Un simple pinchazo que cambia las reglas del juego
Una inyección subcutánea en el abdomen o en el muslo está demostrando hacer mucho más de lo que pacientes y médicos se atrevían a esperar. Durante un importante congreso europeo de oncología, investigadores presentaron resultados sorprendentes: un nuevo fármaco administrado bajo la piel logra controlar en poco tiempo el cáncer de cabeza y cuello avanzado, incluso en personas en las que la quimioterapia y la inmunoterapia ya habían fracasado.
El cáncer de cabeza y cuello está cambiando: menos tabaco, más VPH
El término "cáncer de cabeza y cuello" engloba tumores que aparecen en la boca, la garganta, la laringe, la nariz y los senos paranasales. En la gran mayoría de los casos se trata de carcinomas de células escamosas, que se originan en las células superficiales de las mucosas de las vías respiratorias y digestivas superiores.
En países como el Reino Unido se diagnostican alrededor de 12.500 nuevos casos cada año, lo que convierte a este tipo de cáncer en uno de los más frecuentes a nivel mundial. La misma tendencia se observa en otros países europeos, aunque con cifras absolutas distintas según la región.
Durante décadas, el tabaco y el consumo excesivo de alcohol fueron los principales factores de riesgo. Eso está cambiando de forma acelerada.
- Aproximadamente el 70% de los nuevos casos están relacionados con una infección por el virus del papiloma humano (VPH)
- Cada vez con más frecuencia afecta a hombres relativamente jóvenes, menores de 60 años
- Muchos de estos pacientes nunca han fumado
Este cambio en las causas genera un perfil de paciente diferente, con una esperanza de vida mayor y necesidades médicas y psicosociales distintas. Sin embargo, la enfermedad sigue siendo mortal cuando se disemina o reaparece tras un primer tratamiento.
Cuando la quimio y la inmunoterapia dejan de funcionar
El tratamiento estándar del cáncer de cabeza y cuello suele combinar cirugía, radioterapia y quimioterapia basada en platino. En algunos pacientes se añade inmunoterapia moderna, como los inhibidores de puntos de control inmunitario nivolumab o pembrolizumab.
Estos fármacos han transformado parcialmente el panorama, pero no todos los pacientes responden. Y cuando el cáncer regresa o se disemina a pesar del tratamiento, las opciones disponibles son muy escasas.
Hasta ahora, solo existía un tratamiento dirigido aprobado para este grupo: el cetuximab, que actúa sobre el receptor de crecimiento EGFR en las células tumorales. Su eficacia es limitada y solo funciona en una parte de los pacientes.
Una gran proporción de los pacientes con cáncer de cabeza y cuello diseminado acaba encontrándose en un callejón terapéutico sin salida, con escasas posibilidades de controlar la enfermedad a largo plazo.
Precisamente para esta situación, los científicos buscaron una nueva estrategia. El resultado fue el ensayo Orig-AMI 4, centrado en el fármaco amivantamab.
¿Qué hace diferente al amivantamab?
El amivantamab es un anticuerpo biespecífico: una única molécula capaz de actuar simultáneamente sobre dos dianas distintas en la célula tumoral. Fue desarrollado por Johnson & Johnson y ya se utiliza en determinados tipos de cáncer de pulmón.
Tres frentes de ataque a la vez: EGFR, MET y el sistema inmunitario
Los investigadores señalan tres razones por las que este fármaco resulta especialmente prometedor en el cáncer de cabeza y cuello:
- Bloqueo del EGFR: muchos tumores de cabeza y cuello presentan una sobreexpresión del receptor de crecimiento EGFR en su superficie. Al bloquearlo, el tumor recibe menos señales de proliferación.
- Inhibición de MET: a través de la vía MET, un tumor puede escapar del bloqueo del EGFR y continuar creciendo. Al actuar sobre ambas rutas simultáneamente, se cierra esa vía de escape.
- Activación del sistema inmunitario: el amivantamab se une a las células tumorales de una manera que facilita que las células del sistema inmune, en particular las llamadas células NK o asesinas naturales, las reconozcan y las destruyan.
Esta combinación lo diferencia de forma sustancial de las terapias dirigidas clásicas, que generalmente bloquean una sola ruta y apenas involucran al sistema inmunitario.
Al golpear al tumor en dos nódulos moleculares clave y activar al mismo tiempo las defensas del organismo, se genera un ataque triple sobre la misma enfermedad.
Una inyección subcutánea en lugar de una larga sesión de infusión
Otra característica destacada es su forma de administración. Mientras que muchos fármacos oncológicos requieren infusiones de larga duración, el amivantamab puede inyectarse directamente bajo la piel.
Esto ofrece ventajas prácticas muy concretas:
- El tratamiento puede realizarse en una consulta ambulatoria breve
- Reduce la carga sobre las unidades de hospital de día y los servicios de oncología
- A medio plazo, podría administrarse en clínicas locales o incluso en el domicilio del paciente
Para pacientes ya agotados por tratamientos previos intensivos, esto significa menos días de hospitalización y más espacio para mantener una vida cotidiana lo más normal posible.
Resultados clínicos: control tumoral en seis semanas en tres cuartas partes de los participantes
El ensayo Orig-AMI 4 fue presentado en el congreso de la ESMO 2025 celebrado en Berlín. En el estudio participaron 86 personas con carcinomas de células escamosas de cabeza y cuello recurrentes o metastásicos. Todos habían recibido previamente tanto quimioterapia con platino como inmunoterapia sin obtener una respuesta duradera.
