Una sola frase puede revelar mucho sobre cómo escuchas a los demás
Hay algo que pocas personas notan en el momento, pero que luego les genera una sensación de incomodidad: la forma en que abren una conversación dice muchísimo sobre el espacio real que le dan a los demás.
La investigadora del comportamiento Alison Wood Brooks, de la Universidad de Harvard, ha identificado un patrón sorprendente en las conversaciones cotidianas. Según ella, la manera en que alguien formula una pregunta revela hasta qué punto está genuinamente interesado en el otro.
¿Qué significa exactamente el egocentrismo?
El egocentrismo se reduce a una sola cosa: traerlo todo de vuelta hacia uno mismo. No necesariamente por maldad, sino porque la propia perspectiva toma prioridad de forma casi automática. ¿Llueve? Lo primero que piensas es en tu ropa mojada. ¿Un compañero está enfermo? Tú también te sientes mal últimamente. Tu pareja empieza a contarte un día difícil y, antes de que termine, ya estás hablando de lo dura que fue tu semana.
El egocentrismo se define como la tendencia a situar los propios intereses y la propia visión del mundo en el centro de todo. Lo más llamativo es que quienes tienen este rasgo rara vez son conscientes de que están acaparando la conversación. Sin embargo, a largo plazo, esto deteriora relaciones: parejas, amigos y compañeros de trabajo acaban sintiéndose ignorados.
La diferencia entre egoísmo y egocentrismo
Mucha gente confunde egoísmo y egocentrismo, pero Brooks establece una distinción clara entre ambos conceptos.
- Comportamiento egoísta: priorizas tus propias necesidades, deseos y objetivos sin considerar demasiado el impacto que esto tiene en los demás.
- Comportamiento egocéntrico: sí prestas atención a los otros, pero principalmente porque tu papel en su vida debe ocupar el centro. Lo que importa es tu imagen, tu "indispensabilidad" y tu relevancia en su historia.
La persona egocéntrica aparenta estar involucrada, pero al mismo tiempo necesita ser el eje alrededor del cual gira todo. En reuniones, grupos de mensajería y conversaciones de sobremesa se aprecia con claridad: suelen estar presentes, mostrarse serviciales e interesados… siempre y cuando sigan siendo el centro de atención.
La profesora de Harvard: presta atención a este patrón conversacional
Brooks, catedrática de ciencias del comportamiento en Harvard, no solo analizó lo que la gente dice, sino sobre todo cómo entra en una conversación. Según ella, la persona egocéntrica se delata a través de una forma muy concreta de hacer preguntas. Para describir este fenómeno utiliza el término boomerasking, una combinación de "boomerang" y "asking" (preguntar en inglés).
Con el boomerasking, la pregunta parece mostrar un interés genuino, pero en cuestión de segundos la conversación regresa al que pregunta.
La persona comienza educadamente con una pregunta dirigida a ti, pero usa tu respuesta únicamente como trampolín para hablar de sí misma de inmediato. Parece un gesto social, pero a menudo se siente vacío.
Cómo reconocer el boomerasking en el día a día
El boomerasking consiste en hacer una pregunta no para escuchar realmente la respuesta, sino para poder lanzar tu propio relato. Algunos ejemplos muy reconocibles:
- "¿Qué vas a comer al mediodía? Yo voy a pedir sushi, tenía unas ganas locas."
- "¿Qué tal las vacaciones? Las mías fueron increíbles, tienes que ver estas fotos."
- "¿Vas a celebrar la Navidad con la familia? Yo no veo a nadie, me quedo completamente solo este año."
La pregunta parece sincera, pero antes de que puedas terminar tu historia, la conversación ya gira de nuevo en torno al otro. Muchas personas conocen esa sensación incómoda: hablas, pero tienes la impresión de que nadie te está escuchando de verdad.
Los tres objetivos ocultos detrás del boomerasking
Según Brooks, este comportamiento responde habitualmente a una de estas tres funciones, a las que asigna etiquetas específicas en su investigación:
| Tipo de pregunta | Objetivo oculto | Ejemplo |
|---|---|---|
| Presumir de uno mismo | Mostrar lo bien, lo ocupado o lo exitoso que uno es. | "¿Cuántos pasos llevas hoy? Yo ya voy por 15.000." |
| Generar compasión | Obtener confirmación de que la vida es dura y de que uno lo está pasando mal. | "¿Duermes bien? Yo estoy agotado, apenas puedo con nada." |
| Querer contar su historia | Poder compartir una anécdota o experiencia que ya tiene preparada mentalmente. | "¿Sigues trabajando desde casa? Yo tuve algo de lo más curioso hace poco…" |
La pregunta no es más que un trampolín hacia un relato propio que ya estaba listo. El interlocutor funciona como público, no como participante en igualdad de condiciones.
