Por qué el abuelo ya no despega los ojos de la pantalla (y los nietos se preocupan)

Cada vez más abuelos están tan pegados a su smartphone que sus nietos empiezan a preguntarse si pasar tiempo juntos todavía tiene algún sentido.

Donde antes eran los adolescentes los que no paraban de hacer scroll por Instagram durante la cena, ahora son frecuentemente los abuelos quienes no sueltan Facebook, YouTube ni los juegos del móvil. Esto genera tensión en muchas familias: los jóvenes intentan reducir su tiempo de pantalla mientras los mayores abrazan por completo la vida digital.

Los roles se han invertido en la mesa familiar

Hace apenas unos años, en muchos hogares se escuchaba siempre la misma queja: "Deja ese cacharro y presta atención." Padres y abuelos se desesperaban al ver a los adolescentes con la cabeza agachada mirando el teléfono. Aquella época parece ya sorprendentemente lejana.

En cada vez más familias ocurre exactamente lo contrario. Los nietos vienen de visita, pero el abuelo está absorto en su timeline y la abuela se deja arrastrar por vídeos, aplicaciones de trivial y juegos en línea. Los jóvenes se preguntan para qué visitan a sus mayores si apenas existe un contacto real.

El smartphone, que durante años fue el blanco de todas las críticas sobre la adicción a las pantallas en los jóvenes, se ha convertido en muchos hogares en el silencioso tercer comensal en la mesa de la generación mayor.

Las investigaciones confirman que las personas de 65 años en adelante han aumentado considerablemente su tiempo digital. Las plataformas de vídeo y las redes sociales son especialmente populares entre este grupo. La imagen clásica del abuelo con el periódico de papel está siendo reemplazada por la de un senior que hace pasar las noticias con rápidos movimientos de pulgar.

Una generación que de repente está siempre "conectada"

Los jubilados de hoy son muy distintos a los mayores de hace veinte años. Muchos cerraron su vida laboral con ordenadores en la oficina y se sienten bastante cómodos con aplicaciones, contraseñas y pantallas táctiles.

La pandemia de 2020 actuó como un verdadero acelerador. De repente, hacer la compra, pedir cita médica y celebrar cumpleaños pasó a hacerse a través de una pantalla. Quien quería mantener el contacto con hijos y nietos tenía pocas opciones: aprender a hacer videollamadas, usar aplicaciones de mensajería y rellenar formularios en línea. Lo que empezó como una necesidad se convirtió poco a poco en costumbre.

A esto se suman tres factores muy concretos:

  • Más tiempo libre: tras la jubilación desaparece la rutina diaria fija, por lo que el teléfono se convierte rápidamente en un relleno de momentos vacíos.
  • Distancia familiar: la familia vive cada vez más dispersa, lo que hace que el contacto a través de aplicaciones sea atractivo e incluso imprescindible.
  • Problemas de sueño: quien se despierta en mitad de la noche tiende a coger el móvil en busca de entretenimiento.

Para muchos mayores esto resulta tranquilizador: siempre hay alguien conectado, siempre hay contenido nuevo. El dispositivo llega a sentirse casi como compañía.

El contacto en línea ayuda contra la soledad, hasta cierto límite

Los expertos coinciden en que el contacto digital puede ser una bendición para las personas mayores. Hacer videollamadas con los nietos, chatear con antiguos compañeros de trabajo, participar en ensayos de coro o servicios religiosos en línea: todo ello puede ser un contrapeso importante frente a la soledad.

El aislamiento social en personas mayores está asociado a riesgos para la salud comparables a los del tabaquismo intenso. Un mensaje de texto o una videollamada suelen ser siempre mejor que no hablar con nadie en absoluto.

Sin embargo, existe un límite. Cuando el teléfono gana sistemáticamente a una conversación real, el problema empieza a ser evidente. Si la elección es entre tomar café con la vecina o quedarse en el sofá viendo un flujo interminable de vídeos, la pantalla gana con demasiada frecuencia.

Eso genera malestar en los nietos. Vienen con ganas de hablar sobre el colegio, el amor, el trabajo o el futuro, pero lo que reciben es principalmente el vídeo que está arriba en el feed y que el abuelo insiste en que "tienen que ver sí o sí". Muchas familias notan que los momentos compartidos se fragmentan cada vez más en todos-con-su-propia-pantalla, con los abuelos ahora firmemente incluidos en esa dinámica.

Nadie enseña educación digital a los abuelos

Los niños reciben cada vez más formación en el colegio y en casa sobre tiempo de pantalla, noticias falsas y privacidad. Existen reuniones con padres, materiales didácticos y filtros de contenido. Para las personas mayores, prácticamente nada de esto existe. Han entrado en el mundo digital sin barandillas ni instrucciones.

Esto genera varias vulnerabilidades:

Vulnerabilidad Lo que ocurre en la práctica
Sin límites de tiempo de pantalla Horas y horas haciendo scroll porque nadie establece límites ni propone alternativas.
Dificultad para detectar desinformación Mensajes sobre conspiraciones o remedios milagrosos se creen y reenvían con facilidad.
Desconocimiento de los algoritmos Los mayores a menudo no son conscientes de que las plataformas dirigen el contenido según sus intereses y emociones previas.
Blanco fácil para las estafas Los correos de phishing, los falsos concursos y las tiendas online fraudulentas encuentran fácilmente a este grupo.

