NASA revela nave espacial nuclear hacia Marte y retrasa el primer alunizaje

Un plan que podría transformar la exploración espacial de la próxima década

Bajo el liderazgo de su nuevo director, Jared Isaacman, la agencia espacial estadounidense ha presentado un ambicioso conjunto de iniciativas con el potencial de redefinir la exploración del cosmos durante los próximos diez años. El proyecto más llamativo: una nave interplanetaria propulsada no por paneles solares, sino por energía nuclear, prevista para partir rumbo a Marte antes de finales de 2028.

El cohete nuclear hacia Marte: qué quiere construir exactamente la NASA

La nueva nave se llama Space Reactor‑1 Freedom (SR‑1 Freedom). La NASA la describe como la primera nave interplanetaria con propulsión eléctrica basada en un reactor nuclear. Aunque la idea lleva décadas sobre la mesa, jamás ha llegado a despegar de verdad.

Las sondas convencionales dependen de enormes paneles solares para generar energía. Cerca de la Tierra eso funciona bien, pero a medida que la nave se aleja, la intensidad solar cae drásticamente. A partir de la órbita de Júpiter, arrastrar paneles gigantescos se convierte en algo ineficiente y demasiado pesado.

La nave nuclear llevará a bordo una minicentral atómica propia, capaz de suministrar energía estable durante años, independientemente de la distancia al Sol.

Con esa corriente continua, la SR‑1 Freedom podrá alimentar motores de propulsión eléctrica. Estos propulsores expulsan pequeñas cantidades de gas —habitualmente xenón— a gran velocidad. El empuje por segundo es reducido, pero al funcionar durante períodos extraordinariamente largos, la nave acumula progresivamente una velocidad elevada, lo que la hace ideal para misiones de larga distancia hacia las regiones más alejadas del sistema solar.

Una flota de minihelicópteros para explorar Marte

La misión va mucho más allá de una simple demostración tecnológica. El plan incluye una carga útil extraordinariamente ambiciosa: una flota completa de helicópteros tipo Ingenuity, bajo el nombre Skyfall.

Ingenuity, el pequeño helicóptero que acompañó al rover Perseverance, superó todas las expectativas al completar decenas de vuelos en la delgada atmósfera marciana. Ahora la NASA quiere escalar ese éxito: pasar de un único aparato experimental a todo un enjambre.

  • Varios helicópteros podrían explorar simultáneamente distintas regiones de Marte.
  • Accederían a lugares prácticamente inaccesibles para los rovers, como cráteres escarpados y grietas rocosas.
  • Podrían actuar como exploradores avanzados para futuros módulos de aterrizaje o misiones tripuladas.

Combinando una nave nodriza de propulsión nuclear con un enjambre de drones, la NASA intenta sentar las bases de los futuros viajes tripulados a Marte: nueva propulsión, aeronaves autónomas y una recopilación masiva de datos sobre el terreno y las condiciones del planeta rojo.

¿Quién lo construirá? La NASA busca socios industriales

La agencia ya colabora estrechamente con el Departamento de Energía de Estados Unidos, que cuenta con una dilatada experiencia en tecnología nuclear y generadores de radioisótopos para misiones anteriores. Sin embargo, aún no está claro qué empresa o consorcio liderará el desarrollo industrial.

Se espera que actores consolidados como Lockheed Martin y Northrop Grumman pugnen por hacerse con un papel protagonista, junto a empresas comerciales más recientes ya involucradas en proyectos lunares y de órbita baja. La NASA no pretende diseñarlo todo por sí misma, sino impulsar al sector con conocimiento y estándares, dejando la ejecución en manos de la industria en la mayor medida posible.

La Luna sigue siendo la primera parada: cambios en el programa Artemis

A pesar de toda la atención que acapara Marte, la Luna sigue siendo por ahora el objetivo prioritario de la NASA. El programa Artemis, destinado a devolver astronautas estadounidenses a la superficie lunar, experimenta sin embargo una importante reorganización.

Misión Planificación actual Objetivo principal
Artemis II En torno a abril (segunda mitad de esta década) Cuatro astronautas en órbita lunar, sin alunizaje
Artemis III 2027 Prueba de sistemas en órbita terrestre, sin alunizaje
Artemis IV Finales de los años 2020 Primer alunizaje estadounidense desde el programa Apolo

Lo que originalmente estaba previsto como el primer alunizaje en Artemis III se traslada ahora a Artemis IV. La NASA opta por vuelos de prueba adicionales y una construcción progresiva por fases, con el fin de eliminar los problemas técnicos antes de que alguien vuelva a pisar la superficie de la Luna.

De un alunizaje puntual a una presencia permanente

Las ambiciones van mucho más allá de clavar una bandera y dejar unas pisadas simbólicas. Tras el primer alunizaje, la NASA quiere enviar personas a la Luna al menos una vez al año, con el objetivo final de alcanzar un alunizaje tripulado cada seis meses.

