Gigantesco volcán de 145 millones de años hallado en las profundidades del Pacífico

Una colosal estructura volcánica oculta bajo kilómetros de agua

En un remoto altiplano submarino, lejos de cualquier costa, los geólogos han cartografiado una estructura que cambia radicalmente nuestra comprensión de los volcanes en la Tierra. Lo que durante años pareció ser un conjunto de varias colinas resultó ser un único volcán descomunal: el Tamu Massif.

Un gigante volcánico escondido bajo el océano

El Tamu Massif se encuentra en la llamada Shatsky Rise, una extensa meseta en el fondo marino situada aproximadamente a 1.600 kilómetros al este de Japón. Su cima reposa a unos 2.000 metros bajo el nivel del mar, mientras que su base desciende hasta casi 6,5 kilómetros de profundidad.

Durante mucho tiempo, los mapas del lecho oceánico mostraban en esa zona tres amplias elevaciones poco pronunciadas, sin cráter visible ni laderas empinadas. Nada que recordara a un volcán clásico como los de Hawái o Islandia.

Fue gracias a nuevas mediciones sísmicas, en las que se envían ondas sonoras a través del subsuelo, cuando todo encajó. Los investigadores comprobaron que las coladas de lava se extendían de manera continua por debajo de todas esas elevaciones. Las tres estructuras aparentes formaban en realidad un único conjunto con un origen compartido en las profundidades de la Tierra.

El Tamu Massif abarca aproximadamente 120.000 kilómetros cuadrados, una superficie comparable a la de un estado estadounidense de tamaño considerable. Esto lo convierte en el mayor volcán individual conocido en nuestro planeta.

Para ponerlo en perspectiva: el Mauna Loa en Hawái, frecuentemente citado como uno de los volcanes más grandes del mundo, ocupa apenas unos 5.000 kilómetros cuadrados en superficie basal. El gigante del Pacífico es, por tanto, muchas veces mayor.

Por qué este volcán no se parece en nada a un volcán

Cuando imaginamos un volcán, pensamos en un cono con una cima y un cráter. El Tamu Massif rompe completamente ese esquema. Sus laderas son extremadamente suaves; alguien que teóricamente estuviera sobre él apenas podría distinguir en qué dirección desciende la montaña.

Los geólogos denominan este tipo de formación volcán en escudo: una montaña ancha y baja que se forma cuando la lava fluida se extiende a gran distancia. En el caso del Tamu Massif, esas coladas se repitieron tantas veces y se propagaron tan lejos que dieron lugar a un enorme escudo casi plano.

  • Tipo de volcán: volcán en escudo extremo, submarino
  • Ubicación: Shatsky Rise, Pacífico oriental
  • Edad: aproximadamente 145 millones de años
  • Profundidad de la cima: cerca de 2.000 metros bajo el nivel del mar
  • Profundidad de la base: casi 6,5 kilómetros bajo la superficie oceánica
  • Superficie: aproximadamente 120.000 km²

Esa forma tan discreta explica también por qué el volcán estuvo tanto tiempo sin ser reconocido como tal. En los mapas del fondo marino, la zona simplemente parecía amplia y plana. Sin mediciones detalladas del subsuelo, una estructura así se confunde fácilmente con una meseta oceánica ordinaria.

Más antiguo que la mayoría de los dinosaurios

Las dataciones geológicas indican que el Tamu Massif estuvo activo hace unos 145 millones de años, en la transición entre el Jurásico y el Cretácico. Mientras los dinosaurios aún recorrían los continentes, este gigante volcánico expulsaba enormes cantidades de magma en el lugar donde hoy descansa el azul profundo del océano.

Tras una fase volcánica relativamente breve pero de una intensidad extraordinaria, el volcán se extinguió. Hoy no hay ningún signo de actividad: ni sismos provocados por magma ascendente, ni coladas recientes, ni fuentes hidrotermales que delaten movimiento alguno.

Esa rápida transición del vulcanismo intenso al silencio absoluto proporciona a los geólogos información valiosa sobre cómo se forman las grandes cámaras magmáticas, cómo se vacían y cómo llegan finalmente a detenerse.

La estructura yace hoy sepultada bajo gruesas capas de sedimento. Año tras año, partículas diminutas caen lentamente hacia el fondo: plancton muerto, arcilla, polvo atmosférico. Todo ese material forma una especie de manta sobre los antiguos campos de lava.