Los jóvenes ven todo esto y se sienten de repente responsables. No solo controlan su propio tiempo de pantalla, sino también el de sus padres y abuelos. Eso resulta incómodo, como si los roles entre padres e hijos se estuvieran invirtiendo.

¿Cuándo se convierte el uso de pantallas en un problema?

No toda hora frente a una tableta es motivo de alarma. La pregunta clave sigue siendo: ¿qué deja de ocurrir precisamente porque la pantalla acapara toda la atención? Los psiquiatras detectan problemas cuando el comportamiento digital choca de manera sistemática con el contacto humano real.

Cuando alguien elige repetidamente el teléfono en lugar de aprovechar una oportunidad de contacto cara a cara, algo está fallando.

Señales a las que los familiares pueden prestar atención:

  • Las invitaciones a tomar café o dar un paseo se rechazan cada vez más con el argumento de que "ahora no viene bien".
  • El móvil está siempre al alcance de la mano durante cualquier conversación y se coge inmediatamente ante cualquier sonido.
  • Las noticias y los mensajes provocan reacciones de fuerte ansiedad o enfado que ya nadie es capaz de matizar.
  • Las aficiones, los clubs o el voluntariado van desapareciendo paulatinamente en un segundo plano.

Por otro lado, el uso digital también puede ser muy saludable: videollamadas con nietos que viven en el extranjero, juegos de memoria en línea, seguir cursos o hacer ejercicio con programas de YouTube. Se trata menos de la tecnología en sí y más del equilibrio entre lo digital y lo presencial.

Cómo pueden los nietos abrir la conversación

A muchos jóvenes les resulta incómodo hablar con su abuelo o abuela sobre el uso del móvil. No quieren sonar condescendientes ni parecer que los están dando lecciones. Aun así, algunas tácticas prácticas pueden ayudar:

  • Elige un momento tranquilo. Nunca durante un conflicto ni cuando todos están ya irritados.
  • Empieza hablando desde ti mismo. Por ejemplo: "Noto que te echo de menos cuando estamos sentados a la mesa y siento que no estás del todo presente."
  • Propón alternativas. Sugiere mirar juntos un álbum de fotos, jugar a un juego de mesa o salir a dar un corto paseo.
  • Haz acuerdos para momentos concretos, no de forma general. Por ejemplo: "¿Y si durante la cena dejamos todos el móvil guardado, incluido el mío?"

Si no suena como una prohibición sino como una decisión compartida, la relación se mantiene en un plano más igualitario. Los jóvenes pueden así dejar claro: quiero conectar contigo, no con tu pantalla.

Higiene digital para mayores: herramientas sencillas

Mientras los jóvenes manejan con naturalidad términos como "detox digital", muchos mayores no se sienten identificados con las etiquetas de moda. Aun así, algunos hábitos prácticos pueden ayudar a encontrar más calma en el uso del móvil, sin necesidad de renunciar al teléfono.

  • Establece momentos fijos en los que las notificaciones estén silenciadas, por ejemplo durante las comidas y una hora antes de dormir.
  • Usa un despertador tradicional en lugar del teléfono en la mesilla de noche, para que el scroll nocturno resulte menos tentador.
  • Crea carpetas con fuentes de noticias fiables y favoritas, y elimina del historial del navegador los sitios de clickbait poco claros.
  • Revisa junto a un hijo o nieto la configuración de privacidad y bloquea cuentas o páginas sospechosas.

Muchas bibliotecas y centros cívicos ofrecen cursos accesibles sobre uso del smartphone, seguridad digital y banca en línea. Como nieto, puedes ofrecerte a acompañar a tu abuelo: así resulta menos intimidante y se convierte automáticamente en una actividad compartida.

Adicción a las pantallas, algoritmos y desinformación: conceptos en lenguaje cotidiano

El debate sobre los mayores y los teléfonos toca varios conceptos que los jóvenes dan por descontados pero que para los mayores no son nada evidentes. La adicción a las pantallas, por ejemplo, no es un diagnóstico oficial como el alcoholismo, pero describe un comportamiento que se siente compulsivo: alguien quiere parar pero sigue mirando, deslizando o haciendo clic.

Los algoritmos son las reglas matemáticas con las que las plataformas deciden qué ve cada usuario. Si alguien hace clic una sola vez en un vídeo impactante, puede recibir a continuación decenas de contenidos similares. Esto hace que un interés inofensivo por la política o la salud pueda derivar lentamente en un torrente de conspiraciones, historias alarmistas y remedios milagrosos.

Precisamente los mayores, que suelen confiar en su experiencia vital acumulada, no siempre son conscientes de la fuerza con la que actúa esa selección invisible. Una conversación al respecto, sin reproches pero con ejemplos concretos, puede aportar mucha claridad. Los jóvenes pueden poner aquí su ventaja digital al servicio de sus abuelos, no como crítica, sino como un recurso genuino de ayuda.

En el fondo, la preocupación de los nietos no tiene que ver con el dispositivo en sí, sino con algo profundamente humano: el deseo de sentirse verdaderamente vistos y escuchados durante esas pocas horas que pasan juntos. Si las familias logran hablar abiertamente de ello, la tecnología puede convertirse en un puente entre generaciones en lugar de ser un muro de luz entre los platos de la mesa.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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