Por qué este comportamiento daña tanto las relaciones
A corto plazo, parece que no hay mayor problema. La otra persona charla animadamente, muestra interés y está presente. Pero con el tiempo, las pequeñas irritaciones se acumulan. La gente se siente ignorada, no tomada en serio, o útil únicamente como oído que escucha. En equipos de trabajo, esto puede llevar a que los compañeros más callados se desconecten o dejen de compartir sus ideas, porque sienten que nunca van a tener su turno.
En las relaciones de pareja, las conversaciones pueden desequilibrarse hasta el punto de que uno siempre emite y el otro siempre recibe. Los conflictos entonces suelen girar en torno a frases como: "Nunca me escuchas de verdad" o "Siempre hablamos de lo tuyo". El egocentrismo no se manifiesta en grandes gestos, sino en cientos de pequeñas conversaciones a lo largo de la semana.
¿Hay que alejarse de las personas egocéntricas?
Según Brooks, no necesariamente. El egocentrismo roza el narcisismo y la grandiosidad, pero no significa que esa persona manipule deliberadamente o tenga malas intenciones. Muchas personas que dominan las conversaciones apenas son conscientes de que lo hacen. A veces son inseguras, temen no resultar interesantes o simplemente se han acostumbrado a un entorno que las animaba a hablar mucho de sí mismas.
Quien comprende mejor el egocentrismo puede encauzar las relaciones en lugar de romperlas por frustración.
Por ejemplo, puedes poner límites pidiendo espacio de forma directa: "Quiero terminar lo que estaba contando", o retomar tu historia cuando alguien intente apropiársela de inmediato. También ayuda expresar cómo te sientes cuando no recibes preguntas a cambio.
Cómo evitar caer tú mismo en esta trampa
Muchas personas, al conocer este concepto, tienen una reacción inmediata de reconocimiento: "Vaya, yo también hago esto a veces." Es completamente normal. La mayoría usamos alguna que otra vez una pregunta como puente hacia nuestra propia experiencia. El problema surge cuando eso ocurre de forma sistemática.
- Observa cuánto tiempo llevas tú la voz cantante en las conversaciones.
- Haz preguntas de seguimiento: "¿Cómo te sentiste con eso?", "¿Y qué pasó después?"
- Espera dos o tres frases antes de añadir tu propia experiencia.
- Pregunta activamente: "¿Quieres contarme algo más sobre lo que mencionabas?"
- Sé honesto cuando en realidad no tienes espacio mental para escuchar, en lugar de lanzar una pregunta a medias.
Una prueba sencilla: al terminar una conversación, pregúntate qué cosas nuevas has aprendido sobre la otra persona. Si no se te ocurre más de un detalle, es probable que hayas hablado sobre todo de ti mismo.
Por qué este tema resulta tan relevante precisamente ahora
En una época de redes sociales, marca personal y visibilidad constante, la tentación de ponerse a uno mismo en el centro no para de crecer. Las historias, las publicaciones y las fotos de perfil giran literalmente en torno a uno. No es extraño, pues, que ese reflejo se cuele en las conversaciones reales. Las personas se vuelven adictas a la atención, la validación y el reconocimiento, y usan las preguntas de forma inconsciente como puerta de entrada para conseguirlos.
Para quienes trabajan mucho con personas —en sanidad, educación, puestos de liderazgo o atención al cliente— el uso consciente del lenguaje tiene una relevancia especial. Quien aprende a escuchar sin lanzar de inmediato su propio relato genera confianza más rápidamente y suele recibir información más honesta a cambio. Eso hace que la colaboración fluya mejor y ayuda a detectar problemas antes.
Por último, el autoconocimiento juega un papel fundamental. Quien reconoce que a veces habla de forma egocéntrica puede corregirlo paso a paso: dejar pequeñas pausas, permitir que el otro termine de hablar, preguntar explícitamente por sentimientos y no solo por hechos. Pequeños ajustes en las primeras frases de una conversación tienen a menudo un efecto sorprendentemente grande en cómo los demás se sienten escuchados y valorados.













