Por qué las oficinas abiertas agotan nuestro cerebro (y qué funciona mejor)

La oficina abierta como norma: ¿qué le hace realmente a nuestra mente?

Mientras muchas empresas redujeron sus espacios tras la pandemia y apostaron masivamente por las plantas diáfanas, los estudios científicos no dejan de acumularse: nuestro cerebro trabaja considerablemente más en una oficina abierta que en un espacio cerrado, aunque creamos que mantenemos la concentración sin problemas.

Durante años, la gran planta diáfana con puestos flexibles fue el símbolo por excelencia de la colaboración, la transparencia y la cultura empresarial moderna. Menos metros cuadrados, más visibilidad, reuniones espontáneas: sonaba eficiente y agradable a la vez.

Sin embargo, hay otra cara. Ahora que el trabajo híbrido está consolidado, las oficinas suelen estar más tranquilas que antes, salvo en los días de mayor afluencia. Entonces las plantas abiertas se llenan de nuevo y los niveles de ruido se disparan. Conversaciones, llamadas telefónicas, sillas que se arrastran, máquinas de café: los estímulos se van acumulando sin parar.

En una oficina abierta, el cerebro debe suprimir constantemente estímulos no deseados, y eso consume mucha más energía de lo que imaginamos.

Nuevas investigaciones sobre el funcionamiento cerebral demuestran que la misma tarea, realizada en una oficina abierta, genera un patrón de actividad neuronal completamente diferente al que aparece en una cabina de trabajo pequeña y cerrada. Y esa diferencia está lejos de ser inocua.

El experimento: 26 personas, dos entornos de trabajo y un EEG inalámbrico

En un estudio reciente llevado a cabo por una universidad española, 26 adultos usaron un casco EEG inalámbrico que mide la actividad eléctrica del cerebro mediante sensores colocados en el cuero cabelludo.

Los participantes realizaron tareas típicas de oficina, entre ellas:

  • Supervisar notificaciones en pantalla
  • Leer y responder correos electrónicos
  • Memorizar listas de palabras y recuperarlas posteriormente

Cada participante llevó a cabo estas tareas en dos entornos distintos:

  • En una oficina abierta, con compañeros cerca
  • En una pequeña cabina de trabajo semicerrada con cristal en uno de sus lados

Los investigadores prestaron especial atención a las regiones frontales del cerebro, que desempeñan un papel central en la concentración, la atención y el filtrado de distracciones. Analizaron distintos tipos de ondas cerebrales vinculadas a estados mentales concretos.

¿Qué significan realmente estas ondas cerebrales?

Tipo de onda Asociada a
Gamma Alta concentración y procesos cognitivos complejos
Beta Procesamiento mental activo, habitualmente con mayor tensión
Alfa Atención relajada y pasiva (por ejemplo, escuchar tranquilamente)
Theta Relajación profunda, concentración interna, pero también fatiga mental
Delta Sueño profundo

Al comparar estos patrones entre los dos entornos, los investigadores comprobaron que el cerebro reacciona de forma radicalmente distinta en una oficina abierta frente a un espacio cerrado.

En un espacio cerrado, el cerebro se relaja mientras trabaja

En la cabina de trabajo ocurrió algo llamativo. Mientras los participantes seguían ejecutando las mismas tareas, la actividad en las regiones frontales del cerebro fue disminuyendo progresivamente a lo largo de la sesión.

Las ondas beta, asociadas al esfuerzo mental activo, se redujeron. También bajaron las ondas alfa, ligadas a una atención relajada y pasiva. En conjunto, esto indica que el cerebro fue gestionando las tareas de manera cada vez más eficiente. El mismo trabajo requería menos energía mental con el paso del tiempo.

En un entorno tranquilo y semicerrado, el cerebro encuentra un ritmo de trabajo en el que las tareas fluyen con mayor suavidad y menor esfuerzo.

