Una investigación a gran escala conecta la vacuna del herpes zóster con menos casos de demencia
Un extenso estudio realizado con casi 300.000 personas mayores sugiere que vacunarse contra el herpes zóster está relacionado con aproximadamente la mitad menos de casos de demencia, incluyendo el Alzheimer. Los médicos califican el hallazgo de muy relevante, aunque insisten en que un estilo de vida saludable sigue siendo la primera línea de defensa para el cerebro.
Vacuna del herpes zóster y demencia: ¿qué relación existe?
El nuevo análisis, publicado en la revista Nature Communications, examinó los datos médicos de más de 296.000 personas de 71 años o más en Gales. Una parte de ellas recibió la vacuna Shingrix contra el herpes zóster y otra parte no.
En el grupo vacunado, el riesgo de desarrollar demencia fue un 51% inferior al observado en quienes no habían recibido la vacuna contra el herpes zóster.
Los investigadores ajustaron los resultados según la edad y otros factores de salud. A pesar de esas correcciones, la diferencia se mantuvo significativa. Esto hace que la conexión sea llamativa, aunque todavía no demuestra una relación de causa y efecto.
¿Qué es exactamente el herpes zóster?
El herpes zóster está causado por el virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela. Tras superar la varicela, este virus permanece latente en los ganglios nerviosos. En edades avanzadas, puede reactivarse de manera repentina.
- Síntomas típicos: erupción cutánea dolorosa y ardiente en forma de banda en el tronco, la cara o el cuello
- Agente causante: virus varicela-zóster (VVZ)
- Quién tiene más riesgo: principalmente personas mayores de 50 años y personas con defensas debilitadas
- Posible complicación: dolor nervioso prolongado conocido como neuralgia postherpética
En Francia, los médicos estiman que entre las personas mayores de 60 años, entre 5 y 10 de cada 1.000 desarrollan herpes zóster cada año. En otros países europeos las cifras se sitúan en un rango similar. La probabilidad aumenta con la edad y con enfermedades que debilitan el sistema inmunitario.
¿Cómo podría la vacuna del herpes zóster proteger el cerebro?
Los neurólogos prestan especial atención al papel de la inflamación cerebral. Según los especialistas, el virus varicela-zóster puede mantener una reacción inflamatoria crónica y leve en el sistema nervioso central.
En este proceso juega un papel fundamental la llamada microglía, un tipo de células encargadas de la limpieza y la defensa dentro del cerebro. Cuando estas células se estimulan de forma continua, se desregulan y pueden acabar causando daño en lugar de proteger.
La inflamación prolongada provocada por virus parece contribuir a los mismos procesos que se observan en la enfermedad de Alzheimer.
La idea es que, al reducir los brotes de herpes zóster gracias a la vacunación, disminuye el estímulo constante sobre estas células defensivas. Con ello, a largo plazo también se reduciría la probabilidad de que el tejido cerebral sufra daños y de que se desarrolle demencia.
No es la única vacuna con posible efecto protector sobre el cerebro
Los médicos conocen este principio a través de otras infecciones. Las neumonías graves causadas por neumococos, por ejemplo, se asocian en personas mayores con un deterioro de la memoria. Prevenir esas infecciones parece reducir también, a nivel poblacional, el riesgo de declive cognitivo.
La vacuna del herpes zóster encaja así en una idea más amplia: cualquier infección que someta al cerebro a presión puede contribuir al desarrollo de la demencia. Menos infecciones podría significar menos daño cerebral acumulado a lo largo del tiempo.
¿A quién va dirigida la vacuna del herpes zóster?
En varios países europeos, Shingrix se utiliza principalmente en personas mayores y en quienes tienen un sistema inmunitario vulnerable. Se trata de una vacuna recombinante sin virus vivo, lo que la hace apta también para personas que toman medicamentos inmunosupresores potentes.
| Grupo destinatario | Motivo de la vacunación |
|---|---|
| Mayores de 65 años | Mayor riesgo de herpes zóster y dolor nervioso duradero |
| Personas con medicación inmunosupresora | Mayor probabilidad de herpes zóster grave y complicaciones |
| Pacientes con enfermedades crónicas | Mayor vulnerabilidad ante infecciones y dificultades de recuperación |
Los neurólogos subrayan que la vacuna está pensada fundamentalmente como prevención, no como tratamiento de la demencia. Quien ya presenta problemas de memoria no recuperará sus funciones cognitivas por vacunarse a posteriori, aunque el cerebro podría quedar algo más protegido frente a daños adicionales.
