Satélite chino usa un potente rayo láser y supera a Starlink desde una órbita elevada

Un láser de 2 vatios desde 36.000 kilómetros de altitud

Con un emisor de apenas 2 vatios de potencia, investigadores chinos lograron mantener una velocidad estable de 1 gigabit por segundo mediante un enlace láser desde un satélite geoestacionario situado a 36.000 kilómetros de altura. El resultado demuestra que las conexiones ópticas por satélite pueden ser rápidas, eficientes y fiables, incluso a distancias muy superiores a las que operan redes como Starlink.

Qué se probó exactamente y dónde

El experimento tuvo lugar en el Observatorio de Lijiang, ubicado en la provincia suroccidental china de Yunnan. Un satélite en órbita geoestacionaria —que permanece fijo sobre el mismo punto de la Tierra— emitió un rayo láser hacia la superficie con el objetivo de transmitir datos.

En teoría, un enlace óptico de este tipo es ideal: la luz puede transportar volúmenes enormes de información, sin interferencias de radiofrecuencia y con haces tan estrechos que resultan muy difíciles de interceptar. El problema real es la atmósfera terrestre. Las capas de aire caliente y frío hacen que el haz de luz tiemble, se deforme y se disperse, lo que provoca caídas drásticas en la velocidad de transmisión o incluso la pérdida total de la señal.

Los investigadores chinos no apostaron por la potencia bruta, sino por una óptica inteligente en tierra para aprovechar al máximo un haz débil procedente del espacio.

El sistema receptor en tierra se construyó en torno a un telescopio con un espejo de 1,8 metros de diámetro, comparable al de un observatorio profesional de tamaño medio. Tras él, una serie de componentes ópticos avanzados se encargaban de reconstruir el haz distorsionado y extraer la mayor cantidad posible de datos útiles.

Más rápido que Starlink con un láser de 2 vatios

El resultado más llamativo fue una velocidad de descarga estable de 1 Gbps con un transmisor láser de tan solo 2 vatios. Para poner esa cifra en perspectiva: una pequeña lamparilla nocturna consume entre 4 y 7 vatios.

  • Potencia del emisor láser: 2 vatios
  • Altitud del satélite: 36.000 km (órbita geoestacionaria)
  • Velocidad de datos: 1 Gbps hacia la superficie
  • Comparación con Starlink: aproximadamente cinco veces más velocidad de descarga que una conexión Starlink típica

Redes como Starlink utilizan satélites en órbita baja, generalmente entre 500 y 600 kilómetros sobre la Tierra. La distancia mucho menor hace que las señales de radio o los láseres recorran un trayecto más corto y sean menos vulnerables a las perturbaciones atmosféricas.

Que precisamente un satélite geoestacionario, situado mucho más alto, supere la velocidad que ven la mayoría de los usuarios de Starlink ha generado una notable atención en el sector espacial. Una comparación utilizada en la publicación científica: enviar una película en alta definición de Shanghái a Los Ángeles podría realizarse en menos de cinco segundos.

Cómo el receptor chino venció a la atmósfera

El verdadero desafío no estaba en el satélite, sino en lo que ocurría en tierra. Los investigadores combinaron dos técnicas conocidas en un sistema unificado y altamente eficaz.

Paso 1: óptica adaptativa con cientos de microespejos

La primera línea de defensa contra la turbulencia atmosférica fue la óptica adaptativa. Detrás del telescopio de 1,8 metros se instaló un espejo compuesto por 357 microespejos individuales. Cada uno podía deformarse y inclinarse de manera independiente, controlado por actuadores ultrarrápidos.

Unos sensores medían continuamente cómo el frente de onda del láser se perturbaba al atravesar la atmósfera. Los microespejos corregían ese patrón en fracciones de segundo, consiguiendo que el haz llegara al detector lo más enfocado posible a pesar de las caprichosas capas de aire sobre Yunnan.

Paso 2: dividir el haz fragmentado en múltiples canales

A continuación llegaba el segundo recurso ingenioso: la diversidad de modos. Mediante un convertidor de luz multiplanar, la luz entrante se dividía en ocho formas básicas o «modos», como si fueran ocho caminos distintos por los que viajaban partes del haz aún en condiciones aceptables.

De esos ocho, el sistema seleccionaba automáticamente los tres canales más potentes, los combinaba y los decodificaba. Los investigadores denominan esta estrategia sinergia AO-MDR (óptica adaptativa combinada con recepción por diversidad de modos). En lugar de intentar reconstruir un haz perfecto, el enfoque consiste en aprovechar los fragmentos más útiles y fusionarlos con inteligencia.

Al tratar el haz no como una única señal perfecta sino como varios caminos aprovechables, la proporción de datos utilizables saltó del 72 al 91,1 por ciento.

Ese salto en la calidad de señal aprovechable es lo que marca la diferencia entre una demostración de laboratorio y un sistema capaz de integrarse en redes reales de comunicaciones.

Por qué la órbita geoestacionaria hace esto aún más impresionante

Un satélite geoestacionario permanece siempre sobre el mismo punto del planeta. Para las comunicaciones eso es muy ventajoso: las antenas no necesitan rastrear el cielo y las estaciones terrestres pueden apuntar permanentemente a una posición fija. El inconveniente es la enorme distancia: la señal debe recorrer 36.000 kilómetros de ida y vuelta.

