Un héroe tecnológico de 102 años enseña Windows y smartphones a otros mayores

El 'geek' más longevo de Australia ayuda a los mayores a dar el salto digital

En un centro comunitario cerca de Sídney, personas mayores llegan con teléfonos lentos, bandejas de entrada desbordadas y una dosis considerable de desconfianza hacia la tecnología. Lo que encuentran al entrar los sorprende a casi todos: su profesor no es un joven treintañero con sudadera, sino un hombre de 102 años que explica con paciencia cómo funcionan Windows, WhatsApp e incluso los buscadores con inteligencia artificial.

Dean Simes, un jubilado australiano, es considerado en su entorno una auténtica leyenda local de la tecnología. Está reconocido como uno de los aficionados a la informática más mayores del mundo en activo, y el municipio de Ku-ring-gai, en Sídney, lo nombró recientemente ciudadano del año. Un honor que no le llegó por una brillante trayectoria en el sector tecnológico, sino por algo mucho más cercano y humano: enseñar a sus contemporáneos, paso a paso, cómo moverse en la sociedad digital.

En una época en la que muchos nietos se han convertido en el servicio técnico familiar para preguntas como "¿por qué va tan lento mi teléfono?" o "¿cómo instalo esta aplicación?", Simes lo invierte todo. Ayuda precisamente a la generación de abuelos, personas que en muchos casos son más jóvenes que él, a depender menos de la familia y a resolver más cosas por sí solos.

Donde otros se rinden, él saca el portátil. La edad no es un límite para él, sino simplemente una fecha en un documento.

Computer Pals: la asociación para quienes no crecieron con un ratón en la mano

Para dar forma a esa misión, Simes fundó alrededor del año 2000 una organización de voluntarios llamada Computer Pals. Por aquel entonces Windows XP apenas existía y él ya había superado los 75 años. Su primer ordenador propio lo compró después de los 80. En lugar de usar eso como excusa, lo convirtió en su motor.

En Computer Pals se reúnen principalmente jubilados de los alrededores de Sídney. Pagan una pequeña cuota y reciben algo que se ha vuelto imprescindible para su vida cotidiana: autonomía digital. Las clases son prácticas, se desarrollan a un ritmo tranquilo y se repite mucho el contenido, porque muchos participantes tienen miedo de "romper algo" sin querer.

Qué aprenden los mayores en estas clases

El programa abarca todo lo necesario para participar en una sociedad donde casi todo pasa por una pantalla. Entre los contenidos que se trabajan están:

  • Los fundamentos de Windows 11: guardar archivos, encontrarlos y apagar el equipo de forma segura
  • Reconocer páginas web falsas y enlaces sospechosos antes de hacer clic
  • Gestionar el antivirus y las actualizaciones para protegerse del malware
  • Usar WhatsApp para mensajes, fotos y videollamadas con la familia
  • Crear tablas y listas sencillas en Excel, por ejemplo para gastos o medicamentos

Hace poco, Simes decidió ir un paso más allá e introdujo sesiones sobre buscadores con inteligencia artificial, dado que cada vez más servicios se apoyan en esta tecnología. Mientras muchos septuagenarios todavía se están adaptando al correo electrónico, él ya les muestra cómo formular una pregunta en una herramienta de IA y obtener respuestas útiles.

El mundo está cambiando por la IA, piensa él. Y por eso los mayores merecen tener un sitio en esa mesa.

La curiosidad como motor: estudiar después de los ochenta

La mayoría de la gente sueña con el descanso cuando llega a los ochenta. Simes, no. Para hacer bien su labor voluntaria, completó un programa de estudio de tres años en el que se sumergió en sistemas informáticos, hardware e interfaces de usuario. No para convertirse en programador, sino para poder ofrecer explicaciones claras y rigurosas sin improvisar.

Su colega en Computer Pals, el tesorero Bill Soper, califica su conocimiento de "legendario" y señala que los alumnos obtienen una gran confianza al aprender de alguien que tampoco creció con smartphones. Si él pudo aprenderlo, piensan, quizás ellos también pueden.

