Una megaciudad de 42 millones de habitantes sobre un suelo inestable
En la capital indonesia de Yakarta, el conflicto entre el ser humano y la naturaleza se hace visible cada día. Mientras la población no deja de crecer y la demanda de agua se dispara, la ciudad se hunde y el mar avanza sin pausa. Los científicos advierten de que grandes zonas de esta metrópolis podrían desaparecer en apenas unas décadas.
Yakarta es hoy la mayor aglomeración urbana del mundo. Según un informe de la ONU de 2025, el área metropolitana alberga unos 42 millones de habitantes, superando así a Tokio. La ciudad ocupa aproximadamente 664 kilómetros cuadrados, aunque en la práctica sigue extendiéndose hacia las localidades vecinas.
Ese crecimiento vertiginoso ejerce una presión enorme sobre el suelo y las infraestructuras. Muchos barrios están densamente edificados, y calles y plazas aparecen selladas con asfalto y hormigón. Esto hace que la ciudad sea vulnerable tanto a la sequía como a las inundaciones, ya que el agua de lluvia apenas puede filtrarse al subsuelo.
El agua subterránea se agota y la ciudad cede centímetros cada año
El problema más inmediato viene de debajo del suelo. En grandes sectores de Yakarta, tanto particulares como empresas extraen agua subterránea de forma masiva. Para millones de personas, esa es la única manera de acceder al agua potable, ya que la red oficial de abastecimiento resulta insuficiente.
Esta extracción intensiva va vaciando los acuíferos subterráneos. Las capas porosas del suelo pierden su sostén y se comprimen. Como consecuencia, la ciudad se hunde varios centímetros al año. En algunos barrios del norte, ese descenso supera los 20 centímetros anuales.
Donde el suelo desciende tan rápido, calles, viviendas y barrios enteros quedan decenas de centímetros por debajo del nivel costero en apenas unas décadas.
El problema se agrava porque la ciudad está muy impermeabilizada. El hormigón omnipresente impide que el agua de lluvia regrese al subsuelo, de modo que los acuíferos ya no se recargan como antes y el hundimiento continúa sin freno.
El nivel del mar sube mientras la ciudad se hunde
Al mismo tiempo, el nivel del mar alrededor de Yakarta está subiendo. En algunas zonas costeras, el ascenso se estima entre 2 y 4 centímetros al año. Por sí solo ya es preocupante, pero combinado con el hundimiento del terreno, el efecto resulta explosivo.
En el norte de la ciudad, varios barrios ya se encuentran por debajo del nivel del mar. Solo los diques y los muros de contención mantienen el agua a raya. Estas barreras están frecuentemente deterioradas y sufren daños durante tormentas y episodios de oleaje intenso. Los derrumbes de muros, las roturas de diques y las inundaciones son sucesos habituales.
- El suelo se hunde más de 20 cm al año en algunos barrios
- El nivel del mar sube entre 2 y 4 cm anuales
- Cada vez más zonas quedan por debajo del nivel del mar
- Los diques y muros requieren mantenimiento constante y fallan con regularidad
Este doble movimiento —un mar que sube y una ciudad que baja— aumenta el riesgo de que grandes partes del norte de Yakarta queden permanentemente inundadas con el tiempo.
Escasez de agua e inundaciones al mismo tiempo
Paradójicamente, Yakarta sufre a la vez déficit hídrico y exceso de agua. Por un lado, millones de habitantes recurren al agua subterránea por carecer de una conexión fiable a la red pública. Por otro, las lluvias torrenciales convierten a veces calles enteras en ríos.
De octubre a marzo, la región vive una marcada estación lluviosa. Bajo la influencia del cambio climático, estos aguaceros son cada vez más intensos y se concentran en períodos más cortos. Los canales de drenaje y el alcantarillado a menudo no pueden absorber ese ritmo.
Según expertos locales, el sistema de evacuación existente está obsoleto y resulta demasiado pequeño para la densidad de población actual. Cuando las lluvias coinciden con marea alta o marejadas desde el mar, barrios enteros quedan anegados.
Riesgos para la salud en una ciudad asfixiante
Los problemas no se limitan a pisos mojados y casas inclinadas. La calidad del aire en Yakarta es deficiente debido al tráfico intenso, la industria y los generadores diésel. Las partículas finas y los gases de escape provocan numerosos problemas de salud, desde asma hasta enfermedades cardiovasculares.
Durante las inundaciones, los riesgos se multiplican. El agua contaminada se mezcla con aguas residuales y residuos sólidos. Las enfermedades infecciosas, los problemas cutáneos y la diarrea se propagan con mayor rapidez en esos períodos, especialmente en los barrios pobres con escasas instalaciones sanitarias.
¿Qué ocurre si nada cambia? Escenarios hasta 2050
Los investigadores dibujan un panorama sombrío si las políticas actuales no cambian de forma radical. Algunos estudios estiman que hacia 2050 aproximadamente un tercio de la capital podría estar parcialmente desaparecido o ser inhabitable debido a los hundimientos y las inundaciones.
| Año | Situación prevista |
|---|---|
| 2030 | Más barrios bajo el nivel del mar, inundaciones graves más frecuentes |
| 2040 | Grandes inversiones necesarias para mantener diques y bombas operativos |
| 2050 | Hasta un tercio de Yakarta parcialmente inhabitable sin medidas adicionales |
Estas estimaciones son inciertas, pero ponen de manifiesto lo elevado que está el listón. Cada centímetro de hundimiento o de subida del mar marca la diferencia entre un barrio que puede protegerse y uno que hay que abandonar.