Con pocos sonidos y estímulos periféricos, el cerebro necesita filtrar mucho menos de forma activa. La atención puede dirigirse casi por completo a la tarea, sin tener que vigilar el entorno de manera continua.

En una oficina abierta, el cerebro se pone a toda máquina

En la oficina abierta, el panorama se invirtió por completo. Mientras los participantes realizaban exactamente las mismas tareas, las ondas gamma y theta se dispararon.

  • Gamma: mayor procesamiento complejo, como si el cerebro funcionara permanentemente a pleno rendimiento
  • Theta: implicada tanto en la memoria de trabajo como en la fatiga mental

Otros dos indicadores también se incrementaron notablemente: el nivel de alerta y el grado de esfuerzo mental. El cerebro se mantuvo en un estado de vigilancia elevada, como si en cualquier momento pudiera surgir algo que reclamara su atención.

Incluso cuando alguien afirma que "deja pasar las conversaciones de fondo sin hacerles caso", el cerebro sigue trabajando activamente para suprimir todos esos sonidos y movimientos. Ignorar y frenar estímulos es un proceso activo, no un estado pasivo.

Puede que nos sintamos capaces de "trabajar perfectamente" en medio del bullicio de la oficina, pero neurológicamente el precio es claro: más esfuerzo, más cansancio y mayor agotamiento al final de la jornada.

Los investigadores también observaron grandes diferencias entre los participantes. En algunas personas la actividad cerebral se disparaba enormemente en el espacio abierto; en otras, el incremento era menor. Esto sugiere que no todos somos igual de sensibles a las distracciones. Los empleados más introvertidos o con mayor sensibilidad sensorial pueden agotarse en ese tipo de entorno mucho más rápido que los compañeros que toleran mejor el ruido.

Más estrés, peor estado de ánimo y menor satisfacción

El estudio con cascos EEG no es un caso aislado. En la última década se ha acumulado una considerable cantidad de investigaciones sobre el impacto de las oficinas abiertas en las personas.

En 2021, un estudio controlado con 43 participantes demostró que las oficinas diáfanas no solo generan irritación, sino también respuestas de estrés medibles en el cuerpo. Mediante registros de frecuencia cardíaca, conductancia de la piel y análisis de expresiones faciales con inteligencia artificial, los investigadores observaron:

  • Un aumento del estado de ánimo negativo de aproximadamente el 25 por ciento
  • Un incremento del estrés fisiológico de alrededor del 34 por ciento

Otras investigaciones muestran que las conversaciones de fondo y el ruido constante deterioran de forma perceptible la ejecución de tareas cognitivas. Las personas cometen más errores, tardan más tiempo o se desconectan mentalmente con mayor rapidez.

Un gran análisis realizado en 2013 con más de 42.000 trabajadores de oficina en países como Estados Unidos, Finlandia, Canadá y Australia reveló que los empleados en oficinas abiertas están claramente menos satisfechos con su entorno de trabajo que quienes disponen de un despacho propio. El ruido y la falta de privacidad aparecen repetidamente como las principales fuentes de frustración.

La oficina abierta como problema de "ergonomía mental": ¿cómo se puede mejorar?

Que una silla de escritorio en mal estado puede causar dolencias cervicales y lumbares es algo que muchas empresas ya tienen asumido. Sin embargo, la ergonomía mental deficiente —un entorno que sobrecarga el cerebro innecesariamente— recibe mucha menos atención, a pesar de que su impacto en el rendimiento y el bienestar puede ser considerable.

En los trabajos del conocimiento actuales, prácticamente todo depende de la concentración prolongada sin interrupciones. Elaborar informes, analizar datos, diseñar, programar, redactar políticas: todo ese trabajo exige una atención profunda y sostenida. Sin embargo, muchas oficinas están diseñadas principalmente para maximizar la ocupación y la flexibilidad, no para garantizar una atención sin interferencias.

