El ‘hormigón vivo’ suizo con algas permite que los edificios respiren y se reparen solos

Imagina edificios que se vuelven más resistentes con el tiempo, reparan su propia superficie y absorben CO₂ del aire

Suena a ciencia ficción, pero un equipo de investigadores suizos lleva esta idea muy en serio. Lo que están desarrollando podría cambiar por completo nuestra forma de entender los materiales de construcción.

Investigadores de la ETH Zürich han creado un nuevo tipo de material constructivo que, literalmente, está vivo. Contiene algas microscópicas capaces de absorber CO₂, generar oxígeno y reforzar progresivamente la estructura. La arquitectura se acerca así a algo que recuerda más a un ecosistema que a un bloque de hormigón inerte.

Un material vivo que captura CO₂ y se vuelve más duro con el tiempo

El núcleo de esta innovación es un hidrogel: una sustancia porosa y acuosa, esponjosa al tacto. En su interior habitan miles de millones de cianobacterias, conocidas comúnmente como algas verdeazuladas. Llevan miles de millones de años haciendo lo mismo: convertir luz solar, agua y CO₂ en oxígeno y materia orgánica mediante fotosynthesis.

Este material crece, se consolida y almacena carbono, en lugar de limitarse a formar pasivamente una pared.

Las algas integradas en el material tienen un talento adicional. No solo retienen carbono en su propia biomasa, sino que parte de ese carbono se transforma en minerales sólidos, similares a la caliza. Esto resulta beneficioso de dos maneras distintas:

  • El CO₂ almacenado queda retenido de forma estable y duradera en una forma mineral
  • Los cristales generados actúan como un esqueleto interno que aumenta la resistencia mecánica del material

Las pruebas realizadas demuestran que el crecimiento habitual de las algas se estabiliza hacia el día treinta. Normalmente, la absorción de CO₂ cesa en gran medida en ese punto. Sin embargo, en este nuevo material el proceso continúa gracias a la mineralización constante, lo que permite que siga capturando carbono activamente mientras se endurece.

Hidrogel impreso en 3D: el hogar perfecto para las algas

Los investigadores suizos diseñaron el hidrogel específicamente como entorno de vida para las bacterias. Se fabrica mediante impresión 3D para que su estructura permita el paso óptimo de luz, agua y CO₂. Las algas reciben los nutrientes necesarios y permanecen confinadas de forma segura, sin posibilidad de escapar al medio ambiente.

En un experimento de larga duración, el sistema funcionó de manera ininterrumpida durante 400 días consecutivos. Durante ese período, el material capturó aproximadamente 26 miligramos de CO₂ por gramo, en forma de diminutos precipitados minerales. Comparado con otros métodos biológicos de captura de carbono, se trata de un rendimiento considerablemente alto.

La fotosíntesis continua tiñó el material de un verde más intenso, dándole un aspecto visiblemente vivo. Al mismo tiempo, el esqueleto mineral en formación lo fue volviendo más rígido. Esa combinación de flexibilidad inicial y rigidez creciente lo convierte en una opción atractiva para aplicaciones arquitectónicas reales.

Fachadas que absorben CO₂ como los árboles

Las ambiciones del proyecto van mucho más allá de un experimento de laboratorio. Los investigadores conciben este material como revestimiento exterior de edificios: paneles, fachadas o incluso estructuras independientes que funcionen como árboles artificiales en entornos urbanos.

En una muestra de arquitectura celebrada en Venecia, el equipo presentó prototipos con forma de troncos artificiales. Cada módulo puede absorber hasta 18 kilogramos de CO₂ al año, una cifra comparable a la absorción anual de un pino de aproximadamente veinte años de edad.

Aplicación Absorción estimada de CO₂ al año Comparación
Un prototipo de tronco hasta 18 kg de CO₂ equivalente a un pino adulto de 20 años
Fachada con 50 módulos hasta 900 kg de CO₂ emisiones de varios vuelos de ida y vuelta dentro de Europa

Combinando varios elementos, una fachada completa podría comportarse como un pequeño bosque urbano. A diferencia de los árboles, estos módulos no necesitan suelo y pueden instalarse en edificios existentes, incluso en zonas densamente urbanizadas.

Biotecnología como acelerador del material de construcción

El diseño actual ya trabaja con variantes naturales de cianobacterias, pero la investigación no se detiene ahí. El equipo está explorando modificaciones genéticas para aumentar el rendimiento fotosintético. Mayor fotosíntesis implica más captura de CO₂ y una mineralización más rápida.

Se estudian algas que funcionen mejor con niveles bajos de luz, que resistan las oscilaciones de temperatura o que aprovechen los nutrientes con mayor eficiencia. De este modo, el mismo panel de fachada podría capturar más carbono incluso en zonas urbanas con poca luz solar directa.

Los primeros experimentos utilizan agua de mar artificial como fuente de nutrientes, rica en sales y minerales. El siguiente paso consiste en integrar esos nutrientes directamente en el material, para que pueda funcionar a la intemperie en una fachada. También se investiga si el agua de lluvia y el polvo atmosférico podrían servir parcialmente como fuentes naturales de nutrientes.