Comparación con Marte: rival terrestre del Olympus Mons

En cuanto a escala, el Tamu Massif se acerca al Olympus Mons en Marte, el volcán más famoso de nuestro sistema solar. El volcán marciano es más alto y aún más extenso, pero el gigante submarino terrestre juega ya en la misma categoría en términos de superficie.

La diferencia clave es que el Olympus Mons es una montaña solitaria en un planeta sin tectónica de placas activa, mientras que el Tamu Massif forma parte de una corteza terrestre dinámica donde las placas se mueven, colisionan y se separan.

Esta comparación despierta el interés de los científicos planetarios. Si un volcán submarino terrestre es comparable en magnitud a un monumental volcán marciano, surge un nuevo punto de referencia para comparar procesos geológicos en diferentes planetas.

Qué nos enseña este volcán sobre la Tierra bajo nuestros pies

El Tamu Massif se asienta sobre una placa oceánica formada cuando penachos mantélicos profundos o fracturas en la corteza transportaron enormes cantidades de magma hacia la superficie. Una meseta volcánica de este tipo puede formarse en un tiempo relativamente corto en términos geológicos: hablamos de unos pocos millones de años.

Para los geólogos, esta estructura es una fuente extraordinaria de información, ya que ilustra el comportamiento de la Tierra a gran escala. Los investigadores analizan, entre otras cuestiones:

  • cuánto magma es necesario para construir una estructura de estas dimensiones;
  • cuánto tiempo pueden durar las erupciones de gran magnitud;
  • cómo se distribuyen las coladas de lava bajo el agua;
  • qué papel desempeñan estos volcanes en la formación de nueva corteza oceánica.

Este tipo de eventos volcánicos a gran escala suele estar vinculado a cambios en la composición del fondo oceánico, desplazamientos en la tectónica de placas y, a largo plazo, incluso a variaciones climáticas. No porque un solo volcán "controle el clima", sino porque series de erupciones de esta magnitud extraen grandes cantidades de gas y calor del manto terrestre.

Cómo se investiga bajo kilómetros de agua

Un volcán en tierra puede escalarse o fotografiarse con drones. Bajo kilómetros de agua, la situación es completamente diferente. Los investigadores dependen de una combinación de técnicas especializadas:

  • Reflexión sísmica: los barcos envían ondas sonoras al fondo y miden cómo rebotan. El resultado es una especie de radiografía del subsuelo.
  • Batimetría de alta resolución (sonar multihaz): permite cartografiar la forma del lecho oceánico con gran detalle.
  • Perforación oceánica: con barcos especializados se extraen testigos del fondo marino para analizar directamente el material rocoso y el sedimento.

Al combinar todas estas piezas del rompecabezas, los investigadores observaron que los paquetes de lava se extendían de forma continua bajo toda la meseta, siguiendo un único patrón ininterrumpido. Eso apunta inequívocamente a un solo volcán gigantesco, no a una serie de erupciones menores aisladas.

Qué implica este hallazgo para la investigación volcánica y oceánica futura

El reconocimiento del Tamu Massif como el mayor volcán individual de la Tierra obliga a los geólogos a revisar sus mapas y modelos. Si un coloso así pudo pasar desapercibido durante décadas, cabe preguntarse cuántas grandes estructuras del fondo oceánico siguen siendo malinterpretadas.

Los volcanes submarinos influyen en el balance térmico del planeta, en la química del agua marina y en la formación de nueva corteza. Quien desee comprender cómo cambia nuestra planeta a largo plazo no puede ignorar a estos gigantes que duermen en las profundidades.

Para hacerse una idea concreta: imagina una región del tamaño de un país europeo de tamaño mediano, completamente rellena de lava solidificada y cubierta por agua oceánica y una gruesa capa de sedimento. Eso es, a grandes rasgos, lo que se esconde bajo la Shatsky Rise.

Este ejemplo ilustra a la perfección cuán limitada es nuestra visión directa del planeta. Los satélites muestran las olas en la superficie, pero no las estructuras que yacen debajo. Solo mediante ondas sonoras, testigos de perforación y complejos cálculos aflora la arquitectura oculta de la Tierra. El Tamu Massif es un ejemplo espectacular de todo lo que puede esconderse más allá del horizonte visible.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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