Satélite europeo a 60.000 km de distancia vuelve a dar señales tras semanas de silencio

Durante más de un mes, un satélite científico europeo parecía irremediablemente perdido para siempre.

Entonces, de repente, apareció una débil señal en los receptores.

En la estación espacial europea ubicada en España, el ambiente cambió radicalmente en cuestión de minutos: del abatimiento más profundo a la concentración absoluta. Un satélite que todos daban por muerto, flotando a 60.000 kilómetros de la Tierra, emitió de pronto una señal de vida. Los ingenieros actuaron con una velocidad asombrosa y lograron restablecer la conexión, un logro que abre un capítulo completamente nuevo para la misión Proba-3.

Una emocionante operación de rescate a 60.000 kilómetros sobre nuestras cabezas

La Agencia Espacial Europea (ESA) perdió todo contacto con uno de los dos satélites de la misión Proba-3 a mediados de febrero. Se trataba del aparato que transporta un instrumento especializado para estudiar en detalle la corona solar, es decir, la capa exterior extremadamente caliente del Sol.

El problema se produjo durante el fin de semana del 14 al 15 de febrero de 2026. Debido a un fallo en el sistema cuya causa aún no se comprende del todo, el satélite perdió su orientación. Como consecuencia, dejó de apuntar sus paneles solares hacia el Sol correctamente. En pocas horas, las baterías se agotaron por completo y el aparato entró en un modo de ahorro de energía extremo.

En ese modo de emergencia, únicamente los componentes electrónicos más básicos permanecen activos. La comunicación con la Tierra queda completamente interrumpida. Para los equipos del centro de control en Redu, Bélgica, aquello fue como si alguien arrancara el enchufe de un proyecto valorado en millones de euros.

De instrumento de precisión de alta tecnología, el satélite se convirtió en un bloque metálico silencioso que giraba lentamente a la deriva en el espacio.

Proba-3: dos satélites que juntos crean un eclipse solar artificial

Proba-3 no es una misión espacial cualquiera. Desde su lanzamiento el 5 de diciembre de 2024, dos pequeños satélites vuelan en formación para conformar juntos un único instrumento virtual de gran tamaño.

  • El primer satélite lleva un disco circular de 1,4 metros de diámetro que bloquea la luz solar.
  • El segundo satélite, equipado con el instrumento ASPIICS, observa la corona solar desde la sombra proyectada por el primero.
  • La distancia entre ambos aparatos es de unos 150 metros, controlada con una precisión milimétrica.

La misión orbita la Tierra siguiendo una trayectoria elíptica muy alargada que alcanza más de 60.000 kilómetros de altitud. A esa altura, Proba-3 se encuentra muy por encima de la mayoría de los satélites, incluidos los sistemas de navegación como el GPS. Eso hace que el control sea considerablemente más complejo, ya que los aparatos no pueden apoyarse fácilmente en los sistemas de posicionamiento existentes.

En mayo de 2025, la ESA anunció con orgullo que los satélites habían logrado mantener su formación con una precisión milimétrica, un hito tecnológico de primer orden. Poco después aparecieron las primeras imágenes nítidas de la corona solar, en las que los científicos identificaron estructuras prácticamente imposibles de observar desde la Tierra.

Precisamente porque todo funcionaba tan bien, el fallo repentino que se produjo meses más tarde golpeó con especial dureza al equipo de la misión.

Una reacción en cadena a bordo: de un pequeño error al apagón total

Los primeros análisis apuntan a un escenario en el que un fallo en el instrumento de observación desencadenó una serie de correcciones fallidas. El sistema de seguridad automático del satélite debería haber intervenido en cuanto el aparato empezó a comportarse de forma anómala. Sin embargo, en esta ocasión esa red de seguridad no funcionó como estaba previsto.

Mientras el error se propagaba paso a paso, el satélite comenzó a girar de manera incontrolada. Al dejar de orientar el panel solar hacia el Sol, las baterías se descargaron rápidamente. En poco tiempo, casi toda la electrónica quedó inoperativa. Así se creó una situación en la que el satélite no podía ser controlado desde tierra y tampoco tenía energía suficiente para salir de ese estado por sí mismo.

La ESA movilizó de inmediato su red de estaciones terrestres Estrack. Además, los equipos recurrieron a telescopios ópticos comerciales, entre ellos los de Neuraspace y Sybilla Technologies, así como al sistema de radar alemán TIRA del Instituto Fraunhofer.

Esos telescopios detectaban el satélite como un punto de luz que se volvía periódicamente más brillante y luego más tenue. Ese ritmo revelaba un lento movimiento de rotación. Aunque no era precisamente un motivo de alivio, sí demostraba que el objeto seguía intacto orbitando alrededor de la Tierra.

Un momento de debilidad del Sol se convierte en el salvavidas de la ESA

El punto de inflexión llegó el 19 de marzo de 2026. La gran antena de la estación de la ESA en Villafranca, España, captó desde el espacio una señal minúscula pero inequívoca. Se trataba de telemetría: datos de estado sin procesar que indican que un sistema ha despertado brevemente.

La explicación es sorprendentemente sencilla: al seguir girando lentamente, el panel solar del satélite quedó en un momento dado directamente expuesto a la luz del Sol durante unos pocos minutos. Ese breve intervalo de energía solar fue suficiente para que partes de la electrónica volvieran a arrancar.

