El youtuber polaco que se calienta con donuts rebajados de Lidl en lugar de leña

Calentar el hogar con bollería de oferta: el experimento viral que nadie esperaba

En Polonia, un popular youtuber ha llevado la creatividad doméstica a un nivel insólito: en lugar de leña o pellets, ha decidido meter donuts en su estufa de hierro fundido. El resultado ha sorprendido incluso a los más escépticos, y el vídeo se ha convertido en un fenómeno que refleja una realidad económica muy incómoda.

Las imágenes, grabadas en un taller sencillo, muestran cómo el creador arroja diez kilos de bollos repletos de grasa al fuego, poniendo de manifiesto hasta dónde pueden llegar las personas cuando la factura de la energía se dispara.

Donuts como combustible: ¿de dónde surgió esta idea tan extraña?

Marek Hoffmann, conocido en internet como "AdBuster", lleva tiempo buscando formas de calentar su espacio al menor coste posible. Todo empezó cuando comparó el precio de los pellets de madera con el de la bollería rebajada en Lidl y descubrió algo sorprendente: los donuts con descuento resultaban más baratos por kilo que el combustible convencional.

En Polonia, durante las festividades tradicionales se venden en masa bollos fritos. Los que no se despachan a tiempo acaban con descuentos espectaculares. Hoffmann vio esas etiquetas de oferta en el supermercado y decidió convertirlo en un experimento en toda regla.

  • Ubicación: Polonia, donde muchos hogares se calientan con estufas de leña
  • Combustible: donuts del supermercado con grandes descuentos
  • Objetivo: comprobar si resulta más económico y eficaz que los pellets de madera
  • Audiencia: cientos de miles de seguidores en su canal de YouTube

En total adquirió 133 donuts en Lidl, aproximadamente diez kilos. En caja pagó 2,85 euros, lo que equivale a unos pocos céntimos por unidad. Los pellets de madera del mismo peso cuestan en su zona bastante más.

Una caja entera de donuts resultó más barata por kilo que un saco de pellets para la estufa.

¿Qué tan bien arden realmente los donuts en una estufa?

Sobre el papel, los donuts reúnen todos los ingredientes para generar calor de forma notable. Están compuestos principalmente de grasa y azúcar, exactamente las sustancias que liberan más energía al quemarse. Para su vídeo, Hoffmann contrastó este dato con información oficial sobre el contenido energético de los alimentos.

Según las cifras que manejó, los bollos aportan alrededor de 18,5 megajulios por kilo, cifra que supera ligeramente los 18,27 megajulios por kilo de las briquetas estándar de madera. En términos de energía por peso, apenas tienen nada que envidiarle a la leña tradicional.

Cinco horas de fuego con diez kilos de bollería

La prueba práctica resultó aún más llamativa que la teoría. En su estufa de hierro fundido, Hoffmann fue colocando capas sucesivas de donuts sobre el fuego. En cuanto el azúcar y el aceite prendían, la temperatura ascendía rápidamente hasta varios cientos de grados.

Los donuts no solo ardían brevemente, sino que mantenían una llama constante. Según el youtuber, la carga completa aguantó encendida durante unas cinco horas seguidas. La estructura grasa del bollo favorecía una combustión lenta y uniforme, casi como la de un combustible sólido compacto.

Por la combinación de grasa y azúcar, los donuts se comportaron en la estufa casi como briquetas sólidas de aceite de freír.

Combustible Contenido energético estimado por kilo Uso habitual
Donuts aprox. 18,5 MJ/kg Normalmente: alimentación; aquí: combustible experimental
Briquetas de madera aprox. 18,27 MJ/kg Estufas y chimeneas
Pellets de madera 17–19 MJ/kg Estufas de pellets e instalaciones de calefacción

El youtuber aclaró a su audiencia que no realizó mediciones profesionales, aunque sí utilizó termómetros para controlar la temperatura de la estufa y el conducto de humos. El calor en la estancia aumentó de forma perceptible y se mantuvo estable mientras siguió alimentando el fuego con bollos.

Barato, sí, pero también un campo minado moral y práctico

A pesar del espectáculo, Hoffmann reconoció sentirse incómodo con lo que estaba haciendo. En el vídeo admite que le genera dudas tratar la comida de esa manera, aunque se trate de excedentes que de otro modo podrían acabar en la basura.

Le resulta amargo que, en una época en la que hay personas que tienen dificultades para pagar la compra, otros quemen donuts para reducir la factura energética.

