Un logro que parecía ciencia ficción acaba de ocurrir en un laboratorio
Los científicos están más cerca que nunca de un escenario que hasta hace poco solo existía en la imaginación. En un laboratorio del estado de Oregón, en Estados Unidos, investigadores han conseguido generar células con apariencia de óvulos humanos a partir de células comunes de la piel. La técnica todavía da sus primeros pasos y aún no produce embriones sanos, pero ha entreabierto una puerta hacia una forma completamente nueva de medicina reproductiva.
Qué hicieron exactamente los investigadores en Oregón
El equipo de la Oregon Health & Science University (OHSU) lleva años trabajando en la manera de transformar una célula corporal ordinaria —concretamente una célula de la piel— en algo que se asemeje a un óvulo humano. Sus hallazgos fueron publicados en la revista científica Nature Communications.
El fundamento de su método es una técnica conocida desde los años noventa: la transferencia nuclear de células somáticas (SCNT), popularizada por la oveja Dolly, el primer mamífero clonado mediante este procedimiento.
El proceso funciona así:
- Se toma una célula de piel humana corriente.
- Se extrae su núcleo, que contiene todo el ADN.
- Ese núcleo se introduce en un óvulo donado al que previamente se le ha retirado su propio núcleo.
El resultado es un tipo celular artificial parecido a un óvulo, que porta el ADN de la persona de quien procedía la célula de piel. Sin embargo, el equilibrio genético todavía no es el correcto.
El gran obstáculo: demasiados cromosomas
Un óvulo humano normal contiene 23 cromosomas. Las células producidas artificialmente parten de 46, igual que cualquier otra célula del cuerpo. Eso significa que, si fueran fecundadas, recibirían una doble carga de material hereditario y el embrión resultante no sería viable.
Para resolver este problema, el equipo desarrolló un nuevo procedimiento al que llamaron mitomeiosis, combinando los términos mitosis y meiosis. Con esta técnica intentan que la célula artificial atraviese una meiosis simulada, de modo que expulse la mitad de los cromosomas y quede un óvulo haploide con solo 23.
El objetivo es conseguir que una célula corporal se comporte como una célula reproductiva, con exactamente la cantidad de ADN necesaria para la fecundación.
Para lograrlo, los investigadores emplearon roscovitina, una sustancia que inhibe ciertas enzimas implicadas en la división celular, combinada con un breve pulso eléctrico —electroporación— para introducir compuestos dentro de la célula. Tras ese tratamiento, inyectaron un único espermatozoide en el nuevo óvulo usando la técnica estándar de fecundación in vitro conocida como ICSI.
Los resultados: espectaculares, pero todavía inutilizables
En términos numéricos, el estudio ofrece sensaciones encontradas. En total se generaron 82 óvulos artificiales. Alrededor del 9 por ciento alcanzó el estadio de blastocisto, es decir, el punto aproximado al sexto día tras la fecundación en el que los embriones suelen estar listos para ser transferidos al útero en un tratamiento clásico de fecundación in vitro.
Sin embargo, el análisis detallado reveló que todos esos embriones presentaban graves errores cromosómicos. La distribución del material hereditario entre el óvulo y los denominados cuerpos polares resultó defectuosa, dando lugar a embriones aneuploides: con cromosomas de más, de menos o en combinaciones incorrectas.
Según la coinvestigadora Paula Amato, ese es actualmente el límite infranqueable: sin un conjunto exacto de 23 cromosomas correctos, ningún ser humano sano puede desarrollarse a partir de semejante embrión. Además, los óvulos artificiales no experimentaron la recombinación genética normal que caracteriza a la meiosis natural, un proceso fundamental para la estabilidad del genoma.
Como referencia, incluso en una fecundación natural solo entre el 30 y el 40 por ciento de los embriones llega al estadio de blastocisto. La baja tasa de éxito en el laboratorio no está muy alejada de eso, pero la calidad de los embriones obtenidos es por ahora insuficiente para cualquier aplicación en seres humanos.
Qué podría significar esto para quienes desean tener hijos
Si la técnica llega algún día a ser fiable y segura, sus consecuencias para la medicina reproductiva serían enormes. Especialmente para grupos que hoy tienen muy pocas opciones o ninguna.
Mujeres sin ovarios funcionales
Las mujeres cuya función ovárica ha cesado, ya sea por la edad o por tratamientos como la quimioterapia, dependen actualmente de óvulos donados. Eso implica que no existe vínculo genético entre la madre y el hijo. Con óvulos derivados de células de la piel, ese vínculo podría recuperarse teóricamente: el óvulo llevaría el ADN de la propia mujer.
