Este es el mayor consumidor de electricidad del hogar después de la calefacción

La calefacción se lleva la mayor parte, pero este aparato le sigue de cerca

Con los precios de la energía disparados, mucha gente baja el termostato y se pone un jersey de más. Sin embargo, hay otro elemento en casa que devora silenciosamente una parte considerable de tu consumo anual, especialmente cuando hace frío. Y no, no es el frigorífico, el horno ni el televisor, sino un aparato del que probablemente disfrutas cada día sin pensarlo demasiado.

En las viviendas con calefacción totalmente eléctrica, la mayor parte de la energía se destina precisamente a calentar el hogar. Según datos del organismo medioambiental francés ADEME, una casa media con calefacción eléctrica consume más de 4.300 kWh al año, mientras que un apartamento ronda los 1.700 kWh anuales. Traducido a euros, estamos hablando de cientos de euros solo en costes de calefacción.

Pero justo detrás de la calefacción aparece un gran consumidor que pasa desapercibido: el termo eléctrico de agua caliente sanitaria. Rara vez lo vemos, porque suele estar escondido en un trastero, sótano o armario. Sin embargo, funciona las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana.

Tras la calefacción eléctrica, el termo de agua caliente es, en muchos hogares, el mayor consumidor de electricidad.

Según las cifras de ADEME, un termo de 200 litros consume alrededor de 1.675 kWh al año, lo que equivale a casi 300 euros anuales solo para mantener el agua de la ducha y los grifos a temperatura.

Por qué el termo consume mucho más de lo que imaginas

Mucha gente señala al frigorífico o al horno como los principales culpables. Al fin y al cabo, están ahí, a plena vista en la cocina. Pero la realidad sorprende:

  • Frigorífico con congelador integrado: aproximadamente 350 kWh al año
  • Congelador independiente: en torno a 300 kWh al año
  • Horno eléctrico: cerca de 150 kWh al año
  • Placa de cocción cerámica: alrededor de 160 kWh al año
  • Lavavajillas: aproximadamente 190 kWh al año
  • Televisión (unas 7 horas al día): casi 190 kWh al año
  • Ordenador de sobremesa (unas 4 horas al día): más de 120 kWh al año

Comparado con todos estos aparatos, el termo los supera ampliamente con más de 1.600 kWh. La diferencia se explica por dos motivos fundamentales: no solo hay que calentar grandes cantidades de agua, sino también mantenerla caliente de forma continua.

Un tercio de la energía se pierde simplemente como calor

Un dato llamativo que arrojan los estudios: aproximadamente un tercio de la energía que consume el termo se pierde en forma de calor que escapa del depósito. Esto ocurre a través de las paredes del acumulador, las tuberías y un termostato configurado demasiado alto.

Este efecto se acentúa en invierno. El espacio donde se encuentra el termo es más frío, lo que aumenta la diferencia de temperatura. El depósito se enfría más rápido y el aparato tiene que recalentar el agua con mayor frecuencia. Además, en los meses de frío tendemos a ducharnos durante más tiempo y con agua más caliente, lo que dispara aún más la demanda.

Cuanto más fría sea la habitación donde está el termo, más rápido se enfriará y más veces tendrá que activarse la resistencia.

¿Qué puedes hacer para reducir el consumo de tu termo?

La buena noticia es que, precisamente porque el termo consume tanto, cualquier ajuste tiene un impacto relativamente grande. Con unas pocas medidas concretas puedes recuperar fácilmente decenas de euros al año.

1. Baja la temperatura (pero no demasiado)

En muchos hogares el agua está configurada a 60 grados o incluso más. Eso no siempre es necesario. Ajustar la temperatura entre 50 y 55 grados reduce el consumo eléctrico sin que notes ninguna diferencia bajo la ducha.

  • Menor pérdida de calor a través del depósito y las tuberías
  • Menor riesgo de quemaduras por agua demasiado caliente
  • Efecto directo e inmediato sobre tu factura anual de electricidad

Eso sí, por razones sanitarias, el sistema debe calentarse periódicamente hasta al menos 60 grados para evitar el crecimiento de bacterias como la legionela. Los termos modernos cuentan con una función específica para esto. Si tienes dudas sobre la configuración correcta, consulta a un instalador.

