Este queso francés olvidado hace tus gratinados al horno mucho más ligeros

Por qué el queso convierte tu plato al horno en una bomba calórica

Hay una buena noticia para quienes no pueden resistirse a esa costra dorada y crujiente que se forma sobre los gratinados: existe una forma de conservarla sin disparar las calorías. Un queso francés bastante desconocido, con aproximadamente la mitad de calorías que la mozzarella, se posiciona como un truco inteligente para preparar platos al horno mucho más ligeros.

Un gratinado clásico suele girar en torno a tres elementos: almidón, salsa y una buena cantidad de queso rallado. Y ese último ingrediente es, con diferencia, el más contundente. Los quesos más usados para hornear, como los de montaña semicurados o curados, rondan las 380-420 kilocalorías por cada 100 gramos. Es aproximadamente lo mismo que una tableta de chocolate generosa, pero repartido sobre tu fuente de patatas o pasta.

Ese alto valor calórico se debe al proceso de maduración: el agua se evapora y lo que queda es una concentración de grasas y proteínas. Un puñado de queso rallado parece poca cosa, pero nutricionalmente equivale a un bocadillo bien cargado.

La costra de queso sobre un gratinado suele ser la mayor fuente "invisible" de calorías en el plato.

Los quesos frescos, como el queso cottage, el queso crema light o la mozzarella, contienen más agua y aportan menos energía por cada 100 gramos. La mozzarella ya se considera la alternativa más ligera en pizzas y gratinados, pero existe una opción todavía más esbelta que apenas aparece en las cocinas españolas.

El ingrediente secreto: ¿qué es el cancoillotte?

Se llama cancoillotte, una especialidad cremosa procedente de la región francesa de Franche-Comté. En Francia lleva décadas conviviendo con los yogures y los quesos para untar en la sección de refrigerados, pero por aquí es prácticamente un desconocido. Su textura se sitúa a medio camino entre el queso fundido y una salsa espesa: fluido, suave y muy fácil de verter o distribuir con una cuchara.

El cancoillotte se elabora a partir de leche desnatada que primero se acidifica y se cuaja. Después, los sólidos resultantes se funden con agua y una pequeña cantidad de grasa, generalmente mantequilla. Como la base es leche magra, el contenido en grasa se mantiene relativamente bajo.

  • Alrededor de 130 kcal por 100 gramos
  • Aproximadamente la mitad que la mozzarella (unas 250 kcal por 100 g)
  • Casi cuatro veces menos calorías que muchos quesos curados

El resultado es un sabor genuinamente quesero sin que el aporte de grasa sea desorbitado. Precisamente esa combinación lo hace muy interesante para quienes quieren reducir calorías en sus platos al horno sin renunciar a esa sensación tan característica del queso gratinado.

Cómo usar el cancoillotte en un gratinado ligero

La mayor ventaja del cancoillotte es que no hay que rallarlo, fundirlo ni mezclarlo con cantidades enormes de nata. El producto ya es líquido y se funde al instante en contacto con el calor. Por eso funciona a la vez como salsa y como cobertura.

Receta básica de gratinado de patatas más ligero

Con el siguiente método obtendrás un plato cremoso que resulta bastante menos pesado que la versión clásica con nata y queso rallado.

  • Corta las patatas en láminas finas y cuécelas brevemente, entre 5 y 7 minutos.
  • Calienta en un cazo entre 150 y 200 gramos de cancoillotte con un chorrito de leche semidesnatada hasta obtener una salsa homogénea y ligeramente fluida.
  • Sazona con pimienta, nuez moscada y, si lo deseas, un poco de ajo.
  • Mezcla las patatas con la salsa para que todas las láminas queden bien impregnadas.
  • Extiende la mezcla en una fuente para horno ligeramente engrasada.
  • Reparte por encima una capa fina adicional de cancoillotte para formar la costra.
  • Hornea a 180-200 grados hasta que la superficie tome un color dorado.

Al sustituir la nata por una mezcla de cancoillotte y leche, el contenido en grasa desciende considerablemente, mientras que la textura sigue siendo cercana a la de un clásico gratin dauphinois.