Una buena oficina no es una planta única para todos, sino un paisaje de zonas diversas que se adaptan a diferentes tipos de trabajo y a diferentes tipos de personas.

Cómo pueden las organizaciones proteger mejor el cerebro de sus equipos

Cada vez más empresas experimentan con conceptos de oficina adaptados. Un ejemplo conocido es la sede central de LinkedIn en San Francisco, donde la mitad de los puestos abiertos tradicionales desaparecieron y se crearon más de 70 tipos diferentes de espacios, incluidas zonas de silencio para el trabajo concentrado.

Medidas concretas que las organizaciones pueden adoptar:

  • Crear puestos de trabajo en silencio: cabinas o salas cerradas donde esté prohibido hablar y usar el teléfono.
  • Implementar soluciones acústicas: techos absorbentes, paneles de pared, moquetas, cortinas y mobiliario acústico especializado.
  • Colocar mamparas estratégicas: no como paredes que compartimentan por completo, sino ubicadas con inteligencia para romper líneas de visión y reducir la propagación del sonido.
  • Utilizar tecnología de enmascaramiento de sonido: por ejemplo, un ruido de fondo suave y neutro que difumine las conversaciones molestas.
  • Establecer normas de comportamiento: por ejemplo, hacer llamadas en salas habilitadas para ello, mantener conversaciones cortas en zonas específicas y no molestar a quienes lleven auriculares.
  • Ofrecer una elección real: permitir que los empleados alternen entre zonas según su tarea y sus preferencias personales.

Sí, estas adaptaciones tienen un coste. Pero diversos estudios apuntan a los considerables costes ocultos de las oficinas mal diseñadas: menor productividad, más errores, mayor absentismo, tasas de rotación más elevadas y más casos de burnout.

¿Qué puedes hacer tú como empleado?

No todo el mundo puede rediseñar su oficina, pero sí existen estrategias para aliviar en cierta medida la carga del cerebro en un espacio abierto:

  • Planifica las tareas más exigentes en los momentos en que la oficina esté más tranquila.
  • Usa unos buenos auriculares con cancelación de ruido o tapones suaves para los oídos.
  • Acuerda con tus compañeros qué zonas son para conversar y cuáles deben permanecer en silencio.
  • Solicita al menos algunos puestos cerrados por equipo para los momentos de máxima concentración.
  • Toma pequeñas micropausas alejándote del bullicio para que tu cerebro pueda recuperarse.

Muchas personas solo comprenden lo agotadas que les deja la oficina abierta cuando trabajan unos días en un entorno más tranquilo. El contraste deja en evidencia cuánta energía invisible se consume habitualmente en filtrar, ignorar y compensar estímulos.

Por qué algunas personas sufren más en oficinas abiertas que otras

La gran variabilidad en las reacciones cerebrales observada en el estudio español encaja perfectamente con las experiencias cotidianas en la oficina. Hay compañeros que parecen prosperar en el bullicio y la agitación, mientras que otros se bloquean por completo tras pocas horas.

Las personas con un sistema nervioso sensible, con dificultades de atención, migraña o tendencia a la sobreestimulación suelen verse mucho más afectadas por las oficinas abiertas. La edad, la calidad del sueño y la carga personal también influyen: quien empieza el día ya cansado se agota más rápido en un entorno lleno de estímulos.

Para las organizaciones, tener esto en cuenta resulta rentable. No todo el mundo necesita un despacho propio, pero dar a los empleados la posibilidad de elegir entre entornos tranquilos y animados, entre espacios cerrados y abiertos, puede marcar una diferencia enorme en el rendimiento, el compromiso y la salud.

Al final, todo se reduce a una pregunta sencilla: ¿queremos que nuestro cerebro funcione cada día como un filtro de spam a pleno rendimiento, o preferimos darle la calma y la estructura necesarias para rendir realmente bien en su trabajo? El diseño de nuestra oficina ya está respondiendo a esa pregunta, muchas veces sin que seamos conscientes de ello.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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