Por qué este material consume tan poca energía

Muchas técnicas industriales de captura de CO₂ requieren cantidades enormes de energía: ventiladores, bombas, filtros calentados. El material suizo toma un camino radicalmente distinto: funciona principalmente con luz solar gratuita. La energía para el trabajo químico proviene de la fotosíntesis.

Mientras las instalaciones convencionales devoran energía, este sistema usa el sol como motor para almacenar CO₂.

Mark Tibbitt, uno de los investigadores implicados, subraya que este material no pretende reemplazar las tecnologías existentes, sino sumarse a ellas como una herramienta adicional. Las grandes instalaciones industriales abordan concentraciones elevadas de CO₂ en fábricas, mientras que las fachadas vivas actúan sobre el CO₂ más diluido presente en el aire de las ciudades.

¿Es seguro un material de construcción vivo?

El término "material vivo" genera preguntas legítimas sobre seguridad y control. En este diseño, los microorganismos están encapsulados dentro del hidrogel. Permanecen atrapados en una estructura sólida y no se dispersan libremente por el entorno.

Si un panel sufre daños leves, las algas restantes pueden continuar creciendo localmente y ayudar a sellar pequeñas grietas mediante el depósito de nuevo mineral. Ante daños mayores, el panel puede reemplazarse igual que en los sistemas convencionales de revestimiento. Los paneles retirados contienen minerales fijados y pueden reciclarse o almacenarse durante largo tiempo.

Aplicaciones prácticas y limitaciones reales

¿Dónde se puede usar en la práctica?

Los investigadores contemplan varios escenarios concretos:

  • Fachadas ventiladas en edificios de oficinas y bloques residenciales
  • Estructuras de sombra independientes junto a autopistas o aparcamientos
  • Pabellones temporales en eventos que, tras su celebración, continúen funcionando como esponjas de CO₂
  • "Columnas climáticas" urbanas en parques o plazas, que también actúen como elementos artísticos

La tecnología se adapta perfectamente a soluciones personalizadas. La impresión 3D permite formas orgánicas variadas, de modo que los paneles resulten arquitectónicamente atractivos y no se perciban únicamente como una solución técnica.

Límites y riesgos

Aun así, existen limitaciones claras. La absorción por panel es útil, pero insuficiente para compensar por completo las emisiones de CO₂ de todo un edificio. Además, el mantenimiento y la vida útil son factores determinantes: las algas deben mantenerse sanas durante años bajo sol, heladas, contaminación atmosférica y cargas mecánicas.

Las variantes genéticamente modificadas también generan debates sobre regulación y aceptación pública. Las ciudades y las empresas constructoras necesitan garantías sobre estabilidad, seguridad e impacto ambiental antes de adoptarlas de forma masiva.

Lo que esto puede significar para el sector de la construcción

La industria de la construcción está bajo enorme presión para reducir su huella ambiental. El hormigón y el acero generan una considerable cantidad de CO₂, tanto en su producción como a lo largo de la vida útil de los edificios. Los materiales que capturan CO₂ activamente mientras cumplen funciones estructurales podrían crear una nueva categoría: fachadas funcionales que van mucho más allá de aislar o embellecer.

En el futuro, un edificio podría estar compuesto por varias capas: un núcleo portante, una capa de aislamiento y, en el exterior, una piel viva que reaccione a la luz, la calidad del aire y la temperatura. Esa piel podría combinarse con otras tecnologías, como paneles solares o cubiertas verdes, de manera que una sola fachada genere energía y capture carbono al mismo tiempo.

Para los arquitectos, esto abre nuevas preguntas de diseño fascinantes: ¿cómo se integran materiales que crecen y cambian de color en un conjunto estético coherente? ¿Cómo se transmite a los transeúntes que un edificio, de algún modo, respira y contribuye a purificar el aire?

Del laboratorio al paisaje urbano: ¿qué queda por hacer?

Antes de que los horizontes de las ciudades se llenen de fachadas vivas, quedan pasos imprescindibles: escalar la producción, realizar pruebas extensas en edificios reales y calcular la viabilidad económica. Las empresas constructoras necesitan saber cómo se comparan los costes con los sistemas tradicionales y qué subvenciones o créditos de carbono podrían estar disponibles.

Para los ciudadanos, la idea de una "casa viva" puede resultar novedosa, aunque existen referencias reconocibles. Las fachadas vegetales, los tejados de musgo y los parques urbanos ya demuestran que la naturaleza en la ciudad aporta bienestar y mejora la calidad del aire. Este nuevo material hace algo parecido, pero en una forma tecnológica controlada.

Quienes ya están pensando en edificios climáticamente neutros tienen ahora, gracias a esta innovación suiza, una opción más sobre la mesa. No es una solución mágica, pero sí un componente prometedor dentro de una combinación de medidas que juntas deben reducir la acumulación global de CO₂.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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