Un simple pinchazo que puede cambiarlo todo
Para algunas personas con cáncer de cabeza y cuello en estadio avanzado, un sencillo pinchazo en el abdomen o en el brazo está marcando la diferencia entre rendirse y atreverse a mirar hacia adelante. Lo que hasta hace poco parecía imposible empieza a tomar forma en los laboratorios y consultas oncológicas.
Durante un importante congreso europeo de oncología celebrado en Berlín, investigadores presentaron una nueva forma de terapia que combina inmunoterapia y tratamiento dirigido en un único fármaco. Los primeros resultados en pacientes con cáncer de cabeza y cuello avanzado son llamativamente rápidos y prometedores.
El cáncer de cabeza y cuello cambia a gran velocidad, pero los tratamientos van por detrás
El cáncer de cabeza y cuello es un término paraguas que engloba tumores en la boca, la garganta, la laringe, la nariz y los senos paranasales. En la gran mayoría de casos se trata de carcinomas de células escamosas: tumores que se originan en las células planas que recubren las mucosas.
A nivel mundial, este tipo de cáncer se encuentra ya entre las seis formas más frecuentes. En países como el Reino Unido se registran alrededor de 12.500 nuevos diagnósticos al año, y los especialistas observan un cambio claro en el perfil de quienes enferman.
Durante mucho tiempo, la combinación de tabaco y alcohol fue considerada la principal causa. Ese factor sigue siendo relevante, pero otro ha ganado protagonismo: el virus del papiloma humano (VPH), el mismo que provoca el cáncer de cuello uterino. En los tumores orofaríngeos —situados en la parte posterior de la boca y la garganta— aproximadamente el 70% están relacionados con el VPH, y afectan con frecuencia a hombres relativamente jóvenes que nunca han fumado.
Este cambio hace la enfermedad más impredecible. Los pacientes son más jóvenes, muchos todavía en plena vida laboral, y la enfermedad puede comportarse de manera diferente a las formas clásicas asociadas al tabaco y al alcohol.
Por qué muchos tratamientos se quedan sin margen cuando la enfermedad regresa
En una fase temprana, los médicos disponen de varias opciones: cirugía, radioterapia o combinaciones con quimioterapia. Esto puede lograr la curación o, al menos, años adicionales de vida. Pero cuando el cáncer reaparece o se extiende, el margen de maniobra se reduce drásticamente.
- La cirugía con frecuencia ya no es viable o resulta demasiado agresiva para el paciente.
- La radioterapia habitualmente ya se ha administrado en su totalidad.
- La quimioterapia con platino conlleva muchos efectos secundarios y tiene una eficacia limitada en la recaída.
- La inmunoterapia solo funciona en una parte de los pacientes.
La terapia dirigida con cetuximab —el único fármaco dirigido aprobado para este grupo— ofrece de media una ganancia modesta. Muchos pacientes acaban chocando contra un muro: el tumor sigue creciendo mientras el arsenal terapéutico está prácticamente agotado.
Precisamente en esa fase, cuando las terapias estándar se han agotado, la nueva investigación apostó por un enfoque diferente con una inyección subcutánea.
Amivantamab: un solo medicamento, tres frentes de ataque simultáneos
El tratamiento investigado se llama amivantamab. Se trata de un anticuerpo biespecífico: una única proteína capaz de dirigirse al mismo tiempo a dos dianas diferentes en la célula cancerosa. Además, pone en marcha el sistema inmunitario del propio paciente.
Bloqueo de señales de crecimiento y cierre de rutas alternativas
Su mecanismo de acción se articula en tres vías complementarias:
- Bloqueo de EGFR – Muchos tumores de cabeza y cuello presentan un exceso del receptor EGFR en su superficie, que actúa como un interruptor de encendido para la división celular. Amivantamab bloquea ese interruptor directamente.
- Inhibición de MET – Las células tumorales utilizan MET como vía de escape cuando EGFR queda bloqueado. Al inhibir también MET, se cierra esa ruta alternativa de fuga.
- Activación de células inmunitarias – El fármaco no solo se une a las células cancerosas, sino también a componentes del sistema inmunitario, como las células natural killer (NK). Estas reconocen la célula tumoral marcada y la eliminan de forma activa.
Esta combinación de inhibición dirigida y activación inmunitaria difiere radicalmente de la quimioterapia clásica, que ataca de forma indiscriminada a todas las células de rápida división en el organismo.
Los investigadores describen amivantamab como una especie de "arma triple": inhibición dirigida del crecimiento, cierre de rutas de escape y activación del sistema inmunitario propio del paciente.
Un pinchazo bajo la piel en lugar de horas conectado a un gotero
Existe además una ventaja práctica importante: amivantamab se administra como inyección subcutánea, no mediante una infusión prolongada. El pinchazo se aplica en el abdomen o en el brazo y requiere muy poco tiempo. Esto hace posible, en principio, el tratamiento en régimen ambulatorio o incluso en el domicilio del paciente.
Para muchos enfermos de cáncer, que ya acuden con regularidad al hospital, un esquema de administración tan sencillo supone menos gestiones, menos tiempo de desplazamiento y más espacio para mantener una vida cotidiana más o menos normal.
El estudio: pacientes en estado grave, efectos rápidos
El ensayo Orig-AMI 4, presentado en el congreso de la ESMO en Berlín, siguió a 86 personas con cáncer de cabeza y cuello recurrente o metastásico. Todos los participantes habían recibido previamente tanto inmunoterapia como quimioterapia con platino, sin obtener resultados duraderos.
