Los pantanos ocultos de Brasil almacenan una megacantidad de CO₂, pero la agricultura avanza

Un depósito invisible de carbono bajo la sabana

Durante décadas, el Amazonas ha sido el símbolo por excelencia de la naturaleza brasileña y del equilibrio climático global. Sin embargo, nuevas mediciones de campo revelan algo sorprendente: una región mucho menos conocida, el Cerrado, con sus humedales y suelos turbosos, resulta igual de crucial para el almacenamiento de carbono y para el suministro de agua de gran parte de Sudamérica. Y mientras la presión agrícola no para de crecer, ese equilibrio empieza a tambalearse.

La gran caja fuerte de carbono que nadie ve

Si observas un mapa de Brasil, lo primero que llama la atención es la enorme mancha verde de la selva amazónica. Pero al sur y al este de esa selva se extiende una vasta sabana: el Cerrado. Este territorio ocupa aproximadamente una cuarta parte del país y alberga más de 12.000 especies vegetales. Pese a ello, rara vez recibe la atención que merece.

Un estudio reciente elaborado por investigadores brasileños y estadounidenses ha cambiado esa perspectiva de golpe. El equipo extrajo muestras profundas del suelo en siete localizaciones distintas, llegando en algunos casos hasta cuatro metros de profundidad, concentrándose en las zonas más húmedas del Cerrado. Mientras la mayoría de los modelos climáticos solo analizan los primeros 30 centímetros del suelo, estos científicos se adentraron en lo que hay mucho más abajo.

Los resultados son extraordinarios:

  • En ciertas zonas húmedas se encontraron hasta 1.200 toneladas de carbono por hectárea
  • Esa cifra es aproximadamente seis veces superior al carbono que contiene la vegetación viva del Amazonas por hectárea
  • En conjunto, esto equivale a cerca de un quinto del total de carbono almacenado en la biomasa amazónica

Bajo lo que parecen praderas corrientes se esconde uno de los mayores depósitos de carbono desconocidos de todo el trópico.

Lo más llamativo es que este carbono apenas aparece en las estadísticas oficiales brasileñas ni en los modelos climáticos internacionales. Los responsables de políticas trabajan principalmente con la biomasa que está sobre el suelo: árboles, arbustos, cultivos. Los suelos húmedos y de crecimiento lento del Cerrado quedan fuera de ese cálculo, a pesar de haber acumulado carbono durante miles de años.

Cómo el agua y los suelos sin oxígeno atrapan el carbono

El secreto de ese almacenamiento colosal reside en el régimen hídrico particular de la región. Grandes extensiones del Cerrado presentan zonas bajas húmedas junto a arroyos y ríos, conocidas localmente como veredas, donde el nivel freático está muy cerca de la superficie.

En esas zonas ocurre algo fascinante:

  • El suelo permanece saturado de agua durante largos períodos
  • Eso genera un ambiente con muy poco oxígeno disponible
  • Los microorganismos que descomponen los restos vegetales trabajan mucho más despacio e incompletamente
  • Los restos de raíces, hojas y hierbas se van acumulando capa tras capa
  • Con el paso de cientos o miles de años, se forma un paquete de materia orgánica muy similar a la turba

De este modo, un suelo de sabana húmeda se convierte en un depósito de carbono lento pero extraordinariamente eficaz. Mientras el nivel del agua se mantenga alto, la descomposición queda limitada y el carbono permanece prácticamente sellado en el suelo.

El suelo del Cerrado funciona como un archivo natural de la historia climática: cada capa de materia orgánica cuenta siglos de vegetación y lluvias.

Tan importante como el Amazonas para el clima y el agua

El Cerrado no es solo un reservorio de carbono; también actúa como un enorme castillo de agua. En esta región nacen las fuentes de aproximadamente dos tercios de los grandes sistemas fluviales de Brasil, incluyendo ríos que acaban alimentando al propio Amazonas.

Gracias a sus extensos suelos húmedos y sus profundos sistemas radiculares, la sabana funciona como una esponja gigante:

  • En la temporada de lluvias, los suelos absorben cantidades ingentes de agua
  • En la estación seca, liberan ese agua de forma gradual hacia arroyos y ríos
  • Ese flujo estable sostiene la agricultura, el abastecimiento de agua potable y la naturaleza mucho más allá de los límites del Cerrado

Esto convierte al Cerrado en un eslabón indispensable del sistema climático sudamericano. Si los suelos húmedos se secan, no solo se altera el equilibrio hídrico regional: también una gran cantidad del carbono subterráneo se libera a la atmósfera.

La agricultura presiona la bomba de carbono subterránea

El Cerrado lleva años siendo la línea de frente de la expansión agrícola brasileña. La soja, el maíz y la ganadería avanzan sin pausa por el paisaje de la sabana. Para los agricultores, nivelar y drenar las zonas bajas húmedas es un paso lógico: el suelo seco resulta más fácil de trabajar y ofrece rendimientos inmediatos.

