En las megaciudades chinas ha surgido una extraña nueva profesión en los rascacielos

En las concurridas calles de Shenzhen está emergiendo una profesión llamativa que solo existe porque las torres son increíblemente altas.

Mientras que en otros países los repartidores se detienen en la puerta principal del edificio, en algunas ciudades chinas el trayecto continúa decenas de plantas más arriba. En las enormes torres residenciales ha aparecido un nuevo eslabón: repartidores especializados que únicamente cubren los últimos metros entre la entrada y la puerta del apartamento.

Un repartidor adicional, solo para los pisos más altos

En ciudades como Shenzhen, los rascacielos brotan del suelo a un ritmo vertiginoso. Torres de cincuenta, sesenta o incluso ochenta plantas ya no son ninguna excepción. Para los repartidores de comida, esto supone un problema muy concreto: pierden minutos preciosos esperando ascensores, recorriendo plantas intermedias y caminando por interminables pasillos.

Por eso ha entrado en escena un nuevo tipo de trabajador: el "repartidor de relevo", una especie de intermediario especializado en los kilómetros verticales dentro de un edificio. El repartidor habitual llega hasta la entrada o el aparcamiento, deja el pedido en un punto acordado, y un segundo repartidor se encarga de subirlo hasta el destino final.

Estos repartidores de relevo ganan dinero con la distancia entre el vestíbulo y la puerta del apartamento, no con los kilómetros recorridos en la calle.

Para las grandes plataformas de reparto, esto resulta muy conveniente: sus repartidores en moto pueden gestionar muchos más pedidos por hora, porque ya no tienen que esperar dentro del ascensor en cada entrega. El trabajo pesado y lento dentro de los edificios recae sobre otra persona, habitualmente con menos garantías laborales y tarifas más bajas.

Cómo es el trabajo de un repartidor de relevo en la práctica

Un repartidor de relevo rara vez sale al exterior. Su jornada transcurre casi íntegramente en los espacios anónimos de las enormes torres residenciales. Un turno habitual se desarrolla más o menos así:

  • Colocarse en el punto de recogida: el vestíbulo, el aparcamiento o una pequeña habitación junto a la entrada.
  • Recibir pedidos de distintos repartidores de plataforma, escaneándolos o verificándolos.
  • Transportar los pedidos en ascensor hasta las plantas correspondientes.
  • Recorrer los apartamentos, frecuentemente empujando un carrito cargado de bolsas.
  • Enviar confirmaciones digitales mediante aplicaciones o códigos QR.

A lo largo del día, un repartidor de relevo sube y baja decenas de veces. En ocasiones usa el ascensor, pero en horas punta estos están completamente saturados. Entonces esperan largos ratos o suben las escaleras algunos pisos para ganar tiempo.

Pagados por paquete, no por hora

La mayoría de estos trabajadores no son empleados fijos, sino trabajadores de plataforma o colaboradores informales. Generalmente cobran por pedido o por bloque de pedidos, no por tiempo trabajado. Quien se mueve más rápido y cubre más plantas gana algo más. Quien va más despacio, se queda atrás.

En muchos casos se trata de migrantes procedentes de regiones más pobres de China. A veces viven en las mismas torres donde trabajan, en habitaciones pequeñas de las plantas bajas o en dormitorios compartidos cercanos. La línea entre vida y trabajo es casi inexistente; en la práctica, siempre estás "dentro del edificio".

Por qué precisamente Shenzhen genera este tipo de profesiones

Shenzhen es considerada un laboratorio de urbanización ultrarrápida. En apenas medio siglo pasó de ser un pequeño pueblo de pescadores a una metrópolis tecnológica con millones de habitantes. El suelo escasea, por lo que la construcción se orienta principalmente hacia las alturas.

Algunas características de ese modelo de desarrollo urbano explican directamente el surgimiento de esta nueva profesión:

Característica Consecuencia
Torres con decenas de plantas Entregar hasta la puerta consume mucho tiempo por pedido
Gran concentración de restaurantes de reparto Avalancha de pedidos simultáneos en horas punta
Saturación de ascensores y pasillos Atascos físicos y retrasos para los repartidores
Alta presión sobre tiempos de entrega y valoraciones Las plataformas buscan cualquier ventaja temporal posible

Mientras que en Europa todavía se debate principalmente sobre bicicletas más rápidas y aplicaciones de rutas más inteligentes, en Shenzhen la innovación logística se ha trasladado literalmente al interior de los edificios. La cadena de distribución ya no se concentra solo en calles y barrios, sino en ascensores, escaleras y galerías.

