El encarecimiento del combustible ahoga económicamente a miles de pequeñas constructoras
Las furgonetas de obra y las excavadoras, símbolos habituales de actividad y progreso, permanecen cada vez más tiempo paradas. La combinación de gasoil caro, materiales por las nubes y márgenes muy ajustados ha dejado a las pequeñas y medianas empresas constructoras sin capacidad para planificar su futuro con mínimas garantías.
Nueve de cada diez constructoras sufren el golpe en la gasolinera
Un reciente estudio de la organización francesa Capeb, centrada en empresas artesanales de construcción, arroja datos que alarman. El 92% de las empresas encuestadas afirma haberse visto directamente afectada por el alza de los precios del combustible desde que estalló la tensión en Oriente Medio y el conflicto en torno a Irán se intensificó.
Para muchos constructores, la movilidad es el corazón de su actividad. Cada día se desplazan de obra en obra, transportan materiales a largas distancias y operan maquinaria durante horas ininterrumpidas. Así, cada céntimo adicional por litro impacta de forma directa y contundente en su estructura de costes.
Una excavadora de 20 toneladas que consume una media de 20 litros por hora supone ya 6 euros más de coste por hora con una subida de solo 30 céntimos por litro.
El estudio revela además que el 56% de las empresas lucha específicamente contra el encarecimiento del gasóleo no de carretera (GNR), el combustible rojo que alimenta gran parte de la maquinaria de construcción. Se trata principalmente de pequeños operadores con una o pocas furgonetas y reservas financieras muy limitadas, que apenas pueden absorber un aumento repentino de costes.
Los materiales también se disparan: de la madera a las placas de aislamiento
El impacto no se limita a la factura del combustible. Los mayores costes energéticos y de transporte se extienden como una mancha de aceite por toda la cadena de suministro del sector. Los proveedores trasladan masivamente las subidas de precio a sus clientes, lo que dispara las facturas de materiales.
Según Capeb, el 65% de las constructoras encuestadas ha recibido recientemente notificaciones de encarecimiento de materiales. No se trata únicamente de productos derivados directamente del petróleo, sino también de materiales de construcción tradicionales.
- Productos petroquímicos: betún, plásticos y láminas de cubierta
- Madera y tableros
- Productos de hormigón
- Cobre y otros metales no férreos
- Tuberías y perfiles de PVC
- Zinc y otros materiales de fachada y cubierta
En algunas categorías de productos, los incrementos oscilan entre el 2,5% y el 20%. Los artículos relacionados con el petróleo suben hasta un 15%. La madera y ciertos paneles de aislamiento registran alzas en torno al 13%. Materiales de uso cotidiano como el cartón yeso o la lana de vidrio también se encarecen de forma notable. Los costes de transporte y la escasez de transportistas disponibles refuerzan aún más esta tendencia.
Si el año pasado los constructores podían fijar presupuestos cerrados con cierta tranquilidad, hoy muchos no se atreven a mantener un precio durante más de unas pocas semanas.
Los márgenes se evaporan: los presupuestos tambalean y el estrés crece
La explosión de costes se traduce directamente en la cuenta de resultados. El margen que antes actuaba como colchón de seguridad se evapora. Contratos cerrados hace meses resultan ahora apenas rentables y, en algunos casos, el contratista termina perdiendo dinero en proyectos en curso.
Capeb advierte de que los presupuestos se vuelven cada vez más vulnerables. Las empresas constructoras temen no poder cumplir los compromisos adquiridos sin entrar en números rojos. Esto genera una gran incertidumbre tanto en las obras como entre los clientes, que temen retrasos o revisiones al alza de los precios.
El sector arrastra ya dos años de golpes encadenados: primero la pandemia, luego las consecuencias de la guerra en Ucrania y ahora una nueva sacudida energética provocada por las tensiones geopolíticas. Según la organización, en ese periodo han quebrado 15.000 empresas y se han perdido cerca de 30.000 empleos.
La presión no es solo económica. La organización habla abiertamente de una emergencia mental. Los empresarios del sector reportan agotamiento, noches sin dormir y una sensación de desesperanza. Como respuesta, se están poniendo en marcha líneas de ayuda especializadas y programas de acompañamiento para combatir el estrés severo y la depresión.
Riesgo de escasez: lana de vidrio y madera no siempre disponibles
Como si las tensiones financieras no fueran suficientes, casi una cuarta parte de las empresas reconoce haber recibido avisos sobre posibles problemas de suministro. La lana de vidrio, el cartón yeso y la madera figuran entre los materiales más en riesgo.
