En muchas conversaciones, alguien parece escuchar… pero todo termina girando en torno a la misma persona
Un investigador del comportamiento de Harvard le ha puesto nombre a este fenómeno. El comportamiento puede parecer amable e interesado, pero deja un regusto amargo. Según Alison Wood Brooks, profesora de Harvard especializada en comportamiento humano, un estilo concreto de conversación delata a quienes están principalmente centrados en sí mismos: el llamado hablante egocéntrico, que redirige cualquier tema hacia su propia persona mediante preguntas aparentemente inocentes.
¿Qué es exactamente el egocentrismo?
El egocentrismo implica que una persona contempla el mundo casi exclusivamente a través de su propio prisma. Sus intereses, sentimientos y pensamientos ocupan siempre el centro. No necesariamente porque esa persona tenga malas intenciones, sino porque percibe a los demás con mucha menos nitidez que a sí misma.
Los ejemplos del día a día resultan fácilmente reconocibles:
- ¿Está lloviendo? Piensa de inmediato en sus propios pantalones mojados, no en los atascos ni en quien no lleva paraguas.
- ¿Un compañero se pone enfermo? Responde hablando de lo cansado que está él mismo.
- ¿Tu pareja comparte algo emotivo? Cambia rápidamente el tema hacia sus propios problemas.
Quienes rodean a este tipo de persona lo perciben como agotador y unilateral. Las conversaciones se sienten más como una obra de teatro con un único protagonista que como un intercambio genuino.
Diferencia entre egoísmo y egocentrismo
Mucha gente confunde estos dos conceptos, pero no son lo mismo.
| Característica | Egoísmo | Egocentrismo |
|---|---|---|
| Enfoque | Beneficio y provecho propio | Perspectiva y narrativa propias |
| Atención a los demás | Escasa, los otros son secundarios | Mucha atención, pero para reforzar la propia posición |
| Motivación | Quiero conseguir o conservar algo | Quiero parecer importante, necesario o interesante |
| Imagen social | Frío o distante | Sociable y cercano, pero muy centrado en sí mismo |
La persona egocéntrica puede mostrarse muy agradable, curiosa y servicial. Sin embargo, de forma sutil, se coloca continuamente en el centro de la atención.
El egocentrismo tiene menos que ver con la codicia y más con la sensación permanente de ser el protagonista principal de cualquier historia.
La trampa conversacional ante la que Harvard advierte: el boomerasking
Alison Wood Brooks describe un patrón típico que utilizan muchas personas egocéntricas en sus conversaciones. En su investigación, lo denomina boomerasking.
¿Qué es el boomerasking?
El boomerasking es una técnica que imita el interés genuino. Alguien te hace una pregunta, pero lo hace principalmente para ponerse a sí mismo en primer plano. La pregunta sale disparada como un bumerán y regresa de inmediato a quien la lanzó.
Así se manifiesta en la vida cotidiana:
- "¿Qué vas a comer? Yo pido sushi, me encanta."
- "¿Fueron bien tus vacaciones? Las mías fueron fantásticas, ¡mira estas fotos!"
- "¿Celebras la Navidad en familia? Yo me quedo solo, nadie se acuerda de mí."
Recibes una pregunta, pero apenas tienes espacio para responder de verdad. Antes de que hayas pronunciado tres palabras, la otra persona ya ha retomado el control de la conversación.
El boomerasking parece interés, pero el desenlace ya está decidido de antemano: la conversación siempre termina donde empezó, en la persona que hizo la pregunta.
Tres objetivos ocultos detrás de este comportamiento
Según Brooks, existen aproximadamente tres razones por las que la gente actúa así. Con frecuencia no es del todo consciente, pero el resultado es siempre el mismo.
- La pregunta como envoltorio para presumir
La pregunta sirve de trampolín para contar algo impresionante sobre uno mismo: un éxito laboral, un viaje caro o un logro deportivo. - La pregunta como envoltorio para quejarse
La pregunta abre la puerta a la autocompasión. La persona busca confirmación de que lo pasa mal, que está más ocupada que nadie o que sufre una mala racha constante. - La pregunta como envoltorio para anécdotas personales
La conversación se convierte en escenario para una historia propia. La pregunta es simplemente la señal de salida para lanzar un relato largo y detallado.
