Del abuelo estricto al padre de "todo vale"
Muchos padres hacen todo lo posible por hacer felices a sus hijos, pero lo que reciben a cambio son rabietas, discusiones interminables y negociaciones agotadoras en la mesa de la cocina.
Cada vez más psicólogos sostienen que hemos ido demasiado lejos con una crianza centrada exclusivamente en el niño. La psicóloga clínica Clémence Prompsy defiende que podemos aprender mucho de cómo generaciones anteriores educaban a sus hijos: menos énfasis en el individuo y más atención al conjunto del que el niño forma parte.
Pregunta a alguien de mediana edad por su infancia y enseguida escucharás historias sobre horarios fijos de comida, quedarse sentado en la mesa o "callarse cuando hablan los mayores". Suena severo, quizás anticuado, pero según Prompsy había en ello un núcleo perfectamente saludable.
No eran los caprichos de un solo niño lo que marcaba el ritmo, sino el bienestar del conjunto de la familia.
Donde antes el énfasis estaba en comer juntos, respetar el turno de palabra y ser educado con profesores y mayores, ahora la atención se desplaza frecuentemente hacia el niño como individuo: sus emociones, sus deseos, su propio ritmo. Eso no es necesariamente malo, pero el equilibrio se pierde en el momento en que todo gira alrededor de una sola persona.
El auge del "niño-yo"
Prompsy y otros expertos observan un desplazamiento claro hacia el individualismo. Los años de pandemia, durante los cuales las familias se encerraron en su propia burbuja, intensificaron esta tendencia. La gente empezó a reflexionar más sobre sus límites personales, su comodidad propia y sus necesidades individuales.
Una encuesta realizada en Francia reveló que una aplastante mayoría considera que la sociedad se repliega cada vez más sobre sí misma. Este panorama resulta muy familiar en muchos países: todo el mundo con auriculares en el transporte público, debates encendidos en redes sociales y cada vez menos mirada hacia el bien común.
Según los docentes, esta tendencia se traduce directamente en el aula. Reconocen niños que:
- se enfadan con rapidez cuando algo no sale exactamente como quieren
- tienen grandes dificultades para esperar su turno
- insultan o agreden físicamente cuando se frustran
- esperan que los adultos se adapten a ellos, y no al revés
Este comportamiento no surge de la nada. Los niños imitan lo que observan: adultos que ante todo defienden sus propios intereses, relaciones donde "¿qué me hace sentir bien a mí?" es la pregunta central, y culturas laborales que fomentan la competencia por encima de la cooperación.
Lo que los abuelos hacían de manera diferente
Prompsy subraya que los abuelos de antes no eran perfectos ni mucho menos. Hubo también muchas cosas que hoy rechazamos con razón: falta de espacio emocional, castigos físicos, ningún lugar para la vulnerabilidad. Aun así, su manera de educar contenía varios pilares sólidos que merece la pena recuperar.
| Antes | Ahora |
|---|---|
| Horarios y normas fijas para toda la familia | El calendario gira con frecuencia en torno a las aficiones y deseos del niño |
| El respeto a mayores y profesores era una norma básica | El niño puede cuestionar cualquier cosa, incluido cada límite establecido |
| "Nosotros" es lo primero: familia, barrio, clase | "Yo" es lo primero: mis sentimientos, mis necesidades |
| El niño se adapta al conjunto | El conjunto se adapta al niño |
Ese enfoque colectivo ofrecía a los niños marcos de referencia claros. Sabían exactamente a qué atenerse y qué se esperaba de ellos. Eso no solo les daba estructura, sino también una profunda sensación de calma y seguridad.
Por qué el sentido de comunidad beneficia a los niños
Según Prompsy, un niño necesita tres cosas para estar verdaderamente asentado: sentido de pertenencia, previsibilidad y responsabilidad. Precisamente la crianza orientada hacia la comunidad abarca estos tres aspectos de forma natural.
Quien se siente parte de un grupo experimenta apoyo, seguridad y significado. Eso vale exactamente igual para los niños que para los adultos.
Al enseñar a los niños a pensar en "nosotros" en lugar de solo en "yo", desarrollan empatía de manera genuina. Aprenden a tener en cuenta a los demás, a reconocer sus emociones y a responder a ellas con sensibilidad. Eso les ayuda después en las amistades, en las relaciones de pareja y en el entorno laboral.
