Cómo respira un pez bajo el agua
De pequeños damos por sentado que los peces están completamente seguros en el agua. Sin embargo, en su propio entorno existe un riesgo de asfixia que la mayoría de las personas subestima enormemente.
Quien haya visto alguna vez a un pez boqueando en la superficie de una acequia tranquila siente de manera instintiva que algo va mal. Los peces deberían respirar bajo el agua, pero precisamente en su hábitat natural las cosas pueden torcerse de forma dramática. Para entender cómo es posible, hay que comprender cómo funciona su sistema respiratorio y con qué rapidez lo ponemos en peligro a través de la contaminación y el cambio climático.
El mecanismo de respiración de los peces
Los peces no tienen pulmones: utilizan branquias. A ambos lados de la cabeza poseen unas estructuras muy ramificadas llamadas lamelas branquiales, repletas de diminutos capilares sanguíneos. El agua entra por la boca, pasa junto a esas lamelas y el oxígeno disuelto atraviesa la membrana hacia la sangre, mientras el dióxido de carbono es expulsado.
Todo este proceso se basa en un principio físico muy sencillo: la difusión. El agua contiene más oxígeno disuelto que la sangre del pez, por lo que el oxígeno se desplaza de forma natural desde donde hay más concentración hacia donde hay menos, es decir, hacia el torrente sanguíneo. Para el pez es un sistema perfecto, siempre y cuando haya suficiente oxígeno disponible en el agua.
Los peces no se ahogan porque haya "demasiada agua", sino porque el agua contiene demasiado poco oxígeno o porque el agua ya no llega correctamente a sus branquias.
El agua contiene de forma natural mucho menos oxígeno que el aire. Por eso, un pequeño cambio en la temperatura, la contaminación o la corriente puede tener consecuencias enormes. Los estanques poco profundos, las acequias estancadas y las láminas de agua muy calentadas se convierten rápidamente en zonas de riesgo.
Cuándo el agua contiene demasiado poco oxígeno
Uno de los problemas más graves en ríos y lagos es la eutrofización: un exceso de nutrientes, principalmente nitrógeno y fosfatos, que llegan al agua a través de los fertilizantes, los vertidos de aguas residuales y los efluentes industriales.
- El exceso de nutrientes provoca un crecimiento explosivo de algas y plantas acuáticas
- Esas algas mueren y las bacterias las descomponen
- Las bacterias consumen oxígeno durante ese proceso
- El resultado son "zonas muertas" donde los peces y otros animales apenas pueden sobrevivir
Las olas de calor también juegan un papel determinante. El agua caliente retiene menos oxígeno disuelto que el agua fría. Por eso, en verano se producen con frecuencia mortandades masivas de peces en estanques urbanos y parques, precisamente cuando las temperaturas se mantienen elevadas durante varios días seguidos y apenas sopla viento.
Señales típicas de que los peces están en apuros
| Señal | Qué significa |
|---|---|
| Los peces boquean en la superficie del agua | En las capas inferiores hay muy poco oxígeno; en la superficie hay algo más |
| Movimientos lentos y apatía generalizada | Los músculos reciben oxígeno insuficiente y la energía se agota |
| Mortandad masiva repentina tras una tormenta o una ola de calor | El oxígeno disuelto se desploma o ya estaba en niveles extremadamente bajos |
¿Ahogarse o asfixiarse? Cuál es la diferencia real
En los seres humanos, ahogarse significa que los pulmones se llenan de agua y ya no es posible inhalar aire. En ese sentido médico estricto, un pez no se ahoga: su aparato respiratorio está diseñado precisamente para recibir agua.
Aun así, un pez puede morir en el agua por falta de oxígeno. En ese caso hablamos de asfixia dentro del agua, no de ahogamiento en el sentido humano del término. Para el pez, la distinción importa poco: el resultado final es exactamente el mismo.
Cuando un pez ya no puede respirar aunque esté rodeado de agua
En muchas especies es fundamental que el agua fluya de manera continua a través de las branquias. Algunos peces bombean ese flujo mediante sus opérculos branquiales, mientras que otros dependen de sus propios movimientos de natación para mantenerlo.
En los tiburones, este punto resulta especialmente crítico. La mayoría de las especies de tiburones deben seguir nadando sin parar; si se detienen, el flujo de agua sobre sus branquias cesa y se asfixian. Eso explica por qué los tiburones que pierden sus aletas apenas sobreviven, incluso cuando son devueltos vivos al mar.
Otras especies, como los tiburones nodriza, las rayas y las mantarrayas, pueden bombear agua activamente sobre sus branquias sin necesidad de nadar. Estos animales pueden permanecer completamente inmóviles en el fondo y aun así absorber suficiente oxígeno sin ningún problema.
