Las patatas a examen: ¿engordan de verdad o son un alimento adelgazante sorprendente?

Por qué la patata es mucho más saludable de lo que se cree

En muchas cocinas españolas no falta nunca un saco de patatas, pero al mismo tiempo circulan todo tipo de advertencias sobre los carbohidratos y los alimentos que "engordan". Quien solo conoce la patata en forma de patatas fritas de bar está pasando por alto lo nutritivo que puede ser un simple tubérculo cocido.

Las patatas están compuestas aproximadamente en un 80% de agua y contienen sorprendentemente pocas calorías. Cocidas, aportan alrededor de 75 kilocalorías por cada 100 gramos. Para ponerlo en perspectiva: la misma cantidad de pasta o arroz sin cocer proporciona bastante más energía. La patata llena con generosidad sin pesar demasiado en el balance calórico.

Además de su bajo contenido energético, este tubérculo ofrece un conjunto valioso de nutrientes:

  • Hidratos de carbono complejos que se digieren lentamente y proporcionan energía duradera
  • Vitamina C, fundamental para las defensas y la absorción del hierro
  • Vitaminas del grupo B, que intervienen en la producción de energía y el sistema nervioso
  • Potasio, que contribuye a regular la presión arterial y el equilibrio de líquidos
  • Fibra dietética, especialmente si se come con piel

Las patatas no son un simple relleno junto a la verdura y la carne: aportan por sí mismas vitaminas, minerales y una saciedad prolongada.

Quienes quieren perder peso pueden beneficiarse precisamente de esa combinación: mucho volumen en el plato, relativamente pocas calorías y una sensación de saciedad duradera gracias a los carbohidratos complejos.

Patatas frías: más fibra y un azúcar en sangre más estable

Hay un detalle poco conocido que merece atención: cuando las patatas cocidas se enfrían, una parte del almidón cambia su estructura. Se forma lo que se llama almidón resistente, un tipo de fibra que el intestino delgado apenas descompone.

Ese almidón resistente es fermentado por las bacterias en el intestino grueso. Esto favorece una microbiota intestinal diversa y puede estimular la pared intestinal de forma beneficiosa. Al mismo tiempo, el azúcar en sangre tiende a subir con menos intensidad tras comer patatas frías que después de un puré humeante o unas patatas recién sacadas del fuego.

Una ensalada de patata elaborada con tubérculos fríos contiene más almidón resistente que un plato de puré caliente y, por eso, puede resultar más amigable para el azúcar en sangre.

Para personas con diabetes o prediabetes, esa diferencia puede ser perceptible, especialmente si se combinan las patatas frías con proteínas y grasas saludables que ralentizan aún más la digestión.

No es la patata lo que engorda, sino cómo se prepara

La mala reputación de la patata tiene mucho que ver con las patatas fritas, los chips y las elaboraciones crujientes con mucho aceite. En todas esas versiones, el tubérculo absorbe grandes cantidades de grasa, lo que puede duplicar o triplicar fácilmente las calorías por cada 100 gramos.

Quien cuece, cocina al vapor u hornea las patatas con poco aceite obtiene en el plato un producto completamente diferente al que resulta de sumergirlas en aceite de fritura. El tubérculo en sí contiene muy poca grasa; la grasa está en el aceite, la salsa o la capa de queso que lo rodea.

Formas saludables de preparar las patatas

  • Cocidas con piel: así se conservan mejor la vitamina C y las vitaminas del grupo B.
  • Al vapor: cocción suave, escasa pérdida de minerales y sabor puro a patata.
  • Al horno: cortadas en gajos, con un poco de aceite y hierbas, quedan crujientes sin necesidad de freidora.
  • Ensalada de patata: usa tubérculos fríos, un chorrito de aceite, vinagre, hierbas aromáticas y abundante verdura en lugar de nata o mayonesa en grandes cantidades.

La mayor diferencia la marcan los acompañamientos. Un buen trozo de mantequilla, tiras de panceta, salsa de nata o una generosa cantidad de mayonesa disparan la energía total del plato de un solo golpe.

¿Para quién pueden resultar problemáticas las patatas?

La mayoría de las personas toleran las patatas sin ningún problema. Aun así, hay ciertos grupos que conviene que presten algo más de atención. Las personas con intestino irritable o colon sensible pueden experimentar gases o sensación de hinchazón después de una porción abundante. El almidón, y en menor medida la fibra de la piel, puede desencadenar esas molestias.

