Un sonido fantasmal grabado por accidente en pleno Atlántico
En el disco se distingue un gruñido grave y espectral que, según los investigadores, pertenece a una ballena jorobada. Esa grabación fortuita, realizada en 1949 cerca de las Bermudas, podría ser el registro más antiguo conocido de canto de ballena en todo el mundo, y ofrece a los biólogos marinos una ventana acústica única hacia un océano mucho más silencioso.
Un aparato de oficina que sin querer escribió historia
El hallazgo procede del archivo de la Woods Hole Oceanographic Institution (WHOI), en el estado de Massachusetts. Allí, unos archiveros tropezaron con un frágil disco transparente de plástico duro, fabricado para un audógrafo: un precursor de los dictáfonos pensado originalmente para tomar notas en entornos de trabajo.
El 7 de marzo de 1949, ese aparato estaba a bordo de un buque de investigación que operaba cerca de las Bermudas. Los científicos no andaban buscando ballenas; su objetivo era técnico: evaluar equipos de sonar para medir el sonido bajo el agua. Mientras los instrumentos funcionaban, una ballena jorobada pasó nadando cerca y se puso a cantar.
Ese canto quedó grabado sin que nadie se diera cuenta en el disco de plástico. Luego la grabación desapareció, junto con muchas otras pruebas de sonido, en el laberinto de archivadores de la WHOI. Hasta ahora.
Lo que en su momento fue catalogado como "ruido inexplicable" durante una prueba de sonar resulta ser, tres cuartos de siglo después, una pieza que faltaba en la historia de las ballenas y del ruido oceánico.
Por qué esta grabación es verdaderamente excepcional
Los investigadores involucrados subrayan que no se trata de una simple curiosidad. El equipo cree que es la grabación más antigua conocida del canto de una ballena jorobada. Los registros de esa época son extremadamente escasos por varias razones:
- la mayoría de las grabaciones de prueba de los años cuarenta se realizaron en cinta magnética, y esas cintas están dañadas o fueron descartadas
- los discos de plástico como este eran frágiles y a menudo se reutilizaban o se rompían
- las grabaciones de sonidos naturales y marinos tenían entonces muy poca prioridad en los archivos
Gracias a que este disco de audógrafo se conservó en condiciones suficientemente buenas, ahora puede leerse con cuidado y digitalizarse. Para la archivera jefe de la WHOI, Ashley Jester, este resultado refleja décadas de silenciosa dedicación: desde los técnicos que documentaban todo hasta los archiveros que no se atrevían a tirar nada sin revisarlo antes.
Escuchar el pasado: un océano mucho más tranquilo
La grabación revela algo más que el canto de una ballena jorobada. Bajo ese canto se escucha el ruido de fondo del océano tal como era en los años cuarenta, y precisamente ese ruido es lo que la convierte en un documento científico de gran valor.
Los investigadores describen el sonido oceánico de entonces como considerablemente más suave que el actual. El gran comercio marítimo todavía no operaba a pleno rendimiento, la extracción de petróleo y gas en alta mar estaba en sus inicios y circulaban muchos menos buques con motores y hélices ruidosos.
El acústico marino Peter Tyack destaca lo complicado que resulta reconstruir ese entorno sonoro de antaño. El sonido viaja bajo el agua mucho más lejos que en tierra. Cada nueva ruta de carga, cada plataforma petrolífera y cada línea naviera adicional suma decibelios a lo que para muchos animales es un entorno vital imprescindible.
El fragmento grabado en 1949 funciona como una fotografía sonora: una instantánea del océano antes de que el ruido humano marcara el ritmo.
Ballenas jorobadas que cantan a través del ruido industrial
Las ballenas jorobadas son famosas por sus largos y complejos "cantos". Se trata de secuencias de tonos y patrones que pueden durar desde minutos hasta horas. Los machos los utilizan, entre otras cosas, durante la época de apareamiento, aunque el canto también desempeña un papel en la comunicación a grandes distancias.
Qué esperan aprender los científicos de este antiguo canto
Comparando la grabación de 1949 con registros modernos, biólogos y acústicos quieren responder varias preguntas fundamentales:
- ¿cómo han cambiado las melodías y los patrones del canto de las ballenas jorobadas en más de 70 años?
- ¿adaptan las ballenas su tono o volumen ante el aumento del ruido humano?
- ¿puede el ruido de fondo de los barcos interferir en la comunicación entre estos animales?
- ¿hasta qué distancia llegaba entonces un canto de ballena comparado con ahora?
