Nuevo estudio: los gatos también pueden desarrollar una forma de Alzheimer

Los científicos han detectado en el cerebro de los gatos algo inquietante que hasta ahora se asociaba casi exclusivamente a los seres humanos.

Investigadores de Estados Unidos han encontrado indicios de que los gatos domésticos pueden desarrollar, al llegar a una edad avanzada, una forma de demencia con un parecido asombroso al Alzheimer humano. Aunque el dato resulta perturbador a primera vista, al mismo tiempo ofrece información valiosa tanto para veterinarios como para médicos que intentan comprender mejor las enfermedades propias del envejecimiento.

Lo que los científicos encontraron en el cerebro felino

Estos resultados forman parte de un ambicioso proyecto internacional dedicado al estudio del envejecimiento cerebral en mamíferos. Durante una conferencia sobre neurobiología comparada celebrada en Seattle, equipos procedentes de instituciones como Harvard, MIT, la Universidad de Chicago Booth y Cornell presentaron datos obtenidos de gatos de distintas edades.

Las imágenes cerebrales y los análisis de tejido revelan que el cerebro de los gatos mayores experimenta varios cambios significativos:

  • Encogimiento progresivo (atrofia), especialmente en las áreas relacionadas con la memoria y la orientación espacial
  • Deterioro de las conexiones entre neuronas
  • Alteraciones similares a las que se observan en fases tempranas del Alzheimer humano
  • Cambios conductuales perceptibles en la vida cotidiana del animal

En los gatos, el cerebro no solo envejece, sino que parece deteriorarse de maneras muy similares a como lo hace en personas con demencia incipiente.

Mientras que los ratones de laboratorio suelen mostrar señales muy leves de deterioro cognitivo, los gatos de edad avanzada presentan cambios claramente apreciables. Esto los convierte en una especie modelo adicional de gran interés, más allá de los animales de laboratorio tradicionales.

El proyecto 'Translating Time': comparando edades entre especies

Los hallazgos sobre los gatos se enmarcan dentro de una iniciativa más amplia denominada Translating Time. En este proyecto, los investigadores comparan tanto el desarrollo como el proceso de envejecimiento cerebral en más de 150 especies de mamíferos, desde el ratón hasta el ser humano, pasando por murciélagos y delfines.

El objetivo es construir una especie de tabla de conversión entre las edades de distintas especies animales, no solo en años, sino en términos de fases de desarrollo cerebral. Así es posible determinar con mayor precisión qué revela realmente un año de vida felino sobre el estado en que se encuentra el cerebro del animal.

Edad del gato Equivalencia aproximada en humanos
1 año Adolescente tardío o adulto joven
7 años Mediana edad (alrededor de 45-50 años)
12 años o más Persona mayor (70 años en adelante)

Con estas comparaciones, los científicos pueden determinar con más precisión en qué momento de la vida de un animal resulta más útil medir el envejecimiento y el declive cognitivo.

Por qué los ratones se quedan cortos en la investigación del Alzheimer

Las limitaciones de los modelos con ratones

Durante décadas, los ratones han sido la columna vertebral de la investigación sobre el envejecimiento y las enfermedades neurodegenerativas. Son económicos, se reproducen con rapidez y resultan fáciles de manipular genéticamente. Sin embargo, muchos medicamentos que mostraron resultados prometedores en ratones han fracasado después en ensayos clínicos con personas.

Uno de los principales problemas es que el cerebro de los ratones raramente desarrolla las acumulaciones de proteínas y las placas tan características del Alzheimer humano. Además, su corta vida impide que ciertos procesos lentos lleguen a manifestarse de forma completa.

Cuando el modelo animal no reproduce fielmente la enfermedad humana, obtienes un espejo distorsionado: los tratamientos parecen prometedores hasta que se prueban en pacientes reales.

Los nuevos estudios con gatos muestran, precisamente, alteraciones que se acercan mucho más a lo que ocurre en el cerebro humano. Eso aumenta las probabilidades de que los conocimientos obtenidos sean relevantes para los pacientes en la consulta médica.

Por qué los gatos ocupan un lugar especial en esta investigación

Un estilo de vida más parecido al nuestro

Los gatos domésticos conviven durante años junto a las personas. Comparten el aire interior de los hogares, los ciclos de sueño, los factores de estrés del entorno y hasta los patrones de luz y sonido. Eso los hace mucho más representativos de la vida humana cotidiana que los animales confinados en jaulas de laboratorio.

A ello se suma que los gatos viven generalmente mucho más que los ratones, lo que permite seguir procesos lentos y acumulativos, como el deterioro gradual de la memoria y la capacidad de aprendizaje.

