Las hormigas pueden aprender a tolerar a ‘extrañas’, pero nunca confían plenamente en ellas

Un límite sorprendentemente flexible, aunque la desconfianza nunca desaparece del todo

Una nueva investigación sobre hormigas rapaces clonales revela algo fascinante: estos insectos son capaces de actualizar su concepción de quién pertenece al grupo, incluso en la edad adulta. Sin embargo, en lo más profundo de su comportamiento persiste una preferencia innata hacia su propia familia genética.

Por qué una hormiga no puede permitirse recibir a cualquier extraña

Para una colonia de hormigas, una visita equivocada puede resultar devastadora. Una intrusa podría traer parásitos consigo, robar alimento o incluso desestabilizar toda la colonia. Pero una colonia excesivamente agresiva que ataca a sus propias compañeras desperdicia energía y se debilita a sí misma.

Para evitarlo, las hormigas utilizan un ingenioso sistema de seguridad basado en el olfato. Su cuerpo está recubierto de sustancias químicas cerosas que varían ligeramente de una colonia a otra. La mezcla concreta de estos componentes genera un olor único, una especie de documento de identidad químico.

Las hormigas jóvenes aprenden ese aroma desde muy pronto y lo usan como referencia. Si una compañera huele diferente al olor de la colonia, se dispara la alarma y casi siempre sigue una reacción agresiva: empujones, mordiscos y expulsión.

Las hormigas viven en una sociedad extraordinariamente organizada, donde un olor diferente puede marcar la diferencia entre la cooperación y el caos absoluto.

La hormiga rapaz clonal: un modelo de estudio ideal

Para comprender hasta qué punto ese sistema olfativo puede adaptarse, un equipo de investigadores trabajó con la hormiga rapaz clonal (Ooceraea biroi). Esta especie se reproduce de forma asexual: las obreras generan copias genéticas exactas de sí mismas. Esto permite a los científicos criar distintas líneas de hormigas genéticamente idénticas.

El resultado es algo verdaderamente único: colonias genéticamente iguales que, a pesar de todo, pueden distinguirse entre sí por su perfil químico. Cada línea posee su propia combinación aromática, los mismos ingredientes pero en proporciones distintas.

Los investigadores comenzaron con una prueba sencilla. Introdujeron una hormiga de una línea genética diferente en una colonia y grabaron la reacción. El resultado fue inequívoco: la recién llegada fue atacada. Las fronteras olfativas de la colonia se defendieron con rigor.

  • Especie: hormiga rapaz clonal (Ooceraea biroi)
  • Reproducción: asexual, mediante clones genéticamente idénticos
  • Ventaja para los investigadores: control perfecto sobre la herencia y los perfiles olfativos
  • Pregunta central: ¿pueden las hormigas adultas modificar su noción de 'propio' y 'ajeno'?

Qué ocurre cuando una hormiga crece en una 'colonia adoptiva'

La pregunta fundamental del estudio era clara: ¿permanece ese sistema de reconocimiento rígido, o pueden las hormigas ajustar sus criterios cuando las circunstancias cambian?

El equipo lo exploró mediante un experimento de adopción. Tomaron hormigas jóvenes cuyo propio olor aún no estaba desarrollado y las colocaron en una colonia ajena. Durante semanas, los científicos monitorizaron tanto la composición química de las hormigas como su comportamiento.

Tras aproximadamente un mes, algo llamativo ocurrió. El olor de las hormigas adoptadas empezó a parecerse progresivamente al de su nueva colonia. La proporción de las sustancias químicas se desplazó hacia el aroma del nido adoptivo.

Su comportamiento también se transformó. En pruebas de comportamiento independientes, las hormigas adoptadas ya no mostraban agresividad hacia sus compañeras adoptivas. Se comportaban como si siempre hubieran formado parte del grupo.

Las hormigas pueden reescribir su esquema interno de 'quién pertenece al grupo' hasta la edad adulta, siempre que la exposición a los nuevos olores sea suficientemente prolongada.

Una preferencia innata por la familia genética

Sin embargo, un aspecto resultó llamativamente estable. Incluso las hormigas criadas desde el huevo en una colonia ajena seguían tolerando a las compañeras de su propia línea genética, aunque nunca antes se hubieran cruzado con ellas.

Esto apunta a una doble capa en su reconocimiento social:

  • una parte aprendida: el olor de la colonia en la que han vivido durante mucho tiempo
  • una parte innata: el reconocimiento de su propia línea genética

La experiencia puede ampliar considerablemente el círculo de quiénes son aceptadas, pero no borra la preferencia por la familia genética. El sistema busca un equilibrio entre flexibilidad y protección del linaje propio.

