Rusia lanza su propio rival de Starlink e inicia una nueva carrera espacial de satélites junto a SpaceX

Una empresa rusa da el primer paso hacia su propio internet satelital

Una compañía aeroespacial rusa prácticamente desconocida acaba de poner en órbita su primera tanda de satélites de comunicaciones. Estos dispositivos orbitan en la misma región de baja altitud donde ya operan los satélites de Starlink, la constelación de SpaceX. Moscú lo considera el inicio de una alternativa estratégicamente vital a las redes extranjeras.

La empresa rusa Bureau 1440 colocó esta semana dieciséis satélites en órbita baja terrestre. Se trata de la primera carga operativa de un nuevo proyecto de internet satelital diseñado para ofrecer acceso de banda ancha a escala mundial.

Este lanzamiento supone un punto de inflexión para la compañía. La fase de pruebas ha quedado atrás; ahora comienza la construcción de un servicio comercial real. Los medios rusos destacan que este paso se sigue con enorme atención tanto en el Kremlin como entre los planificadores militares.

El vuelo con dieciséis satélites marca la transición de las instalaciones experimentales hacia la construcción de una red de comunicaciones completa con cobertura global.

Aunque por ahora solo hay dieciséis aparatos en el espacio, la ambición es enorme. Bureau 1440 habla de decenas de lanzamientos y cientos de satélites adicionales en los próximos años.

Proyecto Rassvet: la respuesta rusa a la dominancia de Starlink

Los planes rusos se enmarcan dentro de un programa más amplio llamado Rassvet, término que significa "amanecer". El objetivo es construir una red satelital propia y soberana que no dependa de infraestructuras estadounidenses.

En la práctica, esto equivale a crear una alternativa directa a Starlink, la constelación de SpaceX que ya cuenta con más de diez mil satélites y desempeña un papel clave en conflictos armados, zonas de catástrofe y regiones remotas sin fibra óptica ni cobertura móvil.

La guerra en Ucrania convirtió el internet satelital en un asunto políticamente explosivo

El conflicto en Ucrania dejó al descubierto con brutal claridad el enorme peso del internet satelital en un escenario bélico moderno. Starlink se volvió allí imprescindible para las comunicaciones internas, el control de drones y la coordinación en el frente.

SpaceX introdujo recientemente un sistema de "lista blanca": solo los terminales ucranianos autorizados mantienen la conexión, mientras que los dispositivos rusos quedan bloqueados. Esto supuso un golpe severo para las fuerzas rusas que habían empezado a depender de la señal de Starlink.

En Moscú, aquello se interpretó como una advertencia inequívoca: quien depende de una empresa extranjera pierde el control de su sistema nervioso digital en tiempos de crisis. Rassvet nació precisamente para reducir esa vulnerabilidad.

Disponer de una red satelital propia permite a un país mantener el flujo de información, el tráfico militar y la infraestructura crítica bajo control nacional, incluso cuando las tensiones internacionales se disparan.

Grandes inversiones rusas y una planificación muy ambiciosa

La agencia espacial rusa Roscosmos pretende acelerar el ritmo de forma significativa en los próximos años. Según declaraciones de su director, Dmitri Bakanov, las autoridades apuntan a superar los 900 satélites en órbita baja para el año 2035.

De esa cifra, unos 250 podrían estar operativos comercialmente ya el año que viene. Eso significa que Rusia pasaría en pocos años de cero a una flota satelital de tamaño medio, aunque la distancia con SpaceX seguiría siendo considerable.

  • Satélites en órbita actualmente: 16
  • Satélites comerciales previstos a partir del año próximo: aproximadamente 250
  • Objetivo para 2035: más de 900 satélites en órbita baja
  • Starlink, a modo de comparación: más de 10.000 satélites

La financiación refleja la prioridad que el Kremlin otorga a este proyecto. El gobierno ruso destina aproximadamente 1.260 millones de dólares para la construcción de la red. Bureau 1440, por su parte, deberá añadir otros 4.000 millones de dólares propios antes de 2030.

Competencia en una órbita cada vez más saturada

Con Rassvet, Rusia entra en un campo que se llena a un ritmo vertiginoso. Junto a Starlink, otras compañías como OneWeb y Amazon, con su Proyecto Kuiper, trabajan también en grandes constelaciones de órbita baja.

