Este quesito italiano gana en salud: una dietista presenta su ranking definitivo

Por qué el queso italiano no siempre es tan inocente como parece

Los quesos italianos gozan de una reputación saludable casi por defecto. Se consumen fríos, acompañados de tomate y albahaca, o como toque refinado sobre la pasta. Pero ahí está precisamente la trampa. Muchas de estas variedades concentran grandes cantidades de grasa y sal, algo que se acumula rápidamente cuando los rallas con generosidad o cuando consideras media bola de mozzarella como "almuerzo ligero".

Una dietista francesa comparó los quesos italianos más populares analizando no su sabor, sino sus valores nutricionales: calorías, grasas, proteínas y sal. El resultado es un ranking sorprendente en el que un queso fresco destaca con claridad por encima del resto.

Un queso italiano puede aportar casi el triple de calorías que otro, aunque la porción en el plato tenga exactamente el mismo aspecto.

Los tres criterios principales que analizó la dietista por cada 100 gramos de queso fueron:

  • Cantidad de calorías totales
  • Contenido en grasas (lípidos)
  • Aporte proteico y capacidad saciante

Con estos datos sobre la mesa, es bastante sencillo decidir qué queso puedes incorporar con más frecuencia a tu dieta y cuál conviene reservar para ocasiones especiales.

Ricotta: la opción más responsable nutricionalmente

La ricotta se alza como la ganadora indiscutible de este análisis. No por ser la más emocionante en cuanto a sabor, sino porque desde el punto de vista nutricional es la más equilibrada de todas.

Por cada 100 gramos, la ricotta ofrece aproximadamente los siguientes valores:

Valor nutricional Ricotta (por 100 g)
Calorías ± 150 kcal
Grasas ± 10 g
Proteínas ± 10 g

Estos números la convierten en un queso relativamente bajo en grasa, moderado en calorías y suficientemente rico en proteínas como para saciar con eficacia. Además, su contenido en sal es menor que el de la mayoría de los quesos italianos, lo que resulta beneficioso para la tensión arterial.

Muchos dietistas recomiendan la ricotta como primera opción para quienes disfrutan del queso pero quieren controlar su peso y sus niveles de colesterol.

La ricotta va mucho más allá de la lasaña o los canelones. Puedes mezclarla con hierbas aromáticas y untarla sobre pan, incorporarla al relleno de una tortilla o utilizarla como sustituto más ligero de la nata en salsas para pasta. Su sabor suave la hace versátil tanto en preparaciones saladas como dulces.

Mozzarella: una elección razonable si controlas la porción

La mozzarella tiene fama de ser un queso "ligero", pero las cifras matizan bastante esa idea. Comparada con la ricotta, contiene casi el doble de grasa.

Por cada 100 gramos de mozzarella obtienes aproximadamente:

  • Alrededor de 280 kcal
  • ± 20 g de grasas
  • ± 18 g de proteínas

Tiene menos agua que la ricotta, lo que concentra más sus nutrientes. Eso significa que sacia bien y encaja perfectamente en una ensalada completa, pero el aporte energético sube rápidamente si apilan varias lonchas sobre una pizza o un bocadillo.

La dietista aconseja consumirla de manera ocasional, sin convertirla en el queso de referencia del día a día. Media bola (unos 60 gramos) es una porción razonable si se consume con cierta frecuencia.

Burrata: una tentación cremosa con más grasa aún

La burrata se parece a la mozzarella, pero con un corazón cremoso que la hace considerablemente más calórica. Su contenido en grasa oscila entre los 23 y los 27 gramos por cada 100 gramos, y su valor calórico ronda los 285 kcal por 100 gramos, algo superior al de la mozzarella.

Paradójicamente, la burrata sacia menos de lo que cabría esperar, ya que su interior es principalmente una masa cremosa de textura ligera. Es habitual servir porciones más grandes de lo necesario, especialmente cuando llega a la mesa como pieza central acompañada de pan y aceite de oliva.

Considera la burrata como un capricho gastronómico, no como el queso habitual de tus ensaladas, especialmente si cuidas tu peso.

La dietista recomienda mantenerse también aquí cerca de media bola cuando se consume con regularidad. Para quienes raramente comen queso o tienen una cena festiva en mente, una porción algo más generosa es perfectamente asumible, siempre que el resto de la comida sea más ligero.

Scamorza: más concentrada y con más sal

La scamorza es menos conocida en España, aunque aparece cada vez con más frecuencia en tiendas de delicatessen. Se trata esencialmente de un queso con mayor grado de deshidratación, lo que le da una textura más cercana a las variedades semiduras.

