Investigación: reducir el almidón y el azúcar alivia los síntomas
Una nueva investigación procedente de Suecia sugiere que un cambio sencillo en el plato puede marcar la diferencia rápidamente para quienes padecen el síndrome del intestino irritable: reducir de forma significativa tanto el almidón como el azúcar.
El estudio fue llevado a cabo en la Universidad de Lund, en Suecia, y se centró en personas con síndrome del intestino irritable (SII). Esta afección afecta aproximadamente al 5-10% de la población y provoca síntomas como dolor abdominal, calambres, hinchazón, diarrea o estreñimiento.
Los investigadores siguieron a 155 adultos con síntomas prolongados de SII. Los participantes fueron distribuidos aleatoriamente en dos grupos y siguieron una dieta estricta durante cuatro semanas:
- El grupo 1 siguió una dieta baja en FODMAP (con tipos cuidadosamente seleccionados de verduras, frutas y lácteos)
- El grupo 2 consumió poco almidón (como pan, pasta y patatas) y poco azúcar
Al cabo de esas cuatro semanas, ambos grupos mostraron una respuesta sorprendentemente positiva.
Entre el 75 y el 80% de los participantes experimentaron una reducción clara de los síntomas, tanto con la dieta FODMAP como con una alimentación baja en almidón y azúcar.
Los participantes reportaron menos dolor abdominal, menor sensación de hinchazón y menos problemas digestivos. Además, muchos indicaron sentirse con más energía a lo largo del día.
¿Qué dos grupos de alimentos marcan la diferencia?
El estudio se centró principalmente en dos grandes fuentes de carbohidratos de digestión rápida: el almidón y los azúcares añadidos. Los productos ultraprocesados son especialmente ricos en ambos.
Ejemplos de alimentos ricos en almidón
- Pan blanco, baguette, tostadas
- Pasta blanca y fideos
- Arroz blanco
- Puré de patatas, patatas fritas y chips
Fuentes habituales de azúcar añadido
- Refrescos, bebidas energéticas, té helado envasado
- Galletas, bollería y tabletas de chocolate
- Cereales de desayuno azucarados y müesli con mucho azúcar
- Postres, pudines y dulces preparados
- Kétchup y salsas dulces
Los participantes del grupo bajo en almidón y azúcar aprendieron a limitar considerablemente estos productos. En su lugar, apostaron por más verduras, proteínas (pescado, carne, legumbres y huevos) y alimentos con carbohidratos de absorción lenta, como opciones integrales en cantidades moderadas.
Los investigadores creen que reducir los carbohidratos rápidos permite que el intestino descanse, limita la producción de gases y estabiliza las fluctuaciones en el nivel de azúcar en sangre.
FODMAP o bajo en almidón y azúcar: ¿cuál es más viable?
La dieta FODMAP es conocida por su eficacia en el SII, pero también por su complejidad y sus restricciones. Requiere un conocimiento considerable y orientación especializada, ya que elimina temporalmente amplios grupos de alimentos como ciertas frutas, cebolla, ajo y productos con trigo.
El estudio sueco reveló que muchos participantes encontraron más práctica la dieta baja en almidón y azúcar:
- No es necesario consultar largas listas ni tablas de alimentos permitidos
- Las reglas básicas son más fáciles de explicar a familiares o en un restaurante
- Es más sencillo planificar con anticipación usando recetas habituales
Los investigadores señalan que una estructura tan simple puede lograr que las personas mantengan la dieta durante más tiempo en la práctica, algo fundamental en una afección crónica como el SII.
Beneficios adicionales: menos antojos de dulce y pérdida de peso
Algo llamativo fue que los participantes no solo experimentaron menos molestias digestivas, sino que también notaron cambios en su peso y apetito.
Muchos participantes perdieron algunos kilos y reportaron que el intenso deseo de comer dulce disminuyó notablemente tras varias semanas.
Al consumir menos azúcares rápidos, el nivel de glucosa en sangre se estabiliza. Esto reduce los picos y bajones de energía y, con frecuencia, elimina ese antojo inquieto de azúcar. Para las personas con SII que también luchan contra el exceso de peso, este puede ser un motivo adicional para intentarlo, siempre bajo la supervisión de un médico o dietista.
¿Cómo reconocer el síndrome del intestino irritable?