Estas órbitas bajas resultan atractivas porque minimizan el retardo de la señal, algo indispensable para internet rápido y videollamadas sin interrupciones perceptibles. Sin embargo, cuantos más satélites se suman, mayores son los riesgos:

Aspecto Desafío Consecuencia
Saturación orbital Más objetos a alturas similares Mayor riesgo de colisiones y basura espacial
Frecuencias Espectro radioeléctrico limitado Conflictos internacionales por la asignación de frecuencias
Política Redes bajo influencia de gobiernos nacionales Instrumentalización en conflictos y sanciones

El hecho de que los nuevos satélites rusos orbiten "cerca" de las trayectorias de Starlink genera inquietud entre los expertos aeroespaciales. En teoría, cualquier sistema que vuele próximo a otra red puede aumentar el riesgo de interferencias o incluso colisiones si la coordinación resulta insuficiente.

Uso estratégico: del territorio rural al campo de batalla

Oficialmente, el proyecto ruso se orienta hacia el acceso a internet de banda ancha para ciudadanos y empresas, especialmente en zonas remotas de Siberia, el Extremo Oriente y las regiones polares, donde la infraestructura clásica resulta costosa o directamente inviable.

Sin embargo, otro motivo pesa al menos con igual fuerza: la independencia militar y geopolítica. Un país que controla su propio internet satelital no necesita temer que en tiempos de guerra una plataforma extranjera corte el suministro de un plumazo.

Las comunicaciones se han vuelto tan cruciales para los ejércitos modernos como el combustible. Quien controla la red de datos influye directamente en el desarrollo de un conflicto.

Además, las empresas rusas del sector de las telecomunicaciones y la energía ganarían mayor margen de maniobra con una constelación propia. Piénsese en la navegación por el Ártico, las plataformas petrolíferas y gasísticas, o las redes ferroviarias y de oleoductos que atraviesan territorios escasamente poblados.

¿Qué implicaciones tiene esto para ciudadanos y empresas en todo el mundo?

Si Rassvet llega a ser plenamente operativo, podría transformar el mercado internacional del internet satelital. Más competidores pueden traducirse en mayor rivalidad en precios y velocidades, aunque aún no está claro en qué medida Rusia abrirá su red a clientes occidentales.

Para los usuarios en países que navegan entre Rusia y Occidente, disponer de un proveedor adicional puede resultar atractivo. Son regiones donde los gobiernos locales prefieren no depender en exclusiva de una empresa estadounidense o china.

Al mismo tiempo, crece el riesgo de que el acceso a internet quede cada vez más dividido según líneas geopolíticas. Una constelación rusa podría dar prioridad a los estados aliados, mientras que las redes occidentales, presionadas por sanciones, quedan restringidas precisamente en esos mismos países.

Cómo funciona el internet satelital en órbita baja

El internet satelital mediante constelaciones como Starlink o Rassvet funciona de manera muy diferente a los satélites geoestacionarios clásicos. En lugar de unos pocos grandes aparatos a 36.000 kilómetros de altitud, estos sistemas emplean cientos o miles de satélites más pequeños situados entre los 500 y los 1.200 kilómetros de altura.

  • La menor altitud reduce significativamente el retardo de la señal.
  • Los usuarios se conectan mediante una antena compacta o una placa plana receptora.
  • Los datos viajan al satélite más cercano, que los retransmite a estaciones terrestres u otros satélites.
  • Como los aparatos se desplazan rápidamente alrededor de la Tierra, la antena debe cambiar de satélite de forma continua y automática.

Este enfoque hace posible la cobertura global, incluso donde no existen antenas ni cables. A cambio, la gestión y el mantenimiento son sumamente complejos. Un fallo en el software o en el sistema de control puede afectar a miles de usuarios simultáneamente en una constelación de gran tamaño.

Para los países y las empresas que trabajan con este tipo de redes, la pregunta central sigue siendo siempre la misma: ¿cuánto control quieren conservar? Rusia ha elegido claramente su propio camino y asume los elevados costes y riesgos técnicos que eso conlleva, con tal de no volver a quedar expuesta a un interruptor extranjero que pueda apagarse sin previo aviso.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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