Gigantescas esferas de hormigón en el mar: así quiere California almacenar energía verde

Mientras los aerogeneradores y los paneles solares baten récords de producción, los ingenieros luchan con un problema aparentemente sencillo: ¿qué hacer con toda esa energía cuando nadie la necesita?

Frente a las costas de California, investigadores alemanes están poniendo a prueba una solución tan llamativa como inesperada: enormes esferas huecas de hormigón colocadas en el fondo del océano, que funcionan como baterías de dimensiones colosales. Lo que parece sacado de una novela de ciencia ficción aspira a convertirse en una alternativa real al almacenamiento energético convencional.

Una batería en el fondo del mar: ¿cómo funciona exactamente?

El proyecto se llama StEnSea y es obra del instituto alemán de investigación Fraunhofer IEE. En abril se hundió frente a la costa de Long Beach, en Estados Unidos, la primera esfera de hormigón, con un diámetro de unos 9 metros y un peso aproximado de 400 toneladas.

El principio resulta sorprendentemente simple. La esfera es hueca y reposa a cientos de metros de profundidad en el lecho marino. A esa profundidad, la presión del agua es inmensa, y precisamente esa presión es lo que transforma la esfera en un sistema de almacenamiento energético.

  • Cuando hay un excedente de energía renovable, unas bombas extraen el agua del interior de la esfera.
  • Esto genera en su interior una especie de vacío casi total.
  • Ese proceso consume energía, que queda almacenada en forma de diferencia de presión.
  • Cuando hay déficit eléctrico, se abre una válvula y el agua entra con gran fuerza.
  • La masa de agua entrante impulsa una turbina y un generador que devuelve electricidad a la red.

En esencia, el sistema funciona como una central hidroeléctrica invertida: no hay embalse en la montaña, sino un "embalse artificial" en forma de esfera de hormigón vacía en el fondo del océano.

Según sus diseñadores, los ciclos de carga y descarga de una sola esfera pueden generar suficiente energía para abastecer un hogar medio durante un año entero.

Los creadores apuntan a una vida útil de 50 a 60 años por esfera. Solo el generador necesitaría reemplazarse aproximadamente cada veinte años, una operación que puede realizarse bajo el agua sin necesidad de sacar toda la estructura a la superficie.

¿Por qué apostar por las profundidades en lugar de las montañas?

Hasta ahora, el almacenamiento energético a gran escala dependía sobre todo del bombeo hidráulico en zonas montañosas: elevar agua cuando hay abundancia de electricidad y dejarla caer a través de turbinas cuando escasea. Funciona, pero tiene limitaciones evidentes.

Este tipo de centrales exige inundar valles enteros, con frecuentes daños graves al paisaje y al medioambiente. Los emplazamientos adecuados escasean y suelen generar una fuerte oposición por parte de vecinos y organizaciones ecologistas.

El fondo oceánico ofrece una vía distinta. A profundidades de entre 600 y 800 metros se da una combinación de factores muy favorable:

  • la presión del agua es suficientemente alta para almacenar grandes cantidades de energía,
  • las paredes de la esfera no necesitan ser excesivamente gruesas ni costosas,
  • bastan bombas y turbinas submarinas estándar,
  • existe un espacio inmenso, muy alejado de las zonas habitadas.

Esto cambia por completo los cálculos. Grandes tramos costeros de todo el mundo presentan estas profundidades idóneas: Noruega, la costa oeste de Estados Unidos, Japón, partes de Brasil y muchas otras regiones marítimas.

Los investigadores de Fraunhofer estiman que la capacidad total de almacenamiento potencial a lo largo de las costas adecuadas supera con creces lo que pueden ofrecer los embalses convencionales.

El hormigón como arrecife artificial: de masa gris a biodiversidad

La idea de poblar el fondo marino con estructuras de hormigón plantea preguntas inmediatas: ¿qué pasa con los peces, los corales y el resto de la vida oceánica? Por eso, los investigadores alemanes colaboran con la empresa estadounidense Sperra, especializada en arrecifes artificiales impresos en 3D.

En lugar de esferas de acabado liso fabricadas con moldes tradicionales, estas se construyen capa a capa mediante impresión 3D. Esta técnica permite crear formas y estructuras complejas. Sperra ha adaptado el proceso de impresión de manera que:

  • la superficie resulte rugosa y porosa,
  • se formen pequeñas cavidades, salientes y grietas,
  • la estructura sea colonizada rápidamente por algas, microorganismos y corales.

Mientras que una pieza de hormigón liso sumergida puede permanecer despoblada durante años, este tipo de impresión rugosa se convierte, según pruebas anteriores, en una especie de arrecife artificial. Atrae primero a peces pequeños, luego a depredadores mayores, y acaba formando un miniecosistema.

La esperanza es que cada esfera energética no solo almacene electricidad, sino que también actúe como impulsora de la biodiversidad local.

En California se está llevando a cabo ahora un detallado estudio ecológico sobre la primera instalación piloto. Pruebas anteriores realizadas en el lago de Constanza ya demostraron que estas estructuras de hormigón atraen vida submarina con relativa rapidez. Para el océano, con sus propias especies y corrientes, eso aún está por confirmar.

Del prototipo al megaproyecto: ¿qué ocurre si funciona?

La esfera actual de 9 metros es ante todo un modelo de demostración. Con ella, los implicados quieren probar que todo el sistema funciona de manera técnicamente fiable: bombas, válvulas, turbinas, conexión a la red y estabilidad estructural en el fondo marino.