La lucha en la costa: diques, muros y bombas
El gobierno indonesio intenta limitar los daños. A lo largo de la costa se han construido nuevos diques y rompeolas, y se han reforzado las barreras existentes. Los ingenieros también trabajan en sistemas para evacuar mejor el agua de los ríos hacia el mar mediante estaciones de bombeo.
Sin embargo, estos proyectos topan con sus propios límites. El nivel del mar sigue subiendo mientras la ciudad bajo sus pies continúa hundiéndose. Esto significa que los diques deben elevarse y reforzarse constantemente, lo que supone para un gobierno con recursos limitados una carrera contrarreloj costosa e interminable.
Una decisión radical: una nueva capital en Borneo
El gobierno indonesio ha optado por una medida sin precedentes: construir una nueva capital en la isla de Borneo, a más de 1.200 kilómetros de Yakarta. La nueva ciudad recibirá el nombre de Nusantara.
El traslado pretende aliviar con el tiempo parte de la presión sobre Yakarta. Ministerios, organismos públicos y una parte de los funcionarios se mudarán a Nusantara. Así espera el gobierno frenar el crecimiento demográfico de Yakarta y redirigir las inversiones hacia una zona más segura.
El coste estimado de la nueva capital, Nusantara, asciende a unos 35.000 millones de dólares, y se prevé que no estará completada hasta aproximadamente 2045.
El proyecto es muy controvertido. Los críticos señalan los costes astronómicos, el posible daño medioambiental en Borneo y el riesgo de que Yakarta quede abandonada con una población mayoritariamente empobrecida y una montaña de problemas sin resolver.
¿Ayudará realmente una nueva capital a Yakarta?
Aunque Nusantara se lleve a cabo en su totalidad, Yakarta seguirá existiendo como motor económico y ciudad millonaria. Los puertos, las zonas industriales y el sector servicios no se trasladan de un día para otro. Sin una política estricta de aguas subterráneas, un sistema de agua potable mejorado e inversiones sólidas en diques y alcantarillado, la ciudad costera seguirá siendo vulnerable.
Muchos expertos abogan por un enfoque doble: construir Nusantara como solución a largo plazo, pero al mismo tiempo invertir masivamente en soluciones sostenibles dentro de la propia Yakarta, como por ejemplo:
- Ampliar y mejorar la red de agua potable para reducir la extracción de agua subterránea
- Establecer normas estrictas y controlar los pozos de agua subterránea
- Crear más zonas verdes y parques donde el agua de lluvia pueda infiltrarse
- Elevar y modernizar los diques y sistemas de bombeo
- Planificar el urbanismo teniendo en cuenta las zonas bajas y vulnerables
Qué provocan exactamente el hundimiento del suelo y la subida del mar
El hundimiento del terreno surge habitualmente de una combinación de factores: la extracción de agua subterránea, el peso de los edificios, la compactación natural de arcillas y turbas y, en ocasiones, la producción de gas o petróleo. En ciudades costeras bajas como Yakarta, todos estos efectos se acumulan.
Cuando el suelo desciende, cambia la gestión hídrica de toda la zona. Los alcantarillados quedan a menor altura, el agua de lluvia no drena correctamente y, cuando el nivel de los ríos sube o hay temporal en el mar, el agua penetra con mayor facilidad en la ciudad. Las casas se asientan, las carreteras se agrietan y los cimientos sufren daños. Los costes de reparación y mantenimiento se incrementan año tras año.
Combinado con la subida del nivel del mar, esto genera lo que se denomina subida relativa del nivel del mar: con respecto a la ciudad, el agua parece ascender aún más rápido. Eso hace que la defensa costera sea más compleja y más cara.
Lo que otras ciudades costeras pueden aprender de Yakarta
Yakarta no es un caso aislado. Ciudades como Bangkok, Manila, Lagos y partes de Shanghái también sufren hundimientos del suelo y subida del nivel del mar. Para muchos países, Yakarta sirve de advertencia: si se permite la extracción descontrolada de agua subterránea y la defensa costera va por detrás, la factura se hace visible en menos de una generación.
Para los responsables políticos de otras ciudades en zonas deltaicas, las lecciones son claras. Unos sistemas de agua potable robustos reducen la necesidad de extraer agua subterránea de forma ilegal. La infraestructura verde —como humedales urbanos, parques y láminas de agua— ayuda a capturar el agua de lluvia y devolverla al subsuelo. Las normativas de construcción estrictas en zonas vulnerables pueden limitar los daños, aunque estas medidas siempre resultan políticamente sensibles.
Yakarta demuestra con qué rapidez una megaciudad puede verse en apuros cuando el crecimiento, el clima y una infraestructura débil confluyen. Al mismo tiempo, los proyectos en marcha muestran que aún hay margen de maniobra: las decisiones sobre gestión del agua, ordenación del territorio e inversiones determinarán cuánto de la ciudad seguirá siendo habitable en las próximas décadas.













