Nuevo estudio: la agricultura intensiva provoca el colapso de las aves en Norteamérica

Las aves desaparecen del paisaje a un ritmo sin precedentes

En campos silenciosos y extensos mares de maíz dominados por maquinaria, algo ocurre de forma casi imperceptible: las aves se esfuman del paisaje más rápido que nunca.

Un extenso estudio a largo plazo publicado en la prestigiosa revista Science demuestra que la agricultura industrial en Norteamérica no solo coincide con una reducción en el número de aves, sino que ese descenso se acelera progresivamente. Las zonas con mayor uso de fertilizantes sintéticos y pesticidas resultan ser auténticas trampas mortales para las poblaciones de aves.

Casi la mitad de las especies registra pérdidas alarmantes

Los investigadores monitorizaron las poblaciones de 261 especies diferentes de aves en Norteamérica durante 34 años, desde 1987 hasta 2021. En ese período, estas poblaciones experimentaron una disminución media de aproximadamente el 15 por ciento.

En el 47 por ciento de las especies estudiadas, los científicos detectaron un declive estadísticamente significativo, es decir, una tendencia descendente que no puede atribuirse al azar.

En casi una de cada cuatro especies, el ritmo del declive se está acelerando, sobre todo en las zonas de agricultura más intensiva.

El estudio no solo midió cuántas aves se pierden, sino también si esa caída se está volviendo más rápida con el tiempo. En el 24 por ciento de las especies analizadas, las pérdidas se agravan año tras año. En esos casos, los mismos factores aparecen repetidamente:

  • Uso intensivo de pesticidas y fertilizantes artificiales
  • Grandes extensiones de tierras de cultivo con escasa diversidad
  • Paisajes agrícolas abiertos y profundamente transformados

Estos resultados coinciden con análisis previos de la organización internacional de conservación UICN, que calculó que las poblaciones del 61 por ciento de las especies de aves a nivel mundial están en retroceso, siendo la expansión e intensificación agrícola una de las principales causas.

Cómo la agricultura intensiva pone a las aves contra las cuerdas

La agricultura industrial transforma ecosistemas enteros. Donde antes había arbustos, humedales y zonas arboladas, ahora se extienden vastos campos de monocultivo. Para muchas especies, esto implica perder de golpe sus lugares de nidificación, refugio y alimentación.

Todo empieza por cómo se configura el terreno:

  • Los setos y lindes arbóreos desaparecen para ampliar las parcelas
  • Los canales se encauzan o rellenan
  • Carreteras, naves y otras infraestructuras fragmentan los hábitats

Para las aves, esto se traduce en menos lugares donde criar, mayor perturbación y una mayor exposición a los depredadores, que actúan con mayor facilidad en espacios abiertos.

Los pesticidas y fertilizantes atacan directamente el menú de las aves

El golpe más devastador llega desde un frente menos visible: los productos químicos. Los fertilizantes, herbicidas e insecticidas alteran profundamente la disponibilidad de alimento en el entorno.

Estos productos no siempre matan directamente a las aves, pero eliminan su fuente de alimento, especialmente los insectos.

Muchas especies de pájaros cantores, golondrinas y aves de praderas dependen enormemente de los insectos, especialmente durante la temporada de cría. Los insecticidas están diseñados precisamente para eliminarlos en poco tiempo. Pero otros productos también tienen un efecto en cadena:

  • Los herbicidas empobrecen las cunetas y riberas, lo que reduce la presencia de insectos y semillas
  • El abono artificial favorece a unas pocas especies vegetales de crecimiento rápido; el resto desaparece y con ellas los insectos asociados
  • Los residuos de plaguicidas pueden acumularse en insectos y semillas, degradando la calidad nutricional del alimento de las aves

Para muchas especies, esto genera un estrés doble: menos lugares seguros donde criar y menos alimento para sacar adelante a las crías.

El clima y la agricultura se combinan como amenaza para las aves

Los investigadores también analizaron el papel del cambio climático. Las temperaturas más altas están asociadas a un declive generalizado de las poblaciones de aves. En las zonas más cálidas, los números totales eran más bajos independientemente de la presión agrícola.

Lo que resultó especialmente llamativo es que las áreas con agricultura intensiva donde las temperaturas han aumentado con más fuerza son las que registran los golpes más duros. Los efectos negativos se acumulan unos sobre otros.

Donde convergen el calor extremo, la sequía y la agricultura química intensiva, las poblaciones ya vulnerables se agotan a un ritmo todavía más acelerado.

Las tierras de cultivo también amplifican el calentamiento de forma física. Los árboles desaparecen, la sombra se reduce y el suelo desnudo o los monocultivos retienen el calor durante más tiempo. Menos árboles implica también una menor absorción de CO₂, el gas que protagoniza el calentamiento del planeta.

