Comer queso con regularidad puede reducir notablemente el riesgo de demencia

Un estudio japonés revela un vínculo sorprendente entre el queso y la salud cerebral

Una amplia investigación japonesa con casi ocho mil personas mayores ha destapado algo llamativo: quienes comen queso al menos una vez por semana tienen significativamente menos probabilidades de desarrollar demencia. No se trata de ningún remedio milagroso, sino de un apoyo pequeño pero medible en la lucha contra una enfermedad cada vez más extendida.

La demencia se convierte en una silenciosa epidemia global

Se calcula que más de 50 millones de personas en todo el mundo conviven actualmente con alguna forma de demencia. La Organización Mundial de la Salud prevé que esa cifra se triplicará antes de 2050. El envejecimiento de la población avanza rápido, los costes sanitarios se disparan y muchos países buscan con urgencia formas accesibles de frenar esta tendencia.

Japón actúa en este contexto como un auténtico laboratorio natural. El país cuenta con una de las poblaciones más envejecidas del mundo: más de uno de cada ocho mayores de 65 años ya padece demencia. Como no existe ningún fármaco curativo, la investigación se orienta cada vez más hacia factores modificables: el ejercicio físico, las relaciones sociales, la presión arterial, el sueño… y la alimentación.

Ante la falta de medicamentos eficaces, los hábitos cotidianos como la dieta se vuelven cada vez más interesantes para los investigadores.

El estudio japonés: comer queso una vez por semana ya marca la diferencia

La investigación, publicada en 2025 en la revista científica Nutrients, fue llevada a cabo por investigadores de varias universidades japonesas. El seguimiento abarcó a 7.914 personas de 65 años o más que vivían de forma independiente y que al inicio del estudio no mostraban indicios de necesitar cuidados a largo plazo.

Los participantes fueron divididos en dos grupos de tamaño similar:

  • Un grupo que comía queso al menos una vez por semana
  • Un grupo que nunca consumía queso

Para evitar que las diferencias en edad o estado de salud distorsionaran los resultados, los investigadores aplicaron una técnica estadística denominada propensity score matching. Esto permitió crear dos grupos comparables en variables como edad, sexo, ingresos, nivel educativo y salud autoevaluada.

Durante tres años, se registró qué participantes recibían un diagnóstico oficial de demencia a través del sistema japonés de seguro de cuidados de larga duración. Los resultados fueron los siguientes:

Grupo Número de participantes Casos de demencia Porcentaje
Consumidores de queso (mín. 1 vez/semana) Más de 3.900 134 3,4%
No consumidores de queso Más de 3.900 176 4,5%

Esa diferencia se traduce en una reducción relativa del riesgo de aproximadamente un 24% en el grupo que sí consumía queso. Tras ajustar los datos para tener en cuenta otros hábitos alimentarios, la reducción seguía siendo de alrededor del 21%. Estadísticamente, es una señal sólida, aunque en términos absolutos el efecto sea moderado.

¿Por qué podría el queso beneficiar al cerebro?

El estudio en sí no demuestra una relación de causa y efecto, pero los investigadores conectan sus hallazgos con lo que ya se sabe sobre los nutrientes presentes en el queso, especialmente en las variedades fermentadas.

Vitamina K2 y la salud de los vasos sanguíneos

El queso contiene vitamina K2, una vitamina liposoluble que desempeña un papel clave en la salud vascular y en el metabolismo del calcio. Las arterias obstruidas o rígidas —provocadas por hipertensión o arteriosclerosis— aumentan el riesgo de demencia vascular.

Al limitar la acumulación de calcio en las paredes arteriales, la vitamina K2 podría contribuir indirectamente a mejorar el riego sanguíneo cerebral. Es una hipótesis biológica plausible, aunque este mecanismo no fue medido directamente en el estudio.

Proteínas, compuestos bioactivos e inflamación

El queso aporta proteínas de alta calidad y aminoácidos esenciales, necesarios para construir y mantener las células cerebrales. Además, durante el proceso de maduración y fermentación se generan péptidos bioactivos. Estudios en animales y algunas investigaciones en humanos sugieren que ciertos péptidos tienen efectos antiinflamatorios y antioxidantes.

La inflamación crónica y el estrés oxidativo se señalan con frecuencia como vías silenciosas hacia la pérdida de memoria y el deterioro cognitivo.

Al moderar estos procesos, un consumo moderado y regular de queso podría ayudar a que el cerebro se mantenga resiliente durante más tiempo.