¿Desaparece la tolerancia en cuanto el olor se va?

Los investigadores también quisieron saber qué tan duradera es esa tolerancia aprendida. Separaron a las hormigas adoptadas de su colonia y las mantuvieron aisladas durante un tiempo. Al cabo de aproximadamente una semana, observaron que la agresividad volvía a aumentar.

Los perfiles químicos retrocedieron hacia el patrón olfativo original de su línea genética. Las antiguas compañeras adoptivas empezaron a tratar de nuevo a las 'adoptadas' como intrusas. La aceptación inicial resultó ser temporal.

Aun así, esto no encajaba con la simple fatiga olfativa, el fenómeno por el cual el olfato deja de percibir diferencias tras una exposición prolongada. Ese tipo de agotamiento sensorial dura minutos u horas, no días enteros.

Un detalle revelador: encuentros breves y repetidos con la colonia adoptiva resultaron suficientes para mantener la tolerancia viva. Esto sugiere la existencia de una memoria olfativa de largo plazo que se renueva constantemente con nuevos estímulos.

Una llamativa similitud con nuestro sistema inmunitario

El estudio establece un paralelismo con la forma en que nuestro sistema inmunitario aprende a convivir con lo que debe tolerar. En los tratamientos contra las alergias, por ejemplo, las personas reciben dosis pequeñas y repetidas de un alérgeno, como el polen. Con el tiempo, el sistema inmunitario reacciona con menos intensidad, sin llegar a 'olvidar' el alérgeno.

Sistema inmunitario humano Sociedad de las hormigas
Debe respetar las propias células Debe aceptar a las compañeras de nido
Debe atacar a los intrusos Debe rechazar a las hormigas ajenas
Puede aprender a tolerar estímulos Puede aprender a aceptar el olor de colonias extrañas

En las hormigas parece ocurrir algo comparable, aunque a nivel social. El olor de una colonia ajena sigue siendo extraño, pero la respuesta agresiva se modera tras una exposición repetida y controlada.

Un superorganismo con un enigma neurológico

Los nidos de hormigas se describen a menudo como superorganismos: miles de individuos forman juntos un sistema funcional único, casi como las células de un cuerpo. En semejante sistema, la frontera entre 'nosotras' y 'ellas' resulta absolutamente crucial.

Ahora que los investigadores disponen de un sistema conductual fiable donde el aprendizaje y la adaptación son claramente observables, su atención se dirige a una nueva pregunta: ¿dónde sucede todo esto en ese cerebro minúsculo?

Con técnicas modernas, los científicos pueden registrar la actividad cerebral de las hormigas mientras se enfrentan a olores de compañeras o de extrañas. De esta forma esperan identificar qué regiones cerebrales intervienen en el reconocimiento olfativo, la memoria y la regulación de la agresividad.

Lo que esto nos dice sobre los animales sociales en general

Este estudio va mucho más allá de las hormigas que se vuelven un poco menos agresivas. Toca una cuestión más amplia y profunda: ¿cómo regulan los animales sociales una cooperación intensa sin dejarse explotar completamente?

En los seres humanos operan mecanismos comparables. Formamos grupos estrechos, pero al mismo tiempo debemos mantenernos abiertos a los extraños, a los recién llegados o a los nuevos aliados. El aislamiento total empobrece una sociedad, mientras que la ingenuidad absoluta la hace vulnerable. Las hormigas demuestran que una combinación bien calibrada de protección innata y tolerancia aprendida puede funcionar de manera muy eficaz.

Qué más podemos aprender de todo esto

Para los biólogos, esta investigación ofrece herramientas útiles para abordar preguntas muy diversas, como por ejemplo:

  • cómo responden los insectos sociales al cambio climático y al desplazamiento de sus hábitats
  • cómo intentan los parásitos y los 'aprovechadores' infiltrarse en las colonias manipulando los olores
  • qué capacidad cerebral mínima se necesita para mantener reglas sociales complejas

Para el público general, ofrece una ventana fascinante hacia lo rica que puede ser la vida social, incluso en animales con un cerebro más pequeño que la cabeza de un alfiler. Una hormiga puede parecer que simplemente sigue un rastro, pero en segundo plano funcionan continuamente reglas de decisión sobre la confianza, la desconfianza y los límites del grupo.

Quien observa a las hormigas no contempla solo una hilera de insectos desapareciendo entre las baldosas del jardín, sino una sociedad que ajusta constantemente su política de seguridad. Con normas estrictas sobre quién puede entrar, pero con el margen justo para adaptarse a un entorno en permanente cambio.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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