Un nuevo estudio revela que animales y humanos disfrutan sorprendentemente de la misma música

La naturaleza tiene sus propios gustos musicales, y coinciden con los nuestros

Un equipo internacional de científicos ha llegado a una conclusión que pocos esperaban: nuestros oídos valoran exactamente los mismos sonidos que producen y prefieren los propios animales. Y lo más fascinante es que esto le da una nueva y sólida base a una idea que Charles Darwin planteó hace más de un siglo.

Darwin tenía razón: los animales también tienen sentido de la belleza

En el siglo XIX, Darwin argumentó que el sentido estético no era exclusivo de los seres humanos. Según él, los animales también encuentran ciertos sonidos, colores o formas atractivos, algo que influiría directamente en la elección de pareja. Durante mucho tiempo, esta idea resultó difícil de demostrar empíricamente.

Un estudio publicado en la revista Science sugiere ahora que Darwin estaba muy cerca de la verdad. Los investigadores compararon lo que los humanos consideran agradable al oído con lo que los animales prefieren dentro de su propia especie.

Los participantes eligieron con notable frecuencia precisamente aquel sonido animal que resulta más atractivo para el propio animal.

Para ello, se apoyaron en investigaciones previas sobre comunicación animal, donde ya se había medido qué llamadas, vibraciones o chasquidos tienen mayor efecto sobre los posibles compañeros de cada especie. Esos sonidos se compararon después con las preferencias humanas.

Un experimento online con más de 4.000 participantes de todo el mundo

Los investigadores convirtieron su experimento en un juego disponible en internet, al que se sumaron más de 4.000 personas procedentes de distintos países.

  • Cada participante escuchó 110 pares de sonidos animales.
  • En cada par debía indicar cuál le resultaba más agradable.
  • Ya se sabía de antemano qué sonido prefería cada especie animal.

A continuación se analizó hasta qué punto las elecciones humanas coincidían con las preferencias animales. El resultado sorprendió incluso a los propios investigadores: cuanto más marcada era la preferencia de una especie por un sonido concreto, mayor era la probabilidad de que los humanos también lo calificaran como agradable.

Otro detalle llamativo: los participantes reaccionaban más rápido cuando elegían el sonido que el animal consideraba más atractivo. Esto apunta a una respuesta automática e intuitiva, más que a un juicio razonado.

De ranas a pájaros: lo que atrae a los animales también nos atrae a nosotros

Para el experimento se utilizaron sonidos de 16 especies animales distintas, entre ellas ranas, saltamontes y aves canoras. Un papel protagonista lo tuvo la llamada rana túngara, una especie tropical estudiada intensamente desde los años ochenta.

Se sabe que las hembras de esta rana prefieren a los machos cuyo canto incluye ciertos "adornos" sonoros. No basta con el canto básico: también importan añadidos como chasquidos breves, trinos rápidos o una pulsación grave adicional.

Lo que hace irresistible el canto de una rana macho resulta también, para muchos humanos, genuinamente agradable al oído.

En el estudio, los participantes reaccionaron con mayor intensidad ante sonidos animales que contenían este tipo de adornos. Los tonos graves también resultaron populares, igual que ocurre entre los propios animales. No se trata de preferencias aleatorias, sino de propiedades sonoras muy específicas: estructura, ritmo, tono y variación.

La formación musical apenas influye

Los participantes tenían perfiles musicales muy distintos: algunos llevaban años estudiando música, otros prácticamente no tenían experiencia. Sin embargo, esto apenas afectó a sus elecciones.

Este resultado indica que nuestra preferencia no proviene principalmente de la cultura, la educación o el gusto adquirido. Los investigadores sugieren que características innatas de nuestro sistema auditivo desempeñan un papel mucho más decisivo.

¿Qué nos dice esto sobre el origen de la música?

La gran pregunta es: ¿por qué los oídos de humanos y animales reaccionan de forma tan similar? Los investigadores creen que la respuesta está en mecanismos ancestrales compartidos entre el cerebro y el sistema auditivo.

Nuestro sistema auditivo parece construido sobre principios que compartimos con otras especies, posiblemente heredados de un ancestro común muy remoto.

Muchos vertebrados convierten las vibraciones del aire en señales nerviosas de manera similar. Los patrones sonoros con ritmo, repetición y variación sutil probablemente resultan más fáciles de procesar para el cerebro, lo que podría explicar por qué nos atraen incluso sin que seamos conscientes de ello.

Si nuestras preferencias musicales tienen en parte esta base biológica compartida, la música sería menos una invención humana y más una versión refinada de algo que ya existía en la naturaleza: la sensibilidad hacia ciertos patrones sonoros útiles para la comunicación y la reproducción.

Ciencia ciudadana: un juego que genera datos muy serios

El estudio también demuestra el enorme potencial de la ciencia ciudadana. A través de una plataforma online, miles de personas participaron en poco tiempo. Lo que para ellas era un entretenido juego con sonidos animales, para los investigadores representó una cantidad extraordinaria de datos.

Realizar un experimento de esta escala en un laboratorio físico habría sido prácticamente inviable. Las herramientas digitales permiten estudiar patrones en la percepción humana a gran escala y detectar preferencias sutiles que de otro modo pasarían desapercibidas.

¿Qué podemos hacer con estos descubrimientos?

Los resultados no solo interesan a biólogos y psicólogos de la música. Abren nuevas preguntas y tienen aplicaciones en múltiples ámbitos:

  • Sonido en documentales de naturaleza: los realizadores pueden aprovechar mejor los sonidos que resultan atractivos tanto para animales como para humanos.
  • Ambientes sonoros en parques y zoológicos: conocer las preferencias compartidas ayuda a crear entornos auditivos más agradables y relajantes.
  • Musicoterapia: entender las preferencias innatas puede ser útil en terapias para el estrés o la ansiedad.
  • Inteligencia artificial y tecnología de audio: los sistemas que generan o filtran sonido pueden incorporar propiedades profundamente arraigadas en nuestro sistema auditivo.

¿Y si ocurre lo mismo con colores y aromas?

Los investigadores no quieren detenerse en los sonidos animales. Tienen previsto realizar experimentos similares con estímulos visuales y olfativos. La pregunta es si los humanos también encontramos atractivas las combinaciones de colores o los aromas que constituyen señales importantes para los animales, como ocurre con las plantas en flor o el plumaje de ciertas aves.

Si aparece un patrón de coincidencia similar, eso apuntaría a una sensibilidad compartida aún más amplia entre humanos y otras especies, que iría mucho más allá de la música o el sonido.

Cómo puedes experimentarlo tú mismo

Si este tema te genera curiosidad, puedes comprobarlo fácilmente en tu día a día. Durante un paseo primaveral, presta atención a qué cantos de pájaros te resultan agradables y cuáles te generan inquietud. Normalmente, los patrones rítmicos y repetitivos son los favoritos.

El sonido de los grillos, el croar de las ranas junto a un estanque o incluso el arrullo de una paloma pueden resultar sorprendentemente relajantes. Muchos de estos sonidos comparten las características destacadas en el estudio: ritmo claro, tonos limitados y pequeñas variaciones en lugar de caos sonoro.

Quienes hacen música pueden inspirarse en estos "compositores" naturales. Los trinos, los patrones breves y repetitivos, y los tonos graves y pulsantes aparecen en infinidad de estilos musicales por una razón muy concreta: nuestro cerebro lleva millones de años sintonizado con ellos.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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