Tras 1.600 años bajo el mar, arqueólogos recuperan enormes fragmentos del Faro de Alejandría

Piedras legendarias que vuelven a la superficie

Frente a las costas de Alejandría, arqueólogos están extrayendo del mar bloques ciclópeos que formaron parte de uno de los monumentos más célebres de la Antigüedad: el Faro de Alejandría.

Lo que durante generaciones no fue más que mito y texto de libro escolar está recuperando su forma tangible. Investigadores egipcios e internacionales han logrado sacar a la superficie enormes bloques de piedra pertenecientes al antiguo faro, en una operación que está reescribiendo nuestra comprensión de esta maravilla perdida.

Bloques monumentales rescatados tras siglos de silencio

Oculto entre el barro, los pecios modernos y la oscuridad del fondo marino, existía una suerte de cementerio de piedra. De él se han recuperado 22 impresionantes elementos arquitectónicos que llevaban más de 1.600 años reposando en el lecho del Mediterráneo.

Lo que más llama la atención son los fragmentos de una monumental puerta de acceso. Solo uno de los bloques del umbral pesa entre 70 y 80 toneladas según las estimaciones. Además, emergieron secciones de una estructura de pilonos masivos, probablemente un componente estructural fundamental del faro.

Las dimensiones de los bloques revelan la extraordinaria ambición de esta construcción, tanto desde el punto de vista técnico como logístico.

Las piezas están siendo lavadas, fotografiadas, medidas y documentadas con escáneres de alta precisión. Cada detalle, desde inscripciones hasta marcas de canteros antiguos, puede aportar información valiosa sobre cómo estaba construido el faro.

El Faro de Alejandría: símbolo de comercio y poderío

El faro se erigió hacia el año 280 a.C., durante el reinado de Ptolomeo II. Alejandría era entonces el gran nudo de comercio, ciencia y poder del Mediterráneo oriental. Embarcaciones procedentes de Grecia, Fenicia, el norte de África y, más tarde, del mundo romano, surcaban constantemente sus aguas.

La estructura cumplía una doble función: evitaba que los barcos encallaran en los traicioneros bancos de arena de la costa y, al mismo tiempo, proclamaba la riqueza y el conocimiento técnico de la ciudad. Con una altura estimada de más de 100 metros, era una de las construcciones más altas de toda la Antigüedad.

Una estructura tripartita de forma audaz

Según las descripciones antiguas y las excavaciones previas, el faro se dividía en tres secciones claramente diferenciadas:

  • una sólida base cuadrada que proporcionaba estabilidad sobre la isla de Faros
  • un cuerpo octogonal intermedio que estrechaba el edificio hacia arriba
  • una cúspide cilíndrica, probablemente coronada por una estatua o una cesta de fuego

En lo alto ardía una llama que, amplificada mediante espejos o planchas de metal pulido, era visible a gran distancia en el mar. Por la noche guiaba a los marineros hacia el puerto; de día, la propia torre blanca servía como punto de referencia visual.

Siglos de terremotos fueron agrietando progresivamente la estructura hasta que, en la Baja Edad Media, colapsó por completo. Muchas de sus piedras cayeron al mar o fueron reutilizadas en otros edificios de Alejandría.

De piedras mojadas a una reconstrucción digital

Los bloques recuperados protagonizan ahora un ambicioso proyecto de investigación denominado "Pharos", en honor a la isla donde se alzaba el faro. Un equipo liderado por la arquitecta e investigadora Isabelle Hairy trabaja en una reconstrucción digital de extraordinario detalle.

Cada bloque pasa primero por un proceso digital exhaustivo. Los investigadores emplean escáneres 3D y fotogrametría para generar modelos exactos que incluyen daños, líneas de fractura y variaciones de medidas.

Los científicos tratan las piedras como piezas de un rompecabezas: cuanto mejor documentada esté cada pieza, más fiel será la imagen final del faro.

Mediante simulaciones informáticas, los bloques se apilan virtualmente. Los investigadores analizan no solo el aspecto que pudo tener el edificio, sino también las fuerzas que actuaban sobre él. El objetivo es comprender mejor por qué acabó derrumbándose y en qué seísmos se produjeron los daños más críticos.