2. Aísla el termo y las tuberías de agua caliente

Muchos termos se encuentran en espacios sin calefacción: garajes, trasteros, buhardillas o sótanos. En esos lugares el depósito se enfría a gran velocidad. Una funda aislante alrededor del termo puede reducir considerablemente las pérdidas de calor. Según ADEME, esta medida supone un ahorro de alrededor de veinte euros al año.

Las tuberías que van hacia el baño y la cocina también merecen atención. Las conducciones de agua caliente sin aislar ceden calor al entorno a lo largo de su recorrido. Con una espuma aislante barata alrededor de los tubos, el agua llega más caliente y el termo tiene que funcionar con menor frecuencia.

3. Reduce la cantidad de agua caliente que consumes

Cada litro de agua caliente que no sale por el grifo es un litro que el termo no necesita calentar. Parece obvio, pero en la práctica los litros se escapan sin que nos demos cuenta: duchas largas, grifos abiertos mientras te lavas los dientes o el mezclador siempre al máximo de temperatura.

Medida Ahorro medio estimado al año*
Alcachofa de ducha ahorradora hasta 30–40 euros aproximadamente
Limitadores de caudal en los grifos alrededor de 40 euros
Ducharse menos tiempo (2 minutos menos) decenas de euros, según el número de personas en casa
Poner el lavavajillas solo cuando esté lleno algunos euros, pero suma al consumo total

*Importes orientativos basados en consumos medios y precios de la energía.

4. Realiza revisiones periódicas del termo

Una resistencia vieja o con depósitos de cal funciona de manera menos eficiente. El termo tarda más en calentar el agua y consume más electricidad. El mantenimiento periódico por parte de un instalador alarga la vida útil del aparato y mantiene el consumo bajo control.

El termostato también puede desviarse con el tiempo, haciendo que el termo caliente el agua mucho más de lo necesario sin que te des cuenta. Una revisión puntual lo detecta enseguida.

Por qué el invierno agrava el problema

En los meses fríos todos los factores negativos se juntan a la vez. La temperatura ambiente es más baja, apetece más tiempo bajo el agua caliente y el termo tiene que trabajar con mayor frecuencia para mantener la temperatura programada. Por eso, al final del año se observa un pico en el consumo eléctrico que no se debe únicamente a la calefacción.

Quien solo se fija en el termostato de la calefacción pierde con frecuencia la mitad de las posibilidades de ahorro durante el invierno.

El potencial de mejora es especialmente grande en espacios mal aislados donde está instalado el termo. Una simple pared aislante, burletes en las juntas o el sellado de las ranuras de esa habitación ya ayuda a reducir la diferencia de temperatura.

¿Cuándo vale la pena plantearse un sistema diferente?

En viviendas más antiguas todavía puede haber un termo eléctrico grande e ineficiente. Si además pagas una tarifa eléctrica elevada, el ahorro que puedes conseguir cambiando a un sistema más moderno puede ser muy significativo. Algunas alternativas son la bomba de calor para agua caliente, el termo solar combinado con paneles fotovoltaicos, o un depósito de menor capacidad si el actual es demasiado grande para tus necesidades.

La inversión inicial es mayor, pero en hogares con un consumo elevado de agua caliente el periodo de amortización puede ser sorprendentemente corto. Especialmente cuando se combina con paneles solares, que durante el día generan electricidad para calentar el depósito.

Una guía práctica para entender tu propio consumo energético

Cuando queremos reducir la factura de la luz, solemos fijarnos primero en los aparatos más visibles: el frigorífico, el televisor, la iluminación. Sin embargo, los mayores consumidores están precisamente en los sistemas que pasan desapercibidos: la calefacción, el agua caliente y, en su caso, el aire acondicionado. Un sencillo resumen de los kWh que consume cada aparato al año ayuda a establecer prioridades.

Anota qué electrodomésticos están encendidos de forma continua, cuáles generan calor y cuáles se encuentran en un espacio frío. Ahí es precisamente donde suelen estar las medidas más baratas y rápidas de aplicar. Bajar unos grados el termostato del termo, añadir una cubierta aislante y usar menos agua caliente reporta en muchos hogares un ahorro mayor que comprar un frigorífico nuevo o un televisor más eficiente.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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