Para el interlocutor, esto suele sentirse como comunicación en un solo sentido. Escuchas, asientes, dices "sí" de vez en cuando y observas cómo tu parte en la conversación se va encogiendo.
¿Reconoces este comportamiento en otros… o en ti mismo?
Es muy probable que casi todo el mundo lo haya hecho alguna vez. Una anécdota simpática en la punta de la lengua, una historia que mueres por contar, y ya tienes la pregunta que en realidad solo te sirve a ti.
Aun así, hay una diferencia entre un desliz ocasional y una forma de hablar sistemáticamente egocéntrica. Algunas señales de que el patrón se está volviendo persistente:
- Después de una conversación te sientes vacío o ignorado, mientras que el otro parece recargado.
- Notas que alguien rara vez te hace preguntas de seguimiento cuando compartes algo.
- Cada vez más a menudo te ves empujado al papel de "audiencia": escuchar, reír y confirmar.
- Empiezas a dudar de si vale la pena compartir algo personal.
Quien analiza honestamente su propia forma de hablar también puede descubrir sus propios patrones. ¿Empiezas tus reacciones con frecuencia con: "Yo también tuve eso…", "En mi caso fue justo al contrario…" o "¿Sabes lo que me pasó el otro día…"? Entonces es probable que a veces emitas más de lo que escuchas.
¿Deberías distanciarte de las personas egocéntricas?
No todas las personas con rasgos egocéntricos son manipuladoras o malintencionadas. Muchas simplemente tienen puntos ciegos. Quieren caer bien, parecer imprescindibles o sentirse vistas. Eso puede derivar en este tipo de comportamiento conversacional sin que exista ninguna mala intención consciente.
Sin embargo, puede afectar a tu energía mental y a tu sensación de conexión con los demás. Las relaciones en las que casi siempre quedas en un segundo plano terminan pasándote factura.
Algunas formas de gestionarlo:
- Establece límites
Indica que quieres terminar lo que estás contando: "Déjame acabar mi historia, luego me interesa escuchar la tuya." - Fomenta una dinámica más equilibrada
Expresa que te resulta más agradable cuando ambos os turnáis para hablar, especialmente en temas sensibles. - Elige conscientemente cuándo estás disponible
Si alguien casi siempre emite sin recibir, valora si quieres ser su interlocutor permanente o solo cuando tengas la energía para ello.
Consejos prácticos para hablar de forma menos egocéntrica
Quien se da cuenta de que suele acaparar la palabra puede cambiar mucho con pequeños ajustes.
- Cuenta hasta tres antes de responder
Deja que el otro termine de hablar de verdad. Espera tres latidos antes de intervenir con tu propia experiencia. - Haz una pregunta de seguimiento
Profundiza en lo que dice la otra persona sin redirigirlo inmediatamente hacia ti. - Reduce las frases con "yo" consecutivas
Dos o tres frases seguidas sobre ti mismo suelen ser suficientes; después, devuelve el espacio. - Comprueba cómo lo estás haciendo
Pregunta de vez en cuando: "¿Estoy hablando demasiado?" o "¿Tú tienes algo que quieras contar?"
Muchas personas notan una diferencia inmediata cuando sus interlocutores escuchan de verdad. Los conflictos se suavizan, los malentendidos disminuyen y la confianza surge con mayor facilidad.
Por qué a nuestro cerebro le encanta ser el centro
La investigación psicológica demuestra que las personas vivimos nuestras propias experiencias de forma mucho más intensa y rica que las de los demás. Nuestra memoria, nuestras emociones y nuestra atención están organizadas en torno al yo propio. Por eso, nuestra propia historia nos parece automáticamente más interesante que la de cualquier otra persona.
Las redes sociales intensifican ese efecto. Quien está acostumbrado a presentarse constantemente mediante fotos, publicaciones y opiniones traslada fácilmente esa dinámica a las conversaciones presenciales. El salto entre una "publicación" sobre uno mismo y un monólogo durante el almuerzo es entonces muy pequeño.
Sin embargo, lo que las personas más valoran en sus relaciones personales y profesionales es una sola cosa: sentir que alguien les escucha de verdad. Quien reconoce el boomerasking, tanto en los demás como en sí mismo, tiene en sus manos una herramienta poderosa para hacer las conversaciones más cálidas, más honestas y más igualitarias.













