Por qué los treintañeros corren maratones en masa: un nuevo hito para una generación insegura

Correr como seña de identidad generacional: del hobby a la etapa vital

Entre los veinte y los treinta años ha surgido un nuevo tipo de "gran anuncio": ya no es un bebé, un viaje alrededor del mundo o un nuevo empleo. Ahora la noticia es que alguien va a correr su primer maratón. Para esta generación, correr se ha convertido en una especie de rito de paso, una forma de recuperar el control sobre un futuro incierto.

Quien hojea Instagram o TikTok lo ve enseguida: fotos con dorsal, capturas de pantalla de aplicaciones de entrenamiento, selfis con medalla y grupos vestidos con ropa técnica de colores en el parque del barrio. Correr ya no es algo minoritario, sino una parte visible de la vida cotidiana.

En Francia, entre 12 y 13 millones de adultos afirman salir a correr con regularidad, lo que supone casi uno de cada dos.

Una gran parte de ese grupo está formada por adultos jóvenes. Desde la pandemia de COVID-19, el número de corredores ha crecido de forma notable. Los confinamientos hicieron que los gimnasios perdieran atractivo y dejaron el running como una de las pocas formas de moverse que siempre era posible. Ese hábito se quedó arraigado en muchas personas cuando todo volvió a la normalidad.

Las cifras procedentes de Francia ilustran la magnitud real del fenómeno:

  • 1,5 millones de nuevos corredores desde el periodo de la pandemia
  • más de 1,7 millones de personas completando carreras oficiales en un solo año
  • un mercado del running que supera los mil millones de euros, impulsado principalmente por zapatillas y ropa técnica

En otros países europeos se observan tendencias similares: parkruns abarrotados, pruebas populares que agotan sus plazas en horas y una explosión de grupos de running en ciudades de todo el continente.

Por qué tantos veinteañeros y treintañeros salen a la calle a correr

El running es más popular entre los adultos jóvenes que en cualquier otra época. Y no solo porque sea fácil de organizar, sino porque encaja a la perfección con una etapa vital marcada por la incertidumbre.

Casi no necesitas nada y siempre puedes planificarlo

Una de sus grandes ventajas es su sencillez extrema: un par de zapatillas, ropa deportiva y ya puedes salir. Sin cuota mensual, sin horarios fijos, sin un equipo que te espere. Para personas con jornadas laborales irregulares, trabajos freelance o prácticas que cambian constantemente, eso es un regalo.

Correr cabe en los huecos que dejan los empleos, las citas, los plazos de entrega y las mudanzas. Una vuelta de treinta minutos se puede planificar en cualquier ciudad y en cualquier país del mundo. Esa flexibilidad lo hace especialmente atractivo para una generación que vive con poca estructura fija.

Sensación de control en tiempos de incertidumbre

Quien ronda los treinta se enfrenta a preguntas complicadas: ¿conseguiré un contrato estable?, ¿dónde voy a vivir?, ¿quiero tener hijos?, ¿podré permitirme un alquiler?, ¿mi relación tiene futuro? Muchas de esas respuestas tardan en llegar. Correr, en cambio, ofrece retroalimentación inmediata y honesta.

Donde el trabajo y el amor son impredecibles, un entrenamiento de carrera es simple: si sales con regularidad, avanzas. De forma visible, medible y justa.

Un plan de entrenamiento hacia una carrera de 10 kilómetros, una media maratón o un maratón completo proporciona:

  • objetivos claros (por ejemplo, completar los 10 km en menos de una hora)
  • pasos concretos (salir tres veces por semana, aumentar progresivamente)
  • progreso visible (tiempos más rápidos, distancias más largas)
  • una sensación de éxito completamente independiente del trabajo o los estudios

Para muchos adultos jóvenes, eso actúa como un ancla. Después de un día horrible en la oficina, al menos puedes decirte: "He completado mi entrenamiento de series."

Correr como válvula de escape emocional

Detrás de las estadísticas se esconden historias personales. La gente no empieza a correr únicamente para estar más en forma, sino también por una necesidad emocional genuina.

Tras una ruptura sentimental, unos estudios frustrados o un diagnóstico de burnout, muchos veinteañeros buscan algo que los impulse hacia delante. Un programa de entrenamiento para una media maratón ofrece un proyecto concreto: sabes exactamente qué vas a hacer durante las próximas semanas, aunque el resto de tu vida sea un caos.

Correr se convierte entonces en una rutina mental: al salir del trabajo, te pones las zapatillas, te enchufas los auriculares y despejas la cabeza. La cadencia de los pasos, la respiración, la ruta que ya conoces de memoria; todo eso genera calma y previsibilidad. Algunos lo describen como meditación en movimiento.

Para una parte de la generación de veinte a treinta años, una carrera larga sustituye a la sesión clásica de terapia: teléfono en modo avión, pensamientos que llegan y se van solos, y después de cuarenta y cinco minutos todo parece un poco más llevadero.

El rendimiento como tarjeta de presentación: cómo las apps han cambiado las reglas

La irrupción de aplicaciones como Strava o Nike Run Club ha añadido una capa completamente nueva al running. Ya no eres solo tú contra el cronómetro, sino tú frente a tus seguidores.