Comer porciones más pequeñas, cocinar bien las patatas y masticar despacio suele ayudar. También puede marcar la diferencia combinarlas con suficiente verdura en lugar de acumularlas en el plato. A veces un puré o un guiso con mucha verdura sienta mejor que una gran cantidad de patatas solas.

Para las personas con diabetes, todo gira en torno al conjunto de la comida. Un plato repleto de patata con poco aporte de proteínas y grasas suele elevar el azúcar en sangre con más rapidez. Combinándolas con pescado, pollo, legumbres o yogur de postre, junto con una buena ración de verdura, el pico de glucosa se amortigua con frecuencia.

Plato Efecto sobre la saciedad Efecto sobre el azúcar en sangre
Ración grande de patatas fritas con salsa Sensación corta de plenitud por la grasa, luego suele volver el apetito Subida rápida, muchas calorías
Patatas cocidas con verdura y pechuga de pollo Saciedad prolongada Subida moderada gracias a la proteína y la fibra
Ensalada de patata fría con mucha verdura y aceite Plato ligero pero bien saciante Subida más suave gracias al almidón resistente

¿Cuántas patatas caben en una alimentación saludable?

Incluir patatas varias veces a la semana como parte de la comida principal encaja perfectamente en una dieta equilibrada. Quienes practican deporte con frecuencia y queman más carbohidratos pueden permitirse porciones más grandes o comerlas más a menudo. Quienes se mueven menos o quieren adelgazar harán mejor en servirse una cantidad más moderada y dar protagonismo a la verdura.

Una regla práctica es una porción de entre 150 y 200 gramos de patata cocida por persona adulta. A eso deben sumarse al menos dos cucharones generosos de verdura y una fuente de proteína, como pescado, carne, huevo o legumbres.

Quien divide el plato en la proporción siguiente —la mitad de verdura, un cuarto de patata y un cuarto de proteína— convierte la patata en aliada en lugar de culpable.

Consejos prácticos para sacarle más partido a la patata

Juega con variedades y texturas

Las patatas de carne firme son ideales para ensaladas y gratinados; las harinosas van mejor para purés y guisos. Variar evita la monotonía y aumenta las probabilidades de que toda la familia coma con entusiasmo.

Algunas ideas concretas:

  • Prepara una ensalada de patata tibia con judías verdes, cebolla, vinagre, aceite de oliva y hierbas frescas.
  • Asa gajos de patata con pimentón y romero en el horno como alternativa a las patatas fritas.
  • Incorpora patatas a un guiso de verduras con, por ejemplo, espinacas, zanahoria o col.

Presta atención a la combinación con grasas

Las grasas saludables combinan perfectamente con la patata, siempre que la cantidad sea moderada. Un pequeño chorrito de aceite de oliva o una fina capa de margarina suave añade sabor y facilita la absorción de las vitaminas liposolubles de la verdura. La diferencia entre una cucharadita de aceite y un trozo generoso de mantequilla se traduce rápidamente en calorías de más.

Quienes estén acostumbrados a las salsas cremosas pueden reducirlas poco a poco: utilizar productos semidesnatados, sustituir parte de la nata por caldo o añadir yogur tras la cocción. Así el plato mantiene su cremosidad sin que el aporte energético se dispare.

Aspectos adicionales: del almacenamiento al plato

La manera de conservar y preparar las patatas también influye en el resultado final. Las patatas deben guardarse en un lugar fresco y oscuro, pero no en el frigorífico, ya que las temperaturas muy bajas favorecen la formación de azúcares. Esos azúcares, al hornear o freír, generan un dorado excesivo y la formación de acrilamida, una sustancia no deseable.

Las zonas verdes o los brotes deben eliminarse con generosidad, ya que contienen solanina, una sustancia natural que en cantidades elevadas puede provocar malestar. Quienes prefieren comer la piel deben lavar bien los tubérculos bajo el chorro de agua y frotar para eliminar cualquier resto de tierra.

Tratando la patata con este enfoque —preparación inteligente, porciones conscientes y atención al resto de la comida—, el supuesto alimento que engorda se transforma en una base asequible, versátil y nutritiva tanto para los platos de cada día como para las ocasiones especiales.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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