En las profundidades de la Tierra, una fuerza invisible avanza sin parar, y ese movimiento afecta tanto a los vuelos de vacaciones como a los buques de guerra.
Los científicos han actualizado oficialmente la posición del polo norte magnético. Tras casi dos siglos rondando las proximidades de Canadá, el punto hacia el que apuntan las brújulas se encuentra ahora más cerca de Siberia, en una zona donde ningún sistema de navegación había necesitado apuntar con tanta precisión hasta ahora.
Qué ha pasado exactamente con el polo norte magnético
El polo norte magnético no es lo mismo que el polo norte geográfico. El geográfico está fijado al eje de rotación de la Tierra. El magnético, en cambio, depende de las corrientes de hierro y níquel líquidos que fluyen en el núcleo externo, a unos 3.000 kilómetros bajo la superficie terrestre.
Ese océano metálico en constante movimiento hace que el campo magnético cambie de forma continua, y con él se desplaza también el polo norte magnético. Esto ocurre al menos desde el siglo XIX, aunque el ritmo varía considerablemente.
En poco más de 190 años, el polo norte magnético se ha desplazado más de 2.200 kilómetros, desde las altas regiones polares canadienses en dirección a Siberia.
A partir de los años noventa, el ritmo se aceleró bruscamente. El polo llegó a moverse a unos 60 kilómetros por año. En los últimos tiempos, esa velocidad ha bajado hasta aproximadamente 35 kilómetros anuales. Parece poco, pero para la aviación y la defensa supone una diferencia enorme.
El nuevo modelo magnético mundial: la base silenciosa de nuestra navegación
Para seguir todos estos desplazamientos, la NOAA estadounidense y el British Geological Survey publican periódicamente el Modelo Magnético Mundial (WMM). Este modelo describe el estado actual del campo magnético terrestre, incluida la posición del polo norte magnético.
El nuevo modelo para 2025 confirma que el polo se encuentra oficialmente más cerca del norte de Rusia que de Canadá. Es un hito simbólico, pero sobre todo un dato práctico fundamental para quienes dependen de información magnética.
Sin actualizaciones periódicas del modelo, los errores de rumbo se acumulan lentamente hasta que la brújula y el mapa llegan a diferir varios grados.
Con solo unos pocos grados de desviación, un avión puede acabar decenas de kilómetros fuera de su ruta óptima. Para un buque de guerra o un submarino, esos errores pueden generar riesgos operativos reales. Por eso, cada nueva versión del modelo se trata en los círculos militares y aeronáuticos prácticamente como una actualización de seguridad crítica.
Nueva versión de alta resolución
Mientras las ediciones anteriores ofrecían un único modelo estándar, ahora se presenta por primera vez una variante de alta resolución: el WMMHR2025. La versión estándar sigue siendo el punto de referencia global para casi todos los sistemas de navegación, pero la versión más detallada refina enormemente la representación del campo magnético.
- Modelo estándar: detalle hasta aproximadamente 3.300 kilómetros en el ecuador
- Modelo de alta resolución: detalle hasta aproximadamente 300 kilómetros
Esa mayor precisión marca la diferencia en regiones donde cada kilómetro importa. Por ejemplo:
- vuelos polares que atraviesan o bordean el Ártico
- expediciones científicas en zonas polares remotas
- operaciones militares donde el GPS queda temporalmente inutilizable
Los gobiernos animan activamente a los usuarios de sistemas avanzados a pasarse al modelo de alta resolución, especialmente para ese tipo de aplicaciones sensibles.
Las 'zonas de apagón' magnético también se mueven
Con el desplazamiento del polo norte cambian también las llamadas zonas de apagón magnético. Son áreas alrededor de los polos donde el campo magnético está tan perturbado que las brújulas se vuelven poco fiables. En esas zonas las agujas pueden moverse de forma errática, quedarse bloqueadas o señalar direcciones incorrectas.
Al desplazarse el polo hacia Siberia, los límites de esas zonas de interferencia se mueven con él. Los nuevos mapas de esas regiones son esenciales para:
- planificadores militares que deben ejecutar operaciones cerca de los polos
- equipos de investigación que realizan mediciones de campo en el Ártico
- aerolíneas que desean volar o modificar rutas polares
Una estimación incorrecta de estas zonas puede llevar a que pilotos o capitanes confíen en una brújula más de lo que es prudente, precisamente donde los fallos de GPS son más frecuentes.
Del compás del móvil a la flota de la OTAN
El Modelo Magnético Mundial quizás suene a algo reservado para científicos, pero en realidad toca la vida de millones de personas cada día. La lista de usuarios es larga y sorprendentemente cotidiana.