Tipo de órbita Altitud Características
Órbita baja (LEO) aprox. 500–2.000 km Movimiento rápido, baja latencia, requiere muchos satélites
Órbita media (MEO) 2.000–10.500 km Menos satélites que LEO, mayor latencia
Geoestacionaria (GEO) aprox. 36.000 km Posición fija, gran cobertura, latencia elevada

Cuanto mayor es el recorrido óptico, más sensible resulta el enlace a cualquier perturbación. El haz se ensancha, la influencia de nubes y turbulencias aumenta, y pequeños errores de alineación pueden tener consecuencias graves.

Que precisamente a esa distancia tan grande se consiga un enlace de gigabit con tan poca potencia de emisión convierte esta prueba en un referente para el futuro de las redes troncales por satélite: conexiones diseñadas para transportar enormes flujos de datos entre continentes o para enviar a tierra grandes volúmenes de datos científicos.

No es una antena doméstica, sino una columna vertebral para el tráfico de datos

Nadie va a instalar un telescopio de 1,8 metros en su terraza. El sistema de Lijiang está claramente concebido como una estación terrestre profesional, no como un producto de consumo. Una instalación óptica de estas dimensiones puede actuar como nodo que capture enormes flujos de datos procedentes de satélites y los inyecte en redes de fibra óptica.

Las aplicaciones potenciales incluyen:

  • Transferencia rápida de imágenes de observación terrestre hacia centros de datos
  • Comunicaciones militares y diplomáticas con bajo riesgo de interceptación
  • Rutas internacionales de datos entre continentes mediante satélites, como alternativa a los cables submarinos
  • Comunicaciones de emergencia cuando la infraestructura de cables falla en catástrofes

China lleva años invirtiendo en comunicaciones ópticas espaciales, incluyendo experimentos de comunicación cuántica y enlaces láser entre satélites. Esta prueba encaja en ese panorama más amplio: una mezcla de ciencia, infraestructura estratégica y ambición geopolítica.

Qué implica esto para Starlink y otras redes de satélites

La comparación con Starlink se refiere principalmente a la velocidad, pero ambos sistemas persiguen objetivos distintos. Starlink apunta al mercado de internet para consumidores y empresas, con terminales relativamente compactas repartidas por todo el mundo. Eso exige una gran cantidad de satélites en órbita baja y antenas que rastrean el cielo continuamente.

El experimento chino ilustra mejor lo que puede lograrse en enlaces troncales ópticos a gran escala. Aun así, ejerce presión sobre los actores establecidos: si los enlaces ópticos de larga distancia pueden volverse tan eficientes, a largo plazo podrían competir con los sistemas de radiofrecuencia en los tramos de largo recorrido de las redes.

Donde Starlink apuesta por la masividad y la cobertura, esta prueba muestra lo que es posible con precisión y refinamiento óptico.

Un escenario interesante es el de un sistema híbrido: los satélites se comunican entre sí mediante potentes láseres y, cerca de la Tierra, hacen la transición a radio o terminales ópticas más sencillas para los usuarios finales. Grandes estaciones terrestres como la de Lijiang funcionarían entonces como centros neurálgicos, de manera similar a como operan los grandes nodos internacionales de internet.

Qué es la óptica adaptativa y por qué funciona tan bien

La óptica adaptativa nació originalmente en la astronomía, especialmente en la búsqueda de exoplanetas. Los telescopios miden cómo una estrella de referencia —o una estrella láser artificial creada en la atmósfera— aparece distorsionada por el aire. Con esa información, deforman un espejo flexible para que la imagen final resulte nítida.

En los sistemas de comunicaciones ocurre fundamentalmente lo mismo, pero en lugar de fotografiar una estrella se trata de decodificar datos digitales codificados en un haz láser. Al corregir la forma de onda de la luz en tiempo real, el haz llega al detector de forma mucho más ordenada y, por tanto, más fácil de interpretar. Si a eso se añade la división en múltiples modos, se aprovecha cada fragmento útil de la señal.

La contrapartida de estos sistemas es su complejidad: cientos de actuadores, óptica avanzada y gran capacidad de cómputo son necesarios para ejecutar las correcciones a tiempo. Para un uso generalizado, el coste, la fiabilidad y el mantenimiento son preguntas clave. Al mismo tiempo, el auge de los sistemas ópticos comerciales está haciendo que los componentes sean cada vez más económicos y compactos.

Riesgos, limitaciones y lo que aún queda por resolver

Las comunicaciones láser tienen también límites claros. La nubosidad densa bloquea los enlaces ópticos de forma prácticamente total. En una red global serían necesarias múltiples estaciones terrestres en distintas ubicaciones para garantizar que siempre haya al menos un canal despejado disponible. Además, se requiere una alineación muy precisa entre el satélite y el receptor; pequeñas desviaciones pueden hacer que el haz pase de largo sin alcanzar el telescopio.

También existen cuestiones de seguridad: ¿cómo evitar que haces láser potentes deslumbren a pilotos de avión o dañen equipos sensibles? Para este tipo de sistemas rigen normativas estrictas y frecuentemente se eligen longitudes de onda menos peligrosas para la vista humana.

Sin embargo, esta prueba evidencia la rapidez con que evoluciona la comunicación óptica por satélite. Donde hace apenas unos años solo se hablaba de velocidades teóricas, ahora se presentan pruebas reales con velocidades de gigabit a distancias intercontinentales. Para responsables políticos, empresas de telecomunicaciones y organizaciones de defensa, esto deja de ser una tecnología lejana para convertirse en una realidad concreta que merece un lugar en los planes de infraestructura del futuro.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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