Si las ballenas han empezado a cantar más fuerte o han cambiado de frecuencias, eso podría indicar una forma de adaptación al tráfico subacuático cada vez más intenso. Al mismo tiempo, ese cambio evidencia la magnitud de la influencia que la actividad industrial tiene sobre el comportamiento animal.
El ruido humano como factor de estrés subacuático
Los biólogos marinos llevan tiempo advirtiendo que el ruido en el mar es una forma de contaminación muy subestimada. Para las ballenas, los delfines y muchas otras especies, el oído es tan importante como la vista para los seres humanos. Utilizan el sonido para:
- comunicarse con otros individuos de su especie
- localizar presas mediante ecos
- navegar a lo largo de costas y estructuras de aguas profundas
El ruido de fondo permanente generado por motores, grandes hélices de buques, sonares militares y actividades industriales puede alterar toda esa red de comunicación. Los animales se ven obligados a "llamar" más fuerte, se desorientan o evitan rutas muy transitadas donde precisamente abunda el alimento.
Una lección sobre el valor de los archivos polvorientos
El disco redescubierto pone también de manifiesto lo útil que puede ser conservar materiales con cuidado, incluso cuando nadie entiende de inmediato qué contienen. En 1949, los investigadores a bordo no sabían lo que estaban oyendo. El canto de las ballenas no fue reconocido ni estudiado de forma sistemática hasta décadas más tarde.
Aun así, alguien decidió no tirar el disco. Años después, un archivero optó por no descartarlo como "material viejo sin valor". Y solo ahora, gracias a las técnicas de análisis modernas, es posible confirmar que se trata de una ballena jorobada y que el ruido de fondo ofrece un retrato acústico de la época.
La grabación demuestra cómo los datos pueden tener una segunda vida: algo que en su momento parecía ruido resulta ser, a posteriori, una llave extraordinaria hacia el pasado.
Lo que este tipo de grabaciones puede significar para las políticas ambientales
Este hallazgo llega en un momento en que cada vez más países están elaborando normativas contra la contaminación acústica marina. Organizaciones internacionales debaten medidas para reducir el ruido de los barcos, entre ellas:
- fomentar el uso de motores y hélices más silenciosos
- imponer velocidades de navegación más reducidas en zonas naturales vulnerables
- desviar rutas marítimas muy transitadas lejos de áreas clave de migración y reproducción
Con grabaciones históricas como esta, los responsables políticos obtienen una mejor perspectiva de cuál era aproximadamente el ruido de fondo "natural". Eso les permite determinar con más precisión cuánto se aleja el nivel sonoro actual de ese referente y qué reducciones son realistas y útiles.
Escuchar más al mar: lo que todavía es posible
El descubrimiento en la WHOI está animando a otros institutos a revisar sus propios almacenes. Cintas antiguas, discos o impresiones sonoras en papel pueden rendir sorprendentes resultados si se digitalizan correctamente. Y no solo en lo que respecta a las ballenas, sino también para:
- cartografiar bancos de peces históricos a través de los sonidos que producían
- comparar tormentas y oleaje entre el pasado y el presente
- determinar cuándo ciertas especies se establecieron en nuevas zonas
Para el público general, una grabación marina crujiente y llena de interferencias puede no parecer gran cosa. Para los investigadores, es un punto de medición en el tiempo, comparable a una foto antigua de un glaciar o a una imagen aérea de una ciudad en plena expansión.
Cómo se "lee" en 2026 un disco así
Digitalizar un frágil disco de plástico requiere una paciencia extraordinaria. Los especialistas limpian el disco con sumo cuidado, determinan la velocidad de rotación adecuada y emplean agujas y platos giradiscos adaptados para dañar la superficie lo menos posible. El surco analógico se convierte en señal digital, que después se depura con software especializado.
Los investigadores separan el sonido de la ballena del ruido de fondo, miden las frecuencias y las comparan con grabaciones modernas. Así va tomando forma, paso a paso, una imagen más nítida tanto de la estructura del canto como del entorno acústico en el que vivía esa ballena.
Para las generaciones futuras de investigadores, esta única grabación puede ser el punto de partida de comparaciones a mayor escala. Si otros institutos realizan hallazgos similares, podría surgir con el tiempo una especie de archivo sonoro del océano a través de los siglos. Eso no solo ayudaría a proteger a las ballenas, sino también a comprender cómo cambian los mares bajo la influencia del ser humano y del clima.













