Una capa de nieve escasa este invierno puede hacer los incendios estivales mucho más devastadores

Menos nieve en invierno, incendios más peligrosos en verano

Los inviernos son cada vez más suaves y la capa de nieve, cada vez más delgada. En los bosques del oeste de Estados Unidos, esto no es un detalle menor: es una advertencia directa sobre incendios forestales de una violencia sin precedentes.

Una nueva investigación demuestra que la reducción de nieve no solo altera la duración de la temporada de incendios, sino fundamentalmente la intensidad con la que el fuego arrasa pinares y laderas de montaña.

Lo que revela el estudio: menos nieve, fuego más feroz

Investigadores de la Universidad Western Colorado analizaron 36 años de datos sobre nevadas e incendios forestales en los bosques del oeste estadounidense, concretamente entre 1985 y 2021. Cruzaron las mediciones de las reservas de nieve en las montañas con registros sobre la violencia con la que terminaron desarrollándose los incendios.

Su conclusión es contundente: los años con poca nieve están claramente asociados a incendios que arden con mayor temperatura y provocan una destrucción mucho más severa. No se trata solo de más incendios, sino de incendios radicalmente más intensos.

El grosor de la capa de nieve no solo determina cuándo comienza la temporada de incendios, sino también con qué intensidad arde el fuego una vez que se desata.

Según el investigador principal Jared Balik, la nieve funciona como una especie de cuenta de ahorro estacional de agua. Mientras esa reserva blanca permanece sobre el suelo, la vegetación y la tierra mantienen la humedad durante más tiempo. Si nieva poco, esa cuenta se agota rápidamente y el bosque se seca con semanas o incluso meses de antelación.

Dos factores distintos del mismo problema

Los investigadores distinguen dos señales relacionadas con la nieve que habitualmente se confunden:

  • Deshielo temprano: la nieve desaparece antes en primavera, lo que hace que la temporada de incendios comience antes y se prolongue más.
  • Cantidad de agua almacenada en la nieve: el denominado snow water equivalent, es decir, el volumen total de agua acumulada en la masa de nieve.

Este segundo factor resulta decisivo para determinar la gravedad de los incendios. Una capa de nieve escasa implica menos agua almacenada y, por tanto, suelos y plantas que se secan con mayor rapidez. El bosque no solo queda expuesto durante más tiempo, sino que se vuelve mucho más vulnerable a condiciones de incendio extremas.

Qué significa en la práctica un incendio forestal de gran intensidad

No todos los incendios son iguales. Algunos se mantienen rasantes, quemando principalmente hierba y arbustos sin afectar gravemente a los árboles adultos. Sin embargo, el estudio muestra precisamente un aumento de los incendios de la categoría más destructiva en años con poca nieve.

En este tipo de incendios extremos ocurre lo siguiente:

  • grandes cantidades de árboles mueren por completo
  • el suelo se calcina en profundidad, eliminando los nutrientes esenciales
  • la superficie queda repelente al agua, dificultando que la lluvia posterior penetre en el terreno
  • las laderas pierden estabilidad, favoreciendo corrimientos de barro y desprendimientos de piedras

Y el desastre no termina cuando se apaga el último foco de llamas.

Los incendios más violentos pueden transformar el paisaje de forma permanente: de bosque denso de coníferas a matorrales o praderas que difícilmente vuelven a recuperar su estado original.

Tras incendios de gran intensidad, aumenta considerablemente el riesgo de inundaciones, erosión y contaminación del agua potable aguas abajo. Los ríos reciben más sedimentos y las plantas potabilizadoras deben trabajar a un ritmo mucho mayor para mantener la calidad del agua.

Un patrón que se repite durante décadas: poca nieve, incendios violentos

La relación entre reservas de nieve bajas e incendios graves no apareció de forma accidental en uno o dos años excepcionalmente secos. A lo largo de varios decenios, el mismo patrón se ha mantenido visible en numerosas cuencas hidrográficas del oeste de Estados Unidos.

En sistemas fluviales tan importantes como las cuencas del Colorado y el Río Grande, las reservas de nieve llevan años retrocediendo. Esta tendencia coincide con incendios forestales más grandes e intensos, tal y como se ha observado repetidamente en los últimos años en Colorado, Nuevo México y California.

Situación Efecto sobre los incendios
Deshielo temprano, cantidad de nieve normal temporada de incendios más larga, mayor probabilidad de grandes superficies quemadas
Capa de nieve escasa, ritmo de deshielo normal bosque más seco, mayor intensidad del fuego y daños más graves
Capa de nieve escasa y deshielo temprano temporada de incendios prolongada y extrema con fuegos de máxima destrucción

Las grandes oscilaciones climáticas como El Niño y La Niña añaden otra capa de variabilidad. En algunos años aportan algo más de nieve; en otros, precisamente menos. Combinadas con un clima estructuralmente más cálido, estas fluctuaciones empujan la situación de base hacia capas de nieve cada vez más delgadas y bosques cada vez más vulnerables.