Para el clima, esa intervención tiene consecuencias dramáticas. En el momento en que se abren zanjas de drenaje y el agua desaparece, el oxígeno vuelve a entrar en el suelo y la química del terreno cambia rápidamente:

  • Los microorganismos aceleran su actividad
  • La materia orgánica conservada durante siglos se descompone en apenas unos años
  • El carbono liberado escapa a la atmósfera en forma de CO₂ y otros gases de efecto invernadero

Las mediciones realizadas en campo muestran que alrededor del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de estos suelos se produce durante la estación seca, cuando el nivel freático baja. Y con el cambio climático intensificando las sequías, esos picos de emisión pueden ir a más.

Lo que hoy es un silencioso sumidero de carbono podría convertirse en pocas décadas en una enorme fuente de gases de efecto invernadero.

La protección es insuficiente y apunta a los lugares equivocados

Una parte del Cerrado está sujeta a legislación medioambiental, pero el enfoque se concentra principalmente en los restos de bosque y en los espacios naturales más visibles. Los suelos más húmedos y turbosos quedan frecuentemente fuera de las zonas protegidas o simplemente no están reconocidos como una categoría específica que merezca protección.

A eso se suma un dilema político de fondo. El Amazonas disfruta de gran atención y protección internacional, mientras que al Cerrado se le suele asignar el papel de zona de amortiguación para la agricultura. Las tierras que no pueden talarse en la Amazonía se buscan entonces en la sabana. Así se genera una paradoja peligrosa: al sacrificar el Cerrado para proteger la selva tropical, desaparece gran parte del agua que el propio Amazonas necesita para sobrevivir.

Los investigadores señalan dos intervenciones clave para limitar el daño:

  • Proteger los suelos húmedos de forma explícita como categoría diferenciada en la legislación
  • Gestionar el agua a escala de paisaje, para evitar que el nivel freático en las zonas bajas descienda de forma irreversible

Declarar protegida solo la zona pantanosa pero permitir libremente la deforestación y el drenaje en la cuenca alta significa perder tarde o temprano toda la gestión hídrica del sistema.

¿Qué implica esto para la política climática mundial?

Las conclusiones de este estudio tienen un alcance que va mucho más allá de Brasil. Muchos paquetes climáticos internacionales y mercados de carbono siguen centrándose en plantar árboles y proteger bosques. El carbono subterráneo de sabanas, turberas y humedales recibe mucha menos atención, a pesar de que su almacenamiento suele ser más estable y duradero.

Incorporar mejor las zonas del Cerrado en los inventarios nacionales e internacionales cambiaría significativamente la estimación de cuánto CO₂ almacenan los suelos brasileños. Eso podría influir en las negociaciones sobre financiación climática y en la forma en que los países diseñan sus políticas de naturaleza y agricultura.

Tipo de ecosistema Principal reserva de carbono Amenazado por
Selva amazónica Biomasa aérea (árboles y arbustos) Tala, incendios, sequía
Sabana del Cerrado Suelos profundos con materia orgánica Drenaje, agricultura, ganadería intensiva
Turberas y humedales a nivel mundial Paquetes de turba en condiciones de saturación hídrica Desecación, extracción de turba, infraestructuras

Por qué los suelos turbosos son tan vulnerables a la intervención humana

Los suelos turbosos no son exclusivos de Brasil. En países como Indonesia, Finlandia, Canadá o en partes de Europa también se concentra una enorme cantidad de carbono bajo tierra. Y en todos ellos rige la misma regla fundamental: mientras el suelo permanezca húmedo, el carbono está relativamente a salvo; en cuanto el nivel del agua desciende, el problema se dispara.

Una capa de turba que tardó miles de años en formarse puede desaparecer en pocas décadas si los agricultores drenan el terreno o se construye infraestructura sobre él. Revertir ese proceso es enormemente difícil, ya que exige elevar el nivel del agua de manera sostenida en el tiempo, algo que choca frontalmente con los intereses agrícolas establecidos y con las comunidades que viven en la zona.

Qué significa esto para las decisiones futuras de Brasil

Para Brasil, este momento plantea una elección cada vez más clara. La agricultura sigue siendo un motor fundamental de su economía y abastece una parte considerable del mercado mundial de soja y carne. Al mismo tiempo, crece la presión para actuar de forma creíble frente al cambio climático y para garantizar la seguridad hídrica, también para ciudades como São Paulo y Brasília, que dependen indirectamente del agua que genera el Cerrado.

En términos prácticos, los responsables de políticas pueden optar por una combinación de medidas: priorizar la actividad agrícola en tierras ya degradadas o drenadas, introducir incentivos económicos para los agricultores que conserven las zonas húmedas intactas, y redirigir las inversiones hacia formas de producción que alteren menos el sistema hídrico, como la ganadería extensiva en las partes más secas de la sabana.

Para los actores internacionales, desde los supermercados europeos hasta los inversores financieros, existe una oportunidad real de exigir transparencia sobre el origen de la soja y la carne: no solo que sea libre de deforestación, sino también libre de daños a los suelos turbosos del Cerrado. Así, la mirada se amplía más allá de los árboles para abarcar toda la reserva subterránea de carbono que contribuye a estabilizar el clima del planeta.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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