El primer cable de fibra óptica transatlántico extraído del océano tras décadas en el fondo

Una operación histórica en el Atlántico

En pleno océano Atlántico, un barco especializado trabaja en estos momentos para recuperar el primer cable de fibra óptica transatlántico que jamás se tendió. Se trata del TAT‑8, una infraestructura que en 1988 marcó un antes y un después en las comunicaciones globales y que ahora, tras décadas reposando en el fondo marino, está siendo extraída y en gran parte reciclada.

La ruta que transformó internet

El cable TAT‑8 fue instalado en diciembre de 1988 por las compañías telefónicas AT&T, British Telecom y France Télécom. Su trazado unía la costa este de Estados Unidos con Europa, pasando por las Azores y llegando hasta Francia y el Reino Unido.

Hasta ese momento, las comunicaciones transoceánicas dependían principalmente de cables de cobre y enlaces vía satélite. Eran lentos, con capacidad limitada y muy vulnerables a interferencias. El TAT‑8 lo cambió todo al introducir la fibra óptica, que transmite información mediante pulsos de luz en lugar de señales eléctricas a través del cobre.

La fibra óptica permitía enviar un volumen de datos y llamadas infinitamente superior al de los cables de cobre, recorriendo las mismas distancias de forma mucho más eficiente.

El impacto fue inmediato y contundente. La capacidad máxima del TAT‑8 quedó completamente saturada en apenas año y medio. Fue una señal de alarma para todo el sector: la demanda de tráfico internacional de datos crecía mucho más rápido de lo previsto, y la fibra óptica era claramente el camino a seguir.

Un momento simbólico: videoconferencia en 1988

La inauguración del cable estuvo acompañada de un espectáculo mediático sin precedentes. Desde Nueva York, el escritor de ciencia ficción Isaac Asimov mantuvo una conversación simultánea con audiencias en París y Londres a través de una primitiva videoconferencia. En aquella época, ver y escuchar a alguien en tiempo real al otro lado del océano rozaba lo mágico.

Aquella demostración anticipó lo que hoy nos parece completamente normal: videollamadas por Zoom, retransmisiones en directo y conversaciones cara a cara con personas al otro extremo del planeta.

Por qué se extrae ahora el cable del fondo del mar

Tras más de una década de servicio ininterrumpido, el TAT‑8 quedó técnica y económicamente obsoleto. Los nuevos cables ofrecían capacidades muy superiores a un coste de mantenimiento mucho menor. Alrededor del año 2002, una avería de gran magnitud hizo que su reparación resultara financieramente inviable, y el cable fue definitivamente desactivado.

Desde entonces permaneció abandonado a miles de metros de profundidad. Como ocurre con tantos otros cables submarinos antiguos, desapareció de la vista pero no del radar de las empresas especializadas en recuperación de materiales y limpieza de infraestructuras obsoletas.

Actualmente, el barco MV Maasvleit, por encargo de Subsea Environmental Services, está recuperando el TAT‑8 tramo a tramo. Los motivos son dobles: por un lado, contiene materiales de gran valor; por otro, su extracción libera espacio en el lecho marino para nuevos cables de internet de mucha mayor potencia.

Reciclaje: cobre, acero y plástico con una segunda vida

Aunque el TAT‑8 se conoce como cable de fibra óptica, su estructura interna combina varios materiales y capas diferenciadas:

  • Fibras ópticas en el núcleo central, encargadas de transportar las señales de luz
  • Elementos de cobre para el suministro de energía y la amplificación de señal
  • Blindaje de acero que proporciona protección mecánica
  • Una gruesa cubierta de polietileno que mantiene alejados el agua y la corrosión

Durante las operaciones de salvamento, estos materiales se separan cuidadosamente. El acero regresa a la industria metalúrgica, el cobre de alta pureza vuelve al mercado de materias primas y el revestimiento plástico se procesa como plástico reciclado. Para el sector minero del cobre, esto supone una fuente adicional muy bienvenida, ya que organismos internacionales llevan años advirtiendo sobre la presión que la transición energética y el crecimiento de los centros de datos ejercen sobre las reservas mundiales de este metal.

Los viejos cables submarinos no son chatarra sin valor, sino auténticos bancos de materias primas flotantes que, con la tecnología adecuada, pueden reincorporarse al ciclo productivo.

¿Cómo se sube un cable desde kilómetros de profundidad?

La imagen de un barco que simplemente "recoge" un cable del fondo marino está muy lejos de la realidad. Es una operación minuciosa en la que la tecnología, las condiciones meteorológicas y la logística deben coordinarse en todo momento.