En este grupo de pacientes con pocas opciones, los resultados fueron llamativos. El amivantamab se administró en monoterapia y ya a las seis semanas los investigadores observaron lo siguiente:
- En el 76% de los pacientes, el tumor dejó de crecer o redujo su tamaño
- La mediana de tiempo sin progresión de la enfermedad fue de 6,8 meses
- En julio de 2025, el 62% de los participantes continuaba recibiendo el tratamiento
Para un grupo tan ampliamente pretratado, en el que habitualmente las opciones están prácticamente agotadas, estas cifras resultan notablemente positivas. En la práctica clínica habitual, muchos de estos pacientes reciben en esta fase principalmente cuidados orientados al control de síntomas, con escasa capacidad de frenar el avance tumoral.
Efectos secundarios: sobre todo reacciones cutáneas, menor toxicidad grave
Los investigadores notificaron principalmente reacciones cutáneas de leves a moderadas, como erupciones o picor. Comparado con la quimioterapia clásica, el perfil de efectos secundarios es relativamente favorable. Los casos de daño orgánico grave o ingresos hospitalarios por toxicidad fueron considerablemente menos frecuentes que los habitualmente observados con los regímenes de quimioterapia intensiva.
Para pacientes que en tratamientos anteriores perdieron el cabello, el sentido del gusto y la energía, enfrentarse a un fármaco cuyos efectos adversos se limitan principalmente a la piel supone un alivio considerable.
La calidad de vida en el centro: un paciente vuelve a sentarse a la mesa
El estudio no se limita a los datos clínicos; el impacto en la vida diaria también resulta revelador. En los relatos que rodean la investigación se recoge la experiencia de Carl Walsh, un hombre de 59 años diagnosticado de cáncer de lengua en 2024.
Tras dos líneas de tratamiento fallidas, comenzó a recibir amivantamab en Londres. Después de siete ciclos de tratamiento, notó que podía volver a comer y hablar con normalidad. Describió cómo a veces casi olvida que tiene cáncer, algo que con los tratamientos anteriores le resultaba impensable.
Su experiencia no es un caso aislado. La sencillez de una inyección subcutánea, combinada con un perfil de efectos secundarios más llevadero, desplaza el foco hacia la calidad de vida. Esto encaja con una tendencia más amplia en oncología: no solo importa vivir más tiempo, sino también cómo transcurre ese tiempo entre las visitas al hospital.
¿Qué significa esto para los pacientes en España y otros países hispanohablantes?
El amivantamab ya está siendo utilizado en ciertos tipos de cáncer de pulmón, por lo que los médicos tienen experiencia acumulada con el fármaco. Los resultados obtenidos en cáncer de cabeza y cuello abren la puerta a ensayos de fase III más amplios, en los que el fármaco se comparará con el mejor tratamiento estándar disponible.
Si esos estudios de mayor escala confirman los resultados actuales, las autoridades sanitarias nacionales podrán evaluar su financiación pública e integración en las guías clínicas. En ese proceso influirán no solo la eficacia, sino también los costes, la logística y la forma en que las inyecciones pueden administrarse en la práctica: en el hospital, en centros regionales o a través de equipos especializados de atención domiciliaria.
Potencial más amplio en otros tipos de tumores
Los investigadores ven oportunidades para aplicar esta misma estrategia en otros tipos de cáncer. Los tumores que dependen en gran medida de las vías EGFR o MET, como ciertos tipos de cáncer de pulmón, esófago o incluso algunos tumores relacionados con el VPH en otras localizaciones del cuerpo, están siendo considerados como candidatos.
Esto genera una presión adicional para identificar con precisión qué características genéticas y biológicas hacen que el amivantamab resulte más beneficioso. Los perfiles moleculares diagnósticos adquieren así una relevancia cada vez mayor. No todos los carcinomas de cabeza y cuello son iguales; un análisis molecular preciso puede ayudar a conectar al paciente adecuado con la terapia más apropiada.
VPH, vacunación y lo que uno puede hacer
El papel protagonista del VPH en el cáncer de cabeza y cuello tiende un puente natural hacia la prevención. La vacunación frente al VPH, que actualmente se ofrece principalmente a jóvenes para protegerlos del cáncer de cérvix y las verrugas genitales, también reduce el riesgo de desarrollar ciertos tumores de boca y garganta.
Combinada con programas para dejar de fumar, la moderación en el consumo de alcohol y la consulta médica temprana ante síntomas como ronquera persistente, dificultad para tragar o úlceras inexplicables en la boca, esta estrategia preventiva puede evitar a largo plazo muchos casos de enfermedad avanzada. Cuantos menos tumores en estadios avanzados se desarrollen, menos personas llegarán a la situación en la que tratamientos experimentales como el amivantamab representan su última esperanza.
Para quienes ya conviven con un diagnóstico de cáncer de cabeza y cuello, la nueva investigación lanza un mensaje esperanzador: las posibilidades terapéuticas no se han detenido. Vale la pena hablar con el oncólogo sobre si existen ensayos clínicos en curso o próximos en los que participar pueda ser beneficioso, especialmente cuando las opciones estándar se han agotado.
A quien le resulten difíciles de entender los términos médicos, puede pedir que una enfermera oncológica o un especialista en enfermería participe en la consulta. Esta figura puede ayudar a traducir conceptos sobre terapias dirigidas, anticuerpos y efectos secundarios en preguntas prácticas concretas: ¿cuánto tiempo requiere esto? ¿Qué implica para el trabajo, la familia, la alimentación y los desplazamientos al hospital? Son precisamente ese tipo de respuestas tangibles las que hacen que un nuevo tratamiento resulte verdaderamente aplicable en la vida cotidiana.