El invierno como señal de alarma anticipada para el verano de los incendios

Una de las conclusiones más prácticas del estudio es que los gestores forestales pueden utilizar la nieve invernal como indicador temprano. Si en febrero y marzo queda claro que las reservas de nieve están excepcionalmente por debajo de lo normal, los servicios forestales y de emergencias saben que la probabilidad de incendios graves aumentará en los meses siguientes.

Eso da margen para tomar decisiones concretas, como:

  • determinar dónde deben estar preparados brigadas de bomberos forestales y equipos adicionales
  • identificar qué pueblos y ciudades necesitan más simulacros de evacuación e información preventiva
  • decidir dónde resulta prioritario realizar tratamientos silvícolas o construir cortafuegos
  • establecer en qué zonas todavía es seguro realizar quemas controladas para eliminar combustible vegetal

Mediante un seguimiento riguroso del estado de la capa de nieve, los gestores forestales pueden estimar con meses de antelación dónde golpeará con más fuerza la temporada de incendios.

Una primavera lluviosa como última oportunidad para frenar el riesgo

Los investigadores subrayan que un mal invierno no condena automáticamente a que todo el verano sea catastrófico. Una primavera fría y húmeda todavía puede corregir buena parte del déficit acumulado.

Las lluvias abundantes o la nieve tardía de abril y mayo mantienen los suelos húmedos durante más tiempo y ralentizan el secado de hierbas, arbustos y árboles. Así, las primeras chispas tienen menos probabilidades de convertirse en grandes frentes de fuego, y el pico de la temporada podría desplazarse hacia finales del verano.

Sin embargo, el mensaje principal sigue siendo incómodo: quien contempla año tras año una cubierta de nieve cada vez más delgada no está mirando solo hacia una temporada de esquí diferente, sino hacia un riesgo estructuralmente más elevado de incendios devastadores.

Implicaciones para las zonas de montaña también fuera de Estados Unidos

Las lecciones extraídas de las Montañas Rocosas son relevantes para otras regiones montañosas donde la nieve regula el ciclo del agua. Los Alpes, los Pirineos y partes de Escandinavia son ejemplos evidentes. También allí los inviernos están cambiando lentamente: menos días de helada, lluvia en lugar de nieve a cotas bajas con mayor frecuencia y deshielo más rápido en primavera.

Donde los bosques de coníferas limitan con pueblos, infraestructuras y zonas turísticas, puede reproducirse la misma dinámica: menos reservas de nieve, suelos más secos y mayor probabilidad de incendios graves durante los veranos calurosos. Las administraciones locales disponen así de una nueva señal de alerta: no solo vigilar la sequía estival, sino prestar atención ya en invierno a la situación de la nieve en las montañas.

¿Qué es exactamente el snow water equivalent?

El término snow water equivalent suena técnico, pero la idea es sencilla: imagina que fundes toda la nieve acumulada en una zona determinada. ¿Cuántos centímetros o milímetros de agua obtendrías?

Ese dato es mucho más revelador que la simple altura de la nieve medida sobre el terreno. Un metro de nieve seca y ligera contiene bastante menos agua que medio metro de nieve húmeda y pesada. Para los bosques y los ríos, lo que importa es el contenido en agua, no el espesor de la capa nevada en sí.

En términos de riesgo de incendio, la diferencia es enorme. Un invierno con poca nieve pero muy húmeda puede mantener el bosque hidratado durante más tiempo que uno con abundante nieve pero extraordinariamente seca. Las redes de medición que registran este contenido en agua ofrecen, por tanto, una imagen del riesgo de incendios graves mucho más precisa que las simples fotografías de cimas nevadas.

Consecuencias prácticas para las políticas públicas y la vida cotidiana

Los gobiernos y servicios de emergencia que detectan con antelación un déficit en las reservas de nieve pueden actuar de forma concreta. Los complejos de montaña en zonas boscosas pueden limpiar los cortafuegos, animar a los vecinos a retirar la leña seca acumulada alrededor de sus casas y actualizar los planes de evacuación. Las empresas eléctricas pueden anticipar el riesgo que supone la pérdida de masa forestal para las líneas de alta tensión y los embalses.

Para los habitantes de zonas de montaña y bosque, esto significa que el invierno no marca solo el inicio de la temporada de esquí, sino que también ofrece una especie de evaluación anticipada del peligro de incendio para los meses venideros. Una cubierta de nieve escasa en enero y febrero se convierte así en una señal para extremar la precaución, mucho antes de que aparezca el primer rastro de humo en el horizonte.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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