Los ingenieros disponían literalmente de una ventana de apenas unos minutos para actuar; después podían pasar semanas antes de que se presentara una oportunidad similar.

En esos breves intervalos, los técnicos españoles enviaron comandos cruciales al satélite. Forzaron una nueva orientación para que el panel quedara apuntando de forma estable hacia el Sol. Con eso, la batería comenzó a recargarse de manera lenta pero constante.

El director de la ESA habló abiertamente después de lo ocurrido de un "momento milagroso". Dentro del equipo de Proba-3 predominó sobre todo el alivio. El responsable de la misión, Damien Galano, señaló que los trabajadores habían vivido durante semanas en una especie de estado de crisis permanente.

¿En qué estado se encuentra el satélite tras semanas expuesto al frío extremo?

El hecho de que se haya restablecido el contacto no significa que la misión esté completamente recuperada. El satélite ha estado girando a la deriva durante semanas en el vacío helado del espacio, con una calefacción mínima. La electrónica y los sensores son muy sensibles a esas variaciones extremas de temperatura.

Por ello, la ESA está abordando el reinicio de forma gradual y metódica:

  • En primer lugar, se verifica que el suministro de energía se mantiene estable.
  • A continuación se realizan pruebas básicas del ordenador de a bordo y de los sistemas de comunicación.
  • Después, los técnicos evalúan el sistema de propulsión y el control fino de la orientación.
  • Solo en la fase final el equipo científico comprobará si el instrumento coronógrafo sigue funcionando correctamente.

Los instrumentos deben alcanzar la temperatura adecuada de manera progresiva. Un calentamiento demasiado rápido podría causar daños adicionales, algo comparable a las tuberías congeladas que revientan cuando se descongelan de golpe.

Por qué la corona solar recibe tanta atención científica

La corona solar es la fina y extremadamente caliente capa de gas que envuelve el Sol y que durante un eclipse total se hace visible como un halo luminoso. Precisamente en esta capa se originan muchas de las erupciones que provocan las llamadas tormentas solares o espaciales.

Esas erupciones pueden tener consecuencias significativas para la vida cotidiana en la Tierra:

  • Interferencias en las comunicaciones por radio y satélite.
  • Riesgos para los satélites que orbitan en trayectorias sensibles.
  • Mayor exposición a la radiación para los astronautas.
  • Corrientes de inducción en las redes de alta tensión, con posibilidad de grandes apagones eléctricos.

Al observar la corona de forma continua y en alta resolución, los científicos esperan comprender mejor cómo y cuándo se producen estas erupciones. Proba-3 hace posible una especie de eclipse solar artificial permanente, algo que desde la Tierra ocurre de forma escasa y muy breve.

El vuelo en formación como ensayo general para futuras misiones

Más allá de la física solar, Proba-3 funciona como un banco de pruebas para el vuelo en formación de precisión en el espacio. Dos satélites que se posicionan entre sí con una exactitud milimétrica a decenas de miles de kilómetros de altitud abren la puerta a todo tipo de proyectos futuros.

Por ejemplo, grandes telescopios modulares en los que el espejo y los detectores van en aparatos separados. O misiones en las proximidades de otros planetas donde varios dispositivos forman conjuntamente una única configuración de medición. Las lecciones extraídas del fallo y de la operación de rescate de Proba-3 pueden ayudar a los diseñadores a desarrollar sistemas de seguridad y recuperación más robustos.

Lo que la crisis de Proba-3 revela sobre los riesgos de la exploración espacial

Este incidente subraya lo vulnerables que siguen siendo las misiones espaciales complejas, por muy avanzada que sea la tecnología empleada. Un solo error en el software o en la electrónica puede desencadenar una reacción en cadena. Al mismo tiempo, la exitosa reconexión demuestra que los equipos terrestres son cada vez más hábiles a la hora de localizar y recuperar satélites que han sufrido averías.

Las redes de telescopios comerciales, los potentes radares y el sofisticado software de análisis desempeñan un papel cada vez mayor en estas operaciones. Otros operadores de satélites, como las empresas de telecomunicaciones y las organizaciones meteorológicas, también se benefician de estos avances: sus aparatos pueden con frecuencia ser localizados o estabilizados mediante técnicas similares tras una avería.

Para quienes no estén familiarizados con este ámbito, conviene recordar que un satélite en una órbita tan elevada no es como un avión teledirigido que responde al instante a un joystick. Las señales tardan decenas de segundos en ir y volver. El control funciona mediante comandos y escenarios preprogramados, y gran parte del funcionamiento debe ser autónomo. Por eso los ingenieros someten esos sistemas a años de pruebas en tierra y continúan vigilando su comportamiento minuciosamente tras el lanzamiento.

La resurrección del satélite Proba-3 ilustra que la exploración espacial se parece cada vez más a una gestión de riesgos a largo plazo. No solo el lanzamiento es emocionante; la verdadera prueba de estrés comienza a menudo cuando una misión lleva ya meses o años en funcionamiento. Quien encuentre en el futuro los datos solares de Proba-3 en publicaciones científicas, los mirará con otros ojos conociendo esta historia.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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