Gratinado de verduras con más sabor que queso

Las verduras quizás sean las que más partido sacan a este queso. Su consistencia fluida se cuela con facilidad entre los ramilletes de coliflor o las rodajas de calabacín, de modo que salen del horno tiernas y jugosas.

Una regla práctica útil: para una fuente mediana, usa unos 200 gramos de cancoillotte por cada kilo de verduras. Puedes mezclarlo con un poco de agua de cocción o leche para obtener una salsa más ligera. Añade después los condimentos que más te gusten: mostaza, hierbas frescas o una pizca de pimentón ahumado.

Deja que el sabor venga principalmente de las hierbas, la mostaza y el ajo, y usa el queso más como elemento que aporta unión y brillo que como protagonista.

¿Cuánto cambia realmente el resultado en el plato?

Una comparación sencilla lo deja muy claro. Imagina que normalmente usas 150 gramos de queso curado rallado para una fuente grande y lo sustituyes por 200 gramos de cancoillotte.

Ingrediente Cantidad Calorías aproximadas
Queso curado (p. ej., queso de montaña) 150 g aprox. 600 kcal
Cancoillotte 200 g aprox. 260 kcal

Con cuatro raciones, eso supone un ahorro de unos 85 kilocalorías por persona únicamente gracias al cambio de queso. Si además sustituyes la nata por leche semidesnatada o una mezcla de leche y caldo, la diferencia se amplía todavía más.

Qué tener en cuenta al cocinar con cancoillotte

Al contener mucha agua, el cancoillotte se comporta de manera diferente al queso rallado. No forma con tanta facilidad una capa sólida y crujiente. Espera más bien una costra fina y brillante que una capa gruesa y tostada.

  • No uses demasiado: una capa fina ya aporta suficiente sabor.
  • No diluyáis demasiado la salsa, o el gratinado quedará aguado.
  • Trabaja en capas: mezcla parte con el relleno y reserva un poco para la superficie.
  • Si quieres algo de textura crujiente, espolvorea una cucharada de pan rallado o unos frutos secos picados sobre la capa de queso.

En cuanto al sabor, el cancoillotte es suave pero claramente quesero, con un ligero toque ácido. Resulta ideal para quienes disfrutan de platos sabrosos sin que sean excesivamente contundentes. Si estás acostumbrado a quesos intensos y curados, puedes añadir una pequeña cantidad de uno más fuerte para dar más profundidad, manteniendo igualmente el plato más ligero que en la versión tradicional.

Consejos prácticos para usar el cancoillotte en casa

En los supermercados españoles no es fácil encontrarlo todavía, aunque las tiendas especializadas y algunos establecimientos con surtido de productos franceses sí lo tienen ocasionalmente. Una vez abierto, el tarro se conserva en el frigorífico durante varios días. Gracias a su textura líquida, es muy sencillo usar exactamente la cantidad necesaria y guardar el resto para la siguiente preparación.

El queso no se limita solo a los gratinados de patata o verdura. También puedes utilizarlo para:

  • Dar una segunda vida a la pasta sobrante convirtiéndola en un nuevo plato al horno
  • Preparar una salsa ligera para aves o pescado blanco
  • Elaborar un relleno cremoso para verduras como pimientos o tomates

Quienes cuidan su alimentación o simplemente quieren alternar platos más livianos con los días de fondue o de cenas copiosas pueden seguir poniendo una fuente humeante en la mesa con total tranquilidad. El beneficio calórico se acumula cuando este tipo de pequeños ajustes se aplican con regularidad.

Para quienes lleven un control más detallado de su dieta, vale la pena comparar las etiquetas de distintos quesos y pesar las porciones. La diferencia entre 50 y 120 gramos de queso en una ración individual puede superar fácilmente las 300 kilocalorías. Con una opción de menor aporte calórico como el cancoillotte, ese margen se vuelve mucho más manejable, sin perder ese momento tan satisfactorio: sacar la fuente del horno, ver el vapor subir, la textura suave y ese hilo de queso justo para que todos en la mesa queden contentos.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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