El estilo de vida sigue siendo el mejor "medicamento" contra la demencia
A pesar de los datos esperanzadores en torno a la vacuna del herpes zóster, los médicos los acompañan inmediatamente de una advertencia importante. El mayor beneficio para el cerebro sigue residiendo en los hábitos cotidianos.
Si todo el mundo aplicara lo que ya está demostrado que ayuda contra el Alzheimer, el efecto probablemente superaría al de cualquier vacuna.
La Organización Mundial de la Salud lleva años señalando una serie de factores que se asocian de manera demostrable con un menor riesgo de demencia:
- Hacer ejercicio con regularidad, caminar a paso rápido o montar en bicicleta varias veces por semana
- Seguir una alimentación rica en verduras, frutas, cereales integrales, frutos secos y pescado
- Moderar el consumo de carne roja y procesada, azúcar y snacks ultraprocesados
- Dejar de fumar y abordar la hipertensión cuanto antes
- Controlar correctamente la diabetes y el colesterol
- Reducir el consumo de alcohol o evitarlo por completo
- Garantizar un descanso nocturno suficiente y regular
Este tipo de decisiones no solo influyen en la memoria, sino también en el corazón y los vasos sanguíneos. Dado que las enfermedades cardiovasculares y la demencia comparten muchos factores de riesgo, estas medidas actúan en varios frentes al mismo tiempo.
El número de personas con demencia en el mundo crece rápidamente
Los investigadores detrás del estudio sobre el herpes zóster señalan que en 2019 ya había en el mundo aproximadamente 57,4 millones de personas viviendo con alguna forma de demencia. Esa cifra sube con rapidez, principalmente debido al envejecimiento de la población y al crecimiento demográfico.
Incluso una reducción relativamente pequeña del riesgo individual puede tener consecuencias enormes a escala global. Una medida que reduzca el riesgo de demencia en torno al 50%, como la que ahora se sugiere con la vacuna del herpes zóster, podría evitar millones de casos si ese vínculo se confirma en investigaciones posteriores.
Por qué la cautela sigue siendo necesaria
El estudio sobre Shingrix es de carácter observacional. Esto significa que los investigadores siguieron a personas tal como reciben atención en la vida real, sin asignación aleatoria. Por tanto, pueden existir diferencias entre quienes se vacunan y quienes no, por ejemplo en nivel educativo, estilo de vida o acceso a la atención sanitaria.
Investigaciones futuras con un diseño más controlado deberán determinar en qué medida es la propia vacuna la que reduce el riesgo, y qué parte se debe a que las personas vacunadas ya llevan de promedio una vida más saludable.
¿Qué puedes hacer ahora mismo por tu cerebro?
Lo más recomendable es hablar primero con el médico de cabecera para saber si la vacuna del herpes zóster es adecuada en cada caso particular. La disponibilidad y las condiciones de financiación varían según el país y cambian con el tiempo.
Además, puedes trabajar en la salud cerebral en cualquier momento, independientemente de tu edad. Algunos ejemplos prácticos:
- Camina o monta en bicicleta a paso enérgico al menos media hora al día.
- Sustituye los refrescos por agua o infusiones sin azúcar.
- Establece horarios fijos para dormir y deja el móvil una hora antes de acostarte.
- Queda con otras personas cada semana; el contacto social estimula el cerebro.
- No dejes de aprender: haz un curso, lee libros o retoma una afición olvidada.
Mucha gente asocia la demencia con algo inevitable que "simplemente ocurre" en la vejez. Sin embargo, la investigación de los últimos años demuestra que una parte considerable de los casos está relacionada con factores sobre los que sí tenemos influencia. El posible papel de las vacunas, como la del herpes zóster, encaja perfectamente en esa visión más amplia de un cuidado activo del cerebro.
Quien empieza a tiempo a acumular pequeñas decisiones saludables —y se protege con las vacunas adecuadas cuando corresponde— aumenta las probabilidades de mantener la mente despejada también en la vejez. No solo en beneficio propio, sino también de parejas, hijos y nietos que a menudo son testigos de cerca del impacto devastador que tiene la demencia.