En el estudio, los participantes recibieron únicamente amivantamab, sin combinarlo con otros fármacos. El objetivo era comprobar con claridad qué puede hacer este medicamento por sí solo.
El 76% logra detener o reducir el tumor
Los primeros resultados intermedios captaron de inmediato la atención de la comunidad científica:
- En el 76% de los pacientes, el tumor dejó de crecer o redujo su tamaño.
- La primera respuesta medible se produjo en promedio a las seis semanas.
- El período durante el cual la enfermedad no progresó —denominado supervivencia libre de progresión— fue de alrededor de 6,8 meses.
- En julio de 2025, el 62% de los participantes seguía en tratamiento.
Para un grupo de pacientes en quienes los tratamientos previos ya no tenían efecto, estas cifras se consideran notablemente favorables. Los oncólogos hablan con cautela de un posible punto de inflexión en esta forma de cáncer tan difícil de tratar.
La mayoría de los participantes pudo continuar con la misma terapia durante meses, después de que los tratamientos anteriores hubieran perdido toda eficacia.
Los efectos secundarios se concentran principalmente en la piel
Ningún medicamento oncológico está libre de riesgos, pero los efectos secundarios de amivantamab resultaron relativamente manejables en este estudio. La mayoría de las molestias fueron de carácter leve o moderado:
- Erupciones cutáneas y picor
- Piel seca o irritada
- Reacciones leves a las primeras administraciones, como escalofríos o enrojecimiento
Comparado con la quimioterapia intensiva —con náuseas, infecciones, caída del cabello e ingresos hospitalarios—, los médicos describen un perfil de tolerabilidad más favorable. Esto no dice aún nada sobre el uso a largo plazo en grupos de pacientes más amplios, pero ofrece una primera impresión positiva.
Más margen para vivir durante el tratamiento
Para los pacientes, el impacto no se mide solo en meses adicionales de vida, sino también en lo que pueden hacer durante ese tiempo. Entre los casos del estudio destaca el de un hombre de 59 años con cáncer de lengua en quien dos tratamientos previos habían fracasado. Tras siete ciclos con amivantamab, pudo volver a comer y hablar con normalidad, y solo refirió molestias cutáneas leves.
En el cáncer de cabeza y cuello, hablar, tragar y percibir el sabor suelen verse gravemente afectados. Cualquier mejora en estos aspectos vale el doble: no solo supone un alivio físico, sino también un espacio social y emocional recuperado. Volver a comer con la familia o participar en una conversación sin vergüenza significa para muchas personas una diferencia enorme.
Los oncólogos reunidos en Berlín subrayaron que la calidad de vida debe tener el mismo peso que la ganancia en meses reflejada en una gráfica.
Qué puede suponer esto para los pacientes
Amivantamab ya está aprobado en Europa para determinadas formas de cáncer de pulmón. Su aplicación en el cáncer de cabeza y cuello se encuentra todavía en fase de investigación. El estudio presentado representa un paso intermedio: esperanzador, pero no una conclusión definitiva.
Para una aplicación generalizada serán necesarios ensayos de fase III más amplios, con comparación frente al mejor estándar de atención disponible. Solo entonces las autoridades sanitarias y las aseguradoras decidirán si el fármaco se financia e incorpora a las guías clínicas.
Los pacientes podrían acceder antes a este tratamiento a través de ensayos clínicos internacionales o centros especializados, aunque esto depende de los acuerdos entre hospitales, empresas farmacéuticas y organismos reguladores.
Preguntas que los investigadores aún quieren responder
A pesar del optimismo, quedan puntos abiertos importantes:
- ¿Funciona mejor amivantamab en tumores positivos para VPH o en los negativos?
- ¿Pueden los médicos predecir con biomarcadores quiénes se beneficiarán más?
- ¿Cuáles son los efectos tras uno, dos o tres años de uso continuado?
- ¿Cómo se comparan los costes con la ganancia en supervivencia y calidad de vida?
Los investigadores también miran más allá del cáncer de cabeza y cuello. Dado que EGFR y MET desempeñan un papel en varios tipos de tumores, el fármaco está siendo evaluado en cánceres de colon y de esófago, entre otros. Si también funciona allí, aumentan las posibilidades de que los sistemas sanitarios lo incorporen de forma estructurada.
En qué se diferencia este enfoque de la quimio clásica y la inmunoterapia
Para los pacientes que hoy deben tomar decisiones, conviene conocer a grandes rasgos el panorama terapéutico disponible:
- Quimioterapia – Actúa de forma amplia sobre las células de rápido crecimiento, incluso las sanas, y provoca numerosos efectos secundarios sistémicos.
- Inmunoterapia – Elimina los frenos del sistema inmunitario, pero funciona principalmente en tumores que ya son claramente visibles para ese sistema.
- Terapia dirigida – Interviene en señales de crecimiento específicas del tumor, pero los tumores suelen encontrar rutas alternativas.
- Amivantamab – Intenta combinar estos mundos: inhibición muy precisa del crecimiento y, simultáneamente, dirección del sistema inmunitario hacia el tumor.
En la práctica, este tipo de fármacos no siempre reemplazará a las terapias existentes, sino que las complementará en las distintas líneas de tratamiento. A veces como último recurso, otras veces antes en el proceso, cuando eso ofrece más posibilidades de un control duradero de la enfermedad.
Para las personas con cáncer de cabeza y cuello, y para sus familias, este estudio abre al menos un nuevo tema de conversación con el oncólogo. No solo sobre cuánto tiempo seguirá funcionando un tratamiento, sino también sobre cuánto espacio deja para vivir de verdad entre una cita y la siguiente.