El papel del microbioma intestinal

Los quesos fermentados —como los de corteza blanca o ciertos quesos curados— contienen bacterias vivas que pueden influir en la microbiota intestinal. Cada vez hay más evidencias de que la composición de esa microbiota está estrechamente relacionada con el funcionamiento del cerebro, a través del llamado eje intestino-cerebro.

Un dato llamativo del estudio japonés: más del 80% de los participantes consumía principalmente queso fundido o procesado, que contiene relativamente pocas bacterias vivas. Solo una pequeña parte optaba por quesos maduros o de corteza blanca. Esto indica que el efecto observado no puede explicarse únicamente por los probióticos, sino que probablemente surge de una combinación de nutrientes y factores de estilo de vida.

¿Encaja el queso en un estilo de vida saludable más amplio?

Quienes consumían queso no solo se diferenciaban en ese único aspecto dietético. El grupo consumidor de queso comía con mayor frecuencia fruta, verdura, pescado y carne. Todos estos alimentos están asociados individualmente con una mejor salud cognitiva en la vejez.

Cuando los investigadores incorporaron la calidad dietética general en sus modelos estadísticos, la ventaja del queso se redujo ligeramente, pero no desapareció. Eso sugiere que el queso aporta algo más allá de ser simplemente un indicador de una dieta variada.

Además, los consumidores de queso mostraban mayor autonomía en actividades cotidianas como hacer la compra, gestionar el dinero o cocinar, y reportaban menos problemas de memoria. Esto podría indicar que este grupo partía de una mejor condición física y funcional al inicio del estudio, algo que ningún análisis estadístico puede eliminar por completo.

  • Los consumidores habituales de queso tenían una dieta más variada en promedio
  • Mantenían mayor independencia en las actividades diarias
  • Reportaban menos episodios de olvidos
  • Su riesgo de demencia era menor, a pesar de esas diferencias de partida

Limitaciones: el estudio no es una carta blanca para comer queso sin límites

Los propios investigadores se muestran cautos en sus conclusiones. El consumo de queso se registró en un único momento, mediante autoevaluación. Cuántos gramos comía cada participante, cómo evolucionó ese hábito a lo largo del tiempo y qué tipo de queso consumía exactamente siguen siendo datos en gran medida desconocidos.

El diagnóstico de demencia en este estudio se derivó de registros administrativos del sistema japonés de cuidados de larga duración, que funciona de manera diferente a una evaluación neuropsicológica clínica completa. Por ello, las diferencias entre los distintos tipos de demencia no quedan reflejadas con precisión.

Tampoco se tuvieron en cuenta factores genéticos como el conocido gen de riesgo APOE ε4 asociado al Alzheimer. Esto deja sin respuesta si las personas con alta predisposición hereditaria se benefician en la misma medida que el resto.

Japón es además un caso particular: el consumo medio de queso en el país ronda los 2,7 kilos por persona y año, muy por debajo de las cifras europeas. En una sociedad donde el queso es relativamente novedoso, pequeñas variaciones en el consumo pueden producir efectos más visibles que en países donde el queso forma parte del desayuno diario.

¿Qué significa esto para tu alimentación?

El estudio apunta hacia una pauta práctica sencilla: quien come queso de vez en cuando no tiene motivos para sentirse culpable desde el punto de vista cognitivo. Al contrario, consumirlo una o dos veces por semana parece estar asociado en esta investigación con una probabilidad algo menor de desarrollar demencia.

Eso no significa que el queso sea inocuo en todos los aspectos. Muchas variedades contienen cantidades importantes de grasa saturada y sal. Media tabla de quesos al día no encaja en una dieta cardiosaludable. Sin embargo, una porción moderada combinada con suficientes verduras, fruta, cereales integrales y pescado parece integrarse bien en una alimentación equilibrada.

El posible beneficio cerebral del queso cobra mayor sentido como parte de un enfoque más amplio: hacer ejercicio, no fumar, limitar el alcohol y seguir una dieta variada.

Para quienes quieran cuidar su cerebro de manera activa al envejecer, puede ser interesante optar por quesos con mayor valor nutritivo: variedades semicuradas o curadas con menos sal, o quesos fermentados sin exceso de grasas ni azúcares añadidos. Unos dados de queso en el almuerzo o una loncha fina sobre pan integral ya suponen una contribución.

Mientras tanto, los investigadores reclaman nuevos estudios que comparen directamente distintos tipos de queso, incluyan la predisposición genética y realicen un seguimiento más prolongado de los participantes. Solo entonces podrá determinarse si ciertas variedades tienen un efecto protector específico, o si simplemente forman parte de un estilo de vida más amplio que ayuda al cerebro a mantenerse activo durante más tiempo.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

Scroll to Top