El supervulcán oculto que hace girar Marte cada vez más rápido

Algo enorme despierta bajo la superficie de Marte

En las profundidades del planeta rojo, un proceso silencioso está alterando, sin que nadie lo note, la duración del día marciano. No hace falta ningún impacto de asteroide ni ninguna fuerza externa para explicarlo: la respuesta está a más de mil kilómetros bajo la gigantesca meseta volcánica conocida como Tharsis.

Nuevos cálculos confirman que Marte gira una fracción más rápido cada amanecer. Y la causa parece estar escondida en sus propias entrañas.

El día marciano se acorta: qué están midiendo los científicos

Los investigadores llevan décadas rastreando la velocidad de rotación de Marte, desde las misiones Viking en los años setenta. Gracias a señales de radio extremadamente precisas emitidas por aterrizadores y sondas, ha quedado claro que esa rotación se acelera. Cada año, el día marciano se acorta aproximadamente 7,6 × 10⁻⁴ milisegundos: menos de una milésima de milisegundo, pero la tendencia es constante y verificable.

En 2023, la misión InSight de la NASA confirmó esta medición utilizando señales de radio para detectar cambios mínimos en la rotación del planeta. A escala humana es imperceptible, pero en términos geológicos apunta a una transformación profunda en la estructura interna de Marte.

Marte gira un poco como un patinador artístico: cuando la masa se desplaza hacia el interior, el giro se acelera.

El principio físico es bien conocido. Cuando un patinador recoge los brazos hacia el cuerpo, comienza a girar más rápido sobre su eje. Su masa no cambia, pero sí cambia su distribución respecto al eje de rotación. Eso es exactamente lo que está ocurriendo, lenta pero implacablemente, en el interior de Marte.

Una "capa" ligera muy profunda en el manto marciano

Un equipo internacional liderado por investigadores neerlandeses ha recalculado el campo gravitacional de Marte combinando mediciones satelitales con datos sísmicos de InSight. El resultado es llamativo: bajo Tharsis parece estar ascendiendo una enorme masa de material relativamente ligero.

No se trata de un vacío ni de una cavidad. Es roca menos densa que el material que la rodea. Según el estudio, esta zona se encuentra a unos 1.200 kilómetros de profundidad, con un diámetro de aproximadamente 1.500 kilómetros y un grosor de unos 400 kilómetros.

  • Profundidad: alrededor de 1.200 km bajo la superficie
  • Diámetro: unos 1.500 km (mayor que Francia y Alemania juntas)
  • Grosor: aproximadamente 400 km
  • Densidad: unos 60 kg/m³ menor que el entorno

Los investigadores comparan esta estructura con un enorme disco caliente situado a tres cuartos del camino hacia el núcleo. Al ser más ligero que la roca circundante, actúa como una burbuja de aire en el agua y asciende lentamente. Ese movimiento desplaza la distribución del peso hacia el eje de rotación, lo que hace que el planeta gire progresivamente más rápido.

Tharsis: la megazona volcánica que inclinó un planeta entero

La región de Tharsis ya era célebre entre los científicos planetarios antes de este descubrimiento. Es la meseta volcánica más grande del sistema solar, con una extensión comparable a la de África. Sobre ella se alzan colosales volcanes en escudo, siendo el más famoso el Olimpo Mons, con más de 21 kilómetros de altura.

El volumen de lava que fluyó aquí en épocas remotas fue tan descomunal que la masa de Tharsis probablemente desplazó el centro de gravedad de Marte. Algunos estudios sugieren que esto provocó que el planeta adoptara una orientación diferente en su eje de rotación.

Incluso ajustando todas las propiedades conocidas de la corteza y la litosfera, sigue persistiendo una anomalía inexplicable justo debajo de Tharsis.

Los satélites que sobrevuelan Tharsis se aceleran ligeramente por el peso extra y vuelven a ralentizarse al alejarse. Esas pequeñísimas variaciones de velocidad sirven para trazar mapas de anomalías gravitacionales. El resultado revela una protuberancia central rodeada de un valle gravitacional anular, una señal que no puede explicarse únicamente con la forma y el grosor de la corteza marciana.

Según el equipo neerlandés, esa señal residual apunta a un proceso más profundo, más allá de la litosfera rígida: una amplia columna de manto ascendente, es decir, roca caliente y relativamente ligera que migra lentamente hacia la superficie.

InSight: del suelo tembloroso al modelo completo del interior marciano

Antes de que InSight aterrizara en Marte, los modelos del interior del planeta estaban llenos de incertidumbres. El grosor de la corteza podía variar casi en un factor de tres entre distintos estudios. La profundidad de la litosfera y las propiedades del núcleo tampoco estaban bien delimitadas.