Vera y Michael: 94 años y todavía probando nuevas aplicaciones

Entre los participantes habituales se encuentran Vera y Michael Last, ambos de 94 años. Mientras muchos de sus contemporáneos se conforman con un teléfono básico, ellos trabajan en clase con un móvil Android. Practican la instalación de aplicaciones, la creación de cuentas y la gestión de notificaciones.

Simes insiste con ellos en un principio elemental: seguir practicando. Pulsar un botón una sola vez no es suficiente para que quede grabado en la memoria; solo con la repetición la acción se vuelve natural. Su mantra en el aula es claro: practicar, practicar y practicar.

Más que tecnología: una red social contra la soledad

La fuerza de estas clases no reside únicamente en los contenidos, sino también en el componente humano. Muchos participantes viven solos, su familia está lejos o tiene poco tiempo disponible. Una cita semanal para trabajar juntos con portátiles y teléfonos rompe la rutina y aporta compañía.

Beneficio para los mayores Impacto concreto
Gestionar trámites bancarios online Menos dependencia de hijos o de la sucursal física
WhatsApp y videollamadas Más contacto con nietos, también en el extranjero
Detectar intentos de phishing Menor riesgo de estafas y fraudes
Uso de formularios online Acceso a servicios públicos, sanitarios y de seguros

Para muchos mayores, la tecnología representa una puerta hacia mayor independencia. Un portal médico para renovar recetas, la aplicación del ayuntamiento, una cita de vacunación digital: quien no sabe manejarse en ese entorno queda fácilmente excluido. Al demostrar con calma que equivocarse está permitido, Simes elimina gran parte del miedo que bloquea a sus alumnos.

No solo les enseña a hacer clic, sino sobre todo esto: aquí puedes aprender, y no tienes que hacerlo solo.

Una agenda apretada a los 102 años

El hecho de que siga dando clases a su edad no es casualidad. Simes mantiene con disciplina una rutina diaria: hace ejercicio, ve con frecuencia a sus seis hijos, juega al bridge y de vez en cuando da una vuelta en coche por los alrededores de Sídney. Según él, esa combinación de actividad física, vida social y estímulo mental es lo que mantiene su cabeza ágil.

Sabe que llegará un momento en que deberá ceder Computer Pals a un voluntario más joven, pero ese momento todavía no ha llegado. Siempre hay alguien en el aula con una pregunta urgente sobre un correo electrónico, un SMS sospechoso o un menú nuevo en la pantalla.

Lo que los mayores y sus familias pueden aprender de este ejemplo

La historia de Simes refleja algo que también ocurre en España: la brecha digital entre jóvenes y mayores no deja de crecer. Las administraciones y los bancos dirigen a los ciudadanos hacia aplicaciones y páginas web, mientras una parte de la población tiene dificultades para identificarse online o completar trámites digitales. Muchos hijos quieren ayudar, pero no siempre tienen paciencia ni tiempo.

Iniciativas de voluntariado como Computer Pals podrían marcar la diferencia en cualquier municipio. Bibliotecas y centros cívicos ya organizan talleres de este tipo, pero para algunos la barrera sigue siendo alta. Un profesor que también es mayor puede dar justo ese empujón que falta: misma generación, mismo lenguaje, ejemplos reconocibles.

Para las familias, esta historia ofrece también algunas lecciones prácticas:

  • Explicar las acciones con calma y dejar que los mayores hagan clic ellos mismos
  • Escribir instrucciones breves en papel para que puedan consultarlas cuando lo necesiten
  • Repasar con regularidad las normas sobre contraseñas y seguridad
  • Elaborar juntos una lista de páginas web y aplicaciones de confianza
  • Reservar momentos fijos para resolver dudas, en lugar de actuar solo en caso de emergencia

Para los propios mayores, lo más eficaz es empezar poco a poco: aprender una aplicación por semana, probar una búsqueda sencilla con IA o rellenar un formulario online con alguien al lado. Muchas bibliotecas y centros de mayores ofrecen atención gratuita para dudas digitales; entrar por primera vez puede eliminar ya mucha inseguridad.

El ejemplo de un profesor de 102 años deja claro que la curiosidad puede pesar más que la edad. No hace falta entender la inteligencia artificial al detalle, pero un mínimo de competencia digital aporta libertad, reduce el estrés y abre canales de comunicación. Y esa ganancia vale igual para alguien de 70 años que para alguien que ha superado el centenario.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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