Un hallazgo que está dando mucho que hablar en neurología
Cada vez más investigaciones apuntan a un efecto inesperado de la vacuna contra el herpes zóster: una reducción significativa del riesgo de desarrollar demencia en la vejez. Un estudio a gran escala realizado con decenas de miles de personas mayores ha revelado una asociación llamativa entre recibir esta vacuna y la probabilidad de padecer enfermedades como el Alzheimer.
Los resultados han despertado un enorme interés entre los especialistas en neurología, aunque al mismo tiempo abren nuevos interrogantes sobre los mecanismos que podrían explicarlo.
Qué encontraron exactamente los investigadores
El 9 de febrero de 2026 se publicó en la revista científica Nature Communications un análisis basado en datos de más de 296.000 personas mayores de Gales, todas ellas con 71 años o más. Una parte de los participantes había recibido la vacuna contra el herpes zóster, principalmente el preparado conocido como Shingrix.
En el grupo vacunado, la probabilidad de desarrollar demencia fue un 51% menor que en personas de la misma edad que no habían recibido la vacuna.
Este dato engloba todas las formas de demencia en conjunto, incluyendo el Alzheimer, que según los investigadores representa entre el 60 y el 80% de los casos. La reducción del riesgo se observó tras comparar los datos a lo largo de varios años, teniendo en cuenta la edad y otras variables de base.
Esta asociación no surge de la nada. Investigaciones previas de menor escala ya habían sugerido un posible vínculo entre las infecciones, el sistema inmunitario y el daño cerebral. Este nuevo estudio refuerza esa idea, aunque todavía no constituye una prueba definitiva de que la vacuna prevenga directamente la demencia.
Qué es el herpes zóster y por qué resulta relevante
El herpes zóster está causado por el virus varicela-zóster (VZV), el mismo responsable de la varicela. Tras pasar la varicela, este virus permanece latente de por vida en los ganglios nerviosos. Años o décadas después puede reactivarse y provocar una erupción cutánea muy dolorosa.
La erupción suele aparecer en forma de banda o franja en el pecho, aunque también puede afectar al rostro u otras zonas del cuerpo. Las personas mayores de 60 años son especialmente vulnerables. En los países europeos, la incidencia en este grupo se estima habitualmente en entre 5 y 10 casos por cada 1.000 personas al año.
La vacuna Shingrix fue desarrollada precisamente para evitar esa reactivación del virus. Se recomienda especialmente a las personas mayores y a quienes tienen las defensas comprometidas, como pacientes con esclerosis múltiple que siguen tratamientos inmunosupresores intensos.
¿Cómo podría estar relacionado el herpes zóster con la demencia?
Los neurólogos consideran que el problema no radica tanto en la erupción cutánea en sí, sino en lo que el virus hace dentro del sistema nervioso. Cuando el VZV se reactiva, puede desencadenar una respuesta inflamatoria prolongada en el sistema nervioso central.
Un papel clave en este proceso lo juegan las llamadas microglías: células inmunitarias presentes en el cerebro y la médula espinal. Cuando estas células permanecen activadas durante mucho tiempo, pueden dañar el tejido cerebral e impulsar procesos característicos de la enfermedad de Alzheimer.
Al reducir el riesgo de una nueva reactivación viral, la vacuna parece limitar indirectamente la probabilidad de que se produzcan inflamaciones dañinas en el cerebro.
Los médicos establecen a veces una comparación con otras infecciones, como la neumonía neumocócica. También este tipo de infecciones pueden sobrecargar el cerebro y agravar lesiones cerebrales preexistentes. La vacunación actúa entonces como prevención: se evita un ataque sobre un sistema nervioso vulnerable en lugar de intentar reparar el daño una vez producido.
La vacuna no es una solución mágica: el estilo de vida sigue siendo la base
Los médicos se muestran prudentes con el mensaje. El estudio es prometedor, pero nadie recomienda confiar únicamente en una vacuna contra el herpes zóster para mantenerse libre de demencia. Los neurólogos subrayan que los cambios en el estilo de vida pueden tener un impacto mayor que cualquier vacuna.
