Por qué quizás ya hemos perdido señales alienígenas sin darnos cuenta

La búsqueda de tecnofirmas: mucho más que ciencia ficción

Imagina que civilizaciones extraterrestres llevan mucho tiempo enviando señales hacia la Tierra, y que simplemente no estamos mirando con suficiente atención para detectarlas. Los científicos llevan décadas rastreando indicios de tecnología alienígena, desde ondas de radio hasta destellos láser. Ahora, un nuevo estudio sugiere que no solo nuestros telescopios se quedan cortos, sino que la probabilidad de que grandes cantidades de señales hayan pasado alguna vez cerca de la Tierra es, en realidad, bastante pequeña.

Los investigadores hablan de tecnofirma cuando aparece cualquier rastro medible de tecnología extraterrestre. Entre los ejemplos más estudiados se encuentran:

  • Emisiones de radio artificiales que no encajan con ninguna fuente natural conocida
  • Pulsos láser dirigidos que funcionan como balizas cósmicas
  • Exceso de calor procedente de megaconstrucciones hipotéticas, como las llamadas esferas de Dyson alrededor de estrellas

Para captar semejante señal, dos condiciones deben cumplirse al mismo tiempo. La señal tiene que pasar físicamente cerca de la Tierra, y nuestros instrumentos deben ser lo bastante sensibles en el momento exacto y en la longitud de onda correcta. La primera condición parece sencilla. La segunda es enormemente difícil.

Las señales pueden ser breves, débiles o quedar completamente ahogadas por el ruido del universo. Los radiotelescopios recogen constantemente interferencias de estrellas, nubes de gas y nuestra propia tecnología terrestre. Distinguir un pulso artificial entre todo ese caos se parece a intentar aislar un susurro en un estadio repleto de aficionados que gritan.

Aunque una señal extraterrestre alcanzara la Tierra, existe una probabilidad real de que simplemente se pierda entre el ruido cósmico o quede fuera del rango de nuestros instrumentos.

El nuevo estudio: ¿qué dicen los números sobre las señales alienígenas?

El físico teórico Claudio Grimaldi, de la École Polytechnique Fédérale de Lausanne (EPFL), abordó esta cuestión desde un enfoque estadístico. En The Astronomical Journal, describe un modelo matemático que calcula la probabilidad de que podamos detectar tecnofirmas en el momento actual.

Para construirlo, analizó distintos factores clave:

  • Cuánto tiempo lleva emitiendo una civilización (vida útil de una tecnofirma)
  • A qué distancia aproximada se encontraría esa civilización respecto a nosotros
  • Con qué rapidez y hasta qué distancia se propagan las señales por la Vía Láctea
  • Si las señales se emiten en todas direcciones o están fuertemente concentradas

En su modelo, las señales forman esferas huecas que se expanden a la velocidad de la luz por el espacio. La Tierra puede encontrarse fuera de esa capa, atravesarla en un momento determinado, o quedar atrapada en el hueco entre los límites interior y exterior. Solo cuando la esfera corta nuestra posición justo cuando estamos midiendo tenemos alguna posibilidad real de detectar algo.

Factor Efecto sobre nuestra probabilidad de detectar una señal
Duración de la emisión Cuanto más tiempo emite una civilización, más gruesa es la "capa" y mayor su intersección con la Tierra.
Distancia a la fuente Las señales lejanas se debilitan enormemente; las cercanas son raras porque el universo es principalmente vacío.
Dirección de la señal Omnidireccional: mayor alcance pero más débil. Dirigida: más intensa, pero hay que estar exactamente en el haz.
Número de civilizaciones Más fuentes generan más capas, pero ese número no puede crecer indefinidamente.

La conclusión más llamativa es la siguiente: si hoy la probabilidad de detectar una señal extraterrestre fuera razonablemente alta, significaría que en el pasado debieron haber pasado por la Tierra cantidades enormes de señales que nunca notamos. Tantas, que el número de civilizaciones emisoras casi superaría al de planetas habitables en esa región de nuestra galaxia. Grimaldi considera ese escenario altamente improbable.

El escenario más verosímil no es que hayamos perdido innumerables señales, sino que sencillamente pocas señales atraviesan nuestra vecindad de la Vía Láctea.

Omnidireccional o dirigida: ¿cómo emitirían los alienígenas?

El estudio distingue a grandes rasgos dos tipos de tecnofirmas según su modo de propagación.

Señales que se irradian en todas direcciones

Entre estas se encuentran las emisiones residuales de transmisores de radio y televisión, o el calor generado por construcciones de escala astronómica. Estas emisiones se dispersan por volúmenes inmensos de espacio. La ventaja es obvia: cubres mucho más territorio. El inconveniente es que la energía se diluye tanto que la señal se vuelve extremadamente débil tras miles de años luz.

Incluso proyectos espectaculares alrededor de estrellas, que producirían grandes cantidades de radiación infrarroja adicional, se pierden a gran distancia entre el calor habitual de nubes de polvo y galaxias.

Balizas dirigidas y destellos láser

Otra estrategia consiste en emitir de forma dirigida: haces estrechos de ondas de radio o potentes pulsos láser, algo así como una linterna cósmica. Es mucho más eficiente en cuanto a consumo energético. Pero entonces el receptor —nosotros— tiene que estar exactamente dentro de ese estrecho cono de luz en el momento preciso en que estamos escuchando.

Un único instante de contacto perdido puede significar dejar pasar la única oportunidad de comunicación en siglos. La mayoría de los proyectos SETI (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre) exploran amplias zonas del cielo, pero generalmente durante períodos cortos. Por eso, la coincidencia entre "ellos emiten" y "nosotros escuchamos" sigue siendo muy pequeña.