La combinación de múltiples factores de estrés

Muchas especies de aves pueden sobrevivir a un golpe puntual: un año de sequía, una mala temporada de cría o una escasez temporal de alimento. El problema surge cuando estos reveses se encadenan año tras año. El estudio demuestra que eso es exactamente lo que ocurre en las regiones con agricultura intensiva y temperaturas en aumento.

Además de la escasez de alimento y el calor, intervienen otros factores:

  • Lluvias torrenciales que arrasan los nidos en campos abiertos
  • Heladas tardías u olas de calor durante la temporada de cría
  • Patrones migratorios alterados por el cambio estacional

Para las especies que ya viven al límite de su tolerancia, un solo año extremo puede ser suficiente para desencadenar un colapso súbito de la población, en lugar de un declive gradual.

¿Puede la agricultura convivir con las aves?

Los investigadores no se limitan a señalar los problemas, sino que también apuntan a posibles salidas. Formas de agricultura más respetuosas con la naturaleza demuestran en distintas regiones que producir alimentos no tiene por qué hacerse a costa de las aves.

Los agricultores que reducen el uso de pesticidas y dejan espacio para la vegetación natural ofrecen a las aves notablemente más oportunidades de prosperar.

Entre las medidas que pueden marcar una diferencia positiva destacan:

  • Franjas con flores o hierbas silvestres en los márgenes de los cultivos, donde insectos y aves encuentran alimento
  • Conservación o restauración de setos, bordes forestales y linderos arbolados
  • Reducción de la frecuencia de siega en cunetas y riberas
  • Uso selectivo y racional de los plaguicidas, solo cuando no existe otra alternativa
  • Rotación de cultivos en lugar de monocultivos prolongados durante años

La agricultura regenerativa y los sistemas agroecológicos apuestan con fuerza por la vida del suelo, la vegetación permanente y los ciclos cerrados. En estos sistemas proliferan más insectos y plantas, lo que se traduce en beneficios para los niveles superiores de la cadena alimentaria, incluidas las aves.

Lo que este estudio significa para Europa

Aunque los datos provienen de Norteamérica, los procesos subyacentes resultan perfectamente reconocibles en el contexto europeo. También aquí el uso de pesticidas y fertilizantes en ciertas zonas apenas disminuye, y la agricultura extensiva de campo abierto domina amplias regiones del continente.

Las aves de praderas y humedales llevan años registrando fuertes descensos en muchos países europeos. Las causas son en gran medida las mismas que describe el nuevo estudio: reducción de los pastizales con flora diversa, gestión intensiva de la siega, sequedad del suelo y falta de insectos. Los resultados norteamericanos confirman que, sin un cambio de rumbo serio, el declive no se estabilizará por sí solo, sino que puede acelerarse aún más.

Por qué las aves son una señal de alarma para todo el ecosistema

En ecología, las aves son consideradas frecuentemente como un indicador del estado de salud del paisaje. Sus poblaciones responden a los cambios en la disponibilidad de insectos, semillas, calidad del agua y estructura del territorio. Cuando desaparecen en poco tiempo, suele ser señal de que otros grupos de especies también están en dificultades.

Para las explotaciones agrícolas, esto puede acabar teniendo consecuencias económicas. Menos insectos significa menos control natural de plagas. Menos flores y polinizadores afecta directamente a los rendimientos de cultivos como los frutales. Un sistema que depende cada vez más de intervenciones químicas se vuelve vulnerable ante la subida de precios, la resistencia de las plagas y una regulación cada vez más estricta.

Qué pueden hacer las políticas y los consumidores

El estudio subraya que las decisiones en materia de política agraria se reflejan directamente en los cielos sobre los campos. Las subvenciones, la regulación de los plaguicidas y los requisitos de biodiversidad en las explotaciones y sus entornos determinan cuánto espacio queda disponible para las aves.

Los consumidores también tienen un papel clave al impulsar la demanda de productos procedentes de sistemas más integrados con la naturaleza. Los sellos de calidad que exigen criterios sobre uso de pesticidas, elementos del paisaje y bienestar animal son una herramienta en ese sentido. Estas elecciones no resuelven el problema de golpe, pero envían a los agricultores una señal económica clara: invertir en naturaleza tiene rentabilidad.

Quienes quieran contribuir desde casa pueden plantar especies vegetales favorables a los insectos en jardines o balcones, reducir la frecuencia de siega y poda, e incorporar diversidad de arbustos y árboles. Individualmente puede parecer poco, pero sumado a lo largo de un barrio o un pueblo puede convertirse en ese eslabón extra que conecta zonas agrícolas intensivas con espacios naturales más amplios, permitiendo que las aves sigan desplazándose libremente.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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