¿Qué nos dice esto sobre el trabajo en las megaciudades?

Esta nueva profesión ilustra hasta qué punto puede fragmentarse el trabajo cuando todo gira en torno a la velocidad y la eficiencia. Cada eslabón de la cadena se vuelve más pequeño: una persona conduce, otra camina, una tercera gestiona únicamente los pedidos digitales.

El plato en sí no cambia, pero el número de manos que toca el envase crece con cada planta que sube.

Esto plantea serias dudas sobre la seguridad de ingresos. Quien ocupa los escalones más bajos de la cadena tiene muy poco poder de negociación. Las tarifas por ese último tramo de entrega dentro del edificio dependen frecuentemente de acuerdos locales, de la oferta temporal de trabajo y de los caprichos de las plataformas.

Sindicatos y expertos laborales en Asia advierten de que esta forma de trabajo hiperespecializado puede generar una nueva capa de trabajadores "invisibles". Apenas aparecen ante los clientes, pero soportan una parte considerable del riesgo físico.

Carga física y seguridad laboral

Los repartidores de relevo caminan mucho, con frecuencia cargando bolsas pesadas llenas de bebidas y comida. La combinación de prisas, suelos resbaladizos, pasillos estrechos y ascensores concurridos aumenta el riesgo de accidentes. En algunos complejos se imponen plazos de entrega muy estrictos: por ejemplo, llegar al apartamento en menos de diez minutos desde que se entra al edificio.

Según informaciones locales, algunos administradores de edificios residenciales imponen normas adicionales: prohibición de maletas con ruedas en horas de descanso, uso restringido de ciertos ascensores o registro obligatorio en la vigilancia. Todo eso consume tiempo para los trabajadores, mientras el reloj no para de correr para la valoración en la aplicación.

La tecnología como competidora y como aliada

En varias ciudades chinas ya se están probando robots de reparto y taquillas automáticas en los edificios. Pequeños carritos robóticos circulan por las plantas bajas o se desplazan solos en los ascensores, mientras los residentes recogen sus pedidos en consignas inteligentes. Para algunos repartidores de relevo, esto supone una competencia directa.

Al mismo tiempo, los sistemas digitales hacen el trabajo algo más predecible. Las aplicaciones indican qué pedidos están listos para qué plantas, planifican rutas de reparto optimizadas y agrupan las entregas por pasillo. En edificios complejos, eso ahorra bastante tiempo de búsqueda.

Un escenario que se menciona con frecuencia es un modelo híbrido:

  • vehículos autónomos llegan hasta la base de la torre
  • taquillas o carritos robóticos se encargan de la distribución por plantas
  • solo en edificios más antiguos o con planos complicados sigue siendo necesaria una persona

Por ahora, los repartidores de relevo humanos siguen siendo más baratos y flexibles que las soluciones totalmente automatizadas. La pregunta es cuánto tiempo durará esta situación a medida que la tecnología se abarate.

¿Pueden las ciudades europeas aprender algo de esto?

En Europa aún hay pocas torres comparables a las de Shenzhen, pero ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia están apostando cada vez más por la construcción en altura. Los grandes edificios residenciales con comercios en la planta baja y cientos de apartamentos encima son cada vez más habituales.

Las plataformas ya experimentan aquí con puntos de entrega centralizados en torres de viviendas y oficinas, donde los repartidores depositan los paquetes y los residentes los recogen. El paso hacia un trabajador específico que se encargue exclusivamente de los últimos metros dentro del edificio ya no parece tan lejano.

Para legisladores y propietarios inmobiliarios, esto plantea un nuevo reto: ¿cómo organizar la logística interna de un edificio de forma humana y segura, sin crear una nueva capa de empleos ultra-precarios? Algunas ideas a considerar:

  • horarios de entrega acordados que limiten la presión física sobre los trabajadores
  • ascensores y pasillos suficientemente amplios para un uso intensivo
  • normas claras y transparentes sobre el acceso y el control para los repartidores
  • posibles requisitos mínimos de remuneración y seguro a través de arrendadores o comunidades de propietarios

El auge de estos repartidores de relevo en los rascacielos chinos pone de manifiesto hasta qué punto la arquitectura y el mercado laboral se entrelazan. Cuanto más crecen las ciudades en altura, más profesiones invisibles surgen entre la calle y la puerta de casa. Quien quiera entender la ciudad del futuro no debería fijarse solo en los skylines, sino también en los huecos de los ascensores y las galerías donde personas trabajan en silencio, recorriendo metros que otros no quieren caminar.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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