Generación Z llega a los puestos de mando… y choca consigo misma
Para su propia sorpresa, resulta que lo que más les irrita es precisamente… otros miembros de la generación Z.
Durante años, la generación Z fue vista como el grupo rebelde que desafiaba las culturas empresariales tradicionales. Sin embargo, ahora una parte de esos mismos jóvenes ocupa puestos de liderazgo. Y cuando les toca dirigir equipos, sus críticas no apuntan a los baby boomers ni a los millennials, sino —de forma llamativa— a sus propios compañeros de generación.
Veintañeros al frente de equipos: un fenómeno que crece en todos los sectores
Cada vez más empresas incorporan a personas de veinte años en roles clave: líderes de equipo, gestores de proyectos, fundadores de startups y coordinadores de recursos humanos. En sectores como la tecnología o el marketing, hay equipos completos formados en su mayoría por personas nacidas después de 1995.
Una encuesta realizada por Resume Genius entre 625 responsables de recursos humanos en Estados Unidos arroja un dato contundente: el 45 por ciento señala a la generación Z como el grupo más difícil de gestionar. Este resultado encaja con el relato habitual de empleadores que expresan sus quejas sobre estos trabajadores.
Los puntos de fricción más habituales según los empleadores
- Menor lealtad hacia un único empleador, con mayor tendencia a cambiar de trabajo con frecuencia.
- Dificultades para adaptarse a las normas y dinámicas del entorno laboral tradicional.
- Expectativas elevadas en cuanto a flexibilidad, reconocimiento y propósito en el trabajo.
La paradoja del jefe Z
Lo verdaderamente revelador de este fenómeno es la paradoja que encierra. Los jóvenes que en su momento cuestionaron las estructuras rígidas de las empresas ahora reproducen, en parte, ese mismo discurso crítico cuando se sientan en la silla del mando. Ser parte de una generación no garantiza entenderla desde una posición de autoridad.
Gestionar a personas con quienes compartes edad, referencias culturales e incluso valores no resulta tan sencillo como podría parecer. La cercanía generacional no elimina los conflictos laborales; a veces, incluso los intensifica.