La pérdida de humedad concentra tanto la grasa como la sal. Por cada 100 gramos aporta alrededor de 320 kcal, lo que la sitúa claramente por encima de la ricotta y la mozzarella. No es la opción más indicada para usar en abundancia si quieres controlar tu ingesta calórica.

Lo más inteligente es utilizarla como potenciador de sabor: unas pocas lonchas finas sobre una pasta al horno o verduras a la plancha aportan un aroma intenso sin necesidad de grandes cantidades.

Gorgonzola y mascarpone: bombas calóricas para ocasiones puntuales

Gorgonzola: queso azul con un alto contenido graso

El gorgonzola puede parecer "aireado" y casi fluido, pero eso no dice nada de su porcentaje de grasa. Todo lo contrario: con aproximadamente 370 kcal por cada 100 gramos y un elevado contenido lipídico, este queso pertenece claramente a la categoría más calórica.

Su sabor tan intenso significa que en realidad necesitas muy poco. Unos pocos trozos en una ensalada o algunas migas desmenuzadas sobre unos ñoquis son suficientes para aportar un potente toque de sabor al plato. Las personas con colesterol elevado o hipertensión deben consumirlo con especial moderación.

Mascarpone: el número uno en grasa y calorías

El mascarpone ocupa el primer puesto sin discusión en cuanto a riqueza grasa. Contiene alrededor de un 40% de grasa y aporta entre 400 y 450 kcal por cada 100 gramos, valores comparables a los de la nata entera.

El mascarpone pertenece a la categoría de "postre y celebración", no a la cocina cotidiana, si lo que buscas es cuidar tu salud.

Aun así, es posible usarlo de forma más inteligente. Por ejemplo, puedes mezclarlo a partes iguales con queso fresco desnatado o yogur en postres y salsas. Así conservas la cremosidad característica mientras reduces considerablemente el total de grasas y calorías del plato.

¿Con qué frecuencia puedes comer cada queso?

La dietista consultada ofrece una orientación clara para quienes disfrutan del queso italiano sin querer descuidar su salud:

  • Ricotta: la mejor opción para el consumo diario, siempre que la porción ronde los 50–80 gramos.
  • Mozzarella y burrata: perfectas para consumo ocasional; procura no superar media bola por ración.
  • Scamorza y gorgonzola: úsalas con moderación como potenciadoras de sabor; pequeñas cantidades son más que suficientes.
  • Mascarpone: reservarlo para ocasiones especiales y combinarlo preferiblemente con ingredientes más ligeros.

Quienes padecen diabetes, enfermedades cardiovasculares o tienen el colesterol elevado se benefician especialmente de estas elecciones. Reducir las grasas saturadas y la sal alivia la presión sobre los vasos sanguíneos y el corazón.

Consejos prácticos para disfrutar de la cocina italiana sin remordimientos

Con unos pocos ajustes sencillos, una comida abundante a base de queso puede convertirse en una opción mucho más amable para tu organismo. Estas son las estrategias más útiles:

  • Usa ricotta como base en las salsas de pasta en lugar de nata o mascarpone.
  • Añade abundante verdura a los platos con mozzarella o burrata para que el queso no sea el protagonista absoluto.
  • Ralla quesos potentes como el gorgonzola en láminas finas sobre el plato en lugar de servir grandes trozos.
  • Pesa las porciones alguna vez con una báscula de cocina para calibrar tu percepción: lo que parece "un poco" suele ser entre 80 y 100 gramos.
  • Combina los quesos más ricos con pasta integral o pan integral para sumar fibra y prolongar la sensación de saciedad.

A quienes les gusta cocinar, retocar las recetas sutilmente puede marcar una gran diferencia. En el tiramisú, por ejemplo, puedes sustituir parte del mascarpone por queso fresco desnatado sin que la textura cambie de forma radical. En la lasaña, parte del queso puede reemplazarse por una mezcla de ricotta y espinacas.

No pierdas de vista tampoco el patrón alimentario global del día. Una noche de burrata con pizza generosa no supone ningún desastre, siempre que el resto de la jornada haya sido más ligero y hayas movido el cuerpo. Comer sano tiene poco que ver con un solo alimento y mucho con lo que haces de media. El queso italiano puede encajar perfectamente en una dieta equilibrada, siempre que la ricotta aparezca en la mesa más a menudo que el mascarpone y no devores media tabla de quesos en cada comida.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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