Su experimento conecta con un debate más amplio en Europa: ¿hasta dónde puede llegar el aprovechamiento de alimentos próximos a su fecha de caducidad? En muchos países, los supermercados intentan venderlos con grandes descuentos de última hora. Una parte termina igualmente en el cubo de basura o en pienso animal, y una fracción menor llega a los bancos de alimentos.

La factura energética obliga a buscar soluciones creativas

El experimento de los donuts se enmarca en una creciente tendencia de métodos alternativos de calefacción que se han extendido por Europa central y del Este desde que los precios de la energía se dispararon. En Polonia, algunos hogares ya recurren habitualmente a:

  • Papel viejo y cartón como combustible de emergencia en estufas
  • Productos agrícolas como avena o maíz en calderas adaptadas
  • Aceite usado en quemadores improvisados en talleres y graneros

Los medios locales advierten con frecuencia de que muchas de estas soluciones generan contaminación atmosférica y hollín adicionales sin que sus usuarios sean conscientes de ello. Al quemar alimentos ricos en azúcar, grasa y glaseado se liberan sustancias muy distintas a las que produce la madera seca sin tratar.

¿Es seguro quemar comida en una estufa doméstica?

El vídeo de Hoffmann muestra una estufa de hierro fundido cerrada con chimenea al exterior, pero sin ninguna medición exhaustiva de los humos. El propio creador desaconseja a sus seguidores que repitan el experimento en casa sin más. La mayoría de las instalaciones domésticas están diseñadas únicamente para madera o pellets certificados.

Quemar donuts implica varios riesgos que conviene no ignorar:

  • Mayor acumulación de hollín: la grasa y el azúcar pueden carbonizarse rápidamente y ensuciar el conducto de humos.
  • Combustión incompleta: puede generar monóxido de carbono, un gas inodoro pero potencialmente mortal.
  • Riesgo de incendio: la grasa fundida puede arder dentro de la estufa o la chimenea en lugares imprevistos.
  • Emisiones desconocidas: ingredientes como el glaseado, el relleno y el aceite de freír se queman de forma muy diferente a la madera natural.

Los bomberos y los técnicos de instalaciones desaconsejan en general introducir alimentos, envases plásticos u otros materiales no homologados en estufas convencionales. El motivo es doble: seguridad contra incendios e impacto sobre la calidad del aire en zonas residenciales.

Lo que este experimento revela sobre el mercado energético

Más allá del factor espectáculo, el experimento deja al descubierto una realidad inquietante: si la bollería frita resulta más barata por kilo que el combustible real, algo no funciona en la relación entre los precios de los alimentos y los de la energía. Para muchos hogares polacos, la factura energética supone cada mes una porción cada vez mayor del presupuesto familiar.

Los expertos en pobreza energética alertan de que, en estas circunstancias, las personas tienden a asumir riesgos mayores. Queman madera húmeda, madera tratada con pintura, carbón barato de mala calidad o combustibles improvisados. Eso reduce el gasto a corto plazo, pero aumenta la carga sobre la salud y el medioambiente.

Mientras tanto, las compañías eléctricas y los gobiernos ensayan subvenciones, topes de precios y programas de aislamiento térmico. Esas medidas tardan en notarse, mientras las soluciones creativas —y a veces cuestionables— de los ciudadanos aparecen de inmediato en vídeos como el de Hoffmann.

¿Tiene lógica usar comida como fuente de energía?

Desde el punto de vista físico, que los donuts ardan bien tiene toda la lógica del mundo. Nuestro propio organismo aprovecha exactamente esa misma energía contenida en grasas y azúcares para mantenernos calientes y en movimiento. Lo que normalmente ingerimos puede, en teoría, alimentar también una estufa.

A gran escala, algo parecido ya ocurre: el aceite de freír usado se convierte en biodiésel, y los residuos de la industria alimentaria a veces terminan en digestores que producen biogás. Eso sí, son procesos controlados, con filtros, mediciones y permisos.

Arrojar una caja de bollos azucarados a una estufa doméstica es una versión mucho más rudimentaria del mismo principio. Pero ilustra de forma inmediata y visual la enorme densidad energética que esconde nuestra comida cotidiana. Quien vea este vídeo comprenderá de golpe cuánto "combustible" se oculta detrás de unos pocos euros en bollería.

Para cualquier persona que observe este experimento con los pies fríos y la calefacción encendida, la conclusión práctica es clara: antes de acumular donuts junto a la chimenea, merece mucho más la pena invertir en un buen aislamiento térmico, burletes para las corrientes de aire y un termostato eficiente.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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