El SII es un diagnóstico que los médicos suelen establecer después de descartar otras causas. Sin embargo, existe una serie de síntomas que frecuentemente aparecen juntos:
| Síntoma | Descripción |
|---|---|
| Dolor abdominal o calambres | A menudo alrededor o por debajo del ombligo, con intensidad variable |
| Cambios en las deposiciones | Diarrea, estreñimiento o alternancia de ambos |
| Sensación de hinchazón | El vientre se siente tenso o lleno, a veces con ruidos intestinales audibles |
| Gases | Flatulencia y en ocasiones aire doloroso en el intestino |
| Náuseas | Se presentan de forma recurrente en una parte de los pacientes |
Quien experimente estos síntomas de forma prolongada debería consultar a su médico de cabecera. La presencia de sangre en las heces, fiebre, pérdida de peso inexplicable o dolor repentino e intenso son siempre señales de alarma que requieren atención médica urgente.
Consejos nutricionales de una experta: comer con calma realmente ayuda
Además de la composición del plato, el comportamiento al comer también juega un papel importante. La nutricionista británica Rhian Stephenson señaló en una entrevista que muchos pacientes con SII se benefician de comer de forma más consciente.
Cómo identificar mejor los desencadenantes
Un recurso práctico es llevar un diario de síntomas. En él se anota brevemente:
- Qué se come y bebe en cada comida
- El horario de cada ingesta
- Los síntomas en las horas siguientes (dolor, hinchazón, diarrea, estreñimiento)
- Momentos de estrés o noches de mal sueño
Después de unas semanas suelen apreciarse patrones claros. Determinados alimentos, combinaciones o situaciones preceden sistemáticamente a los síntomas. Eliminarlos o reducirlos de forma selectiva permite identificar los desencadenantes personales de cada uno.
Masticar despacio, tragar menos aire, sufrir menos
Mucha gente come deprisa: frente al ordenador, en el coche o con el móvil en la mano. Según Stephenson, esto tiene un efecto directo sobre la digestión.
Quien come con calma y mastica bien traga menos aire y le da al estómago y a los intestinos tiempo suficiente para procesar los alimentos. Eso puede reducir considerablemente la hinchazón y los gases.
Algunas pautas prácticas son:
- Dejar los cubiertos sobre la mesa después de cada pocos bocados
- Masticar al menos entre diez y quince veces antes de tragar
- Evitar grandes sorbos de bebidas con gas durante las comidas
- Dedicar al menos 20 minutos a cada comida, sin distracciones de pantallas
Estrés, ejercicio y fibra: tres pilares complementarios a la dieta
El SII está estrechamente relacionado con la conexión entre el intestino y el cerebro. El estrés, la falta de sueño y la tensión laboral o familiar pueden alterar significativamente el funcionamiento intestinal. Las técnicas de relajación, los ejercicios de respiración o el acompañamiento de un psicólogo especializado en trastornos digestivos pueden aportar mucho junto a cualquier enfoque nutricional.
El ejercicio regular —caminar, ir en bicicleta, correr suavemente o practicar yoga— ayuda al intestino a mantener su ritmo. Las personas sedentarias notan con frecuencia que sus deposiciones se vuelven más lentas y que sufren más hinchazón abdominal.
La fibra constituye, por último, la base de un tránsito intestinal saludable. En el caso del SII, encontrar el equilibrio adecuado es clave: poca fibra endurece las heces, pero un aumento excesivo y repentino puede agravar los síntomas. Incrementarla gradualmente a través de verduras, algo de fruta y, si procede, psyllium bajo supervisión de un profesional suele ser la opción más llevadera.
¿Cómo aplicar de forma segura una dieta baja en almidón y azúcar?
No todo el mundo reacciona igual a los cambios en la alimentación. Quien consuma habitualmente muchos productos con almidón y azúcar debería reducirlos poco a poco. Por ejemplo, lo más conveniente es empezar eliminando los refrescos y los dulces, y sustituir el pan blanco por una variedad integral. Después se pueden reducir las raciones de pasta, arroz y patatas, e incorporar más verduras.
Para las personas con bajo peso, trastornos alimentarios, diabetes u otras patologías, se recomienda encarecidamente el seguimiento de un dietista. Este profesional puede diseñar la dieta de forma que el intestino gane en tranquilidad sin comprometer el aporte suficiente de energía, proteínas, grasas, vitaminas y minerales.
Quienes noten una mejora clara de los síntomas tras varias semanas pueden valorar junto a un profesional qué alimentos recuperar en pequeñas cantidades. Así se construye, paso a paso, un patrón alimentario que cuida tanto el intestino como la calidad de vida cotidiana.