Aviación, defensa y navegación marítima
La autoridad de aviación estadounidense utiliza el modelo para alinear correctamente pistas y rutas. Las denominaciones de las pistas de los aeropuertos están ligadas a orientaciones magnéticas; si estas cambian, los números a veces hay que repintarlos literalmente.
Para la defensa, el modelo es imprescindible. Las tropas de la OTAN, los submarinos, los buques y los aviones navegan con sistemas que corrigen constantemente las desviaciones magnéticas. La Marina británica y los servicios hidrográficos también toman el WMM como estándar para sus cartas náuticas.
En tu bolsillo
El teléfono que llevas encima también se apoya en los mismos datos. La brújula, las aplicaciones de mapas que muestran la dirección de tu ruta y algunos relojes deportivos utilizan correcciones magnéticas del WMM. Cada vez que una flecha en una aplicación de navegación apunta al norte, detrás hay indirectamente este modelo.
Los propios satélites GPS miden fundamentalmente tiempo y posición, pero el software que usamos en tierra combina esas señales con información magnética. Así, el sistema no solo sabe dónde estás, sino también hacia dónde estás orientado.
Sin inversión de los polos, pero con un campo magnético vivo
Un polo norte en movimiento evoca rápidamente imágenes de una inversión total del campo geomagnético terrestre, en la que norte y sur intercambiarían sus posiciones. Esas inversiones geomagnéticas han ocurrido varias veces en el pasado geológico, con una media de una vez cada varios cientos de miles de años.
Según los investigadores involucrados, no hay indicios actualmente de que una inversión así esté próxima. El polo magnético se desplaza, pero el campo no gira ni colapsa.
Desde el punto de vista magnético, la Tierra no se comporta como un imán de barra estático, sino como un sistema dinámico y ligeramente oscilante que cambia de forma de manera continua.
Los cambios en la intensidad del campo están relacionados con los patrones de corriente en el núcleo externo, pero también con la influencia de la actividad solar. Esa combinación hace que el sistema sea difícil de predecir, lo que hace necesarias mediciones y actualizaciones regulares.
Cómo siguen los investigadores este movimiento
El nuevo modelo se construye a partir de una combinación de mediciones y cálculos. Satélites especializados, buques y estaciones de medición en tierra registran pequeñas variaciones en el campo magnético. Después, los geofísicos traducen esos datos mediante modelos matemáticos a un mapa tridimensional del campo global.
La desaceleración en el movimiento del polo —de unos 60 a unos 35 kilómetros por año— está atrayendo mucha atención en ese ámbito científico. Apunta a cambios en las corrientes profundas del núcleo externo. Por ahora no está claro si es el inicio de un período más largo de movimiento más tranquilo o simplemente una pausa breve.
Qué notan los viajeros y usuarios habituales
La mayoría de la gente no percibe nada directamente. Las aplicaciones de navegación incorporan los nuevos datos magnéticos de forma silenciosa mediante actualizaciones de software. La navegación aérea y marítima también se actualiza entre bastidores.
Sin embargo, hay situaciones en las que sí importa:
- pilotos que vuelan rutas polares y dependen en gran medida de referencias de brújula
- navegantes que se alejan de la costa usando una brújula magnética sin correcciones adicionales
- expediciones en zonas remotas donde la señal GPS es débil o inexistente
Para estos grupos conviene consultar los valores actuales de declinación —la diferencia entre el norte magnético y el norte geográfico— e incorporarlos manualmente en sus cálculos de rumbo.
Conceptos clave explicados brevemente
Declinación magnética es la diferencia angular entre la dirección a la que apunta una brújula y el norte geográfico real. En España esa diferencia es relativamente pequeña, pero cerca de los polos puede llegar a ser de varias decenas de grados.
Polo norte magnético es el punto donde el campo magnético apunta tan verticalmente hacia abajo que la aguja de una brújula querría, en teoría, señalar directamente al suelo. Los sistemas de navegación usan este punto como referencia para calcular direcciones.
Tormentas geomagnéticas se producen cuando el Sol lanza una erupción intensa. Las partículas cargadas que llegan entonces a la Tierra perturban temporalmente el campo magnético, lo que puede causar interferencias en las comunicaciones por radio, los satélites y a veces también en las señales de navegación.
Quien trabaja o tiene como afición orientarse con rumbos, mapas y brújulas tiene mucho que ganar con un conocimiento básico del campo geomagnético terrestre. El polo en movimiento no es motivo de alarma, pero sí una señal de que la silenciosa infraestructura que sostiene nuestra navegación nunca se detiene.













