De lastre y despensa a casi extinción total
Después de 180 años de ausencia, las tortugas gigantes vuelven a caminar por la isla Floreana, en el archipiélago de Galápagos. En febrero de 2026 se liberaron 158 ejemplares jóvenes, fruto de un extraordinario programa de cría y recuperación que arrancó gracias a un hallazgo genético totalmente inesperado. Este momento no solo representa el regreso de una especie emblemática, sino también un punto de inflexión para toda la naturaleza de la isla y sus alrededores.
De provisiones de barco a casi desaparecer para siempre
A principios del siglo XIX, balleneros y piratas veían en las tortugas gigantes una fuente de alimento perfecta para largas travesías. Estos animales podían sobrevivir meses en las bodegas de los barcos sin necesidad de comer ni beber. Por eso fueron capturadas masivamente en las islas Galápagos y apiladas en los navíos como si fueran reservas vivientes.
Para las tortugas de Floreana, las consecuencias fueron devastadoras. Durante la primera mitad del siglo XIX desaparecieron casi por completo de la isla. Acababan en las ollas de los marineros o simplemente eran soltadas en otras islas cuando el barco necesitaba aligerar su carga. Hacia 1840, la subespecie local, Chelonoidis niger de Floreana, ya se consideraba extinta.
Lo que en su día fue rutina y crueldad en alta mar sembró, sin quererlo, la semilla de la salvación de la especie.
Al transportar tortugas como lastre viviente, los marineros llevaron sin saberlo algunos ejemplares a otras islas del archipiélago. Sus descendientes, siglos después, proporcionarían una pista crucial para la recuperación de la especie.
Una búsqueda genética que rescata un linaje perdido
A comienzos de este siglo, los científicos analizaron la genética de las tortugas gigantes del Volcán Wolf, en el norte de la isla Isabela. Entre esos animales aparecieron rastros de ADN completamente inesperados que apuntaban directamente a la desaparecida tortuga de Floreana.
Los investigadores seleccionaron finalmente una veintena de individuos cuyo perfil genético se aproximaba más al linaje original de Floreana. En el centro de cría de la isla Santa Cruz se puso en marcha un intensivo programa para preservar y ampliar esa herencia genética.
- Identificación de tortugas con ADN de Floreana en el Volcán Wolf
- Selección de los individuos con genes más afines al linaje original
- Cría prolongada en condiciones controladas en Santa Cruz
- Preparación del hábitat en Floreana: restauración de la vegetación y eliminación de especies invasoras
- Reintroducción gradual de los ejemplares jóvenes en su hogar histórico
Tras años de cría controlada, el programa produjo 158 tortugas jóvenes de entre ocho y trece años. En febrero de 2026 regresaron a Floreana en una ceremonia pública a la que asistió prácticamente toda la comunidad isleña. Los niños pudieron dar nombre a los primeros ejemplares, un gesto simbólico destinado a reforzar el vínculo entre la gente y la naturaleza.
Por qué esta tortuga gigante es tan importante para el ecosistema
El regreso de las tortugas tiene un impacto mucho mayor que el simple hecho de ver de nuevo a un animal donde antes vivía. Los biólogos la consideran una especie clave: un organismo del que dependen numerosas plantas y animales del ecosistema.
Las tortugas gigantes ingieren semillas y las dispersan a través de sus heces a lo largo de grandes distancias. Con su peso y su lento caminar crean senderos en la vegetación y mantienen claros abiertos en el terreno. Al pastar sobre plantas jóvenes moldean literalmente el paisaje. Además, en los charcos de barro donde les gusta revolcarse —conocidos como wallows— se forman pequeños hábitats para insectos, anfibios y otros animales.
Al regresar, las tortugas vuelven a poner en marcha el motor ecológico de toda la isla.
La experiencia en otra isla del archipiélago, Española, ya lo demostró. Desde la reintroducción de tortugas gigantes allí, la población de cactus Opuntia creció de forma notable, al igual que el número de iguanas terrestres endémicas. Estos animales actúan como un equipo de restauración natural que arrastra hacia arriba a todo el sistema.
Un efecto que se extiende mucho más allá de la costa
La influencia de las tortugas gigantes no se limita al territorio terrestre. Mantienen una relación especial con las aves marinas que anidan en Floreana: su actividad de pastoreo y sus movimientos mantienen abiertos espacios donde las aves pueden nidificar con mayor facilidad. Las colonias saludables de aves, a su vez, transportan nutrientes del océano hacia tierra firme y los devuelven al mar a través de sus excrementos y cadáveres.