Para mantener ese ritmo, un solo proveedor no será suficiente. La agencia apunta a contar con al menos dos módulos de aterrizaje comerciales capaces de llevar astronautas a la superficie, de forma similar a como varias empresas transportan actualmente carga y tripulaciones hacia la Estación Espacial Internacional.

La infraestructura también cambia. La estación Gateway, concebida como punto intermedio en órbita lunar, queda aparcada en su forma actual. El dinero y la atención se desplazan hacia instalaciones directamente en la superficie: suministro energético, garajes para rovers, hábitats y centros de pruebas.

Un plan en tres fases para establecer una base lunar

La NASA describe un camino claro dividido en tres etapas:

  • Fase robótica (desde 2027): rovers, instrumentos de medición y demostradores tecnológicos aterrizan en la Luna, con hasta treinta misiones no tripuladas en un período breve.
  • Fase semipermanente: se instalan módulos donde los astronautas pueden residir temporalmente, por ejemplo durante misiones de varias semanas o meses.
  • Presencia continua: el objetivo final es establecer hábitats permanentes para que siempre haya personas sobre la superficie lunar.

Todo esto se desarrollará en el marco de una colaboración internacional. Japón e Italia figuran entre los socios más destacados, junto a la cooperación ya existente con Europa y Canadá dentro del programa Artemis.

¿Qué ocurrirá con la Estación Espacial Internacional?

Mientras la mirada se dirige hacia la Luna y Marte, una pregunta crucial sigue sin respuesta definitiva: ¿qué será de la Estación Espacial Internacional (ISS)? La estación lleva más de veinte años orbitando la Tierra y no puede funcionar indefinidamente. A principios de los años 2030 deberá reentrar de forma controlada en la atmósfera y hundirse en el océano Pacífico.

Estados Unidos no quiere quedarse sin presencia propia en órbita baja, especialmente ahora que China apuesta fuerte por su propia estación espacial. Para evitar una ruptura brusca, la NASA trabaja en un modelo de transición híbrido.

La idea consiste en acoplar primero un nuevo módulo gubernamental a la estructura de la ISS. A él podrían conectarse módulos de socios comerciales que irían ganando autonomía de forma gradual. Cuando esas secciones comerciales estén plenamente operativas, podrían desacoplarse y funcionar como estaciones espaciales privadas independientes.

Al complementar y reemplazar progresivamente la ISS, el sector comercial dispondrá del tiempo necesario para crecer, en lugar de tener que asumir todo de golpe.

Por qué la propulsión nuclear se ha vuelto urgente ahora

La energía nuclear en el espacio genera interrogantes legítimos, pero para los viajes al espacio profundo hay pocas alternativas con un rendimiento comparable. Los cohetes químicos son potentes en el despegue, pero resultan poco prácticos como única propulsión para trayectos de larga distancia. Los paneles solares se vuelven excesivamente grandes y vulnerables más allá de Marte.

Un reactor nuclear compacto suministra de forma continua grandes cantidades de energía para los motores, las comunicaciones y los instrumentos científicos. Esto hace posibles trayectorias más rápidas hacia los planetas exteriores y amplía la capacidad de carga para experimentos o robots como los helicópteros Skyfall.

No obstante, existen riesgos claros que no se pueden ignorar: el reactor no debe representar ningún peligro durante el lanzamiento ni mientras orbita la Tierra en caso de fallo. Por eso se suelen emplear diseños que solo se activan a gran distancia del planeta, o reactores que permanecen en estado frío y no crítico hasta que la misión se encuentra a salvo en el espacio.

Qué significa todo esto para el futuro de la exploración espacial

La combinación de una nave marciana de propulsión nuclear, una intensa agenda lunar y un nuevo papel para las estaciones espaciales comerciales refleja un cambio profundo de enfoque. La NASA quiere abandonar los proyectos de prestigio aislados y construir en su lugar una red sostenible de transporte, infraestructura y alianzas.

Para los apasionados del espacio, esto podría traducirse en una época con muchos más lanzamientos, un abanico más amplio de actores y una serie de misiones que se refuerzan mutuamente. Una misión nuclear exitosa a Marte puede acortar el camino hacia los viajes tripulados. Una base lunar activa ofrece terrenos de prueba para tecnología que después se dirigirá al planeta rojo. Y las estaciones comerciales en órbita terrestre brindarán a empresas e investigadores acceso a la ingravidez sin que el Estado tenga que asumir toda la factura.

Para el gran público, los primeros images reales de una nave de propulsión nuclear en camino a Marte y una nueva huella humana en la Luna serán probablemente los momentos que queden grabados en la memoria. Detrás de esas imágenes icónicas se esconde un complejo puzzle de años de duración, compuesto de tecnología, política y cooperación internacional, cuyas piezas más recientes la NASA acaba de colocar sobre la mesa.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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