Un paseo virtual por un icono desaparecido

La meta final va más allá de la ciencia pura. El equipo quiere crear una experiencia virtual que permita a los visitantes "recorrer" el faro a través de una pantalla o unas gafas de realidad virtual, como si estuvieran en la Alejandría de hace más de 2.000 años.

Para lograrlo se necesitan, entre otros elementos:

  • modelos 3D precisos de las piedras recién recuperadas
  • datos procedentes de excavaciones submarinas anteriores
  • descripciones antiguas y dibujos de los períodos islámico y romano
  • conocimientos modernos sobre terremotos, oleaje y erosión

La combinación de todas estas fuentes genera una especie de máquina del tiempo digital que permite tanto a investigadores como a turistas formarse una imagen mucho más realista del legendario faro.

Por qué este hallazgo despierta tanta emoción en Egipto

Egipto sustenta gran parte de su atractivo turístico en los vestigios visibles de la Antigüedad: pirámides, templos, tumbas y estatuas. El Faro de Alejandría siempre había sido una excepción dolorosa en ese catálogo: todo el mundo conocía el monumento de nombre, pero nadie podía contemplarlo.

Ahora que emergen piezas tangibles e imponentes, el país gana un nuevo argumento de peso. Los museos de Alejandría y El Cairo ya se preparan para habilitar salas especiales donde exhibir los elementos más reconocibles, junto a grandes proyecciones de la reconstrucción digital.

Para los jóvenes egipcios que crecen en una moderna y animada ciudad costera, este hallazgo puede convertirse en un vínculo directo con el pasado marítimo de su ciudad. Los profesores de historia anticipan que la historia de Faros resultará mucho menos abstracta cuando los alumnos puedan pararse frente a fragmentos originales de su puerta de acceso.

Arqueología submarina: riesgos, técnicas y futuro

Trabajar en el fondo del mar plantea desafíos considerables. La visibilidad es escasa, las corrientes son peligrosas y la contaminación moderna se entrelaza con los restos antiguos. Los equipos trabajan en inmersiones cortas y se relevan con frecuencia.

Entre las técnicas más utilizadas destacan las siguientes:

Técnica Objetivo
Sonar de barrido lateral Cartografiar grandes estructuras y pecios en el fondo marino
Fotografía digital 3D Capturar formas exactas para la posterior reconstrucción en tierra
Aspiradores de agua Retirar la arena con delicadeza alrededor de las piedras más frágiles
ROV (robots teledirigidos) Inspeccionar zonas de mayor profundidad o peligro sin necesidad de buceadores

Una vez en tierra firme, los bloques recuperados se someten a rigurosos controles. La sal debe extraerse lentamente de la piedra para evitar grietas. Los restauradores prueban distintos métodos para conservar la estructura original sin alterar artificialmente su superficie.

Lo que este descubrimiento revela sobre la arquitectura antigua

El Faro de Alejandría planteó grandes interrogantes a los constructores de la Antigüedad: ¿cómo evitar las grietas en una torre tan alta junto al mar?, ¿cómo anclar bloques gigantescos en una isla azotada por las tormentas?, ¿y cómo lograr que todo el conjunto resultara elegante a la vista?

Las piezas recuperadas muestran qué tipo de piedra se eligió, qué sistemas de unión se emplearon y dónde podían situarse los elementos decorativos. Esto permite a los investigadores establecer paralelismos con otros grandes proyectos constructivos de la misma época, como los templos del valle del Nilo o las grandes estructuras portuarias del Mediterráneo.

Para los ingenieros y arquitectos actuales, todo ello genera conocimientos sorprendentemente útiles. Algunas técnicas antiguas para limitar los daños sísmicos, como distribuir las fuerzas a través de múltiples capas de piedra, no difieren demasiado de los principios que sigue aplicando la arquitectura contemporánea en altura.

Quien pasee en el futuro por la orilla de Alejandría contemplará el mar con otros ojos. Bajo la superficie no solo hay conchas y arena, sino las piedras dispersas de una construcción que lleva dos mil años cautivando la imaginación humana. Gracias a este nuevo hallazgo, esa historia tiene por fin unos cimientos mucho más sólidos que los viejos textos y las pinturas románticas.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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