Si el ensayo resulta exitoso, ya existe un plan mucho más ambicioso. Investigadores y empresas están pensando en esferas de unos 30 metros de diámetro, desplegadas en grandes campos frente a la costa.

¿Cuánto puede producir una esfera grande?

Aunque aún faltan cifras oficiales completamente validadas, las estimaciones preliminares permiten esbozar el siguiente panorama:

Característica Prototipo (9 m) Modelo futuro (±30 m)
Diámetro 9 metros aproximadamente 30 metros
Vida útil de la estructura 50–60 años similar, según materiales elegidos
Sustitución del generador cada 20 años cada 20 años
Objetivo prueba y validación técnica estabilización de red a gran escala

Un campo con decenas o centenares de estas grandes esferas frente a la costa podría actuar como una "esponja energética" local para parques eólicos marinos y solares en tierra. Los excedentes del mediodía o de las noches ventosas no se venderían a precio de saldo a países vecinos, sino que quedarían almacenados para los períodos de calma o de cielos nublados.

Competidora de las baterías de litio y las centrales hidroeléctricas

¿Vale la pena tanto esfuerzo cuando ya existen baterías de gran escala con células de litio? Los contenedores de baterías junto a parques eólicos y subestaciones eléctricas proliferan por todo el mundo. Sin embargo, presentan desventajas claras:

  • materias primas como el litio, el cobalto y el níquel son escasas y geopolíticamente sensibles,
  • su fabricación consume mucha energía y genera emisiones considerables,
  • la vida útil de las baterías es muy inferior a 50 años,
  • el almacenamiento masivo requiere grandes superficies de terreno.

Las esferas de hormigón submarinas utilizan principalmente arena, grava, cemento y acero. Estos materiales no están exentos de impacto ambiental, pero son mucho más abundantes y técnicamente bien conocidos. Además, no consumen suelo en tierra firme: el almacenamiento ocurre bajo el agua, fuera de la vista.

Las centrales hidroeléctricas con embalses siguen siendo potentes para el almacenamiento prolongado, pero topan cada vez más con obstáculos legales y sociales. El fondo oceánico como alternativa abre, por tanto, un nuevo campo de juego para la transición energética en los países costeros.

¿Qué significa esto para países como España?

España cuenta con una extensa fachada marítima y planes ambiciosos para la energía eólica marina. La pregunta sobre cómo almacenar esa electricidad ya es urgente hoy en día. Actualmente, parte de esa regulación se realiza mediante centrales de gas de respuesta rápida y acuerdos de importación y exportación con países vecinos.

Si la tecnología de las esferas de hormigón demuestra su valía en profundidades compatibles con las costas españolas, surgiría a medio plazo una opción adicional junto a otras soluciones como:

  • producción de hidrógeno en el mar,
  • grandes baterías en tierra,
  • gestión de la demanda en empresas y hogares,
  • interconexión con otros mercados energéticos.

Un escenario posible: los parques eólicos alimentan primero directamente la red, envían el excedente a las esferas de almacenamiento submarinas y solo recurren a la producción de hidrógeno ante excedentes prolongados. Así se logra una mayor flexibilidad en todo el sistema.

Riesgos técnicos y ecológicos que los investigadores tienen en cuenta

Pese a las cifras prometedoras, el proyecto arrastra retos serios. Entre ellos destacan:

  • seguridad estructural: las esferas deben resistir durante décadas la presión del agua, las corrientes, la corrosión y los terremotos,
  • mantenimiento: la inspección y reparación submarina requiere equipos costosos y altamente especializados,
  • conexión a la red: la infraestructura de cables entre las esferas y la red de alta tensión exige inversiones millonarias,
  • impacto en el lecho marino: la colocación y el anclaje pueden alterar los ecosistemas del fondo, especialmente en zonas sensibles,
  • navegación y pesca: las zonas con instalaciones submarinas deben delimitarse con precisión para evitar incidentes.

Los investigadores subrayan que seguirá siendo imprescindible un proceso de obtención de permisos y seguimiento riguroso. Las mediciones de ruido, turbidez del agua, rutas migratorias de peces y efectos sobre los corales tienen un papel central en el ensayo de California.

Una nueva categoría de almacenamiento energético explicada en términos sencillos

Desde el punto de vista técnico, esta tecnología se encuadra dentro del llamado almacenamiento gravitacional, es decir, el almacenamiento de energía mediante diferencias de altura y presión. En lugar de agua retenida en lo alto de un embalse de montaña, aquí el elemento central es la diferencia de presión entre el interior y el exterior de la esfera. La base física es comparable: se introduce energía en el sistema y se recupera posteriormente a través de una turbina.

En la práctica, un sistema submarino de estas características sería especialmente adecuado para almacenamiento de horas a días: aprovechar la electricidad producida durante una noche muy ventosa en una mañana en calma, o trasladar la energía solar de una tarde despejada al pico de consumo nocturno. Para el almacenamiento estacional —utilizar los excedentes del verano en invierno— seguirán siendo necesarias otras tecnologías, como el hidrógeno o el almacenamiento térmico en el subsuelo.

Para ciudadanos y empresas, esta tecnología cambia sobre todo el panorama que hay detrás de los enchufes. Si estos proyectos llegan a buen puerto, será más fácil construir un sistema energético en el que grandes cantidades de electricidad eólica y solar estén disponibles de forma fiable, incluso cuando el viento amaina o el cielo se nubla. Las colosales esferas en el fondo del océano funcionarían entonces como una reserva silenciosa, invisible desde la costa, pero decisiva para mantener una red estable.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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