Esto pone en peligro directo la planificación de las obras. Aislar una vivienda sin lana de vidrio o levantar un tabique sin panel es, sencillamente, imposible. Los contratistas se ven obligados a mantener mayores reservas de material o a reorganizar el orden de los proyectos, lo que vuelve a consumir tiempo y dinero.
Un solo palet de aislamiento que falte puede paralizar una reforma completa durante días o incluso semanas.
El sector de la construcción reclama una intervención urgente en impuestos laborales y de combustible
Capeb exige un paquete de medidas de emergencia para evitar una oleada de quiebras. La organización ve margen de actuación tanto en la fiscalidad de las obras de reforma como en los elevados gravámenes sobre el combustible.
Una de las propuestas principales es reducir el IVA en las obras de rehabilitación del 10% al 5,5%. Según los cálculos de la organización, esto podría generar alrededor de 2.000 millones de euros adicionales en facturación para el sector, lo que permitiría preservar aproximadamente 10.000 puestos de trabajo.
Además, la patronal del sector reclama compensaciones específicas por el mayor coste del combustible. Las empresas deberían recibir ayudas temporales para afrontar el encarecimiento del gasóleo especial de construcción, de modo que puedan seguir operando su flota de vehículos y maquinaria sin comprometer su liquidez.
La propuesta de un gravamen variable sobre el combustible vuelve al debate
Los representantes regionales del sector van aún más lejos. En una carta dirigida a las autoridades locales, el presidente de una sección departamental solicita la reintroducción de un sistema de impuesto variable sobre los carburantes. Si el precio del petróleo sube, una parte del gravamen bajaría de forma automática.
Según este planteamiento, el mecanismo evitaría que las empresas reciban un doble golpe: primero por la subida del precio del crudo y luego por el IVA aplicado sobre ese precio más elevado, que no siempre puede recuperarse íntegramente. Un sistema de este tipo amortiguaría los picos en los costes del combustible y daría al sector mayor margen de maniobra.
La encrucijada entre la crisis energética y las ambiciones ecológicas
El momento elegido por esta crisis del combustible resulta especialmente incómodo, ya que los gobiernos apuestan precisamente ahora con fuerza por la transición hacia las energías renovables. Las grandes licitaciones de proyectos eólicos, solares y de aislamiento exigen una participación masiva de constructoras, instaladores y proveedores.
La paradoja es evidente: estas mismas empresas necesitan gasolina y gasóleo para ejecutar esos proyectos verdes. Las furgonetas deben llegar hasta los clientes, los camiones transportan componentes de aerogeneradores y paneles solares, y las grúas y excavadoras preparan los terrenos de construcción.
Sin combustible asequible y precios de materiales estables, también peligra la descarbonización de edificios e infraestructuras.
Esta misma tensión se repite en varios países, incluida España. Los gobiernos impulsan el transporte eléctrico y endurecen las normativas de aislamiento, pero la transformación del sector de la construcción avanza despacio. Las excavadoras y furgonetas eléctricas ya existen, pero son caras, tienen una autonomía limitada y requieren infraestructura de carga que todavía no está disponible en muchas obras.
Qué pueden hacer por su cuenta las pequeñas constructoras
Los empresarios del sector buscan con urgencia fórmulas para mantenerse a flote. No todo depende de las decisiones políticas; existen también medidas prácticas con efecto inmediato sobre la cuenta de resultados.
- Planificación más ajustada de rutas de furgonetas y camiones para reducir kilómetros en vacío
- Concentrar los pedidos en menos proveedores para abaratar los costes de transporte
- Incluir explícitamente en los presupuestos cláusulas de precios variables y plazos de validez más cortos
- Invertir en vehículos más eficientes cuando los antiguos necesiten renovarse
- Priorizar temporalmente proyectos más pequeños o locales para reducir desplazamientos
Ninguna de estas opciones resuelve el fondo de la crisis, pero pueden ayudar a limitar el daño mientras las medidas políticas surten efecto. Al mismo tiempo, evidencian la fragilidad de un sector que, a la vez, constituye la columna vertebral de la construcción de viviendas, la rehabilitación y la transición energética.
Para quienes encargan obras —desde particulares hasta propietarios de inmuebles— la situación actual significa que los presupuestos caducan más rápido y que conviene documentar bien cualquier acuerdo de precios. El riesgo de retrasos por falta de materiales o por un transporte inesperadamente caro forma parte ya de cualquier proyecto de construcción. Quien lo tenga en cuenta desde el principio en su planificación y presupuesto evitará que el impacto llegue como una sorpresa desagradable al final de la obra.













