La Niña se desvanece y el Pacífico se calienta a una velocidad sorprendente
Los científicos observan cómo la fase de enfriamiento sobre el Pacífico tropical se derrumba a un ritmo inesperadamente veloz, despejando el camino para un nuevo episodio de El Niño en 2026. Un cambio así trastoca los patrones de lluvias y sequías en todo el planeta, y podría empujar las temperaturas globales hacia niveles aún más extremos.
Durante los últimos dos años, una persistente La Niña frenó temporalmente el aumento de las temperaturas mundiales. Las aguas frías en la superficie oceánica ecuatorial del Pacífico lograron mantener la media global ligeramente a la baja. Ahora, esa fase está llegando a su fin con una rapidez que sorprende a los especialistas.
Según la Organización Meteorológica Mundial, la temperatura en la zona central del Pacífico tropical aumentó con notable velocidad durante el invierno de 2025-2026. En diciembre, el agua se encontraba unos 0,8 grados por debajo de lo habitual; en enero, esa diferencia ya se había reducido a apenas 0,3 grados bajo la media histórica.
Un salto tan pronunciado en pocas semanas apunta a un debilitamiento abrupto de la larga fase fría. Los modelos de predicción apuntan ahora a condiciones neutras durante la primavera de 2026, una especie de punto de equilibrio desde el que el sistema puede inclinarse hacia una fase cálida de El Niño.
La Niña, extraordinariamente resistente durante años, se desmorona mientras el agua cálida asciende desde las profundidades del océano. Eso suele ser el preludio de El Niño.
La clave está en los vientos alisios, esas corrientes constantes de componente este que soplan a lo largo del ecuador. En condiciones normales, estos vientos empujan el agua cálida hacia el oeste, lo que permite que agua más fría emerja desde las profundidades cerca de Sudamérica. Ahora, estos vientos parecen estar perdiendo intensidad, permitiendo que el agua templada de las capas inferiores suba a la superficie y se extienda hacia el este.
Los modelos otorgan a El Niño en 2026 una probabilidad de dos sobre tres
Los centros internacionales de predicción estacional dibujan un escenario bastante claro. La probabilidad de que el estado ENSO sea neutro —ni La Niña ni El Niño— ronda entre el 60 y el 70 por ciento durante la primavera. Después de ese período, las posibilidades de una transición hacia El Niño crecen de forma considerable.
- Julio – septiembre de 2026: probabilidad de El Niño de aproximadamente el 62%
- Agosto – octubre de 2026: probabilidad de El Niño de aproximadamente el 67%
- Intensidad esperada: probablemente débil o moderada; un episodio extremo parece poco probable
Sin embargo, los investigadores advierten sobre lo que denominan la "barrera de primavera": entre marzo y junio, los modelos ENSO siempre tienen dificultades para estimar con precisión cómo evolucionará el sistema. La interacción entre el océano y la atmósfera resulta especialmente inestable en ese período, lo que limita la fiabilidad de las previsiones.
A pesar de esa incertidumbre, la mayoría de las simulaciones climáticas apuntan en la misma dirección: una fase cálida en la segunda mitad de 2026, aunque la intensidad final sigue siendo una incógnita.
Qué significa El Niño para las lluvias, las sequías y las tormentas
El Niño va mucho más allá de un término técnico reservado a los meteorólogos. Este fenómeno redistribuye el calor y la humedad alrededor del ecuador, alterando el comportamiento del tiempo en varios continentes simultáneamente.
| Región | Efecto típico de El Niño |
|---|---|
| Costa oeste de Sudamérica | Mayor cantidad de lluvia, riesgo elevado de inundaciones y deslizamientos de tierra |
| Sudeste Asiático e Indonesia | Tiempo más seco, mayor riesgo de incendios forestales y escasez de agua |
| Australia | Condiciones frecuentemente cálidas y secas, mayor probabilidad de incendios naturales |
| Océano Atlántico | Menos huracanes debido a una mayor cizalladura del viento en altura |
| Pacífico oriental | Mayor actividad de tormentas tropicales y huracanes cerca de México y Centroamérica |
Para los agricultores de la costa oeste sudamericana, las lluvias extra pueden ser tanto una bendición como una amenaza: mejores cosechas si las precipitaciones están bien distribuidas, pero temporadas perdidas si los ríos se desbordan. En países como Indonesia, Papúa Nueva Guinea y Filipinas, en cambio, acecha la sequía, con consecuencias directas para el cultivo del arroz, el suministro de agua potable y la calidad del aire por los incendios.
En lo que respecta a la temporada de huracanes atlánticos, un año de El Niño suele traducirse en menos tormentas tropicales, aunque no en su desaparición total. Los vientos fuertes a gran altitud dificultan la formación y el fortalecimiento de los huracanes, lo que podría dar cierto respiro al Caribe y al golfo de México en 2026, tras una serie de temporadas especialmente activas.