De esta manera, también se benefician los arrecifes de coral y los caladeros de pesca cercanos. La reintroducción de las tortugas forma parte del programa internacional Island-Ocean Connection Challenge, que pretende restaurar cuarenta islas ecológicamente esenciales y sus aguas circundantes antes de 2030.
Floreana se recupera tras décadas de daño acumulado
Floreana no solo sufrió por la caza excesiva. La llegada de seres humanos trajo consigo ratas, gatos y otros depredadores ajenos a la isla, que devoraron huevos, crías y ejemplares adultos de la fauna local. Varias especies desaparecieron o quedaron en situación crítica.
En 2023 comenzó una campaña a gran escala para eliminar estas especies invasoras. Desde entonces, los primeros signos positivos ya son visibles:
| Especie | Evolución | Dato destacado |
|---|---|---|
| Pinzones endémicos | Las poblaciones están aumentando | Indicadores valiosos de la calidad del hábitat |
| Pachay | Avistado de nuevo | No se había descrito desde la visita de Darwin en 1835 |
| Caracoles nativos | Regresan tras más de cien años de ausencia | Muy sensibles a la contaminación y la pérdida de hábitat |
La reintroducción de las tortugas gigantes encaja dentro de un plan de recuperación más amplio. En los próximos años, los conservacionistas pretenden devolver a Floreana la serpiente corredora endémica, el papamoscas carmesí, la gaviota de lava, el cucuve de Floreana y varias especies de pinzones. Algunas regresan por sí solas ahora que el hábitat ha mejorado; otras, como las tortugas, necesitan programas específicos de cría y reintroducción.
Un momento emocionante para los habitantes de la isla
Durante la ceremonia en Floreana, cuando se abrieron las primeras cajas y las jóvenes tortugas comenzaron a explorar su nuevo entorno, muchos de los presentes no pudieron contener las lágrimas. Para los abuelos de la isla, estos animales no eran más que historias transmitidas de generación en generación. Sus nietos ahora los ven en persona.
La comunidad local tuvo un papel activo en los preparativos. Los vecinos colaboraron en el seguimiento de los animales, en la restauración de la vegetación y en proyectos educativos orientados a los turistas. Así, la recuperación de la naturaleza se convierte también en un proyecto social donde confluyen identidad, orgullo y esperanza de futuro.
Los mismos seres humanos que antaño llenaban las bodegas de barcos con tortugas, hoy transportan en cajas a los jóvenes ejemplares de regreso a la isla.
Qué significa exactamente el concepto de rewilding
El plan de recuperación de Floreana es un ejemplo de lo que los biólogos denominan rewilding o renaturalización. En términos generales, consiste en recrear las condiciones que permiten a los procesos naturales guiarse de nuevo por sí mismos. Habitualmente implica tres pasos fundamentales: dar espacio, eliminar el daño acumulado y devolver las especies desaparecidas.
En Floreana, ese proceso se desarrolló de la siguiente manera:
- Eliminación de depredadores invasores como ratas y gatos
- Restauración de la vegetación nativa y protección de zonas vulnerables
- Regreso de especies clave como la tortuga gigante, seguido de otros animales desaparecidos
Los proyectos de rewilding exigen mucha paciencia. Las tortugas tardan años en alcanzar la madurez y aún más en dejar su huella visible sobre el paisaje. Sin embargo, la experiencia en Española demuestra que los cambios en la cobertura vegetal y en las poblaciones de otras especies pueden llegar con relativa rapidez en cuanto los procesos básicos vuelven a funcionar.
Qué pueden hacer viajeros y amantes de la naturaleza
Para quienes alguna vez visiten las Galápagos, proyectos como este transforman completamente la forma de mirar las islas. Caminar por un sendero donde una tortuga gigante ha dejado su rastro en el barro es, de repente, asomarse a una historia que conecta la investigación genética, décadas de conservación y las decisiones de marineros de hace dos siglos.
Los turistas pueden apoyar esta recuperación eligiendo excursiones organizadas que colaboren con organizaciones locales y respetando estrictamente las normas sobre distancias, residuos y perturbación de la fauna. Para muchos habitantes, el turismo orientado a la naturaleza es una fuente de ingresos esencial, lo que les convierte en aliados directos de un ecosistema sano.
Más allá de las Galápagos, el interés por enfoques similares crece en todo el mundo: desde la reintroducción de grandes herbívoros en reservas naturales europeas hasta la recuperación de humedales costeros. La historia de las tortugas demuestra que una combinación de genética, planificación a largo plazo y comunidades comprometidas puede restaurar sorprendentemente mucho, incluso cuando una especie llevaba casi dos siglos desaparecida.