Fase En qué consiste
1. Localización Mediante sonar, mapas y registros históricos, los técnicos determinan la posición exacta del cable en el lecho marino.
2. Enganche Se lanza al agua un dispositivo especial con ganchos o garras que se arrastra por el fondo hasta atrapar el cable.
3. Elevación Los cabrestantes tiran lentamente del cable hacia la superficie, manteniendo una tensión constante para evitar que se rompa.
4. Recuperación a bordo En cubierta, el cable se enrolla manualmente y con maquinaria en grandes carretes, cuidando que la fibra no se astille.

El viento, las olas y las tormentas complican enormemente cada una de estas fases. Durante la misión actual, la ruta tuvo que modificarse por culpa de una temporada de huracanes que comenzó antes de lo habitual. Olas de varios metros de altura hacen que el barco suba y baje mientras el cable permanece tenso: una combinación perfecta para la rotura si no se realiza una corrección continua.

Por qué los satélites no pueden sustituir a los cables

Pese a toda la atención mediática que reciben Starlink y otras redes satelitales, prácticamente la totalidad del tráfico internacional de internet sigue circulando por cables submarinos. Las razones son claras y contundentes:

  • Capacidad de transmisión muy superior por conexión
  • Latencia mucho menor, algo crítico para videollamadas, videojuegos y transacciones financieras
  • Mayor fiabilidad, al no depender del clima espacial ni de los cinturones de radiación

Los satélites desempeñan más bien un papel complementario, especialmente en zonas remotas o en situaciones de emergencia. La columna vertebral de internet sigue siendo, literalmente, el fondo del océano, donde actualmente reposan sin uso unos dos millones de kilómetros de cables obsoletos.

Nuevas conexiones para un internet cada vez más hambriento de datos

Retirar los cables obsoletos genera espacio para conexiones modernas con capacidades enormemente superiores. La demanda de ancho de banda no deja de crecer de forma explosiva, impulsada por el streaming en 4K, el software en la nube, las aplicaciones de inteligencia artificial y los centros de datos que intercambian información continuamente entre continentes.

Las empresas de telecomunicaciones suelen planificar los trazados de los nuevos cables siguiendo las rutas ya existentes. Conocen las condiciones del lecho marino en esas zonas, tienen experiencia previa con los permisos necesarios y disponen de información detallada sobre la infraestructura circundante. Limpiar las líneas antiguas simplifica esa planificación y reduce el riesgo de daños por enredos o corrosión.

La recuperación del TAT‑8 es al mismo tiempo una despedida a un cable pionero y un paso práctico para abrir camino al próximo capítulo de internet ultrarrápido.

Qué nos dice esta operación sobre el futuro de internet

Lo que ocurre con el TAT‑8 refleja una tendencia más amplia: la infraestructura digital también empieza a funcionar en ciclos más sostenibles. Mientras que antes los cables abandonados simplemente quedaban olvidados en el fondo del mar, hoy crece la presión para recuperar sus materiales y no saturar el océano con tecnología anticuada.

Además, el foco ha ido desplazándose desde la capacidad pura hacia la sostenibilidad y la geopolítica. Quién posee y gestiona estos cables tiene una influencia directa sobre los flujos internacionales de datos. Eso convierte tanto la instalación como el desmantelamiento de estas infraestructuras en asuntos estratégicos, en los que intervienen gobiernos, empresas e incluso fuerzas militares.

Todo lo que quizás no sabías sobre los cables submarinos

Para la mayoría de las personas, los cables submarinos son algo abstracto y lejano. Sin embargo, los usamos a diario: cuando reproducimos una serie almacenada físicamente en un centro de datos estadounidense, o cuando trabajamos con software europeo que en realidad está alojado en servidores al otro lado del Atlántico.

Algunos datos prácticos que vale la pena conocer:

  • Los barcos de pesca y las anclas son una de las principales causas de rotura de cables en aguas poco profundas
  • En rutas marítimas muy transitadas, los cables suelen enterrarse a mayor profundidad en el sedimento marino
  • En ocasiones, empresas reutilizan los trazados de cables antiguos para instalar sensores que miden terremotos o corrientes oceánicas

Para quienes se preocupan por la seguridad de sus datos, estas realidades añaden una capa más de complejidad a tener en cuenta. No solo importan los centros de datos y los routers, sino también las rutas físicas bajo el océano, las relaciones políticas que las rodean y la pregunta de quién controla o recupera esa vieja infraestructura.

La extracción del TAT‑8 hace visible lo que normalmente permanece oculto: detrás de cada vídeo, cada correo o cada subida de archivo existe una infraestructura mundial de vidrio, acero y cobre que, en ocasiones, se reinventa literalmente desde cero para seguir el ritmo de nuestra insaciable demanda de datos.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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