Por qué nuestros telescopios tienen tan pocas posibilidades

La Vía Láctea tiene un diámetro de aproximadamente 100.000 años luz. Nuestros radiotelescopios solo han explorado de forma sistemática una fracción minúscula de todo ese espacio y de todas las frecuencias posibles. Algunos investigadores lo comparan con intentar encontrar peces en un océano recogiendo únicamente un vaso de agua.

A eso se suma otro problema fundamental: no sabemos cómo sería una transmisión de datos extraterrestre. Nos centramos principalmente en patrones que tienen sentido para nuestra mente humana, como bandas estrechas en ciertas longitudes de onda de radio o pulsos regulares. Una civilización que utilice una tecnología de comunicación completamente diferente podría pasar totalmente desapercibida bajo nuestro radar.

Nuestro perfil de búsqueda está basado en la lógica humana y en la tecnología terrestre. Una civilización verdaderamente extraña puede no encajar en absoluto en ese esquema.

Qué significa este estudio para la búsqueda de vida extraterrestre

El análisis de Grimaldi no pinta un panorama sombrío, sino más bien uno de expectativas más realistas. La probabilidad de que ahora mismo, en este preciso instante, una señal detectable esté atravesando las inmediaciones de la Tierra parece menor de lo que muchos divulgadores científicos han sugerido.

Aun así, el estudio aporta lecciones prácticas valiosas para futuros programas de búsqueda:

  • Observaciones más prolongadas: campañas de medición más largas sobre las mismas zonas del cielo aumentan la probabilidad de una coincidencia fortuita.
  • Espectro más amplio: medir más longitudes de onda simultáneamente reduce el riesgo de estar escuchando solo fuera de la frecuencia correcta.
  • Redes más grandes: telescopios interconectados repartidos por todo el mundo —y en el espacio— pueden captar señales más débiles.
  • Mejor análisis de datos: la inteligencia artificial y el reconocimiento de patrones pueden extraer señales débiles e inusuales de enormes cantidades de ruido.

¿Qué probabilidad hay de que alguien esté emitiendo?

Detrás de la pregunta sobre las señales perdidas se esconde el debate más antiguo en torno a la ecuación de Drake, una fórmula que intenta estimar cuántas civilizaciones tecnológicas están activas en la Vía Láctea. Las estimaciones oscilan entre "quizás somos los únicos" y "existen miles de civilizaciones".

Lo que señala Grimaldi es relevante: aunque existan varias civilizaciones, probablemente no todas emiten sin pausa. Es posible que solo tengan una fase tecnológica breve durante la cual emiten potentes señales de radio, antes de pasar a medios de comunicación más eficientes y menos filtrantes. Nuestra propia historia ya lo demuestra: cada vez más tráfico de datos migra de grandes emisores a fibra óptica y conexiones satelitales dirigidas.

Esto significa que la ventana durante la cual una civilización es fácilmente detectable puede ser corta en comparación con la edad de una galaxia. Dos civilizaciones también tendrían que coincidir por azar en esa misma fase al mismo tiempo.

Cómo sigue buscando la humanidad estas señales

En la práctica, los científicos apuestan por una combinación de estrategias. Proyectos como Breakthrough Listen analizan enormes cantidades de datos de radio y prueban algoritmos capaces de filtrar patrones inusuales. Los telescopios ópticos rastrean destellos luminosos breves que podrían ser señales de comunicación láser.

Además, crece el interés por las tecnofirmas indirectas, como patrones de calor sospechosos en galaxias o variaciones inexplicables en el brillo de ciertas estrellas. Ninguna señal aislada sería por sí sola concluyente, pero varios indicios sospechosos juntos podrían justificar una investigación más profunda de una zona específica del cielo.

Qué es un año luz y por qué la distancia lo complica todo

Un año luz es la distancia que recorre la luz en un año: casi 9,5 billones de kilómetros. Una señal procedente de una estrella situada a 1.000 años luz que llegara hoy a nosotros fue enviada hace 1.000 años. Una civilización puede haber surgido y desaparecido en ese intervalo de tiempo.

Para la comunicación, esto se convierte en una pesadilla práctica. Enviar una pregunta a un planeta situado a 500 años luz implica esperar 500 años solo para que llegue el mensaje y otros 500 años para recibir respuesta. Lo que llamamos "contacto en tiempo real" se desarrolla, a escala cósmica, en una línea de tiempo más lenta que civilizaciones humanas enteras.

Lo esencial sigue siendo esto: el silencio que medimos ahora nos dice muy poco de manera definitiva sobre la existencia de vida extraterrestre. Lo que revela, sobre todo, es lo diminuta que es nuestra ventana en tiempo, espacio y capacidad tecnológica. El estudio de Grimaldi recuerda a los científicos que deben ajustar sus expectativas y perfeccionar sus métodos, para que el próximo posible destello desde el cosmos tenga un poco menos de posibilidades de deslizarse silenciosamente ante nosotros sin que lo notemos.

Author

  • Begoña Pérez, conocida popularmente como La Ordenatriz, es una experta en orden y limpieza que ha revolucionado las redes sociales en España con sus soluciones prácticas para el hogar. Madre de siete hijos, Begoña comenzó compartiendo consejos basados en su propia experiencia diaria, lo que la llevó a convertirse en una guía indispensable para miles de personas. Su especialidad son los "trucos de limpieza" imposibles: cómo quitar manchas de tinta, vino o grasa usando productos económicos y accesibles. Ha publicado libros de éxito como "Limpieza, orden y felicidad", consolidándose como la máxima autoridad en лайфхаки domésticos.

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