Un pez no puede ahogarse de la misma manera que lo hace una persona, pero sí puede quedarse literalmente sin respiración en su propio elemento natural.
Branquias dañadas: un peligro mortal que pasa desapercibido
Incluso cuando hay suficiente oxígeno disuelto en el agua, un pez puede encontrarse en serios apuros si sus branquias resultan dañadas. Las lamelas branquiales son estructuras extremadamente delicadas y vulnerables.
Los daños pueden originarse por diversas causas:
- Manipulación brusca de los peces capturados durante la pesca deportiva o profesional
- Contacto con objetos cortantes o rocas afiladas
- Ataques de depredadores
- Parásitos que se adhieren a las branquias
- Infecciones bacterianas o fúngicas que deterioran el tejido branquial
En todos estos casos, el agua sigue circulando junto a las branquias, pero la superficie disponible para el intercambio gaseoso se reduce drásticamente. El pez acaba recibiendo demasiado poco oxígeno, por mucho que siga nadando con vigor.
¿Pueden los peces respirar fuera del agua?
Para la gran mayoría de las especies, la respuesta es: apenas unos instantes. Fuera del agua, las delicadas estructuras branquiales se colapsan, se secan, se pegan entre sí y pierden su enorme superficie de intercambio gaseoso. El proceso respiratorio se detiene con rapidez.
No obstante, existen algunas excepciones notables:
- Arapaima — Un enorme pez de agua dulce sudamericano que, además de branquias reducidas, posee una vejiga natatoria modificada. Con ella puede inhalar aire directamente y absorber oxígeno. Así logra sobrevivir hasta un día entero fuera del agua, siempre que no se deshidrate.
- Peces pulmonados — Parientes lejanos de los peces modernos, dotados de pulmones primitivos. Respiran activamente en la superficie y pueden superar periodos de sequía encapsulándose dentro del barro.
Estos animales demuestran la extraordinaria flexibilidad de la evolución. Mientras la mayoría de los peces dependen completamente del agua, algunas especies han desarrollado un sistema de emergencia para extraer oxígeno del aire cuando su hábitat se seca.
Cómo los mamíferos marinos lo resuelven de forma mucho más eficiente
Las ballenas, los delfines, las focas y las tortugas marinas juegan en una categoría completamente diferente. Tienen pulmones y, al igual que los humanos, necesitan inhalar aire. Sin embargo, son capaces de permanecer bajo el agua durante períodos sorprendentemente prolongados gracias a que sus cuerpos gestionan el oxígeno de manera extraordinariamente eficiente.
Sus principales adaptaciones incluyen:
- Una cantidad mucho mayor de mioglobina en los músculos, una proteína que almacena oxígeno
- Una alta concentración de glóbulos rojos, lo que permite transportar más oxígeno por todo el cuerpo
- Una reducción drástica de la frecuencia cardíaca durante las inmersiones (bradicardia)
- Redistribución selectiva del flujo sanguíneo hacia el cerebro, el corazón y los músculos activos
En los grandes buceadores de profundidad, como los cachalotes y ciertos zifios, los pulmones pueden incluso colapsar casi por completo, lo que evita daños causados por la presión extrema en las grandes profundidades. El zifio de Cuvier ostenta el récord de inmersión con una zambullida de más de tres horas y cuarenta minutos sin salir a respirar.
Reptiles marinos: tortugas y cocodrilos
Las tortugas marinas y algunas especies de cocodrilos gestionan el oxígeno de una manera diferente. Pueden reducir su metabolismo de forma significativa. Al disminuir su consumo de energía, sus músculos necesitan menos oxígeno y logran aguantar mucho más tiempo bajo el agua.
Qué nos dice esto sobre nuestros propios cuerpos de agua
La idea de que los peces siempre están "a salvo" mientras permanezcan en el agua sencillamente no se sostiene. En el estanque de un parque urbano, en una acequia rural o en un lago de montaña, los niveles de oxígeno pueden desplomarse en cuestión de horas. Especialmente durante los veranos calurosos, con proliferaciones de cianobacterias y vertidos de aguas contaminadas.
Para quienes gestionan estanques y acuarios, y también para los ayuntamientos, hay varios factores fundamentales: medir el nivel de oxígeno con regularidad, mantener suficientes plantas acuáticas y circulación de agua, limitar los aportes de nutrientes y residuos, e intervenir de inmediato en cuanto los peces comiencen a boquear masivamente en la superficie.
Si tienes un estanque en el jardín, unas medidas sencillas pueden prevenir grandes problemas: alimentar con moderación, crear suficiente sombra, no sobrecargar el estanque de peces y, en épocas de calor extremo, instalar aireación adicional. Así evitarás que el agua en la que los peces deben respirar se convierta de repente en una trampa silenciosa de la que ya no haya escapatoria.