Parejas de hombres con un vínculo genético compartido
Un escenario todavía más controvertido implica a parejas masculinas. En teoría, podría crearse una célula similar a un óvulo a partir de la piel de un hombre y fecundarla con el esperma de su pareja. El hijo resultante portaría material genético de ambos.
Biológicamente, esto es muy complejo, sobre todo por el fenómeno del imprinting genómico: ciertos genes se comportan de forma distinta según procedan del padre o de la madre. Ese patrón debe ser correcto para que un niño nazca sano.
Por primera vez se vislumbra un futuro en el que el vínculo biológico con un hijo no depende de tener ovarios funcionales ni siquiera del sexo de la persona.
Grandes preguntas éticas y zonas jurídicas sin definir
Precisamente porque esta técnica desplaza tantas fronteras, hay un conjunto denso de interrogantes éticos y legales sobre la mesa. Los bioeticistas advierten de que la línea que separa las células corporales corrientes de las células reproductivas está difuminándose. Si cualquier célula de la piel puede convertirse en la base de una célula sexual, ¿qué implicaciones tiene eso para el consentimiento, la privacidad y la soberanía sobre el propio cuerpo?
En países como Australia surge además una cuestión jurídica concreta: si se crea un embrión a partir de una célula de la piel, ¿queda amparado por la legislación vigente sobre técnicas de reproducción asistida, o estamos ante algo completamente nuevo? La interpretación de la ley puede determinar si este tipo de experimentos son legales.
También está en juego quién controla esta tecnología. El especialista en reproducción Roger Sturmey, del Reino Unido, aboga por normas estrictas y transparentes, señalando que la confianza de la sociedad es imprescindible cuando los laboratorios intervienen tan profundamente en los bloques fundamentales de la vida humana.
Riesgos médicos: de errores cromosómicos a la epigenética
Desde el punto de vista estrictamente médico, todavía hay muchas señales de advertencia. Los embriones actuales presentan una elevada tasa de anomalías cromosómicas. Además, la llamada reprogramación epigenética —el reinicio de los interruptores químicos del ADN— es un paso especialmente delicado. Si no se produce correctamente, podrían aparecer problemas de salud años después, como trastornos del desarrollo o un mayor riesgo de cáncer.
- Alta probabilidad de aneuploidía (número incorrecto de cromosomas).
- Incertidumbre sobre el funcionamiento adecuado del imprinting genómico.
- Riesgo de errores epigenéticos sutiles con consecuencias a largo plazo.
- Efectos desconocidos sobre la fertilidad y la salud de los posibles descendientes.
Por ello, los investigadores insisten en que las aplicaciones clínicas no están en absoluto sobre la mesa en este momento. Hablan de un horizonte de al menos diez años antes de poder plantear siquiera su uso en pacientes, y siempre que la seguridad quede demostrada de forma convincente en modelos animales y estudios de laboratorio adicionales.
Conceptos clave para entender este avance
Los cromosomas son paquetes de ADN situados en el núcleo celular. Cada célula del cuerpo contiene normalmente 46 cromosomas, organizados en 23 pares. Las células reproductivas —óvulos y espermatozoides— tienen 23. En la fecundación, ambos conjuntos se unen para formar de nuevo 46. Cuando ese número no coincide, hablamos de aneuploidía. Un ejemplo conocido es la trisomía 21, en la que el cromosoma 21 aparece por triplicado.
La meiosis es la división celular especializada que ocurre en los ovarios y testículos para producir células reproductivas con la mitad del número habitual de cromosomas. Durante ese proceso, fragmentos de cromosomas intercambian posiciones, generando variación genética y un resultado estable. Es precisamente ese proceso el que los científicos intentan ahora replicar artificialmente en células que nunca estuvieron destinadas a ser células reproductivas.
Lo que este hallazgo puede despertar en la sociedad
Si algún día fuera posible obtener óvulos seguros a partir de células de la piel, surgirían preguntas sociales para las que aún no existe experiencia acumulada. ¿Cómo se gestionarían las familias en las que tres o más personas son padres genéticos? ¿Qué derechos tendría un hijo concebido mediante una técnica que posteriormente resultara insegura? ¿Y quién decide cuándo una tecnología está "suficientemente desarrollada" para usarse en la clínica?
Además, semejante avance podría transformar el debate sobre la edad y el deseo de maternidad. Si los ovarios dejan de ser imprescindibles para tener un hijo genéticamente propio, la frontera a partir de la cual se considera a una mujer "demasiado mayor" para quedarse embarazada podría redefinirse. Aunque, en cualquier caso, la salud del cuerpo, la seguridad del embarazo y los riesgos para madre e hijo siempre seguirán siendo factores determinantes, al margen de lo que sea posible dentro de un laboratorio.