Menor manipulación genética que los perros

Los programas de cría intensiva han dividido a los perros en razas con características muy distintas entre sí. Esa selección influye también en su resistencia a ciertas enfermedades y en la forma en que envejecen. Los gatos, especialmente los que no pertenecen a razas puras, presentan una diversidad genética considerablemente mayor.

Precisamente esa variedad más amplia ayuda a los investigadores a identificar patrones que no son exclusivos de una raza o línea genética concreta, sino que dicen algo sobre el envejecimiento en términos generales.

El proyecto 'Catage': miles de gatos como fuente de datos

Para profundizar en el estudio de los gatos se ha puesto en marcha el proyecto Catage, mediante el cual los científicos recopilan información procedente de diversas fuentes:

  • Clínicas veterinarias, donde se dispone de historiales médicos y análisis de sangre
  • Zoológicos y centros de acogida de animales mayores
  • Propietarios particulares que facilitan voluntariamente datos de salud y comportamiento de sus mascotas

Hasta el momento se han revisado miles de historiales clínicos y se han realizado escáneres cerebrales a más de cincuenta gatos. Combinando datos clínicos, imágenes diagnósticas y observaciones directas, los investigadores tratan de construir una especie de línea temporal del envejecimiento cerebral felino.

Al vincular las edades de los gatos con fases comparables en humanos, se obtiene un eje temporal que permite identificar en qué momento comienzan a aparecer síntomas similares a la demencia.

Lo que esto puede significar para los gatos y para las personas

Cuando quede más claro qué áreas del cerebro felino se deterioran y en qué momento, los veterinarios podrán intervenir con mayor anticipación. Esto abre la puerta a ajustes en la alimentación, el entorno y la medicación para mantener la calidad de vida de los gatos mayores.

Al mismo tiempo, los neurocientíficos descubren qué procesos biológicos son compartidos entre gatos y humanos. Eso puede generar nuevas hipótesis sobre cómo se origina el Alzheimer, qué proteínas intervienen y en qué etapa de la vida resulta más efectivo aplicar terapias.

Más especies animales, más pistas para encontrar tratamientos

Los investigadores abogan por ampliar el estudio del envejecimiento más allá de los ratones. Los gatos, ciertas especies de primates e incluso animales de longevidad excepcional como las ratas topo desnudas pueden aportar piezas clave al rompecabezas.

Al comparar los resultados obtenidos en distintas especies, resulta más fácil distinguir qué patrones son universales y cuáles son propios de cada especie. De este modo, la búsqueda de mecanismos realmente relevantes para el ser humano se vuelve mucho más precisa y menos dependiente de modelos demasiado simplistas.

Señales de alerta que puedes observar en tu gato mayor

Esta investigación suscita, lógicamente, una pregunta muy práctica para los dueños de gatos: ¿cómo detectar que tu mascota podría estar experimentando un declive cognitivo? Los veterinarios suelen señalar los siguientes indicios:

  • Desorientación: el gato parece perdido en espacios que conoce bien
  • Cambios en el patrón de sueño, como maullar por las noches o deambular inquieto
  • Problemas con el uso del arenero, cuando antes nunca los había tenido
  • Menor interés por el juego o el contacto social, o bien apego excesivo e inusual
  • Pedir comida de forma repetida, poco después de haber comido

Un cambio aislado no es motivo inmediato de alarma, pero una combinación de señales que se va acentuando con el tiempo es una razón suficiente para consultar al veterinario.

Lo que este estudio nos enseña sobre el envejecimiento

La idea de que un gato pueda volverse olvidadizo y confuso al envejecer resulta incómoda para muchas personas. Al mismo tiempo, arroja una nueva luz sobre las enfermedades propias de la vejez: al parecer, no son exclusivas del ser humano, sino que emergen de un proceso biológico de envejecimiento mucho más amplio y compartido.

Esta perspectiva puede ayudar a mirar el Alzheimer y la demencia de otra manera. No como algo completamente excepcional, sino como una alteración de procesos que se desarrollan de forma similar en distintos mamíferos. Si el cerebro de los gatos nos ofrece una ventana adicional para comprenderlos, tanto las personas como los propios animales saldrán beneficiados.

Por ahora, las ventajas se perciben en dos frentes. Los dueños de gatos disponen de más herramientas para apoyar a sus mascotas mayores, y los investigadores ganan un modelo adicional para descifrar enfermedades cerebrales de difícil comprensión. Quien tenga un viejo felino dormitando en el sofá, probablemente lo mirará con ojos algo distintos después de conocer este estudio.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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