Por qué El Niño resulta especialmente preocupante en un mundo más cálido
Incluso durante la última La Niña, la Tierra siguió batiendo récords de temperatura. Enero de 2025 fue el enero más cálido desde que existen registros. En condiciones normales, una fase fría de ENSO reduce la temperatura media mundial en unas pocas décimas de grado, pero aun así los valores se mantuvieron históricamente elevados.
El viento de cola enfriador de La Niña no fue suficiente para compensar el efecto de los gases de efecto invernadero emitidos por la actividad humana.
Esto demuestra hasta qué punto el nivel de referencia de las temperaturas ya se ha desplazado. Los océanos absorben la mayor parte del calor adicional generado por los gases de efecto invernadero, y ese colchón sigue funcionando, pero cada vez entra más energía en el sistema.
Si en 2026 se suma El Niño a todo eso, la ciencia anticipa un empuje adicional de entre 0,1 y 0,2 grados. Con ello aumenta la probabilidad de que 2026 se una a la lista de los años más calurosos jamás registrados, posiblemente igualando o superando los récords de 2023 y 2024.
Consecuencias para las políticas: del agua a los precios de los alimentos
Las perspectivas siguen siendo inciertas en sus detalles, pero los gobiernos y las empresas no se quedan de brazos cruzados. En varios países, la planificación de reservas de agua, la gestión de emergencias y la planificación agrícola ya están siendo adaptadas en función de las previsiones ENSO.
Agua y energía
Los gestores del agua en regiones con riesgo de sequía están ampliando las reservas en embalses y acuíferos. En países con gran dependencia de la energía hidroeléctrica, los patrones de lluvia previstos determinan directamente la cantidad de electricidad que los ríos podrán generar en los próximos años. Menos agua significa mayor presión sobre otras fuentes de energía como el gas y el carbón, lo que puede encarecer la factura energética.
Agricultura y precios de los alimentos
Las organizaciones agrarias están ajustando sus calendarios de siembra en función de la probabilidad de temporadas lluviosas o secas. Una mala cosecha de arroz en el Sudeste Asiático o una temporada cerealera fallida en partes de Sudamérica puede repercutir rápidamente en los precios alimentarios a escala mundial. Por eso, los operadores del mercado siguen muy de cerca las actualizaciones ENSO de los servicios meteorológicos de distintos países.
Qué son exactamente ENSO, La Niña y El Niño
ENSO es el término que engloba las oscilaciones en la temperatura de la superficie oceánica y los cambios atmosféricos asociados sobre el Pacífico tropical. A grandes rasgos, existen tres estados posibles:
- Neutro: sin anomalías cálidas ni frías pronunciadas; los patrones meteorológicos se aproximan más a la media histórica.
- La Niña: aguas más frías en el Pacífico central y oriental; suele asociarse con más huracanes en el Atlántico y condiciones más húmedas en partes de Asia.
- El Niño: aguas más cálidas en el este y el centro del Pacífico, con los desplazamientos de lluvia y sequía que ahora se esperan de nuevo.
Este ciclo no sigue un calendario fijo. A veces las fases cálidas y frías se alternan rápidamente; otras veces, como ocurrió con la reciente La Niña, una misma fase se mantiene durante un tiempo sorprendentemente largo. Ese comportamiento errático hace que el sistema sea difícil de predecir, especialmente cuando se añade la influencia del calentamiento provocado por la actividad humana.
Qué implica todo esto para ciudadanos y empresas
Para quienes viven en Europa, los efectos directos de El Niño pueden parecer lejanos, pero a través de las cadenas de suministro y los precios de la energía, el impacto puede hacerse sentir de manera tangible. Una cosecha deficiente de soja o maíz en Sudamérica, por ejemplo, afecta a los precios del pienso para el ganado y, por extensión, a los precios de la carne y los lácteos en los supermercados.
Las aseguradoras siguen los ciclos ENSO con mucha atención a la hora de estimar los riesgos de daños por tormentas, inundaciones y pérdidas de cosechas. Las grandes empresas recurren cada vez más a las previsiones climáticas en su planificación logística, desde las rutas marítimas hasta la gestión de inventarios en zonas con mayor riesgo de inundación.
Para los hogares particulares, el mensaje esencial sigue siendo el mismo: la combinación de un planeta que continúa calentándose con un nuevo episodio de El Niño incrementa la probabilidad de nuevas olas de calor, lluvias torrenciales extremas y fluctuaciones en los precios de los alimentos y la energía. Prepararse para el calor, hacer un uso más responsable del agua y seguir los avisos meteorológicos locales son medidas que reducen la vulnerabilidad ante esta próxima fase cálida del sistema climático global.













