán más precisas. Eso ayuda a tomar decisiones sobre diques, ubicaciones de construcción, planes de evacuación y seguros.

Para quienes quieran seguir de cerca estos desarrollos, conviene conocer algunos conceptos clave: glaciar marino (glaciar que desemboca en el mar), fiordo (entrada de mar estrecha y profunda, a menudo con un glaciar en su extremo) y calving o desprendimiento (rotura de bloques de hielo que caen al mar). Juntos forman el escenario en el que esas enormes olas invisibles trabajan cada día bajo el hielo de Groenlandia.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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