El sismómetro de InSight registró decenas de temblores provocados por pequeños seísmos marcianos e impactos de meteoritos. A partir de la velocidad y la trayectoria de las ondas sísmicas, los científicos pudieron determinar el grosor y la rigidez de las capas internas del planeta.

Algunos de los valores clave obtenidos fueron:

Propiedad Valor (promedio)
Grosor de la corteza unos 55 km
Litosfera (capa rígida) aproximadamente 500 km de profundidad
Estado del núcleo parcialmente líquido
Densidad media de la corteza alrededor de 3.050 kg/m³

Con estos datos, el nuevo modelo gravitacional pudo ajustarse con mucha mayor precisión. Al combinar el grosor de la corteza, la rigidez de la litosfera y las corrientes del manto, el campo gravitacional global de Marte encaja mucho mejor con las mediciones reales. Y entonces queda una gran señal profunda, justo bajo Tharsis, que solo puede explicarse con esa zona de manto más ligero en ascenso.

¿Es Marte realmente un planeta muerto?

Muchos libros de texto describen Marte como un mundo esencialmente apagado: en enfriamiento, en calma, con volcanes que no han expulsado lava desde hace millones de años. Este nuevo estudio pone en entredicho esa imagen.

La existencia de una columna de manto todavía activa bajo Tharsis implicaría que Marte ha permanecido internamente cálido y dinámico durante más tiempo del que se pensaba. La superficie puede parecer tranquila hoy, pero en las profundidades el planeta podría seguir transportando energía a través de lentas corrientes de roca fundida.

Las pruebas geológicas respaldan esta idea. Ciertos meteoritos marcianos, conocidos como shergotitas, indican que hubo actividad volcánica en tiempos geológicamente recientes, posiblemente hace menos de 200 millones de años. Eso es prácticamente ayer si se tiene en cuenta que el sistema solar tiene más de 4.500 millones de años.

Una columna de manto estable puede alimentar ciclos de actividad volcánica, incluso cuando la superficie muestra largas pausas aparentes.

Si esa columna sigue ascendiendo, en un futuro lejano podría reavivarse la actividad volcánica en torno a Tharsis. No necesariamente en forma de supererupciones catastróficas, sino de episodios de coladas de lava y emisiones de gases capaces de alterar localmente el clima y la atmósfera.

Lo que esto implica para futuras misiones e investigaciones

Los datos actuales ofrecen un panorama convincente, aunque todavía no definitivo. Los investigadores abogan por una misión específica a Marte centrada en monitorizar los cambios del campo gravitacional a lo largo del tiempo. Una columna de manto activa desplazaría ese campo lentamente, algo detectable con una constelación de satélites de alta precisión.

Para futuras misiones tripuladas, conocer la actividad interna del planeta es fundamental. Un planeta con calor interno puede tener zonas donde sea más fácil licuar el hielo de agua, o donde los gases volcánicos contribuyan a construir capas protectoras en la atmósfera. Al mismo tiempo, el riesgo de seísmos más intensos o episodios volcánicos es un factor que debe contemplarse en la planificación de misiones, aunque por ahora esas probabilidades siguen siendo bajas.

Una visión más amplia: por qué Marte, Venus y la Tierra son tan diferentes

La comparación entre los tres planetas rocosos cercanos al Sol sigue siendo uno de los grandes temas de la ciencia planetaria. La Tierra es hoy tectónica y volcánicamente muy activa, con un entorno superficial denso y habitable. Venus parece una olla a presión, con posibles erupciones episódicas y masivas, y un clima de efecto invernadero extremo. Marte, en cambio, presenta un aspecto tranquilo, seco y con una atmósfera delgada.

Si en Marte todavía existen columnas de manto activas, la imagen se desplaza hacia un continuo: no muerto ni vivo, sino enfriándose lentamente con actividad residual. Eso aporta más matices a las teorías sobre la evolución planetaria. La capacidad de un planeta para retener calor interno parece estar directamente relacionada con sus posibilidades de mantener una atmósfera estable y reservas de agua duraderas.

Para las próximas generaciones de investigadores y futuros viajeros a Marte, el planeta se convierte así en algo menos parecido a un fósil congelado y más a una brasa lenta que aún no se ha extinguido del todo. Desde fuera, el resplandor apenas se percibe, pero en lo más profundo de sus entrañas todavía se mueve algo que, muy despacio, está reescribiendo la duración del propio día marciano.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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