Cada entrenamiento puede compartirse, recibir "me gusta" y comentarios. Segmentos, kudos, retos: las marcas personales adquieren una especie de marcador social. Eso resulta muy motivador. Ver que tus amigos corren tres veces por semana te empuja con más facilidad a mantener tú también el ritmo.

Sin embargo, hay una cara oculta. Los rendimientos se convierten en una suerte de marketing personal. Una carrera larga media aparece en stories con el ritmo por kilómetro, la distancia y la frecuencia cardíaca. Quien corre más despacio o con menos frecuencia puede sentir una presión real.

El lado oscuro: los "Strava jockeys" y la obsesión por el rendimiento

En ese clima de rendimiento aparecen fenómenos extraños. En Francia se habla de los "Strava jockeys": personas que contratan a otras para que corran o pedaleen con su cuenta, de modo que sus estadísticas parezcan más impresionantes.

¿Por qué haría alguien eso? Para proyectar una imagen más potente ante amigos, compañeros de trabajo o seguidores. Aunque sea pura apariencia. La tendencia demuestra que la presión por rendir se ha infiltrado incluso en el tiempo libre. No solo hay que demostrar resultados en la oficina, también el domingo por la mañana en el parque.

Los "me gusta" bajo una carrera se vuelven para algunos casi más importantes que la carrera en sí.

Los psicólogos del deporte advierten de que esta presión puede dispararse: lesiones por progresar demasiado rápido, incapacidad para descansar por miedo a romper una "racha", o seguir entrenando cuando el cuerpo pide a gritos una pausa.

Un nuevo hito vital: "mi primer maratón"

El maratón ha adquirido en poco tiempo el papel de momento simbólico por excelencia. Donde antes el carnet de conducir o la compra de una vivienda marcaban la entrada en la vida adulta, ahora se comparte con orgullo haber completado 42,2 kilómetros.

Ese cambio dice mucho sobre esta generación. Comprar una casa es a menudo inalcanzable, un empleo estable no está garantizado. Un maratón, en cambio, puede organizarlo uno mismo con tiempo, entrenamiento y disciplina. Es una prueba tangible: soy capaz de terminar algo grande.

Preparar un maratón impone una rutina: planificas los fines de semana en torno a las tiradas largas, bebes menos alcohol, te acuestas antes, prestas atención a lo que comes. En una existencia tambaleante, eso se siente casi como un pequeño proyecto de vida propio. La foto en la meta con la medalla funciona como una especie de diploma al esfuerzo y la perseverancia.

Lo que esta tendencia significa para la salud y el bienestar

El auge del running tiene ventajas evidentes. Más actividad física reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, combate los estados de ánimo bajos y mejora el sueño y la concentración. Para muchos jóvenes, el deporte actúa como un freno accesible al estrés crónico.

Aun así, también conlleva riesgos. Quien pasa de cero a entrenar para un maratón sin orientación ni paciencia puede sufrir sobrecargas: irritación en la tibia, problemas de rodilla, molestias en la cadera o fatiga persistente. La urgencia por lucir grandes distancias en las redes agrava ese peligro.

Los médicos del deporte suelen aconsejar a los principiantes que progresen con calma:

  • comenzar con tres sesiones cortas a la semana, alternando carrera y caminata
  • no aumentar el kilometraje semanal total más de un 10 por ciento
  • planificar al menos un día de descanso entre sesiones exigentes
  • prestar atención a molestias que persistan más de unos pocos días

Quienes vinculan el running a momentos sociales —como un grupo de entrenamiento fijo o compañeros de trabajo que se preparan juntos— suelen mantenerlo durante más tiempo y se mantienen mejor dentro de límites saludables. La presión social actúa entonces en sentido positivo: sí vas, pero no necesitas ir siempre más rápido o más lejos que los demás.

Más que un deporte: correr como brújula para una generación en busca de sí misma

La ola del running entre veinteañeros y treintañeros va, por tanto, mucho más allá de una moda pasajera. El deporte toca de lleno los grandes temas con los que lucha esta franja de edad: trabajo precario, relaciones inestables, presión por el rendimiento y la búsqueda de una identidad propia.

Donde generaciones anteriores marcaban su madurez con bodas, hipotecas y relojes de oro entregados por el jefe, ahora aparece otro tipo de hito: una ruta elegida por uno mismo, de 42,2 kilómetros, a un ritmo elegido por uno mismo, con unas zapatillas pagadas por uno mismo. Para una generación que a menudo siente que controla muy poco, eso sabe a victoria que nadie puede arrebatarte.

Quien quiera empezar no necesita pensar de inmediato en meses de preparación ni en maratones. Una vuelta corta después del trabajo, tres veces por semana, puede ser más que suficiente para reducir el estrés, despertar el cuerpo y recuperar un pequeño pedazo de control. El cronómetro puede acompañar; pero la verdadera ganancia para muchos corredores jóvenes reside en algo que ningún número puede medir: la sensación de que, paso a paso, sí estás yendo a algún lugar.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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