- Actividad física regular
- Alimentación variada con poco procesado
- Consumo nulo o muy reducido de alcohol
- No fumar
- Control adecuado de la tensión arterial y el azúcar en sangre
- Descanso nocturno suficiente y de calidad
Estas son precisamente las recomendaciones que la Organización Mundial de la Salud lleva tiempo difundiendo para reducir el riesgo de Alzheimer y otras formas de demencia. Los especialistas señalan que si toda la población las siguiera, el número de nuevos casos descendería de forma notable, con independencia de las vacunas adicionales.
¿A quién va dirigida la vacuna contra el herpes zóster?
En varios países, entre ellos España, los calendarios y recomendaciones de vacunación se dirigen principalmente a las personas mayores. Se suele mencionar una edad orientativa de entre 60 y 65 años, momento a partir del cual el riesgo de herpes zóster aumenta de forma clara.
| Grupo | Motivo por el que se considera la vacunación |
|---|---|
| Personas de 65 años en adelante | Mayor riesgo de herpes zóster y neuralgia postherpética, y posiblemente también de demencia |
| Personas con sistema inmunitario comprometido | Mayor probabilidad de sufrir un herpes zóster grave, como ocurre con ciertos cánceres o enfermedades autoinmunes |
| Pacientes en tratamiento inmunosupresor | Por ejemplo, personas con esclerosis múltiple, artritis reumatoide o enfermedades inflamatorias intestinales bajo medicación intensa |
Es probable que este nuevo estudio lleve a los comités de vacunación a valorar el posible beneficio adicional sobre la salud cerebral. Sin embargo, el riesgo de efectos secundarios, el coste y la logística de los programas de vacunación a gran escala seguirán siendo factores determinantes en la toma de decisiones.
El número de personas con demencia crece en todo el mundo
Según los investigadores, en 2019 aproximadamente 57,4 millones de personas en todo el mundo vivían con alguna forma de demencia. Debido al crecimiento y el envejecimiento de la población, esa cifra aumentará considerablemente en las próximas décadas.
Incluso una reducción moderada del riesgo —gracias a una combinación de mejor estilo de vida, vacunaciones y un tratamiento más eficaz de las enfermedades cardiovasculares— podría retrasar millones de casos. Eso no solo supondría menos sufrimiento personal, sino también un alivio notable para los sistemas sanitarios y los cuidadores informales.
Una reducción del riesgo a la mitad, como la que ahora se observa con la vacuna contra el herpes zóster, podría tener un impacto enorme a nivel poblacional si la asociación se confirma en investigaciones posteriores.
Qué significa esto para las personas mayores y sus familias
Para quienes se acercan a los 60 o 65 años, la pregunta sobre qué vacunas conviene recibir está cada vez más presente: gripe, neumococo, covid-19 y ahora posiblemente herpes zóster. Los nuevos datos aportan argumentos adicionales para abordar esa conversación con el médico de cabecera con tiempo suficiente.
Quienes ya presentan un mayor riesgo de demencia por antecedentes familiares, enfermedades cardiovasculares o diabetes pueden explorar junto a su médico un conjunto de medidas combinadas. Habitualmente se trata de una combinación de:
- Medicación para la tensión arterial, el colesterol o el azúcar en sangre
- Ajustes en la alimentación y el ejercicio físico
- Tratamiento de la apnea del sueño y los síntomas depresivos
- Vacunaciones específicas, como las de la gripe, el neumococo y posiblemente el herpes zóster
De este modo se construye un enfoque por capas en el que cada medida contribuye a reducir una parte del riesgo total. La vacuna contra el herpes zóster aparece ahora como una posible capa adicional, aunque se necesita más investigación para entender con precisión quién se beneficia más de ella y cuánto tiempo dura su efecto protector sobre el cerebro.
Para quienes se preguntan cómo pueden empezar hoy mismo: moverse más, comer mejor, dejar de fumar y mantener una conversación seria con el médico sobre los tratamientos actuales son medidas que casi con toda seguridad reportan beneficios para el corazón, los vasos sanguíneos y el cerebro. Si la vacunación contra el herpes zóster encaja más adelante en ese plan, puede ser un paso complementario valioso dentro de la misma estrategia de salud.