Un enfoque orientado al grupo:
- reduce la comparación constante con los demás ("¿soy mejor que el otro?")
- ayuda a frenar el miedo al fracaso, porque no solo cuenta el rendimiento sino también el esfuerzo y la cooperación
- disminuye la soledad, ya que los niños sienten que pertenecen a algo
- construye habilidades sociales como escuchar, negociar y llegar a compromisos
El deporte en equipo como campo de entrenamiento del carácter
Prompsy señala especialmente los deportes de equipo como una herramienta poderosa. No porque cada niño deba convertirse en campeón, sino porque el deporte ofrece situaciones concretas en las que el interés del grupo tiene prioridad.
Piensa en un niño que empieza en el banquillo aunque "se encuentra bien" y realmente quiere jugar. En un deporte de equipo aprende que otros también merecen tiempo en el campo y que el entrenador mira el conjunto. Perder forma parte de esa experiencia igual que ganar.
Ejemplos de actividades que refuerzan el sentido de grupo:
- deportes de equipo como fútbol, baloncesto, voleibol o rugby
- tocar música en una orquesta o banda
- teatro o musicales, donde cada uno tiene un papel imprescindible
- scouts o asociaciones juveniles con proyectos compartidos
Poner límites sin volverse frío ni autoritario
Algunos padres temen que una crianza más firme y orientada al grupo se vuelva automáticamente distante o autoritaria. La experiencia demuestra que puede ser de otra manera: se puede ser claro y a la vez seguir siendo cercano y cálido.
Un método que circula entre familias es la llamada "regla de las 3C" para abuelos y padres. Gira en torno a tres palabras clave:
- Marco: establece acuerdos de forma clara y concreta
- Constancia: mantén tus propias normas aunque resulte incómodo en el momento
- Contacto: mantén un tono amable y explica brevemente por qué existe ese límite
Los abuelos que siguen esta línea dicen, por ejemplo: "En nuestra mesa nos quedamos sentados hasta que todos han terminado. Si te levantas ahora, esta tarde no habrá pantallas después de cenar." Afectuoso, claro y no negociable.
Cómo introducir más "nosotros" en casa desde hoy mismo
Los padres que se reconocen en las dificultades con niños irritables y fácilmente heridos pueden empezar con pequeños pasos. Algunas ideas prácticas:
- Establece un ritual familiar fijo, como cenar juntos cada noche sin móviles en la mesa.
- Asigna una tarea doméstica a cada miembro de la familia, también a los más pequeños (poner la mesa, recoger los juguetes).
- Usa más el "nosotros" en tu lenguaje cotidiano: "¿Cómo lo resolvemos nosotros?" en lugar de "¿Qué quieres tú?".
- Anima a los niños a pensar en los demás: "¿Cómo se siente tu hermano o hermana con esto?".
- Fomenta actividades que requieran cooperación, no solo aficiones individuales.
Esta manera de pensar también puede calar en el entorno escolar. Los docentes que elaboran las normas de clase junto con el grupo trabajan al mismo tiempo la responsabilidad compartida y el sentido de comunidad. Los niños comprenden así que su comportamiento influye en los demás y que las normas no son arbitrarias.
Mayor resiliencia mental en una sociedad exigente
Los psicólogos observan que una vida muy centrada en el yo no solo genera egoísmo, sino también una presión enorme: hay que rendir, hay que ser único, hay que destacar. Eso multiplica el estrés y puede crear una sensación de fracaso cuando las cosas se tuercen.
Los niños que aprenden desde pequeños que forman parte de algo más grande suelen sentir esa presión con menos intensidad. Pueden cometer errores porque el equipo los sostiene. No tienen que ser siempre los mejores, mientras contribuyan al conjunto. Eso da alivio, especialmente en una época en que las redes sociales alimentan la comparación continua.
Una crianza que devuelve algo más de protagonismo al colectivo puede parecer, a primera vista, un retroceso en el tiempo. En realidad se trata de una combinación equilibrada: la calidez emocional y la apertura del presente, junto con los marcos claros, el sentido de responsabilidad y el espíritu de grupo del pasado. Precisamente ahí, señalan expertos como Prompsy, reside la oportunidad de criar niños menos caprichosos y mucho más resilientes.













